publicado el 24 noviembre, 2014
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Nuke them from orbitEl tema de por qué Marte está muerto siendo tan parecido a la Tierra es algo que lleva más de cien años dando vueltas. La antigua teoría de la pérdida de agua debido a su escasa gravedad -que viene de cuando Schiaparelli descubrió esas líneas en su telescopio y las denominó canali, llevando a otros a pensar en auténticos canales de irrigación creados por una raza moribunda-, la escasa magnetosfera, un calentamiento global desmedido (los terrores culturales siempre son los nuestros). Ahora se añade una nueva teoría: hace millones de años, una raza alienígena realizó bombardeos masivos sobre el planeta rojo aniquilando la civilización marciana y de paso la biosfera del planeta.

En 2011, el doctor John Brandenburg remitió un artículo a la 42ª Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria; este artículo trataba de explicar la abundancia de uranio, potasio y torio en la superficie, así como la presencia de radioisótopos en la atmósfera (explicados normalmente por la irradiación del planeta, desprotegido de atmósfera y magnetosfera). Su propuesta era que -de la misma manera que en la Tierra- la geología marciana habría dado lugar a la aparición de reactores nucleares naturales (RNN): grandes acumulaciones de material radiactivo que llegan a entrar en un estado de fisión controlada, ardiendo durante millones de años.

publicado el 21 noviembre, 2014
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Arabidopsis, una planta sensibleDesde que vamos al colegio nos enseñan que las plantas tienen la capacidad de responder a estímulos del mundo exterior: las raíces buscan el centro de la Tierra, los tallos y hojas van hacia la luz, y algunas plantas incluso se mueven cuando son tocadas (Mimosa pudica o plantas carnívoras como Drosera). Estudios recientes en algunas plantas han descubierto una extraña capacidad, cuyo mecanismo aún no ha sido descifrado: la enredadera Boquila trifoliata es capaz de imitar la forma y color de las ramas de las plantas a las que se agarra y de esta forma despistar a los depredadores. Y no lo hace en varias generaciones, sino en la vida de un solo individuo.

También reciente es el descubrimiento de que muchas especies se comunican entre sí mediante señales químicas dispersadas por el aire: el ataque a un grupo de sauces o álamos por un parásito disparaba la emisión de un producto que, recibido por otros árboles del bosque, desencadenaba la producción interna de esencias repelentes. Y esto ocurre incluso entre especies. La pregunta es: ¿cómo detecta el árbol B la señal química emitida por A? Tendemos a verlo todo desde nuestra óptica de animales, equipados con diversos sensores electroquímicos y una red de transmisión de datos que es el sistema nervioso. Las plantas no tienen. ¿Entonces?

Un estudio de la Universidad de Missouri ha hecho una aproximación por otro lado, no relacionado con sensores químicos. Experimentando con Arabidopsis thaliana -un hierbajo cuyo genoma ha sido mapeado y se usa en laboratorios- y orugas, constataron que cuando la planta era mordisqueada por orugas, segregaba aceites tóxicos* y los enviaba a las hojas para disuadirlas de que se la comieran.

El equipo formado por Rex CocroftHeidi Appel grabó las vibraciones (sonidos) de los mordisqueos de la oruga, y también otras como el murmullo del viento en las hojas o gotas de agua. A continuación emitieron estas vibraciones a plantas que no tenían bichos. ¿El resultado? Aquellas Arabidopsis que oían mordisqueos empezaban a segregar aceites y también antocianinas; las que oían el viento no hacían nada. La planta era capaz de distinguir, y reaccionar selectivamente, a diferentes estímulos a través de las vibraciones. Queda por descubrir qué partes de la planta son responsables de esto, pero el tema da pie a muchas consideraciones: ¿Podemos comunicarnos a nivel básico con las plantas, por ejemplo, avisándoles de una plaga o un evento meteorológico antes de que ellas puedan detectarlo? ¿Queda alguna diferencia ética entre un vegetariano y uno que no, a la vista de que son seres sensibles capaces de detectar el daño propio?

visto en io9.

* emparentados con la mostaza, ya que Arabidopsis pertenece a la familia de los rábanos, mostazas, repollo… y por ejemplo el wasabi japonés, ejemplo extremo de estos aceites ligeramente tóxicos.

publicado el 18 noviembre, 2014
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publicado el 17 noviembre, 2014
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Glen A LarsonHoy se nos ha ido un grande del mundo del cine, grande en cantidad si no en calidad pero ¿acaso eso no cuenta? Glen A. Larson, el productor de series como El Virginiano, El Hombre Nuclear, Galáctica, El Coche FantásticoComisario Lobo, Automan, Manimal… y tantas otras que acompañaron nuestros años mozos. Entre él y Stephen J. Cannell configuraron la tele tal como la conocemos (o al menos la conocimos en los ’80). Por ejemplo, si no fuese por él Indiana Jones tendría la cara y el bigotazo de Tom Selleck, que había sido escogido por el dúo Lucas/Spielberg para el papel e incluso rodó algunas pruebas. Pero Larson le ofreció el papel protagonista de Magnum, P.I. y Selleck no se lo pensó dos veces.

