Escribiendo con semen

Según recientes informaciones acerca del MI6, el Servicio de Inteligencia británico jugó con la posibilidad de usar semen como “tinta invisible” para redactar mensajes cifrados. Siempre a mano, más que el socorrido zumo de limón, esta tinta se seca quedando transparente pero dando un brillo fluorescente bajo la luz ultravioleta.

Esto se remonta a los tiempos de la primera guerra mundial y tuvo un uso efímero; lo relata Keith Jeffery en el libro ‘MI6: The History of the Secret Intelligence Service 1909-1949’. Imagino que los mensajes largos podrían dar algún problema, así como la clásica consigna entre los espías: “Una vez leído el mensaje, trágueselo“.

Visto en el Telegraph.

Para leer: Lovecraft is missing

Ya hace una semana del aniversario de H. P. Lovecraft, pero hoy he descubierto esta web

Lovecraft is Missing

en la que Larry Latham escribe y dibuja un comic bastante conseguido con el protagonismo del más enfermizo y fascinante escritor de ficción del siglo XX. Hay otros muy buenos, pero no tan raros como este anarquista profascista, ateo creador de religiones, amante del chocolate y los gatos. English, as you can expect.

© Larry Latham

Martín Morales grave!

Un accidente inusual ha afectado gravemente al dibujante Martín Morales. Copio de EuropaPress:

El suceso se produjo sobre las 9:24 horas, cuando el hombre se encontraba al parecer podando unos árboles y recibió un fuerte impacto de una rama que se le cayó encima en el cortijo de su propiedad El Trance, en el municipio de Carataunas.

Tras asistir al herido en el lugar del accidente, el 061 le evacuó en helicóptero hasta el Estadio de la Juventud de la capital, donde fue recogido por una UVI móvil y trasladado al Hospital de Traumatología de la capital, donde ingresó con pronóstico grave.

El dibujante y humorista gráfico Martín Morales nació en Almería, pero ha desarrollado casi toda su labor en Granada.

Que se recupere pronto! Le queda mucho trabajo por delante.

Triceratops sí

Hace menos de un año una teoría sacudía la paleontología clásica, o al menos la que todos hemos aprendido de pequeños: el Triceratops (el dinosaurio cuadrúpedo con tres cuernos y gola que siempre acaba peleando con un Tiranosaurio en las películas viejas) no existe. Sería una forma juvenil del Torosaurus, especie que se caracterizaba por tener la gola calada y los cuernos apuntando hacia adelante en lugar de hacia atrás: las modificaciones óseas provocadas por la madurez justificarían la diferencia.

Con más o menos humor, la comunidad científica se negaba a repetir la historia del brontosaurio (que tampoco existe ya, sustituido por el nombre Apatosaurus), pero precisamente por ahí es por donde se ha salvado nuestro T-Rex killer:  cuando una especie se clasifica erróneamente como dos, el nombre que prevalece es el más antiguo (Triceratops – Marsh, 1887). Por cierto, su primer nombre fue Bison alticornis, pues Marsh pensaba que la matriz correspondía a estratos del Pleistoceno.

Se estima que un tercio de los dinosaurios conocidos están erróneamente clasificados.

Aparte