Gracias a Dios soy ateo.

— Woody Allen

publicado el 27 enero, 2016
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John Dee -un personaje de quien ya hemos escrito en ocasiones- fue el asesor personal de la reina Elizabeth I de Inglaterra allá por el final de la dinastía Tudor, en el siglo XVI. Filósofo y científico, experimentó en los campos de la astronomía, matemáticas, navegación, alquimia, magia natural y necromancia; bajo la máscara de mago y ocultista, ejerció como espía para la reina en sus viajes. Hay quien opina que toda esa capa paranormal era una cobertura perfecta para sus actividades de agente, obteniendo información acerca de otros gobiernos europeos y sobre los nuevos territorios que se estaban descubriendo.

Es difícil que esto fuera tan extremo; Dee tenía demasiados textos y colecciones en su gabinete para que este aspecto de su persona fuera una simple tapadera, pero sin duda supo utilizar estos recursos como un práctico camuflaje. El lenguaje enoquiano que le fue “revelado” por los ángeles era un método práctico de encriptación de mensajes. Estamos hablando de un tiempo en que la criptografía era más un arte oculta que una técnica: la Steganographia de Trithemius estuvo en el Index Librorum Prohibitorum de la iglesia católica hasta que se dieron cuenta que no iba de magia, sino de codificar información. También es cierto que en esta época de ciencia naciente un científico estudiaba todo: el propio Newton estudió alquimia cien años después, cuando su práctica aún se confundía con la naciente química.

Bueno, el caso es que hay un cuadro bastante famoso que representa al mago en su momento de gloria, bajo la mirada de toda la corte: nos referimos al lienzo de Henry Gillard Glindoni (1852-1913) pintor victoriano que además plantea los retratos -no de primera mano, claro- de la Reina, de sir Walther Raleigh (a su izquierda) del consejero William Cecil y del skryer o médium Edward Kelley, que sentado en la penumbra tras el mago lleva un gorrito que le cubre las orejas… más bien su ausencia, ya que las perdió en algún turbio juicio.

Lienzo en que se ve a John Dee realizando sus conjuros

El análisis por rayos X ha permitido descubrir un detalle siniestro en la obra, algo que Glindoni quiso cubrir más adelante: la idea inicial era que Dee estuviera realizando sus conjuros rodeado de calaveras humanas. Ahora sí que el cuadro hubiera parecido más un Frazetta, verdad? Sea como fuere, el pintor decidió cubrir este aspecto macabro y no se ha desvelado hasta ahora.

calaveras

Tal vez uno de los hombres más sabios de su época, su biblioteca personal era la mayor de Inglaterra y una de las mejores de Europa. Pero todo su conocimiento e influencia le sirvieron de poco cuando, fallecida la reina, el monarca James I -poco dado al ocultismo y lo sobrenatural- pasó un montón de ayudarlo. Murió en Mortlake (Londres) en una relativa pobreza, y ninguna lápida cubre sus restos.

Scholar, courtier, magician: the lost library of John Dee, en el Royal College of Physicians hasta Junio.

publicado el 21 enero, 2016
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KIC 8462852 megastructura¿Recordáis el revuelo que se organizó con la estrella KIC 846285, cerca de la constelación Cygnus? Este astro -una estrella amarillenta de clase espectral F- vigilado con el telescopio espacial Kepler durante unas observaciones rutinarias, mostraba unos patrones de variación lumínica irregulares que no correspondían a una interferencia de tránsito (uno o varios planetas orbitando que pasaran por delante, haciendo sombra, daría una periodicidad). Se especularon con varias hipótesis: una nube de escombros, por ejemplo de un anillo de acreción planetario; un enjambre de cometas u otros objetos que pasaran por delante; o una mega-construcción alienígena al estilo de las esferas de Dyson, cosa que ya se había planteado en otros astros como Almaaz (el Cabrón) en Epsilon Aurigae.

