La mala comunicación de las ranas chinas (y sus machos)

Una ranita de China, Odorrana tormota o rana de oídos cóncavos, es el único vertebrado no mamífero conocido capaz de emitir y escuchar sonidos en frecuencias ultrasónicas. Es un animalillo que gusta de vivir cerca de torrentes y rápidos, que están emitiendo continuamente sonidos de baja frecuencia; así que tiene su lógica que, para hacerse oír, evolucionaran hacia un sistema de comunicaciones de alta frecuencia. Esto se sabe deade hace algún tiempo, igual que la singular estructura de su oído y la capacidad que tienen para localizar la fuente del sonido: los machos saltan hacia el trino de la hembra (audible para los humanos también) con una precisión del 99%.

Lo que se acaba de descubrir es que, debido al marcado dimorfismo sexual (en la foto se ve un macho pequeño sobre una hembra) estos animales tienen diferentes capacidades. El tímpano del macho es pequeño y profundo, más sensible a los sonidos de alta frecuencia (de ahí el nombre común de la especie); la hembra tiene los oídos más grandes y superficiales, con el tímpano más grueso. ¿Por qué? Pues porque, mientras los machos viven a la orilla de las corrientes, las hembras son más propensas a vivir en prados, cuevas y árboles huecos -donde hay menos ruido ambiente de baja frecuencia.

La consecuencia de esto es que las hembras no escuchan casi nada de lo que gritan los machos, sobre todo al hacerse mayores. Como para entonces su necesidad y capacidad de cópula es irrelevante, tampoco importa demasiado: los machos vuelven al torrente a buscar jovencitas que les escuchen. Así es la vida, nenas.

Visto en io9.

Gusanos a tres kilómetros bajo tierra

La vida en la Tierra es variada y ocupa todos los nichos imaginables, desde el aire a las profundidades marinas e incluso aguas termales, ácidas o radiactivas. Pero hay un límite: normalmente toda presencia de vida multicelular desaparece a partir de los 10 metros de profundidad de suelo. No hay luz, y el suelo es un medio duro para desplazarse que requiere cantidades de energía difíciles de obtener.

Por eso el descubrimiento de unos gusanitos (Halicephalobus mephisto) en el fondo de una mina en Sudáfrica es tan espectacular. Nadie podría imaginar vida allí abajo, pero un equipo de la Universidad de Princeton encontró un pequeño ecosistema en tres minas de oro en la cuenca de  Witwatersrand, cerca de Johannesburgo. A una profundidad entre 900 y 3600 metros, a temperaturas de 45/70ºC y presiones similares a las de los fondos oceánicos, casi en ausencia de oxígeno y sin luz, estos nematodos minúsculos (500 micrómetros de largo) viven en el agua comprimida entre las fracturas de la roca, alimentándose de bacterias quimiosintéticas.

La presencia de vida organizada allí -y se calcula que estas poblaciones llevan al menos llevan de tres a doce mil años residiendo en el lugar- no sólo tiene implicaciones en cuanto a la versatilidad de la vida terrestre, que parece ser capaz de aparecer en el lugar más inesperado, sino que amplía nuestro campo de visión en la búsqueda de posible vida extraterrestre. Pensar que hace unos pocos años pensábamos en planetas con océanos y verdes praderas como único receptáculo de vida; ahora va a resultar que vamos a encontrar bichos hasta en la Luna.

Nematoda from the terrestrial deep subsurface of South Africa– artículo en Nature, visto en New Scientist.

Descubierto un lagarto gigante CON DOS PENES

Hace  ciento cincuenta años la ciencia zoológica afirmaba tener catalogadas todas las formas de vida del globo: en el tiempo de las grandes exploraciones y las colonias parecía que habíamos entrado en contacto con prácticamente todo lo que el mundo podía ofrecernos. Este concepto soberbio se fue quedando obsoleto a medida que aparecían nuevas formas de vida en entornos inusuales: el celacanto, el okapi, el calamar gigante son ejemplos típicos citados por los criptozoólogos para justificar la posible existencia de dinosaurios vivos, yetis y demás criaturas. Lamentablemente, las especies que vamos descubriendo en los últimos años suelen ser diminutas o pertenecer a entornos aislados, como los fondos marinos.

