Star Wars - desfile del Nuevo OrdenHace ya dos meses del estreno de la esperada continuación de Star Wars y parece que se ha ido asentando el polvo, así que voy a decirlo claramente: estoy de parte de George Lucas. Esta entrega está visualmente muy lograda y demuestra un tremendo respeto por el original, pero no tiene alma. No hay historia, los personajes son planos y sus motivaciones, endebles. Claro que todo esto se puede decir de cualquiera de las otras seis partes, así que ¿dónde está el problema? Tengo que confesar que se me escapa. Hay detalles concretos, sí, en los que se puede recalcar el fallo, pero eso ocurre en cualquier largometraje.

Me ocurre incluso con la banda sonora: del venerable John Williams siempre se puede sacar uno o dos temas por film que son memorables. La Imperial March, el Yoda’s Theme, el Duel of the Fates… de este episodio VII se puede escuchar con los ojos cerrados todo el disco sin oír más que un fondo de persecuciones con algún recuerdo de la partitura original. ¿Qué ha pasado, John?

Lo interesante en este caso es que el director, J. J. Abrams, es el mismo que ha retomado con idéntico respeto y cuidado otra saga fundamental: Star Trek. Y el resultado parece igual de frío y agotado. En el caso de Trek sí se puede destacar un fallo básico, que es muy evidente; el intento de convertirla también en una película de acción, cuando las historias de la Enterprise y su tripulación siempre han sido más pausadas. Estas diferencias entre ambas series siempre se han planteado de un punto de vista degradante: Wars “no es ciencia ficción”; Trek “es aburrida y de bajo presupuesto”. Pero ¿puede haber una ideología debajo de estas diferencias, una diferencia de concepto por parte de sus creadores? Veamos.

Star Trek o el ejército reubicado

Gene RoddenberryEugene Wesley Roddenberry (Texas, 1921- Chicago, 1991) fue el creador de Star Trek en su versión inicial y en varias de sus posteriores versiones, tanto en largometraje como en spin-offs. Tejano de origen, se fue a Los Angeles donde planeó meterse a policía, pero la guerra acabó llevándolo a pilotar fortalezas volantes B-17 en el frente del Pacífico. Después de acabada la guerra se hizo piloto de la PanAm donde estuvo llevando aviones hasta 1948. Luego volvió a formar parte de la LAPD (el Departamento de Policía de Los Angeles) mientras alternaba su carrera como escritor de guiones para televisión. Ya en 1956 de dedicó de lleno a la tele, y el resto es historia.

Tenemos así el perfil de un hombre que ha sido soldado, agente de la ley, amante de la ciencia ficción clásica, pacifista (siendo policía no disparó su arma más de una vez, para rematar a un perro agonizante) defensor de los derechos raciales (tuvo más de una discusión y lo despidieron de una serie donde no querían contratar actores de color). Roddenberry apostaba por la militarización de la policía, pero en un aspecto pacífico: así, Star Trek es una historia que podría ser transplantada a un entorno naval. La Flota Estelar es la evolución del ejército en un cuerpo que -en un futuro teórico en que algunos descubrimientos afortunados* han abierto el camino a la prosperidad y la expansión espacial- se dedica a proteger más que a reprimir, algo como si la ONU dispusiera de un ejército armado de élite capaz de disolver conflictos y ayudar a los países desvalidos. (Ah, perdón. Que me dicen que hay algo así.) Por otra parte, aunque baptista de crianza, no era religioso para nada: espiritual, pero renegaba de las religiones establecidas, y esto se trasluce bastante en su serie.

Es un futuro optimista, aunque tiene aspectos aterradores como en cualquier historia de descubrimiento. La humanidad va descubriendo otras razas a medida que se expande por la galaxia -al principio en una región reducida- y colonizando sistemas. Hay pocos elementos sobrenaturales o de thriller político: el espacio y sus retos eran suficiente inspiración para las historias de los incesantes viajes del Enterprise.

Gene siguió supervisando su obra hasta The Undiscovered Country, que era la carta de jubilación de la tripulación original. Murió dos días después de ver el preestreno, y fue uno de los primeros humanos en ser enviado al espacio en forma de ceniza. Su periplo todavía no ha acabado: hay otra cápsula con otro montoncito de cenizas suyas, de Majel Barrett (su mujer y la Enfermera Chapel en la serie original) y de James Doohan (el ingeniero Scotty). Será la primera cápsula funeraria que no hará reentrada a la atmósfera, sino que seguirá su viaje lejos, ahí fuera.