El telescopio espacial KeplerLa opción más razonable es que un grupo de objetos cometarios dispuestos en el equivalente de la nube de Oort de KIC 846285 haya hecho un tránsito delante de la estrella -o más correctamente, entre la estrella y la Tierra- velando momentáneamente su luz. El astrónomo Jason T. Wright publicó un especulativo artículo contemplando la segunda posibilidad -que aquello fuera la prueba de la actividad de una civilización avanzada- y esto llevó al instituto SETI a rastrear señales de la estrella con el conjunto de radiotelescopios Allen Telescope Array. Durante dos semanas se rastrearon señales de banda estrecha (posibles emisiones de comunicación) y señales de banda ancha resultado de las emisiones de microondas de hipotéticos propulsores en el entorno de la “obra”. También, en octubre-noviembre de 2015, se rastrearon pulsos láser con el Observatorio SETI Óptico de Boquete en Panamá, sin resultado. Si es una civilización la que está trasteando en KIC 846285, es mucho más avanzada que esto.

Claro que la antigüedad de los datos que tenemos sobre las fluctuaciones de KIC 846285 es poca: el Kepler, que ya está en vías de jubilarse, apenas lleva cuatro años investigando esa sección del cielo. Pero revisando unas placas fotográficas que estaban en la Universidad de Louisiana se han descubierto retratos de la estrella parpadeante: estas fotos del siglo XIX revelan que el astro ha perdido casi un 19% de su brillo en cuestión de cien años. Esto es muy anormal, ya sea obra de alienígenas, cuerpos celestes o variaciones del ciclo de vida de una clase F. Algo está opacando (o apagando?) a KIC 846285 en un tiempo record.

The Search for Extraterrestrial Civilizations with Large Energy Supplies. IV. The Signatures and Information Content of Transiting Megastructures, en arXiv

visto en New Scientist.

publicado el 16 enero, 2016
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El Big Ear TelescopeEl 15 de agosto de 1977 a las 23:16, el radiotelescopio Big Ear – una instalación de la Universidad de Ohio que escuchaba emisiones en la frecuencia de 1420 MHz-  recibió,durante 72 segundos, una señal de radio de origen desconocido procedente de la constelación de Sagitario y alcanzando una intensidad 30 veces superior al ruido de fondo. Esta potente y larga emisión no pudo ser rastreada en barridos posteriores, y es uno de los misterios sin resolver de la ciencia moderna. Aunque hay explicaciones lógicas (un evento astronómico e alta energía, el rebote de una emisión terrestre en algún satélite) la más fascinante sería la hipótesis extraterrestre: la frecuencia de 1420 MHz corresponde a la emisión del hidrógeno neutro, el elemento más común del Universo y según algunos astrofísicos la que usaría una civilización avanzada que quisiera comunicarse.

Por otro lado, la ventana de 72 segundos corresponde al tiempo máximo que el Big Ear podía mantenerse fijo sobre una zona del espacio, lo cual encaja con la versión de una señal procedente de fuera. Pero, aunque hubo muchos intentos de rastreo, la señal WOW nunca volvió a detectarse.

La señal WOWAhora, según una hipótesis publicada por Antonio Paris del St. Petersburg College (Florida) el responsable de la señal sería un cometa, con dos posibles candidatos: el 266P/Christensen y el P/2008 Y2 Gibbs. Estos dos bólidos trazaron en esas fechas su órbita, pero aún no los habíamos descubierto. Los cometas, cuando se acercan al Sol, son afectados por sus radiaciones y desprenden considerables volúmenes de hidrógeno en su coma o cola; este hidrógeno sería la causa de la intensa señal. Es una idea interesante, pero lo bueno es que ambos pasarán de nuevo por casa: el Christensen en enero del ’17 y el Gibbs en enero del ’18. Si analizamos su señal de hidrógeno, se podría confirmar que WOW tiene un origen natural… o no.

