Pactos rotos

Esto de la foto es la parte de abajo de un higo, con unas avispas de los higos (Blastophaga psenes). Estas dos especies, Ficus carica y B. psenes*, han vivido ayudándose mutuamente en una simbiosis cómoda: la avispa poliniza la flor de la higuera y pone sus huevecillos dentro; tenemos que saber que la flor está en realidad dentro de lo que llamamos higo, y el insecto accede a ellas por el agujerito que hay en la base. El higo y los huevos maduran al mismo tiempo, y cuando nacen, los machos (sin alas) excavan comiendo un túnel para que las nuevas hembras, cubiertas de polen y fecundadas, salgan a cerrar el ciclo. Básicamente esa es su vida, los machos mueren poco después y a las hembras les espera el mismo destino cuando accedan a otro higo verde.

Pero a veces las hembras… ay! No cumplen con el pacto. Algunas lo guardan en bolsas especiales y cuidan que se fecunde la nueva flor; otras sólo se restriegan sin mucho cuidado, y las hay que sólo entran a poner huevos. ¿Qué hace el árbol entonces?

Nada. El árbol no piensa. Pero el higo no fecundado aborta y se desprende verde del árbol, aniquilando toda la puesta del insecto. Esto no es venganza, ni maldad: sólo una consecuencia lógica. Moraleja? No la hay, pero me la invento:

  • Cumple siempre tu palabra.
  • No intentes engañar a una hembra.
  • Mira dentro del higo antes de comerlo.

(Visto en io9)

*Hay otras especies de higueras y avispas que hacen lo mismo, más de 700!

Lo que se arrastra en las profundidades

A la noticia del descubrimiento de las huellas más antiguas dejadas en el lodo precámbrico en Canadá habría que hacerle un inciso: sí hay cosas vivas que pueden desplazarse sin estar muy organizadas. En la foto de la izquierda, Syringammina fragillissima.

Esta hermosa criatura es un xenofióforo -en griego: El Que Porta Cuerpos Extraños- y forma parte del grupo de los Foraminíferos, cuyos delicados esqueletos han formado cordilleras enteras en nuestro planeta. Syringammina está compuesto por una sola célula de un tamaño entre una pelota de golf y una sandía pequeña; y aunque se descubrió su existencia hace tiempo (en la expedición del Triton en 1882) poco sabemos de estos seres. No se sabe qué come; posiblemente haga pasar agua con nutrientes por sus muchas vacuolas y pliegues. Segrega un moco pegajoso con el que van agregando conchas, arena y trocitos de cosas mientras ruedan por el fondo -como el juego Katamari Damacy– creando así una coraza protectora. Pero son tremendamente frágiles, y ningún ejemplar recogido ha sobrevivido mucho.

No se sabe cómo se reproduce: los foraminíferos suelen alternar entre reproducción sexual y asexual (y luego los humanos nos creemos originales!) pero nadie ha visto a estas pelotas copulando o escindiéndose en dos.

También les gusta acumular cristales de sulfato de bario. Tal vez formen parte de su red para criar bacterias, una de las posibles formas de alimentación que se supone que tiene. No necesitamos remontarnos a las misteriosas criaturas de Ediacara para descubrir lo poquito que sabemos de este mundo…

Visto en Cais de Gaia.

La primera huella de vida

Hace poco aparecieron en una cantera de Polonia las huellas del tetrápodo más antiguo conocido (o más bien desconocido, ya que sólo nos queda de él las marcas de patas en el barro). Bien, ahora para superarlo tenemos el surco más antiguo descubierto hasta el momento, un canalillo dejado por algún organismo de la misteriosa fauna del Vendiense de hace 565.000.000 de años.

La fauna de esa parte del Precámbrico -llamada de Ediacara por un importante yacimiento australiano- es misteriosa no porque haya extraterrestres o fuerzas sobrenaturales implicadas, sino porque fue un ramal de la evolución que no se parece a nada que haya sobrevivido después: sus huellas aplastadas en algunos yacimientos finos son lo único que nos queda, sombras de un orden que pudo haber sido y acabó desapareciendo.

Las huellas parecen el rastro de una babosa, y debieron haber sido producidas por algo no más grande que eso. Encontradas en Mistaken Point (Canadá) dan poca información a primera vista, pero algo queda claro: en aquellas épocas tan tempranas, las cosas vivas ya disponían de sistemas locomotores con los que controlar su desplazamiento, léase músculos-válvulas-o lo que sea.

Noticia en New Scientist.

En colores

Una nueva técnica de microscopía electrónica aplicada a fósiles de dinosaurios revela los colores auténticos que pudieron tener -aunque en sólo aquellos que portaban plumas. Y con reparos. Todo empezó este verano en la Universidad de Yale, con el escaneo de un ejemplar de plumas del Eoceno medio de Darmstadt (47 millones de años) que tuvo bastante éxito en descubrir las mismas nanoestructuras que en los pájaros actuales provocan colores iridiscentes. Así que el siguiente paso fue probar con un dinosaurio: el pequeño Sinosauropteryx prima, primo del T. rex y cubierto de un plumaje (pelaje?) simple pero lo bastante denso como para quedar impreso en las finas calizas cretácicas de Liaoning.

Los barridos permitieron detectar unas formaciones que anteriormente se habían considerado colonias de bacterias, pero resultaron ser melanosomas: orgánulos pigmentarios de la propia pluma. El color se destruyó durante el proceso de fosilización, pero el grano finísimo de la caliza permite distinguir por su forma los distintos tipos de melanosomas: alargados para color negro/oscuro, redondos para marrón anaranjado, y las bandas claras que se ven en la cola no tienen melanosomas por lo que seguramente eran blancas. Durante los primeros análisis de Sinosauropteryx, se discutía sobre si el bandeado de la cola en el animal era un artefacto debido al proceso de fosilización o una característica real del dinosaurio: ahora sabemos que sí, aunque la intensidad de esos colores no queda muy clara.

Para alivio de los fabricantes de maquetas, aún no sabemos los verdaderos colores de los dinosaurios desnudos y la imaginación todavía tiene cabida.

Visto en New Scientist.

Mono que casca

Esta colonia de monitos sabe cascar nueces con dos piedras; lo han aprendido. Y además parece que también descubrieron cómo lapidar jaguares, aunque esta última parte me suena un poco a peli Disney o de Jean-Jacques Annaud.

¿Es posible que hasta este siglo prácticamente no viéramos las manifestaciones de la inteligencia en todas las ramas del reino animal, hasta las más obvias? ¿O es que le ha dado a todos los bichos por hacer cursos y no nos enteramos? Igual esto del intelecto va por rachas,  y luego ya se sabe: sólo puede quedar una… el resto son comestibles. Como los Neanderthal o los enanitos de la Isla Flores. Muy ricos.