En la novela 2001: A Space Odissey, Arthur C. Clarke explicaba lo que en la película de Kubrick no quedaba muy claro: el hallazgo del Monolito lunar enterrado bajo el cráter Tycho se había logrado al analizar un mapeado de distorsiones magnéticas de la Luna. Así el nombre clave del objeto, TMA-1 (Tycho Magnetic Anomaly). El monolito emitía para llamar la atención a quien visitara la Luna. Muchos han soñado que en la Tierra se pudiera detectar, mediante un mapa similar que revelara patrones de regularidad o picos inusuales, anomalías como el Triángulo de las Bermudas, las bases de OVNIs en el Tibet y el monte Shasta o tal vez las ciudades perdidas de la Atlántida, Akakor o Mu.
Pues ya lo tenemos. Después de cincuenta años de cartografía aérea, barcos con magnetómetros y satélites, se ha combinado un mapa global de colores que describe, en una escala cromática (en la que el rojo es el punto más elevado y el azul el más flojo) el campo magnético terrestre. Como era de esperar, los patrones registrados obedecen a un planeta activo: la actividad sísmica, los afloramientos de rocas de la corteza y las reacciones químicas del mineral generan estas áreas de disposición no aleatoria, pero sí natural. Lo siento, pero no hay un núcleo magnético bajo la Antártida o los Andes.
Por otra parte, si yo fuera un ET, sin duda usaría energías más sutiles en mi base secreta que un imán gigante.

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14 Octubre 2008 a las 5:50 pm
Ahí te doy toda la razón… Desde luego alguien que es capaz de viajar por el espacio tendría mejores modos de poner una baliza de localización…