eryops-y-platyhystrixAntiguamente en el colegio nos simplificaban la vida llamando a los períodos Triásico-jurásico-Cretácico la “edad de los Reptiles” y al tiempo que viene después la “edad de los Mamíferos”. Esto me llevaba a pensar dos cosas: ¿Qué vendrá después de los mamíferos, qué tipo de recubrimiento que no sea escamas, pelo o piel tendrán? y ¿hubo una edad de los Peces, de los Anfibios, de las Aves? Esto volvía locos a los maestros.

El caso es que el Carbonífero podría llamarse la Edad de los Anfibios, ya que eran los únicos vertebrados que poblaban la tierra firme y llegaron a diferenciarse en multitud de formas y tamaños, adaptándose a los nuevos nichos ecológicos que estaban conquistando. Los primeros anfibios son conocidos como laberintodontos, debido a la complicada estructura de sus dientes (heredada de los peces ripidistios); hay dos grupos, uno de los cuales –Anthracosauria– acabaría originando a los reptiles. El otro, los temnospóndilos, es el protagonista de esta época de la Tierra.

AphanerammaHabía temnospóndilos con forma de culebra, otros aplastados que vivían en la hojarasca; enormes, con aspecto de gordos cocodrilos de boca desmesurada (Eryops, Cacops); alargados pescadores de hocico de delfín (Aphaneramma); arbóreos, marinos y de agua dulce. Lo único que no llegaron a conquistar fue el aire y la tierra seca -porque no nos consta en el registro fósil, aunque ¿quién sabe?

La pregunta que surge al ver estos anfibios gigantes, un sapo-cocodrilo de cabeza blindada y diez metros de largo es: ¿este bicho era lento o rápido? ¿Su metabolismo le permitía perseguir presas o simplemente esperaba con la boca abierta? Este enigma se plantea en la ilustración clásica de Zdenek Burian de un Mastodonsaurus tomando el sol a orillas de un bosque pantanoso. Impone, pero no sabemos si se nos echaría encima o se limitaría a bostezar.

Mastodonsaurus-BurianNo es una cuestión baladí, y se puede aplicar a cualquier depredador paleozoico desde los escorpiones marinos a los dinosaurios. Recordemos que durante muchísimos años la ciencia imaginó a los grandes saurios como lagartijas gigantes, con alosaurios comiendo carroña y tiranosaurios arrastrando su cola lentamente tras alguna presa pequeña, un velociraptor aún más lento. Una carrera de paralíticos, porque “eran monstruos de sangre fría y metabolismo muy primitivo”.

Se puede achacar a la falta de conocimientos en biomecánica el no saber que un T. rex corría al menos tanto como un humano y un Velociraptor hacía sprints a 40 kilómetros por hora, pero desde la antigüedad se conocen los cocodrilos, y estos animales -cuando están motivados y calentitos- son terroríficamente ágiles, aunque no durante mucho rato.

Los temnospóndilos vivieron de polo a polo (literalmente: se han encontrado sus restos en Groenlandia y la Antártida) hasta el Cretácico, aunque ya sin ser protagonistas: eran fósiles vivientes en un mundo ocupado por reptiles. Así que es raro que hasta ahora nadie lo hubiera planteado. Ahora, una investigación -basada en biomecánica computacional- liderada por Josep Fortuny, investigador del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, ha intentado dilucidar el enigma. La respuesta es… ambigua.

El estudio del stress craneal y la fuerza de mordida comparando algunas especies con un reptil tipo (Alligator actual) así como de la estructura de los dientes, parece concluir que aquellos anfibios gigantes con aspecto de cocodrilo realmente eran capaces de realizar una caza activa, aunque con algunas diferencias; y que otros, con cabezas anchas y chatas, se alimentaban succionando al estilo de las salamandras.

Claro que un cocodrilo tiene mejoras “tecnológicas” como un paladar que le permite respirar incluso con la boca llena, mejores refuerzos internos y articulación mejorada de la mandíbula y cuello. No es extraño que el incremento de estos reptiles (Archosauria) en los ecosistemas del Triásico coincida con la desaparición de la mayoría de temnospóndilos, superados en capacidades de caza.

Comparative 3D analyses and palaeoecology of giant early amphibians (Temnospondyli: Stereospondyli), en Scientific Reports

Visto en SINC

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