Un cinturón de antimateria rodea el planeta, según un informe anunciado hace días basado en análisis de datos del Proyecto PAMELA para el estudio de la radiación cósmica. La existencia de un flujo de antipartículas contenido por el campo magnético terrestre se había predicho teóricamente, pero los datos recogidos sobre la Anomalía del Atlántico Sur han confirmado la detección de antiprotones.

La Anomalía es una zona en la que los cinturones Van Allen están muy próximos a la superficie terrestre, unos cientos de kilómetros, lo cual es suficiente para perturbar equipos electrónicos con un bombardeo protónico de 10 MeV, tres mil impactos por centímetro cuadrado por segundo*: el Hubble tiene que cerrar los ojos cuando pasa por encima -unas diez veces al día- y la ISS lleva un blindaje extra sólo para los eventuales pases por la Anomalía.

¿Por qué ocurre esto? El continuo bombardeo de partículas de alta energía que recibimos desde el espacio impacta con núcleos presentes en la alta atmósfera, recreando el efecto que se consigue en un acelerador de partículas: la creación de nuevas partículas, incluyendo eventualmente algunas de antimateria. Generalmente estos pares de materia-antimateria se unen aniquilándose mutuamente, pero a veces los antiprotones quedan captados por la magnetosfera terrestre.

Las lecturas recogidas a lo largo de 850 días han dado un recuento de… 28 antiprotones. Esto es una cantidad que “excede en tres órdenes de magnitud” a lo que cabe esperar.

*Hasta los astronautas ven chispitas en su campo visual al pasar por esta región hostil.

The Discovery of Geomagnetically Trapped Cosmic-ray Antiprotons, en The Astrophysical Journal Letters; visto en Pharyngula.

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