R.I.P. Martin Landau, 1928-2017

R.I.P. Martin Landau, 1928-2017

Martin Landau y Barbara Bain en Space:1999Martin Landau (cuyo nombre real era, extrañamente, Martin Landau) fue un actor de esos que sin ser celebridades, aparecía en un montón de películas. Mi primer recuerdo de él es en Space:1999, una serie británica de los ’70 con guiones bastante alucinados; pero en esos tiempos ya era famoso por su papel del maestro del disfraz Rollin Hand en Mission: Impossible (1966-69). En ambas series hacía equipo con su esposa, Barbara Bain, que es la rubia que sale en la imagen.

Landau, actor de carrera -aunque antes se dedicó un breve tiempo a los comics dominicales- fue uno de los dos que admitieron en el Actor’s Studio en el ’55 (el otro era Steve McQueen). Trabajó en largometrajes (Con la muerte en los talones, de Hitchcock; CleopatraLa historia más grande jamás contada; Meteoro; Tucker; Ed Wood; La caída de la casa Usher; y muchas otras obras de distinto calibre) y en series, ya como protagonista o como estrella invitada. Pudo haber sido un estupendo Spock en la serie original Star Trek, pero rechazó el papel que al final se llevaría Leonard Nimoy. Y cuando renunció a Mission:Impossible en la tercera temporada (en parte por el salario y en parte para evitar quedar encasillado) Nimoy tomó el relevo de coprotagonista…

Después de un bajón en su producción más o menos después de Space:1999, en la década de los 80-90 las apariciones de Landau fueron esporádicas pero de más calidad: dirigido por Woody Allen, Francis Ford Coppola o Tim Burton, que no es poco. Su rostro aparece eventualmente en filmes en los que ni siquiera sale acreditado. Es, como he dicho, una de esas presencias que tiñen toda la filmografía del siglo XX. Buen camino, Mr. Landau.

El misterio de la señal WOW, resuelto con peros

El misterio de la señal WOW, resuelto con peros

La señal WOW, una emisión de radio de gran potencia recibida en 1977 por el radiotelescopio Big Ear, es uno de esos misterios compartidos por la ciencia y los seguidores de lo que podríamos llamar paraciencia o ciencia límite (incluyendo la ufología). El hecho está ahí, está documentado convenientemente. Sólo varía la explicación: para unos sería un rebote de una señal terrestre o de un satélite, o en todo caso algún fenómeno cósmico de increíble potencia; para otros, cabría añadir la posibilidad de una señal de contacto de una tecnología extraterrestre.

Lo que hacía atractiva a WOW para la hipótesis extraterrestre era que venía en la frecuencia del hidrógeno neutro (1420,4056 MHz) que es el elemento más común del Universo, y la onda portadora era CW, la más eficaz para atravesar grandes distancias sin pérdida. Si alguien decidiera generar una señal para llamar la atención de otras civilizaciones, usaría algo así*.

El gran problema en estos casos es que no son fenómenos aptos para experimentación: aunque otros radiotelescopios barrieron el cielo en dirección a Sagitario, de donde vino WOW, nunca pudo obtenerse una repetición del pulso.

Hace tiempo comentamos aquí la hipótesis de Antonio Paris al respecto, señalando como “culpables” de la señal a las nubes de hidrógeno cometarias: en concreto de dos que pasaron por aquella zona del cielo en 1977, el 266/7 Christensen y el P/2008 Y2 Gibbs. Este año se cumplen 4 décadas de la recepción de WOW y también se repetiría el paso del Christensen: era el momento de repetir el experimento y ver si las lecturas coincidían. El caso es que sí, y así se publicó en los medios: el enigma WOW estaba resuelto.

Pero… parece ser que el trabajo de Paris adolece del tipo de fallos que se le achacan a los paracientíficos frecuentemente. Una pobre descripción del equipo, fallos en la previsión de errores (por ejemplo, el apantallamiento contra otras fuentes de emisión) el hecho de que las colas de hidrógeno cometarias por sí solas no producen emisiones de radio de tal potencia, y que la señal detectada ahora difiere en ancho de banda e intensidad de la WOW. Aparte del delicado tema que, según las efemérides de la NASA, en 1977 el Christensen no estaba ni cerca de esa posición. Y ya hilando más fino, la entidad que publica (Washington Academy of Sciences) no parece tener mucha reputación, al menos en temas de astrofísica.

