Peces feos

Hace unos días la Asociación Ugly Animal Preservation  eligió por votación como el bicho más feo del mundo al pez pegote (no tiene nombre común, Psychrolutes marcidus vive en el fondo marino a 900-1200 metros). El pescado parece un pegote de mocos, porque su estrategia de supervivencia a esa profundidad consiste en carecer de músculos: es una masa de tejido fofo que se mantiene en equilibrio hidrostático en la columna de agua, comiendo todo lo que se le ponga delante.

Pero en conjunto es un animal con formas definidas, y debajo del agua tiene otra presencia. Sin embargo, el pez proa verrugoso australiano (Aetapcus maculatus) es feo hasta en su medio, y debe ser de los pocos peces que intuye su destino: parece un filete empanado.

Foto © Bill Boyle

Foto © Andrew Newton

De verdad que parece un filete de merluza que sobró de ayer. En fin, que es como dice el refrán: hay muchos peces en el mar. Y una cantidad de ellos son feos.

 

Virus gigantes: redefiniendo la vida

PandoraUn descubrimiento anunciado el jueves pasado por un equipo francés bate un nuevo récord en cuanto al tamaño alcanzado por un virus: el género llamado Pandoravirus, que ya abarca dos especies (P. salinus, de sedientos marinos de Chile, y P. dulcis, que vive en lagos y estanques en Australia) alcanza un micrón y tienen de 1900 a 2500 genes en su genoma, prácticamente igual que algunos eucariotas. Para hacernos una idea -relativa, ya que la cantidad de genes no implica directamente nada- los humanos tienen 20500 genes, el virus de la gripe, 10; y el arroz unos 50000*.

Los virus están considerados como la frontera de la vida orgánica tal como la conocemos: son agentes infecciosos, siempre parásitos de células vivas, consistentes básicamente en una fragmento de ADN y una envoltura proteica protectora. Desde su descubrimiento en 1892-98 han espoleado continuamente a los científicos, no solamente por la importancia de su conocimiento (ya que la mayoría acarrean enfermedades) sino por ese estatus de semivida. El descubrimiento del genoma llevó a teorías más elaboradas sobre su origen: si eran parásitos que habían perdido la mayor parte de su ADN, si eran trozos de código “escapado” del núcleo celular que se habían hecho autónomos, o si eran resultado de una evolución paralela a la celular.

Hasta hace poco, los más grandes eran los Mimivirus (1992, 1100 genes) y los Megavirus (2011, 1300 genes) siempre con ese aspecto geométrico en sus estructuras pero ya desafiando el sistema tradicional de clasificación de vida orgánica. Pero esta bestezuela puede verse con un microscopio óptico y tiene pinta de bacteria, y de hecho se supone que se había descubierto hace ya diez años pero se pensó que eran bacterias ingeridas por una ameba: Pandoravirus se dedica principalmente a infectar a Acanthoameba. Pero es que, además, el 93% de los genes de Pandoravirus no se parecen a nada conocido. Según comentan Jean Michel Claverie, profesor de la facultad de medicina de Aix-Marseille, y Chantal Abergel, directora de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), esto podría indicar que proceden de una línea celular primitiva completamente diferente.

¡No deja de ser curioso que estas cosas tan enormes lleven 120 años ignoradas por la ciencia!

Pandoraviruses: Amoeba Viruses with Genomes Up to 2.5 Mb Reaching That of Parasitic Eukaryotes, en Science.

Visto en SINC.

* El genoma es como el código de programación; un código larguísimo puede estar lleno de fragmentos repetidos, comentados (que no se expresan en el organismo) o defectuosos. Sin embargo el número bajo sí nos da una idea de la complejidad del “programa”: 10 genes no da para mucho.

Las esponjas dicen SÍ al cambio climático

esponjasMás allá de los comentarios acerca de si estamos asistiendo a un cambio climático y el porcentaje de responsabilidad que tenemos en él, parece que no a todos les está perjudicando.

En 1995, en la barrera de hielo Larsen (en la Antártida) la plataforma Larsen A se desintegró; fue el principio de la desaparición de esta extensión de hielo y está claramente vinculada al cambio climático y no al (normal) desprendimiento de icebergs. El espesor de este hielo va disminuyendo y llegado un punto se resquebraja y desaparece. Esta placa llevaba allí estable al menos doce mil años; pero antes que nos pongamos sentimentales recordemos que el continente antártico fue un vergel, con bosques de todos los tipos que ha conocido la Tierra, desde hace 400 millones de años hasta hace tan sólo 4 millones de años.

El caso es que al derretirse los 23.000 km2 de la cubierta de hielo, la luz del sol iluminó las aguas que había debajo. En esas aguas, según se estudió en 2007, había una colonia de esponjas hexactinélidas de crecimiento muy lento (puede estar décadas sin crecer) que se alimentan de fitoplancton -es decir, vegetales microscópicos que flotan en el agua-. Este fitoplancton, al recibir la luz solar, se multiplicó de forma salvaje; y en 2011 los científicos que volvieron al lugar se quedaron alucinados al descubrir el bosque de esponjas que se ve en la foto, gordas y lustrosas de tanto comer. La población se había triplicado y la biomasa era ya el doble que cuatro años atrás.

