El retorno de los cefalópodos

El retorno de los cefalópodos

cthulhu-risesAh, los cefalópodos. Tal vez los invertebrados más inteligentes, dotados de una flexibilidad y resiliencia sin par, y unos ojos que son la envidia de casi cualquier vertebrado. Y al ajillo qué buenos están. Pulpos, calamares y sepias (mencionemos de pasada a los nautilos y argonautas, dotados de concha como sus ancestros los ammonites) habitan los mares de todo el globo, y si no lo han dominado tal vez sea por tres detalles: no habitan en aguas dulces, no se han adaptado a vivir fuera del agua -aunque pueden aventurarse un ratito- y sus vidas son, ay, demasiado cortas para que la portentosa inteligencia que poseen les sirva de algo.

En este mundo contaminado y devastado por el hombre, donde la casi totalidad del mundo animal y vegetal lo está pasando mal, resulta que los cefalópodos están en alza: un estudio de las poblaciones marinas de estos animales revela que su número está aumentando. El estudio, que abarca 35 especies de seis familias de cefalópodos con estadísticas desde 1956 a 2013, confirma este incremento en todos los ecosistemas y distribuciones en la columna marina, desde la superficie a las profundidades.

Esto se ha atribuido a las características que hemos comentado antes: adaptabilidad, una buena batería de superpoderes (flexibles, veloces, con sistemas de camuflaje y disuasión, un sistema de manipulación muy eficiente a base de tentáculos) y hembras tremendamente prolíficas.

Ahora bien, estos animales son depredadores intermedios, se alimentan de peces y crustáceos de tamaño medio y a su vez sirven de alimento a otros depredadores: delfines, atunes, hombres por ejemplo. Así que su situación es un reflejo del ecosistema en que vive, pero la interacción es demasiado complicada para extrapolar datos futuros. Pero es una alegría que haya algunas criaturas a las que les vaya bien en esta crisis -ecológica- que estamos pasando.

Global proliferation of cephalopods, en cell.com

Bondage arácnido

Bondage arácnido

Mujer Araña + bondage!De todos es conocido el fenómeno del canibalismo sexual, en que la hembra se come al macho. Entero. Generalmente este fenómeno se constata entre algunos artrópodos, como la popular mantis religiosa (fam. Mantidae) y algunas arañas (Metellina segmentata). Ahora un estudio cruel ha probado que tal vez, otras especies tengan la misma costumbre post-cópula, pero no sea evidente porque los machos han evolucionado para superarlo. Ciertamente un fenómeno inusual. (más…)

Pájaros homosexuales necrófilos: la naturaleza antinatural

Riparia ripariaEl maravilloso mundo de los animales nunca acaba de sorprendernos. La zoología es una de las ciencias más antiguas: la observación de otros animales en su medio es algo que hacemos inconscientemente, ya sea por placer o para cazar u obtener información. Ya los griegos empezaron a escribir notas sobre los animales comunes -y no tanto- que encontraban o de los que oían hablar, provenientes de tierras remotas; pero eran más bien fantasiosos y aficionados al cuento y la moraleja. La Edad Media se vio plagada de estas estupideces que eran documentadas como ciencia oficial sin discusión, al menos en los entornos más comunes.

No fue hasta el siglo XVIII que se inició la sistematización y clasificación ordenada y científicamente ajustada (dentro de lo que se podía) cuando Carl von Linneo planteó la brillante nomenclatura binomial que aún se utiliza para nombrar a cualquier especie animal o vegetal. A finales del XIX, los biólogos creían sinceramente que poco quedaba por descubrir: el globo había sido explorado, conocíamos prácticamente a todas las especies vivas y su comportamiento -mecánico y sencillo- era algo elemental: comer, huir y multiplicarse.

A mediados del siglo XX aparece la ciencia de la etología, que estudia el comportamiento animal. Konrad Lorenz, con su estudio sobre la impronta en los gansos; Karl von Frisch, centrado en el sistema de comunicación de las abejas, y Niko Tinbergen, interesado en el estudio sobre el instinto en el pez conocido como espinoso, abren un mundo nuevo y aparentemente desconocido. Y los últimos años, con la implantación de nuevos sistemas tecnológicos de observación remota no intrusiva, han dado lugar a descubrimientos interesantísimos e inquietantes para algunos. Por ejemplo, que los comportamientos homosexuales son un fenómeno ampliamente difundido entre todos los grupos animales; hasta las moscas de la fruta consideran su género irrelevante si se eleva la temperatura del medio en que viven. O que la masturbación no es privativa de los primates superiores, ni tampoco el cuidado de los miembros enfermos o mayores del grupo, o el asesinato premeditado.

