Alguien describió una vez el mundo como un campo de presas y depredadores. Todos cazamos algo y a su vez somos cazados, y el cazador supremo tiene que aprender dos cosas: primero, las costumbres de su presa al dedillo: dónde come, qué come, cómo se mueve.

Segundo, debe ser imprevisible, ya que la costumbre le hace débil ante su depredador; por lo cual debe romper con todas las rutinas y actuar inesperadamente. Claro que estamos hablando de una idea, un ente perfecto. A esto se le llamaba el arte del acecho.

Anoche estaba viendo un episodio de Héroes con la actuación como artista invitado de George Takei -sí, el gay-pride Mr. Sulu– que al final de su papel se alejaba en una limusina. Un flashazo a la matrícula revelaba el número de registro federal del U.S.S. Enterprise… y debo decir que me hubiera sorprendido no verlo.

¿Tan previsibles nos hemos vuelto los consumidores que hasta el mercado geek está anticipado en sus reacciones? ¿Somos como débiles conejos ante corporaciones que nos superan en poder y en inteligencia? La reacción del conejo hubiera sido reír la gracia del huevo de Pascua trekkie; la de un acechador… quién sabe?

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