Gota fría

Gota fría

Septiembre ha traído lluvias y una tregua del calor sofocante del verano, pero también es temporada de “anidar junto al macho alfa“. Y las pobres, como no tienen otra cosa, se vienen conmigo.
El ventilador-torre no es ninguna máscara metafórica tipo Austin Powers, es un SilverCrest que es lo poco que cabe en mi diminuto dormitorio. Y va muy bien. Tendré que dejarlo un par de meses más.

Ponerse las botas

Ponerse las botas

Mis botas nuevasHe probado mis botas nuevas!

Después del deceso de mi antiguo par de botas de trekking en el Barranco del Tintín, tuve que buscarme unas nuevas que estuvieran a la altura. No era fácil. Las Hi-Tec Altitude III habían pisado desiertos y selvas, hielo -en el que resbalaban demasiado- y arenas ardientes, pantanos y zarzales. Un montón de años de buen servicio que llegaban a su fin… pero antes, una explicación.

botas-1 botas-2 botas-3Sí, por suerte las suelas eran dobles y les quedaba una tirita de goma y cuero finos. Era como andar con unos pies de gato, pero mejor que nada en aquel suelo de piedras afiladas por el viento y todo tipo de matojos espinosos. Cualquiera diría que era cuestión de mala calidad: una suela pegada (no cosida) pero el caso es que había funcionado en seco y mojado durante cerca de diez años, así que no me quejo.
El problema de la ruta no es que fuera difícil, sino que estaba bastante abandonada y de repente te das cuenta del peligro de torcerte un tobillo o caer por una cañada en un lugar deshabitado sin cobertura telefónica. Que por no haber, no había ni basura: sólo en los dos extremos de la senda de 17 km. había alguna lata oxidada y cartuchos de escopeta.

La musiquita que me rondaba la cabeza era Yuugure no Tori, de los inquietantes créditos de Attack on Titan, pero con la letra totalmente sustituida por estas dos palabras: Compañero… Putañero… y otras que rimaban. Era insoportable y estaba consumiendo mi propia CPU; la mente hace esas cosas cuando el cuerpo tampoco está muy fino. Lo curioso es que no sabía que la palabra “putañero” existiese siquiera. Aún así, esta letra era igual de absurda que la letra original.

Beber del arroyo -era el Lastonares– no me provocó ninguna alteración intestinal, aunque no lo recomiendo. Lo que hice fue exponer la botella al sol mientras andaba, como ya hacían los egipcios, para que al menos algún bicho muriera frito por los UVA. Yo, por mi parte, llevaba montones de bronceador.

Y las nuevas botas? No me complico la vida, son unas Hi-Tec Altitude IV. Después de años viendo el color arena de las viejas, me ha costado acostumbrarme de nuevo al cuero marrón, pero van estupendamente…

… para asomarse a precipicios espeluznantes!

…para atravesar traicioneros puentes colgantes!