Se le puede achacar falta de creatividad, guiones baratos, un montón de pecadillos que eran propios de cualquier producción de la época (antes las series de TV no eran lo que ahora; eran peores que los largometrajes de cine. Increíble, verdad?) pero lo cierto es que sentó las bases de lo que es la industria ahora. Battlestar Galactica fue la serie más cara de la historia durante mucho tiempo, y la historia original -a pesar de ser un intento de aprovecharse del éxito de Star Wars- tenía mucho mérito. Soy de los que piensan que el guión original de Larson ofrecía muchas más posibilidades (el origen de los cylones, su estructura social, el contacto con las Doce Colonias, los misteriosos Serafines) que el pretencioso remake de hace unos años en el que fue contratado como consultor. Lo cierto es que desde los 90 Glen estaba en horas bajas, aunque no paraba.

Buen camino, Glen. Que lo que venga sea menos cutre, pero igual de optimista que lo que tú has creado.

cylon-crying

publicado el 15 noviembre, 2014
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misterio-penes mmmh

Nada que agregar. No puedo superar la presentación de este artículo de SINC sobre la evolución de los penes, que complementa otros varios que he publicado recientemente (sobre protopenes de peces primitivos).

En Jordania y Siria se encuentran algunos monumentos históricos fabulosos, desde la mítica Petra (capital de los nabateos) a ciudades romanas o fortalezas templarias. Pero menos conocidas, aunque también enigmáticas, son ciertas estructuras gigantescas de uso y edad desconocida que se alzan en el desierto y sólo se perciben desde el cielo.

Círculo de piedra J1, 390 metros. foto ©: David L. Kennedy / APAAME Bueno, decir que se alzan es algo exagerado. Estas estructuras circulares de piedra consisten en un muro de unos 400 metros de diámetro, sin aperturas ni tabiques internos, con una altura de medio metro aproximadamente. Su factura es elemental: piedras sin tallar del mismo sitio acomodadas una sobre otra sin argamasa. Se diría que es la pared de un corral o un talud de cultivo, de no ser por las proporciones totalmente imprácticas para cualquiera de las dos cosas. Tampoco sirven como depósito de agua, y el tamaño los vuelve inútiles para proteger el suelo y cultivos de la erosión del viento (como se hace en Canarias).

Lo interesante es la precisión con que están realizados. Hasta el momento se han registrado 12 artefactos en Jordania y uno en Siria: todos menos uno son perfectos círculos de 390-420 metros (distorsionados, sí, por las ondulaciones del terreno). Hacer algo redondo no es difícil si hablamos de cinco o diez metros, pero ¿400? Por lo demás, la realización sería cosa de una semana para un grupo de una docena de personas, ya que como hemos dicho son muretes bajos de piedra seca.

Las paredes de los círculos vistas desde tierra. foto ©: David L. Kennedy / APAAME La antigüedad de los círculos podría servirnos para dilucidar su uso, ubicándolos en una cultura y circunstancias climáticas, pero como no hay restos asociados lo más que se puede decir es que al menos tienen dos mil años. Su edad máxima es, de momento, imposible de establecer. Cerca de algunos pasan calzadas romanas, y otros han sido deformados o cruzados por caminos y obras posteriores. Fueron documentados ya en fotos aéreas realizadas hacia 1920, y al menos dos han sido destruidos: uno en Jordania hace unas décadas, y el de Siria hará diez años. Se han encontrado restos de objetos, pero no se puede confirmar una asociación directa con los constructores de los círculos; tan sólo confirmar que ya estaban allí cuando las piezas fueron abandonadas.

Todo esto exigirá años de trabajo de campo, y como el interés por los círculos no se ha despertado hasta hace poco, sin duda tomará su tiempo. De momento la Aerial Photographic Archive for Archaeology in the Middle East (APAAME) dirigida por dos profesores de arqueología, David Kennedy y Robert Bewley, se dedica a documentar extensivamente estas y otras estructuras arquitectónicas escondidas en el desierto para detectarlas, preservarlas y llamar la atención sobre ellas.

Página de la APAAME

Archivo fotográfico de APAAME en flickr (filtro de búsqueda: círculos)