Hydrogen Clouds from Comets 266/P Christensen and P/2008 Y2 (Gibbs) are Candidates for the Source of the 1977 “WOW” Signal, en Center for Planetary Science

visto en gizmodo.

publicado el 9 enero, 2016
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Chorizos con vitamina CLas tecnologías aplicadas al sector alimentario, aunque normalmente pasan desapercibidas, son bastante sorprendentes cuando nos fijamos. Por ejemplo la transglutaminasa, una enzima que se comercializa en forma de polvo blanco y sirve para pegar trozos de carne suelta: la enzima actúa sobre dos proteínas, la lisina y la glutamina, que crean enlaces en el tejido muerto. Basta echar trocitos de jamón, por ejemplo, en un molde y espolvorearlo con esto, dejándolo reposar unas ocho horas; el resultado será una espléndida pieza de jamón, en la que es difícil saber si los trozos son fibras musculares reales o tejido zombie cicatrizado.

Investigadores del Centro Tecnológico Empresarial Agroalimentario CTIC-CITA, en La Rioja (España) han elaborado unas microcápsulas de fibra alimentaria que contienen dentro ácido ascórbico (vitamina C). La vitamina se degrada al contacto con el aire, así que hay que mantenerla al vacío o consumirla inmediatamente para aprovechar sus propiedades; en una naranja por ejemplo, va dentro de esas capsulitas que hay en los gajos. Esto es una versión sintética más manejable, con aspecto de polvo blanco y que tampoco se degrada durante el proceso de curado del chorizo -un evento bastante intenso que destruye microorganismos, proteínas y vitaminas- ni en el estómago cuando nos lo comemos, con lo cual el aporte de vitamina es eficiente y además,su presencia mejora el metabolismo del hierro presente en el chorizo como ventaja extra. Otro factor importante es que las microcápsulas no afectan para nada a la elaboración del embutido ni a su sabor; no es chorizo sabor naranja-limón.

Por otra parte, un equipo de investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid ha desarrollado hamburguesas enriquecidas con calcio. Se utilizaron diferentes lotes de hamburguesas preparadas con carne de ternera y fueron enriquecidas con diferentes tipos de sales de calcio: gluconato, lactato y citrato-malato cálcico, caracterizadas por su alta solubilidad, en diferentes proporciones intentando conseguir la máxima dosis sin alterar las propiedades de la hamburguesa. El mejor resultado parece ser que lo daba el citrato-malato. Se puede conseguir que una hamburguesa de 100 gramos aporte hasta el 40% de la ingesta diaria de calcio recomendada.

Visto en SINC.

publicado el 28 diciembre, 2015
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Una de las láminas del libro, profusamente ilustrado.El descubrimiento de un libro antiguo podría arrojar luz sobre una civilización pre-neolítica de la que apenas se sabe nada: la cultura que habitó las portentosas ciudades de Xanidar, Zahad-Ishar y Yetzud.

En arqueología, es interesante ver cuántos hallazgos históricos se han vuelto a sumir en las tinieblas para ser redescubiertos años o siglos más tarde, o desaparecer para siempre. La misteriosa ciudad deshabitada descubierta en medio de la jungla brasileña por unos bandeirantes, descrita en el Manuscrito 512 de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, jamás ha sido localizada. La ciudad capital del Imperio Monomotapa en Zimbabwe, cuyas imponentes ruinas ciclópeas fueron descubiertas por los portugueses en el siglo XVI, no fueron revisitadas hasta finales del XIX e investigadas científicamente hasta entrado el siglo XX. Nadie sabe dónde está Ity-tawy, la capital del imperio egipcio durante la XII dinastía, o la bien documentada Yamatai, capital japonesa durante el período Yayoi (I-III d.C.)

Primera página del libro.Por ello, el hallazgo de un discreto librito en alemán, editado en Frankfurt en 1909 bajo el título Descubrimiento de las Ciudades Perdidas del Zhemer en el Turquestán Ruso, de un autor de nula fama -un tal Hugo Schädel– resulta tan interesante. En él se describe la expedición germano-austríaca del propio Schädel, realizada bajo los auspicios del canciller Bernhard von Bülow y el propio káiser Guillermo, a las estepas del actual Kazajistán. El descubrimiento de tres grandes conjuntos monumentales fue el momento cumbre del arqueólogo alemán: yacimientos de extensión y antigüedad desconocida de los cuales sólo una parte asomaba desenterrada en las desérticas soledades.

