Un estudio recién publicado en Nature y dirigido por Roshan K. Vijendravarma de la Universidad de Lausanne (Suiza) sobre la adaptación de la popular mosquita de la fruta (Drosophila melanogaster) a los períodos de escasez de comida, ha aportado un dato sorprendente: las larvas de esta mosca, cuando falta comida, atacan y comen a sus congéneres. Atraídas sobre todo por ciertos químicos que desprenden las larvas heridas, aquellas que canibalizan obtienen un aporte extra de proteínas que les permite sobrevivir.

ColibríAparte del horror provocado por un concepto moral mal aplicado, lo que resulta interesante del caso es que unas moscas que comen fruta podrida de repente añadan carne a su dieta. ¿Pueden digerirla? ¿Es algo “natural”? Parece que sí, y no sólo en estas moscas. Aquí tenemos un caso que nadie se para a pensar: el colibrí o picaflor. Este diminuto pajarito, cuyas alas baten a un ritmo rapidísimo y se alimenta del néctar de las flores, es el paradigma del animal bueno, paradisíaco, que no haría daño a una mosca. Su metabolismo es tan acelerado que necesita repostar continuamente el néctar (rico en azúcares, prácticamente combustible directo) para no morir de hambre. El mecanismo es ingenioso: una especie de buche acumula el néctar y va soltando dosis precisas directamente al intestino, donde se asimila rápidamente. De noche, el pájaro reduce su metabolismo y temperatura corporal entrando en un “modo de bajo consumo” para poder dormir sin seguir comiendo.

cacacolibri

Pero el néctar es, como hemos dicho, combustible puro. ¿Cómo repara el pájaro los tejidos dañados, o cómo crece? Necesita proteínas y minerales. Y estos componentes los obtiene de los insectos que se come, a veces absorbidos con el néctar, a veces capturados en el aire: se les ha visto atacar nubes de mosquitos, como un tiburón diezmando un banco de caballas.

Otro animal considerado herbívoro, aunque tremendamente agresivo, es el hipopótamo. Se han observado casos de hipos comiendo carne de animales muertos, pero también han sido pillados en actos de canibalismo y ataques coordinados para cazar y comer presas, y hay al menos un informe de hipos comiéndose al ganado, algo tan grande como una vaca.

No suframos por las vacas, tampoco: he aquí el episodio final de Vaca y Pollo

Creo que este caso es Lal, una vaca india de Chandpur que es aficionada al pollo. Los nativos suelen darle gallinas para divertirse, un espectáculo propio de El Templo Maldito que ronda por YouTube pero no pondré aquí. Pero también las ovejas, ciervos y elefantes han sido vistos saboreando la sangre…

bambi

En respuesta a la pregunta: ¿Pueden? . Pueden digerirla y absorber sus nutrientes. De hecho muchas hembras mamíferas se comen su propia placenta al parir para recuperar parte de la inversión. Tal vez lo que provoca el deseo es una falta eventual de sales o minerales (los ciervos son especialmente golosos por la sal) pero sólo podemos especular sobre ello. ¿Que si es natural? Es una pregunta complicada. La naturaleza se adapta. La dicotomía herbívoro-carnívoro (bueno/tierno/pacífico – malo/cruel/agresivo) la hemos creado nosotros, como tantos estereotipos. Precisamente los humanos, que al igual que osos, mapaches y cerdos, somos omnívoros: auténticas máquinas de comer lo que nos echen. Esta es una gran ventaja evolutiva, y posiblemente el carnivorismo eventual sea una estrategia muy válida para sobrevivir.  Sólo quisiera concluir con un argumento irrefutable

chuleton

 

OOHHH
Quita el tomatillo

Comparte!