Spot Mini: el perro robot ha vuelto

Spot Mini: el perro robot ha vuelto

spot miniHace tiempo que vengo siguiendo las peripecias de la familia de robots de Boston Dynamics, una compañía tecnológica que fue comprada por Google y se dedicaba al desarrollo de sistemas motrices cibernéticos. Realmente no son robots, sino la parte corpórea: el chasis, las articulaciones y extremidades, los sistemas de movimiento y equilibrio. Y son terribles de ver, por la fluidez de sus movimientos y la evolución que han tenido en una década. Si no fuera porque la película de James Cameron es anterior, casi se diría que Cyberdyne Systems es una caricatura de esta empresa, que también desarrolló productos para ciertos departamentos de Defensa estadounidenses. Pero a veces la realidad imita a la ficción.

Cuando Google se desprendió de Dynamics en 2014, parecía que la pesadilla había terminado y las máquinas ya no se alzarían contra nosotros: su destino iba a ser fabricar piezas en la Toyota o repartir paquetes con Amazon, las dos empresas interesadas en adquirirla. Pero al final, fue adquirida por SoftBank Group Corp., uno de esos keiretsu o conglomerados tecnológicos japoneses que abarcan una variedad de campos.

SoftBank se dedica principalmente a las telecomunicaciones (banda ancha, internet) aunque también se extienden al comercio electrónico y banca, por ejemplo (entre otras cosas, fueron el distribuidor exclusivo del primer iPhone en Japón).

Ahora Boston Dynamics ha publicado este (trailer?) de nuevo modelo de cyberperro, Spot Mini. Mientras que las anteriores generaciones eran todo chasis y cableado, esta unidad ya tiene estética: un recubrimiento en llamativo color amarillo y un rediseño de sus extremidades para que sean menos aparatosas. Sin duda ha dado un cambio.

Ahora la máquina ha cambiado de una estética pre-Terminator a algo más tipo Ghost in the Shell o Appleseed, lo cual también encaja con sus nuevos amos. Veremos qué destino le dan, porque su aspecto sigue siendo tan intimidante como antes. Otra vez ha cambiado la línea de tiempo, pero parece que Skynet sigue estando ahí delante más fuerte que nunca…

 

El esqueleto de un dragón hallado en China

El esqueleto de un dragón hallado en China

Dragón chinoHay que decir que ante un titular como este se espera uno el hallazgo de uno de esos fósiles magníficos que están saliendo de los yacimientos chinos: tal vez un mosasaurio o algún reptil serpentino. Pero no, se trata de un esqueleto reciente con trocitos de carne pegada aún.

Los vecinos de la ciudad de Zhangjiakou (en el norte de China) se encontraron esta carcasa en un campo. La osamenta, perfectamente ensamblada (los carroñeros la limpiaron con mucho cuidado) mide unos 18 metros de largo y es en su mayoría un larguísimo tórax seguido de una igualmente larga cola; unas patitas asoman por lo que parece ser una cintura pélvica y escapular bien desarrolladas, y el cráneo -que tiene las órbitas orientadas hacia adelante y lo que parece ser una dentición similar a los cetáceos- dispone de dos cuernos de ciervo. No hay restos de alas; todo esto encaja con lo que es la imagen del dragón chino popular, que vuela “nadando” en el cielo, tiene cuernos de ciervo, cuerpo de serpiente, garras de águila, hocico de perro, y (aquí no han aparecido) ojos de langosta, melena de león, escamas de pescado y bigotes de bagre. Sólo le faltan las bolas en plan Goku.

Esta noticia nos revela una alarmante realidad: ya hay chinos aburridos, cosa que antes era increíble. La sociedad está cambiando!

Las bases neurológicas del asco por el queso

Las bases neurológicas del asco por el queso

queso apestoso He mantenido más o menos el enunciado original del artículo porque es perfecto. El reciente estudio, premio Ig Nobel de Medicina 2017, es una colaboración entre científicos franceses e ingleses para valorar si hay alguna diferencia fisiológica -neurológica- en las personas a las que les da asco el queso.

A quien le gusta este subproducto lácteo le puede resultar extraño que haya quien lo deteste, igual que pasa con los cerveceros. Como parte afectada, dejadme explicar. Mi repugnancia al queso no es genética, pero es real: imposible pasar cerca de las góndolas refrigeradas del súper sin hacer arcadas ante la pestilencia de los quesos. Las diferentes variedades tienen cada una su hedor: y el centenar o así de compuestos químicos que los generan –ácido caproico, acético, amoniaco, ácido propiónico, ácido isovalérico y metil-mercaptano por citar algunos- son comunes en cosas como el sudor descompuesto de los pies, los excrementos, los cadáveres en putrefacción y otras cosas bonitas.

los ganglios basales

Ahora bien, todos los animales que disponemos de sensores olfatorios -capaces de detectar e identificar moléculas dispersas en el aire- tenemos mecanismos de aversión a marcadores de cosas que pueden resultar peligrosas. Por eso el olor a carroña nos resulta universalmente desagradable mientras que a un buitre, que puede digerir la carne descompuesta del ano de un búfalo* sin pillar una intoxicación, le gusta. Entonces, es normal que un alimento que emite las mismas señales que unos calcetines sucios o un vómito suscite aversión.