Y he aquí que tenemos al avión zapador (Riparia riparia), un miembro de la familia Hirundinidae que abarca a las golondrinas y aviones, pillado en vídeo mientras se cepilla el cadáver de un congénere de su mismo sexo tirado en el suelo:

Ahora bien, este estudio -de Naoki Tomita y Yasuko Iwami, del Instituto Yamashina de Ornitología en Abiko, Japón– no revela nada nuevo. En 2003 Kees Moeliker, de Rotterdam, ganó un premio Ignobel por documentar esto mismo en patos. También se ha visto en mamíferos y tortugas: un comportamiento sin ninguna ventaja para la especie que contradice el tradicional mecanicismo aplicado a estas funciones. ¡Ellos también lo hacen por gusto! Aunque el caso del avión es especial: entre estos pajaritos casi no hay diferencia entre machos y hembras, y el pobre avión muerto había quedado en una pose, digamos, provocativa para la especie.

What Raises the Male Sex Drive? Homosexual Necrophilia in the Sand Martin Riparia riparia

Visto en New Scientist

 

Un ojo unicelular

Un ojo unicelular

En tecnología, los humanos tendemos a la miniaturización: no sólo a nivel de circuitería, sino que -por ejemplo- las lentes de las cámaras de los teléfonos móviles tienen una complejidad y calidad impensable hace algún tiempo. El límite está en el nivel mínimo de los componentes, claro.

oceloideA nivel biológico pasa lo mismo. Muchos órganos tienen un tamaño o complejidad mínima por debajo de la cual no serían funcionales. El ojo -tal vez uno de los órganos más estudiados de la anatomía- consta de algunas estructuras básicas que coinciden con las cámaras que hablábamos antes: una superficie sensible a la luz, una pieza de gelatina transparente que canalice la luz, y ya como complementos lujosos podemos añadir una lente para enfocar mejor, un iris o diafragma para regular la cantidad de radiación, un párpado… los primeros ojos fósiles aparecen ya al principio del libro de la vida, en animales como Hallucigenia o los primitivos trilobites en los cuales ya se observa el predecesor del ojo compuesto de los artrópodos.

Por otra parte, a este mecanismo se le supone más de un origen evolutivo, es decir, fue una solución tan práctica que distintas ramas de la vida lo obtuvieron a partir de sistemas independientes. Así el maravilloso ojo del pulpo es diferente del nuestro, aunque su estructura se parece bastante. Pero nunca se había observado un ojo en un ser unicelular: es como encontrar una pata o un cerebro, algo demasiado complejo para un ser “de una pieza”. Así, pues, cuando Oscar Hertwig analizó en 1884 cierto grupo de dinoflagelados marinos algo raros y descubrió este pseudo-ojo u oceloide, los científicos de su tiempo pensaron que era algo que había comido el bicho, tal vez el ojo de una medusa. (más…)

Tiburón de bolsillo

mollisquamaEl descubrimiento animal de este mes es un pequeño y raro tiburón que viene no de las profundidades antárticas o alguna jungla profunda (lo cual sería inquietante) sino de las aguas a 190 millas frente a la costa de Louisiana, USA. Un proyecto de NOAA para la investigación de cachalotes recogió en 2010 una muestra de peces que quedaron en el congelador durante tres años hasta que hubo tiempo de estudiarlos, y allí apareció este escualo negro con cierta pinta de cachalote -o de la larva de Alien-. Mollisquama sp. pertenece a la familia Dalatiidae, que reúne al tiburón carocho y al cortagalletas, aunque no es seguro que el tiburón de bolsillo tenga la misma costumbre alimenticia: acercarse a la presa, pegarle un bocado redondo -de ahí lo de cortagalletas- y salir huyendo.

Poco más se puede decir de este animal del cual sólo se conocen dos ejemplares; este es un macho joven; el otro se descubrió en Perú en 1976. El nombre no viene por su tamaño sino por unas glándulas que tiene encima de las aletas pectorales, que parecen bolsillos.
Todos estos hallazgos de especies hacen pensar que ¿cuántos de estos animales son descubrimientos y cuántos son realmente especies recientes? Siempre estamos hablando de extinciones, que es una triste e innegable realidad de este Antropoceno en que vivimos, pero no hay que olvidar que la vida se abre camino y se busca las castañas: tal vez estemos viendo los pobladores del mar futuro.
¿Estará bueno esto en escabeche?

tiburon-de-bolsillo

Visto en NOAA

Descripción en zootaxa.