Hace algunos días, en uno de los podcasts que suelo seguir, se mencionó a alguien que despertó nostalgia en la sección X-Files de mi mente. El nombre es musical y llamativo: Bep-Kororoti. Supuestamente, un ser extraterrestre que visitó a una tribu amazónica dejando el duradero recuerdo de sus proezas grabado en la leyenda.

Empecemos por el final, o más bien, la penúltima presentación del mito en la serie documental Ancient Aliens presentada por Giorgio Tsoukalos.

El traje de Bep-kororoti

La historia es un refrito de lo que Erich Von Däniken contaba en El Oro de los Dioses (que es de donde viene mi recuerdo) quien a su vez la oyó del antropólogo brasileño João Américo Peret a principios de los ’70; aunque consta que la narración fue recogida de las tribus hacia los años ’50. Correspondiente a un mito de los kayapó, una tribu de la Amazonia brasileña, el relato de Däniken se puede resumir así: Hace mucho tiempo, un personaje bajó de la sierra llamada Pukato-Ti hasta los poblados de los kayapó. Era Bep-Kororoti, un guerrero dotado de una maza mágica capaz de fulminar a cualquier atacante, arrasar el monte y machacar peñas. Vestía un traje de paja trenzada y tenía gran cantidad de conocimientos que, al cabo de un tiempo de convivencia, transmitió a los kayapó.

(Para leer el relato completo, mejor verlo aquí: http://lallave.arrakis.es/histori5.htm)

Pasado un tiempo, la nostalgia se apoderó de Bep-Kororoti que partió de nuevo hacia Pukato-Ti, desapareciendo en medio de una nube de fuego y relámpagos. En su honor, los kayapó celebran danzas en las que visten con un bo (el traje con máscara de paja trenzada hecho a semejanza del original). Este traje tiene un sospechoso parecido al de un astronauta; si a ello unimos las alusiones a un arma letal, fuego y truenos, y el tema del “dador de conocimiento” ya tenemos el argumento perfecto: era un extraterrestre que se quedó voluntariamente en la Tierra, al punto de casarse y tener un hijo, para luego volver a las estrellas.

Dejemos de lado las dudas más sencillas, como (¿por qué en lugar de enseñarles medicina o matemáticas elementales a los kayapó, Bep se dedicó a instruirlos en el complejo sistema de intercambio parental y el uso de las “casas para hombres” que por otra parte son comunes a muchas otras tribus?) o (¿para qué diablos quería un traje EVA con casco si luego era capaz de tener hijos a la manera local?). Lo primero que se me ocurrió fue que este era un caso de contaminación cultural, como el mito de los Dogon y la estrella Sirio.

Traje de paja Bakairi

El tema Dogon -una tribu de Mali que había sido visitada por seres de la estrella Sirio, que les habían explicado datos astronómicos imposibles de verificar sin telescopios- resultó ser una combinación de malas prácticas involuntarias por parte de los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine Dieterlen entre 1931-1956 y las interpretaciones personales del escritor Robert Temple a finales de los ’70 (hay aquí un paralelismo de fechas con nuestro mito de hoy!). ¿Podría ser que hacia los años ’50, los kayapó hubiesen visto trajes espaciales (ya los había) lanzamientos de cohetes (también) y mazas láser (bueno, esto no) y con ello hubiesen adornado una leyenda anterior?

Danza bakairi con trajes (variante falda)

De hecho, hay referencias a Bep-Kororoti anteriores, como cuenta Levi-Strauss en sus Mitológicas: pero en estas transcripciones Bep era un miembro de la tribu, mosqueado porque mientras lavaba las tripas de un tapir sus compañeros le roban la carne dejándole solamente las patas. El pobre Bep le pide a su mujer que le afeite la cabeza, lo adorne con pinturas rituales y luego desata su ira con una maza que invoca el relámpago, tras lo cual se va (con su hijo). Esta leyenda parece ser una variante de otras que explican el origen de la lluvia y la tormenta.

Encontramos trajes de paja en referencias mucho más antiguas; Karl von den Steinen (1889) y Koch-Grünberg (1909) vieron tocados similares entre los bakairi, karajá y kauá, todas tribus de la zona del Xingú. No es raro que Bep-Kororoti esté asociado también a las abejas y la miel, porque los trajes y cascos de paja parecen muy aptos para la recogida de panales. Y por supuesto, hay trajes rituales de paja repartidos por todo el mundo. ¿Realmente parecen trajes espaciales? No más que el muñeco de Michelin. ¿Se pondría un visitante de una civilización avanzada un traje de actividades extravehiculares (EVA) preparado para trabajar en entornos de vacío absoluto y alta radiación, cuando sabe que se va a mover en un mundo compatible con su biología? Mmm. Al final, lo único que nos queda es la maza láser que desata truenos y relámpagos.

Nada de esto quita que la Amazonia, y sobre todo la zona del Xingu, sea tierra de misterios y leyendas maravillosas (recordemos que a 500km al este está todavía perdido el coronel Percival Fawcett, buscando su misteriosa Ciudad Z) en la cual queda mucho por descubrir. Y por cierto el mito -casi universal en América- del “visitante civilizador”, sea Kukulkán, Viracocha, Coyote, Bochica, El-Al o como se llame, parece esconder referencias a algún hecho histórico que se nos escapa. Pero no hace falta vulgarizarla con semejanzas ridículas.

Es como si ahora comparásemos a Bep-Kororoti con Thor por lo de la maza (y ¿no hay algunos testimonios de una avanzadilla vikinga en Brasil?). También El-Al, el héroe civilizador sobrehumano de los tehuelches que escapó de su lugar natal y llegó sobre un pájaro a la Tierra, tiene nombre kryptoniano. Y creo recordar a Camazotz, el dios-murciélago maya, símbolo de la noche: enviado a la tierra a destruir a los humanos malvados de la primera raza, se le invocaba con braseros “cuyas llamas parecían tocar el cielo” (la bat-señal?) y cuyos templos o tzinacalli (la Casa del Murciélago) eran, naturalmente, subterráneos y secretos. Uy, si yo os contara…

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