En el libro se describe el análisis posterior de piezas de hierro y cobre -principalmente útiles, ya que la expedición no pudo hallar ni un solo ejemplo artístico en todo el yacimiento, ya sea pictórico, esculturas, relieves o joyería. Tampoco se descubrieron restos humanos asociados al período de ocupación, aunque sí abundantes osamentas de fechas más recientes.

La datación de las piezas por estratigrafía y dendrocronología daban la apabullante cifra de diez a doce mil años de antigüedad para las construcciones más grandes. Esto desencajaba completamente la cronología de principios del siglo XX en la que los reinos más antiguos, Sumer y Egipto, se remontaban como mucho al 3000 a.C. Una cultura organizada para construir los edificios que se encontraron allí tenía que estar bien estructurada; pero no había ningún testimonio documentado. Los pastores nómadas del entorno hablaban de las “casas redondas” como un lugar abandonado desde siempre, asociado con la muerte y el mal. El nombre kazajo era qarğıs qala, o Pueblo Maldito, y evitaban pasar por allí incluso bajo las peores inclemencias climatológicas.

Pero Schäder relata en su libro: “…descubrimos, bajo uno de los muros del edificio mayor, una considerable cantidad de piezas de cobre repujado cubiertas de inscripciones desconocidas. Al principio me parecieron simples marcas a modo de textura, pero un análisis concienzudo me permitió hallar signos repetidos. Sin duda era un lenguaje de tipo alfabético, afín al fenicio o griego.” Más adelante describe la traducción de fragmentos que le permitieron dar nombre a los emplazamientos: algo parecido a Xanidar (o Zhanidor, el yacimiento principal), Zahad-Ishar y Yetzud. Los escritos correspondían a una época tardía, en la que la ciudad estaba prácticamente abandonada. Explica Schäder:
“Los habitantes de aquel glorioso imperio se habían enfrentado durante milenios a invasores, terremotos y plagas; pero lo que ahora los estaba diezmando procedía de los propios cimientos de su metrópolis. Hablaban de seres grotescos, que sólo atacaban en la oscuridad; de una enfermedad que deformaba y consumía; y de una red de túneles que estaba minando toda Xanidar como el gusano devora a la carroña. (…) Descubrimos durante la campaña, efectivamente, varios túneles excavados en la roca viva bajo los cimientos. Estos túneles tienen una extensión desconocida y no hemos podido explorarlos debidamente. Podrían ser pasadizos de acceso de un ejército de asedio, pero tienen una anchura anormalmente grande para ese fin. Espero poder volver con el equipamiento debido para completar su cartografía.”

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Nunca sabremos lo que podría haber descubierto Schäder en aquel lugar. No hay registros de una expedición posterior, y en 1909 los cambios en el gobierno alemán hicieron difícil subvencionar ese tipo de aventuras culturales. Los soviéticos hicieron de Kazajistán un campo de pruebas nucleares, y es posible que las ruinas medio cubiertas por la hierba hayan sido destruidas para siempre. Sin embargo, Alfred Starkweather (un arqueólogo londinense que ha podido traducir y revisar el libro) y Jackson Moore (del Smithsonian Institute) tienen la teoría de que Schäder sí volvió en 1912 al Turquestán, patrocinado esta vez por el gobierno austríaco y el barón Heinrich von Sebottendorff (cuyo heredero Rudolf fundaría algo más tarde la Thule Gesellschaft, una secta ocultista que buscaba mitos como la Atlántida y la Tierra Hueca. Curiosamente Rudolf había recorrido las estepas turcas y asiáticas y, en 1912, fue internado con heridas graves supuestamente recibidas en la Guerra de los Balcanes). El destino de la expedición de 1912 es, presumiblemente, desafortunado, pero la planeada nueva expedición Starkweather-Moore podría redescubrir esta parte desconocida de nuestra historia.

Es posible consultar el texto original en la página de Starkweather-Moore, donde además reclutan voluntarios para la expedición de 2017.

publicado el 19 diciembre, 2015
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episodio VII

Mis primeras impresiones del Episodio VII.

Es una rica pizza; pero me esperaba un menú completo, ya sabéis: entrante, plato principal y postre.