Star Wars, el gobierno represor

En otras ocasiones me he explayado sobre la vida de George Walton Lucas (Jr.) (Modesto, 1944) George-Lucasy sus orígenes, de estudiante de antropología y aficionado a las carreras de vainas de hotrods, y a causa de un accidente bastante bestia como piloto, su giro hacia el super 8 y el cine. Ha de haber algo en esto de pilotar trastos, por lo que parece, que te lleva a crear sagas épicas. Roddenberry también empezó a escribir tras estrellar su primer avión, y se pasó a guionista tras renunciar en PanAm a causa de otro accidente con un Constellation en Siria.

Lucas vivió una época que se refleja muy bien en su primera obra de éxito, American Graffitti: los ’60, la época de la contracultura. Una contracultura idealista, aún no quemada como ocurriría en la siguiente década, en la que ocurrieron cosas como Vietnam**, el Watergate y la escalada de la Guerra Fría. Su obra THX-1138 es una manifestación de desconfianza ante el gobierno: una distopía orwelliana en la que el poder somete al individuo. Pero además, su época y su entorno le contagiaron inquietudes místicas, el contacto con filosofías orientales y una manera de ver la realidad totalmente diferente a la de Roddenberry.

El guión inicial de Star Wars ya apunta, pues, a un gobierno corrompido. La introducción de la novela (1977) dice así:

Otra galaxia, otra época.
La Antigua República era la República legendaria, más grandiosa que la distancia y el tiempo. No era necesario decir dónde estaba ni de dónde venía, sino saber tan sólo que… era la República.
Antaño, bajo el sabio gobierno del Senado y la protección de los caballeros de Jedi, la República prosperó y floreció. Pero, como ocurre con frecuencia cuando la riqueza y el poder superan lo admirable y alcanzan lo imponente, aparecieron seres perversos llenos de codicia.
Aquello ocurrió durante el apogeo de la República.
Al igual que los árboles de gran tamaño, capaces de soportar cualquier ataque externo, la República se pudrió en su interior, a pesar de que el peligro no era visible desde fuera.
Persuadido y ayudado por individuos turbulentos y ansiosos de poder, y por los impresionantes órganos de comercio, el ambicioso senador Palpatine se hizo elegir presidente de la República. Prometió reconciliarse con los descontentos del pueblo y restaurar las añoradas glorias de la República.
En cuanto tuvo asegurado el cargo, se declaró Emperador y se apartó de la plebe. Poco tiempo después, los mismos colaboradores y aduladores a los que había investido de los títulos más eminentes, le tenían bajo control; las peticiones de justicia que lanzaba el pueblo no llegaban a sus oídos.
Después de acabar mediante la traición y el engaño con los caballeros de Jedi —paladines de la justicia en la galaxia—, los gobernadores y los burócratas imperiales se dispusieron a establecer el reinado del terror en los desalentados mundos de la galaxia.
En beneficio de sus ambiciones personales, muchos utilizaron las fuerzas imperiales y el prestigio del Emperador, cada vez más aislado. Pero unos pocos sistemas se rebelaron ante estos nuevos ultrajes. Se declararon opuestos al Nuevo Orden y emprendieron la gran batalla para restaurar la Antigua República.
Desde un principio, los sistemas esclavizados por el Emperador los superaron ampliamente en número.
En aquellos primeros y oscuros días parecía indudable que la brillante llama de la resistencia se extinguiría antes de arrojar la luz de la nueva verdad en una galaxia de pueblos oprimidos y vencidos…

Es decir, que en un principio el bosquejo ya estaba hecho. Palpatine era un político títere y la maldad personificada no era una secta desviada de la orden Jedi, sino un enjambre de políticos y burócratas con ansias de poder. La antítesis de la Federación, y tristemente parecido al mundo en que vivimos.

A esta fuerza maligna se opone una guerrilla desperdigada y clandestina que defiende los valores justos; a esto hay que sumar un contrabandista, un adolescente de pueblo, un jubilado, un jugador dedicado al sector minero/inmobiliario y otros más que irán apareciendo. En resumen, individuos luchando con un régimen totalitario. Y como el propio nombre de la saga indica, hay una guerra. No hay descubrimientos ni colonizaciones; la Galaxia parece estar poblada en su totalidad y “globalizada” con apenas dos o tres unidades monetarias, un idioma común aparte de los millones de formas de comunicación nativas, y una tecnología que llega a los rincones más apartados de cualquier planeta. Hace miles de años que la tecnología de viaje hiperespacial ha dejado atrás el aislamiento, y para apartarse de la civilización hay que buscar mundos inhóspitos y carentes de interés.