¿O no? El Varanus bitatawa, la nueva especie de lagarto descubierta en Luzón (Filipinas) es un pariente vegetariano del dragón de Komodo: mide tanto como un humano grande, y su hábitat es una isla muy habitada y deforestada en la que las tribus lo cazan por su carne. Pero los equipos científicos nunca se había percatado de su existencia, en parte debido a su forma de vida muy discreta y esencialmente arbórea: suelen moverse a veinte metros del suelo, por las copas de los árboles. Hay que decir que el V. bitatawa a pesar de ser tan grande tan sólo pesa unos diez kilos. Por otra parte, hay en la zona otro gran lagarto, el monitor de Gray (V. olivaceus) que es muy parecido: sólo la comparación entre ambos ha permitido descubrir la nueva especie.

Noticia en National Geographic, en la que se incide sobre su monstruoso pene doble; como aquí somos discretos (y además sabemos que el doble hemipene es propio de todo el orden Squamata: lagartos y serpientes) dejaremos el sensacionalismo de lado.

El armadillo y la lepra

El armadillo, tatú, quirquincho, piche, cusuco, gurre, toche, pirca, peludo o mulita (familia Dasypodidae, normalmente Dasypus septemcinctus) es un simpático edentado* americano, pariente del extinto gliptodonte y singular por su dura coraza, que se usa para hacer guitarras charango. Se dice también que su carne grasienta y aromática, asada en su propia cáscara, es deliciosa, y hay recetas desde Texas a la Patagonia (igual por ese éxito culinario es por lo que tiene tantos nombres, como pasa con el cerdo). Actualmente está protegido en varios países, aunque ya se sabe cómo es eso.

Un cuento de viejas norteamericano dice a los niños que si toquetean armadillos les puede salir la lepra. Tontería que se ha visto confirmada por la OMS y un estudio que analizó la persistencia de Mycobacterium leprae en el cuerpo de los armadillos, cuya temperatura corporal es lo suficientemente baja para que esta bacteria -que no tolera bien el calor- sobreviva largas temporadas. Los investigadores sospechan que el sistema inmune del animal es deficitario: un humano en buen estado de salud puede estar en contacto con M. leprae y combatir eficazmente la infección. La enfermedad se evita también con un aseo personal adecuado, y tiene tratamiento, pero no es el tipo de infección que uno desearía coger. El contagio se realiza por contacto con las mucosas de nariz y boca y también por la ingestión de su carne. O sea que… mal veo mi negocio de salchichas de mulita, ¡para una vez que tengo una idea comercial!

Visto en io9.

 

* acabo de descubrir que el orden Edentata ya no se usa y se debe decir Xenarthra. Mi vida ya no será igual.

Primer Contacto

Las dos especies inteligentes que hay en el planeta Tierra, enfrentadas. Como suele ocurrir entre seres de alto nivel de psiquismo, hay titubeo pero nada de violencia.

Esto con perros y monos no pasa. Visto en Cute Overload

El virófago antártico

La Antártida encierra misterios primigenios y exóticos, y en estos últimos años han visto la luz unos cuantos: un lago de sangre (bueno, rojo); pequeños mares sellados bajo el hielo hace millones de años; fósiles vivientes pululando por los frías y oscuros abismos de la plataforma continental; y ahora, el virófago.

De hecho este ser -OLV u Organic Lake Virophage– es uno de los tres que conocemos actualmente, el primero descubierto en 2008 y el segundo un mes más tarde. Los virófagos son la venganza, el depredador natural de los virus.

Todos sabemos que los virus no son formas de vida exactamente: son trozos de código genético organizado de tal manera que parasitan a células organizadas utilizando su capacidad reproductora para obtener copias de sí mismos. En el proceso, afectan más o menos a su huésped, desde provocarle un ligero malestar (resfriado) hasta matarlo (VIH, Ébola).

Los virófagos son organismos que habitan inactivos en el interior de células; por ejemplo el llamado Sputnik vive en las amebas de la especie Acanthamoeba polyphaga. Cuando una de estas amebas es infectada por un mamavirus, que suele ser letal para ellas, el Sputnik interfiere utilizando los sistemas de autorreplicación del mamavirus para producir más Sputniks. Con ello también disminuye la producción de mamavirus y eventualmente la mortalidad entre las amebas. En el caso del OLV, las beneficiadas son unas algas prasinófitas afectadas por picodnavirus.

No es que esto vaya a curar ninguna enfermedad, pero es bueno saber que los virus también pueden enfermar. Siento por los virófagos la misma simpatía insana que por los atracadores de bancos.