Resumen en Cell.com.

Visto en NewScientist.

Cómo previenen el cáncer las ratas-topo desnudas

ratatopo

He aquí nuevamente nuestro animal raro favorito, el Heterocephalus glaber o rata-topo desnuda africana (sí, las hay con pelo) y sus poderes místicos. De momento no hemos descifrado cómo se las arregla para vivir tanto (30 años es mucho para un roedor, equivaldría a una vida humana de 600 años) o cómo son capaces de vivir en esa sociedad perfecta y casi insectil que tienen en sus madrigueras subterráneas. Su famosa inmunidad al dolor provocado por ácido o quemaduras puede ser parte de su entrenamiento ninja, ya que tampoco tenemos claro el mecanismo. Pero parece que los científicos al fin han dado con una pista de por qué Heterocephalus es inmune al cáncer, ese fallo funcional que ataca a todos los seres vivos -aunque aún se discute si se puede llamar “cáncer” a los tumores de insectos, moluscos y plantas.

La respuesta puede estar en la matriz extracelular de los tejidos de la rata: esta gelatina está cargada de ácido hialurónico, un polisacárido que actúa como lubricante. Nosotros tenemos aproximadamente unos 15 gramos de hialuronano en el cuerpo, principalmente en las articulaciones y los ojos (las gotas oculares que uso llevan, y no es casualidad, hialuronato de sodio; y también se usa como cicatrizante y relleno de arrugas). Las ratas-topo, que viven en un entorno de túneles estrechos, deben haber desarrollado esa sobrecarga de lubricante corporal (concretamente un hialuronano de alta masa molecular, HMM-HA) para poder deslizarse mejor; prácticamente pueden darse la vuelta dentro de su propio pellejo. Adicionalmente, la sustancia resulta ser anticancerígena. En los tejidos de rata-topo privados de HMM-HA podían inducirse tumores como en cualquier otro…

¿Podemos aprovechar este secreto? Bien, la cuestión es para estudiarla. El HA se produce, como hemos dicho, a nivel celular y se degrada a lo largo del día; no es algo que se pueda tomar como suplemento vitamínico*. Tendríamos que modificar la mecánica celular para que expresara HMM-MA en mayores cantidades y nos super-lubricara por dentro. Posiblemente tratamientos similares puedan ser utilizados para curar la artritis y otras enfermedades degenerativas, y también “rejuvenecer” los tejidos que sufren con la pérdida de HA con la edad, como son los que forman el ojo, cerebro, piel y vasos sanguíneos.

Visto en New Scientist.

 

*Aunque creo recordar que alguna gente tomaba cartílago de tiburón, que es en parte sulfato de condroitina y tiene cosas en común con el hialuronano. No lo he probado, pero desde siempre me ha encantado comerme los cartílagos del pollo, para disgusto de mi madre; igual es una panacea, habría que estudiarlo.

El efímero pene de los pollos

Llevaba tiempo sin actualizar el blog -mis disculpas- y por supuesto sin poner artículos sobre penes que siempre llaman la atención de damas y caballeros. En fin, rompamos la monotonía.

calimeroLa mayoría de las aves carecen de pene, eso es un hecho. Su fecundación se produce al restregarse los genitales en lo que se llama el beso cloacal; tan sólo un 3% de las aves (patos, avestruces, cisnes por ejemplo) disponen de -eso sí- exóticos miembros y costumbres asociadas como la violación de grupo, por ejemplo. Ahora bien, evolutivamente puede haber razones para ello (no tener que llevar pantalones) pero ¿en qué parte del desarrollo ocurre esta, eh, castración ontogénica? Pues acabamos de descubrirlo; concretamente, científicos de la Universidad de Florida.

Se estudiaron embriones de galliformes, anseriformes (patos) emús y reptiles. La observación demostraba que durante el crecimiento del embrión, los pollos comienzan a desarrollar un tubérculo genital -predecesor del falo- pero, llegado cierto momento, se activa un proceso de muerte celular en la punta y el órgano comienza a retraerse hasta desaparecer antes de que el animal salga del cascarón. El causante de este suicidio de tejidos es la expresión del gen Bmp4, que por ejemplo en los patos está inactivo durante todo el desarrollo.

La investigadora Ana María Herrera, que dirige la investigación, sugiere que la razón evolutiva puede ser la selección preferente de las aves hembras por machos sin pene, cuya cópula exige cooperación por ambas partes, en lugar de las costumbres violatorias (se dice así?) de los patos.

Developmental Basis of Phallus Reduction during Bird Evolution, en Current Biology.

Visto en SINC.