imagen ©: D.Maziersky

imagen ©: D.Mazierski

¡Son los huevos de dinosaurio más frescos que tenemos hasta el momento! Y curiosamente no son recientes. El hallazgo, realizado por un equipo de la Universidad de Toronto Mississauga (Canadá) y proveniente de los yacimientos chinos de la formación Bajo Lufeng, se remonta al Jurásico inferior: 190 millones de años (la mayoría de los huevos que conocemos son del Cretácico, hace sólo 65 millones de años). Los embriones que contienen son de Lufengosaurus, un saurópodo de cuello largo de seis metros de largo y estructura bastante genérica, no tan especializada como los dinosaurios que vendrían después.

Los huesecillos no están realmente en los huevos completos: por lo visto lo que pasó fue que la puesta de una colonia de Lufengosaurus quedó sumergida por una riada y abandonada. Al pudrirse los huevos, la suave corriente fue depositando los restos desarticulados de los embriones en un bone bed (lecho de huesos) del tamaño de una bandeja, pero del que se han podido extraer más de doscientas piezas. Y lo curioso es que, aún siendo tan viejos, se ha podido rastrear contenido orgánico en el interior de los huesos largos, posiblemente colágeno. Con lo cual tenemos la muestra más antigua de materia orgánica jamás obtenida de un fósil de vertebrado terrestre. También se ha podido deducir, por la ausencia de procesos óseos (el cuatro trocánter) donde se insertan los músculos, que estas criaturas ya se movían dentro del huevo para favorecer su desarrollo.

Visto en National Geographic.

Comparte!