Resultado: para muchos astrónomos, como Chris Lintott (profesor de astrofísica en Oxford, que ha planteado una serie de preguntas a Paris al respecto de esta publicación) la hipótesis del hidrógeno cometario es más bien floja. Así que WOW seguirá dando guerra hasta que demos con la explicación correcta…

Hydrogen Clouds from Comets 266/P Christensen and P/2008 Y2 (Gibbs) are Candidates for the Source of the 1977 “WOW” Signal, de Paris y Davies, en Planetary Science (2015)

… y la publicación de junio de 2017 con sus conclusiones: HYDROGEN LINE OBSERVATIONS OF COMETARY SPECTRA AT 1420 MHZ

  • …o no. O el cielo está repleto de transmisiones extraterrestres en señal subespacial u otra tecnología fundamental que aún no conocemos, y los terrícolas seguimos buscando señales de humo como catetos espaciales que somos.
R.I.P. Sir Roger George Moore

R.I.P. Sir Roger George Moore

Roger Moore en El Santo (1963)Hoy ha muerto en Crans-Montana (Suiza) con 89 años el actor británico Roger Moore, cuyos papeles más famosos –Simon Templar y James Bond– no es que sean los únicos, pero han eclipsado claramente a todo el resto de su carrera interpretativa.

Moore, británico de Londres, empezó como dibujante de comics, pero dado su porte atractivo y masculino -característica común en los dibujantes de comic- acabó como modelo publicitario y luego en el cine. En el papel de Simon Templar, el ladrón de guante blanco de El Santo, estuvo siete años. Los Persuasores, otra serie con Tony Curtis como compañero, duró un año. Y luego vino 007.

En un tiempo en que los reboots y los cambios de personajes eran desconocidos, ponerse en los zapatos de Sean Connery (que ya había filmado varios episodios de la saga Bond) era arriesgado y difícil. George Lazenby no había funcionado en Al Servicio Secreto de Su Majestad y desapareció en silencio.

Dejando de lado los guiones alucinados, el aspecto físico de Moore tal vez encajaba más con lo que imaginó Ian Fleming cuando en 1958 se hizo la primera representación gráfica del personaje para un comic (izquierda) (sin embargo, el dibujante John McLusky -a la derecha- pensó en darle un aire más tosco y quedó una cara bastante aproximada al Sean Connery de 1962).

La opción de Moore -por supuesto adaptado a los guiones que le iban dando, cada vez más de historieta y alejados del estilo original de Fleming- fue la ironía, el guiño y la elegancia británica. Hizo siete películas (incluyendo la primera de Bond que vi en el cine, Moonraker, porque fue la primera apta para menores de 13 años :-) ) y se retiró con 58 años para dejar paso a Timothy Dalton (ugh.)

En fin, otro trocito de siglo XX que se va. Buen camino, Sir Roger.

 

Sexo aumentado: prótesis para hacer mejores fellatios

En estos tiempos de cyborgs, implantes y realidad aumentada, hay gente que ya se ha operado para ponerse una memoria USB en el dedo, o una antenita para percibir campos electromagnéticos; está previsto que en poco tiempo el Internet de las cosas se conectará a prótesis y sistemas sensoriales periféricos para que nuestra experiencia del mundo tenga nuevas capas, más ricas y complejas.

Muy fascinante e intelectual todo. Pero como siempre pasa, esto hay que aplicarlo al sexo: es el motor de la sociedad, mal que le pese a algunos. Todavía no hemos trascendido la mayor parte de nuestros fundamentos biológicos, y de momento seguimos buscando el gustirrinín en una cosa tan elemental como es esa recompensa que nos pusieron por gastar energía y tiempo en reproducirnos, aunque hagamos trampa.

Ya hace algún tiempo que hay juguetes sexuales que funcionan como un complemento, por ejemplo anillos con relieves rugosos para el pene. Más raro es el caso de la gente que se implanta perlas de acero o silicona bajo la piel (ojo, enlace NSFW) para obtener otras texturas sensibles; pero esto es una costumbre antigua, que se puede rastrear hasta los yakuza japoneses y ciertas tribus filipinas. E sexo aumentado, pero tiene más de piercing que de ciberimplante.

En el caso que nos ocupa hoy, el taiwanés Ku Kuang-Yi, un dentista de Taipei, ha creado un complemento de silicona para aumentar el estímulo al realizar una fellatio: mediante una placa en relieve que se ajusta al paladar, una serie de bulbos y láminas producen mediante su roce mejores sensaciones. La fase avanzada de este proyecto consistiría en el moldeado -en tejido vivo cultivado- y la implantación quirúrgica definitiva de estos relieves bajo la mucosa del paladar.

Hay que aclarar que los proyectos de Ku son más provocativos que prácticos: su trabajo está orientado a instalaciones artísticas en la Academia de Diseño de Eindhoven (Holanda). Son planteamientos de interacción entre arte y ciencia -en su caso y por formación, odontología- que cuestionan las fronteras del género, cuerpo físico y la sexualidad. Después de llevarse un premio por el “Fellatio Modification Project” en 2015, ha extendido su producción a un complemento para cunnilingus (igualmente en dos formatos, extensión de silicona o implante quirúrgico), un parque temático sexual para delfines, un sistema de ligue para mascotas (con motel por horas y app incorporada) y más cosas. Todo ello inquietantemente posible.

Visto en New Scientist.