(Como cualquier otro sistema, el olfato puede ser engañado por moléculas similares: ciertos pegamentos huelen a banana, y la frontera entre el olor a carne asada y en descomposición es más tenue de lo que nos gustaría reconocer; también se ha comprobado que las especies africanas de mosquito Anopheles gambiae se ven igualmente atraídas por el olor de los pies y el queso de la variedad Limburger)

El estudio del que hablamos tenía dos objetivos: primero, evaluar el porcentaje de humanos con asco al queso, y luego, determinar mediante resonancia magnética si había alguna región específica que mostrara activación durante la exposición a fotos, olores o trozos del producto. Se usaron varias clases de quesos y también otros alimentos (frutas, nueces, pescado, embutidos) que se iban mostrando a los 332 sujetos del estudio.

resonancias magnéticas en el experimento

El resultado es que el queso disgusta a un 38% del total, un porcentaje mucho más alto que cualquier otro alimento (le siguen los productos de charcutería con un 20%) y tanto el olor como la contemplación de una foto provoca una respuesta en los segmentos interno y externo del globus pallidus. (Esta estructura, que no se parece en nada a un globo, forma junto con el putamen y el cuerpo caudado dos unidades llamadas ganglios basales, entre los hemisferios cerebrales. Es parte de lo que se denomina el “sistema límbico” que gestiona entre otras cosas los mecanismos de recompensa/aversión)

The Neural Bases of Disgust for Cheese: An fMRI Study, en Frontiers in Human Neuroscience

* El cuero de los búfalos es muy duro de rasgar, incluso en un cadáver. La cabeza del buitre está diseñada para penetrar con facilidad por los orificios naturales, si llegan primero; aunque algunos prefieren dejar que los leones abran la piel para luego picotear los restos.

La vida multicelular apareció en la Tierra por culpa de las algas

La vida multicelular apareció en la Tierra por culpa de las algas

ArchaeplastidaUno de los misterios de la paleontología clásica (y digo misterio no porque implique algo sobrenatural o marcianos, sino porque es una cosa muy espectacular que no tiene explicación segura) es la expansión de los organismos pluricelulares complejos, en su momento esponjas, gusanos, medusas y poco más. No es que sustituyeran a las bacterias y protozoos, que siguen aquí, sino que se convirtieron en la biomasa dominante y más aparente del planeta.

Desde hace unos tres mil millones de años hasta hace 750 millones, los océanos fueron el reino de bacterias que pululaban por ahí oxidando hierro y azufre, creando estructuras cada vez más complejas como un núcleo, las mitocondrias para generar energía, los cloroplastos para vivir de la luz solar… nos quedan abundantes muestras de esto, desde los fósiles denominados estromatolitos (acumulaciones de óxido con aspecto de boñigas de vaca que aún hoy siguen formándose en los mares) a grandes yacimientos de minerales.

Y de repente, hace unos 610 millones de años, la expansión Ediacarense: aparecen restos fósiles extraños de organismos desconocidos, blandos (sólo conocemos sus huellas en el barro fino, sin rastros de estructuras internas) pero claramente pluricelulares. Ya fueran una rama totalmente exótica de la vida o formas primitivas de esponjas y gusanos, estos seres llenaron los mares en poquísimo tiempo. ¿Qué provocó este cambio, cuando la tranquilidad bacteriana había dominado los océanos los últimos dos mil y pico millones de años?

CriogénicoLa última teoría plantea lo siguiente: hace unos 750-650 millones de años hubo (varias) superglaciaciones que convirtieron a la Tierra en una gran bola de nieve y hielo. La vida subsistía bajo los mares helados junto a las chimeneas hidrotermales, pero la superficie era estéril, con una atmósfera tenue casi carente de oxígeno. Inmensos glaciares aplastaban y molían las montañas -igual que ahora- bajo la presión de los hielos.

Cuando llegó el calentamiento global, la fusión de estos glaciares derramó en los océanos enormes cantidades de sedimentos minerales: nutrientes, que provocaron una multiplicación de la vida capaz de utilizar estos elementos y luz solar para fabricar materia orgánica. Los mares se llenaron de algas, y esta abundancia de biomasa altamente nutritiva estimuló la aparición de animales complejos capaces de aprovecharla.

Este concepto no está sacado de la manga, sino que deriva del análisis de rocas sedimentarias de la Formación Wallara y otras (Johnny’s Creek, Areyonga, todas pertenecientes al Criogénico-Ediacarense del centro de Australia; unos 700 millones de años). Un equipo de científicos internacional de la Universidad Nacional en Canberra, la Universidad de Bremen y el Instituto Max Planck descubrió la presencia de picos de ciclopentanoperhidrofenantreno en la roca. La sustancia, conocida también como esterano, es la base de moléculas como los esteroides y el colesterol. Comparando la cantidad de estos marcadores orgánicos, llegaron a la conclusión de que en aquellas fechas hubo una auténtica explosión del plancton vegetal.

The rise of algae in Cryogenian oceans and the emergence of animals, en Nature

Visto en SINC.