En un coche como éste tuvo Lucas su accidente casi letal.Por cierto, la tecnología de Star Wars apenas parece evolucionar desde los tiempos de la antigua República: y no hay una dinámica consumista (los robots duran tres o cuatro generaciones, las naves igual, se repara y recicla todo). En Star Trek -a pesar de que la economía de la Federación ha trascendido el capitalismo y la posesión de bienes materiales-  los diseños y actualizaciones son continuos y la vida media de un crucero de la Flota es de unos treinta años. Otro detalle curioso es la vida media de un humano: unos 120 años en la Federación del siglo XXIII, mientras que los humanos de Star Wars parecen durar lo mismo que en la Tierra del siglo XX :).

También hay una mística ausente en Star Trek: la Fuerza, un aspecto acientífico pero no religioso del universo que sólo unos pocos conocen y controlan. Me arriesgo a decir que, retrotrayendo a Lucas una década, este aspecto jamás hubiera existido y Star Wars sería bastante más sosa. Pero en general -y probablemente a causa de esa misma década- es un mundo más deprimente y pesimista que el de Trek.

Pero Star Wars estaba destinada a ser un film contracultural, más que el Apocalypse Now que Coppola quería que dirigiera su amigo George. Si bien la trilogía original hace poco hincapié en política, ya vimos en el texto lo que Lucas intentó mostrar más claramente en las precuelas: la decadencia de la democracia a partir de sus propias debilidades, la burocracia, la corrupción del poder y de las megacorporaciones mercantiles. Un discurso burdo y facilón, según muchos, pero entonces me pregunto: si es un mensaje tan simple, ¿por qué seguimos cayendo en esas trampas? ¿Por qué una serie de películas como el reboot de Batman -una apología del control forzado y espionaje de la población para protegernos del “caos terrorista”- ha despertado esos murmullos de admiración? ¿Por qué la nueva Galactica, una especie de Estado de Israel que se defiende como puede -a base de una junta militar y ejecuciones, represión y violencia- del malvado Imperio Cylon, superior en número y tecnología pero que prefiere atacar mediante atentados terroristas e infiltración, por qué toda esta manipulación ideológica*** se ve como una obra más adulta y profunda? ¿Es por la cinematografía oscura y de colores desaturados? ¿Es por Jar Jar Binks?

En Star Trek: Into Darkness, la historia original de Khan Noonien Singh y su ejército de eugenésicos superdotados se convierte en la de un líder terrorista. La verdad es que me esperaba que The Force Awakens tirara por el mismo camino oportunista: los restos del Imperio poniendo bombas, Jawas cometiendo atentados en bares, y la Nueva República forzada a restringir las libertades para defender el statu quo… pero no. Aparentemente, el universo Star Wars sigue siendo impermeable a las influencias de ciertos organismos de inteligencia****.

Pero J. J. Abrams debería probar a pilotar algo. No sé, es una idea.

Un artículo viejo: “The Old Starbuck Hates the New “Battlestar Galactica” en Opus

Algunas lecturas:

Terrorismo y pánico social en el cine fantástico británico (2002-2011) Raúl A. Gómez

La imagen cinematográfica al servicio de la ideología: del triunfo de la voluntad a las brigadas del espacio, Óscar O. Martínez

Los ecos de la realidad: miedo y paranoia en el cine fantástico estadounidense del siglo XXI, Miguel A. Huerta

 *básicamente el replicador de materia -que convierte materia y energía y es capaz de construir estructuras atómicas y moleculares complejas a partir de librerías digitalizadas- el motor de curvatura -que permite viajes a distancias inalcanzables a velocidad subluz- y poco más. No parece haber exóticos dispositivos antigravitatorios o compensadores inerciales en Star Trek, y el resto de tecnología es prácticamente alcanzable con nuestros conocimientos actuales: motores de iones, ordenadores, armamento.

** a diferencia de Roddenberry, Lucas se libró del servicio activo a causa de su diabetes.

*** hay quien ve esto como todo lo contrario, claro. “Galactica es una apología del terrorismo y muestra el aparato de control del estado militar humano desde un punto de vista escéptico y negativo”. Pues no, tío. Desde el primero al último son una manada de cabrones insufribles, pero los humanos además son patéticos.

**** no, no me refiero al cerebro, sino a la CIA y cosas de esas.

Comparte!