El pene del avestruz

La ciencia ha vuelto recientemente a volcar su atención al fascinante mundo de los penes de ave. Hay que reconocer que no es un área zoológica demasiado conocida, pero tiene profundas implicaciones en el conocimiento que tenemos de la evolución de los vertebrados. Hoy hablamos del extraño miembro del avestruz.

La mayoría de las aves carece de pene, a pesar de que sus ancestros reptiles parece que disponen todos de uno o dos (a excepción del tuatara, pobre). La forma que tienen de copular es el llamado beso cloacal: restregando sus orificios cloacales (esto es, una salida común para los sistemas urinario, digestivo y reproductor) hasta que, con las humedades varias, el esperma se abre camino hasta su destino. Supongo que puede ser divertido.

Otras aves disponen de penes más o menos elaborados y funcionales: cisnes, patos, gansos- cuyo mecanismo es muy similar al nuestro, básicamente un sistema hidráulico y una estructura de colágeno que otorga tamaño, dureza y rigidez a una bolsa de tejido vascularizado normalmente fláccida. La diferencia es que, mientras nuestros penes se llenan con sangre arterial a través de las arterias pudendas internas (ramas terminales de las arterias hipogástricas) y se vacían mediante un complejo sistema venoso, los penes de ave deben el soporte estructural al fluido del sistema linfático. (más…)

El Gusano Mongólico de la Muerte y otros bichos (parte I)

Parece que últimamente hay sobrecarga de enigmas soviéticos y chinos. Es casualidad, o como diría Friker Jiménez, pareidolia. De todas maneras el tema de este críptido asiático es singular: hace tiempo que oía hablar de él y el tema apestaba a mito por los cuatro costados, pero al ver los datos con más detenimiento… se hace más creíble. Y casualmente di -a través de un viejo libro- con otro críptido ruso bastante más conocido. Veamos primero lo típico.

La historia es la siguiente: se dice que en los inmensos campos de dunas del desierto de Gobi habita una criatura conocida por los locales como Aka Olghoï Khorkhoï o Gusano de la Muerte, un bicho con el aspecto de un enorme gusano rojo (el nombre significa realmente gusano-intestino) de hábitos subterráneos, capaz de atacar y devorar grandes presas como cabras, camellos y humanos a los que pille desprevenidos. Es tremendamente peligroso y su nombre infunde terror en los recios pobladores de las estepas mongolas y chinas que se aventuran en las regiones arenosas más secas del desierto occidental.

Conocido por los habitantes desde tiempos inmemoriales, llegó a oídos de Occidente en la década de 1920 a través de las expediciones paleontológicas de Roy Chapman Andrews. Este explorador americano realizó una serie de bien preparadas incursiones al desierto de Gobi patrocinadas por el Museo de Historia Natural de New York, con la finalidad de encontrar pruebas de que el origen del hombre estaba en Asia y no en África. No encontraron restos de homínidos, pero sí los famosos nidos de dinosaurios Oviraptor y Protoceratops*, uno de los mejores registros de fósiles jamás descubiertos.

Chapman, que junto con los hallazgos y las descripciones geográficas de sus viajes se trajo también estas leyendas, opinaba sobre la existencia del Gusano: “Se trata probablemente de un animal mítico, aunque puede ser que haya algo de cierto en lo que me cuentan, ya que todos los mongoles del norte del país creen en su existencia y lo describen practicamente igual“.

Esto es más o menos lo que se escucha por ahí sin profundizar mucho, e inmediatamente vienen a la mente dos criaturas: los tragoides de Temblores y los Gusanos de la Especia de Dune. Pero ¿cómo podría un ser tan enorme vivir bajo las arenas sin ser detectado? ¿Cuál sería su ecología, su origen? Su realidad biológica parece bastante cuestionable. (más…)

Gusanito

Ayer por la tarde me encontré un diminuto gusanito, verde brillante, rodeando la tapa del cubo de la basura. Le ofrecí un trozo de ciruela, ya que tenía toda la pinta de ser una larva de polilla de la fruta, y la aceptó; así que los coloqué a ambos en un terrario que tengo.

Esta mañana voy a tirar algo y ¡Oh! Me encuentro al gusanito de vuelta en el cubo de la basura. Sin duda conocía el camino, pero tuvo que atravesar tres metros de distancia con desniveles, abismos inmensos y además escapar de un terrario de cristal. Nada mal para un bicho de un centímetro de largo.

Así que volví a darle ciruela, y más tarde lo llevé a una higuera fuera de casa a que termine su ciclo vital. No sin antes echarle un par de fotos con el teléfono.

 

La sesión fotográfica se hizo mediante el truco de colocar un cuentahilos (una lupa de 10x) delante de la lente del iPhone, convirtiendo al dispositivo en un teléfono extremadamente miope. No tiene la calidad de una macrofotografía hecha en condiciones, pero para salir del paso, es un truco válido! Al fin y al cabo, las fotos de un móvil no son para exposición.

Fauna doméstica

Esta tarde al volver del trabajo me he encontrado esto en medio del parquet del salón.

Sí, es una escolopendra (Scolopendra cingulata) un bicharraco grande; miriápodo de la clase Quilópodos, depredador dotado de dos forcípulas venenosas que en este caso eran grandes como espinas de rosal.

Yo en tiempos llegué a tener una escolopendra de veinte centímetros disecada en casa, pero claro, de ahí a encontrarla en el comedor aún tierna… es lo que tiene vivir en el campo, ya me resultaba raro que no hubiera cucarachas. La duda que me queda es: la escolopendra posiblemente sea el depredador artrópodo más temible de Europa. ¿Qué pudo haberla matado y dejado boca arriba en el suelo?

El ruidoso pene de la chinche de agua

La chinche de agua o barquerito menor Micronecta scholtzi, pariente de las típicas Notonectas que hay en todas las charcas de agua dulce (barquerito, garapito, ángel de agua) se distribuye por toda Europa. Es un insecto de pequeño tamaño, que nada cerca del fondo* con dos patas natatorias mientras forrajea algas y plantas acuáticas. A pesar de ser muy común -o tal vez por eso- se sabe poco de sus hábitos de vida: sabemos que practica la inseminación traumática, y que estridula con su pene (es decir, que lo restriega como el arco de un violín contra su abdomen, como muchos machos de otras especies). El sonido producido por este rozamiento es una llamada de apareamiento que alcanza 99.2 decibelios, comparable al ruido de un tren de carga.

No se hace insoportable debido a que al pasar del agua al aire el sonido se pierde, pero aún puede oírse; mucha gente lo confunde con grillos. No me imagino cómo lo pasaría un submarinista pasando por un enjambre de micronectas en celo, pero poca gente hace buceo en los estanques.

So Small, So Loud: Extremely High Sound Pressure Level from a Pygmy Aquatic Insect (Corixidae, Micronectinae) en PlosONE.

* Esto la diferencia de su prima Notonecta, que nada boca arriba cerca de la superficie, es más grande y depreda larvas de otros insectos, renacuajos y peces pequeños.