La sonda Dawn ha llegado a Vesta

El primer artefacto humano en llegar al cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, la sonda Dawn, acaba de llegar a las proximidades del gigantesco asteroide Vesta. Vesta es prácticamente un planetoide, con un tamaño tal (530 km. de diámetro) que ha ido asumiendo la forma esférica propia de un cuerpo celeste y no el aspecto de patata propio de los asteroides.

Si bien viajar por el Cinturón no es tan difícil como se ve en las películas -una nave podría atravesar ese espacio sin cruzarse con un solo fragmento- el problema es trazar un curso de contacto y quedar en órbita, así que la misión de momento es un triunfo. No habrá un aterrizaje en el asteroide, pero sí quedará bien documentado con un año de exploración orbital que hará Dawn antes de pasar a su siguiente objetivo, el planetoide Ceres (950 km. de diámetro y perfectamente esférico) al que llegará en 2015.

Dawn Mission en la NASA.

El viento entre las estrellas

Madness rides the star-wind… claws and teeth sharpened on centuries of corpses… dripping death astride a bacchanale of bats from nigh-black ruins of buried temples of Belial…

Una de las frases floridas favoritas de H. P. Lovecraft cuando habla de sus dioses alienígenas de más allá del espacio es la referente a los helados vientos que soplan entre las estrellas. Ithaqua camina sobre ellos en el helado Norte, y los fungoides crustáceos de Yuggoth acceden a la Tierra mediante alas membranosas con las que se desplazan por el éter. Bastante rápido, por cierto, porque Yuggoth es supuestamente Plutón (descubierto después de que Lovecraft hablara de ello, lo cual le valió un +1 en profecías, aunque el escritor era un astrónomo aficionado bastante culto y ya habría oído de las anomalías orbitales de Neptuno). Pero, ¿viento en el vacío? (más…)

La Anomalía Pioneer

Las dos sondas Pioneer (10 y 11)  enviadas al espacio en 1972 y 73 son famosas por llevar información específicamente diseñada para ser descifrada por una eventual vida extraterrestre, y por ser los primeros objetos humanos en salir del sistema solar: aún están volando a su máxima velocidad de impulso rumbo a Aldebarán*, en un vuelo lento. Pero también tienen su misterio.

Las sondas son de aluminio y pesan 258 kg; la parte central era un anillo hexagonal de 71 cm de ancho y 25,5 cm de altura, albergando el sistema de radio, el ordenador, baterías, grabadora, los cables y otros elementos. Pioneer 10 lleva una parabólica de 2,74 m para las comunicaciones con la Tierra (atentos a este dato) además de unas antenas de media y baja ganancia. Las sondas salieron del sistema solar en la década de los ’90 y al alejarse del Sol deberían mantener una velocidad constante -en el espacio no hay fricción- o incluso acelerar ligeramente debido al empuje del viento solar y la menor atracción gravitatoria, pero no. Se ha detectado un frenado de más o menos un nanómetro por segundo cuadrado, minúsculo pero inexplicable… hasta ahora. (más…)

Explosión misteriosa en el espacio

Otra de agujeros negros, ya puestos… el 28 de marzo pasado, el telescopio Swift de la NASA detectó una explosión masiva de rayos X y gamma provenientes de la constelación Draco (sí, la misma de la que viene la raza reptiliana que domina la Tierra según algunos). Estas explosiones son relativamente habituales en el cielo, pero esta en concreto era un millón de veces más potente y, en lugar de durar horas, duró semanas. Ello dio tiempo al Observatorio espacial Chandra de rayos X y al Hubble a reposicionarse e investigar más.

Se localizó la fuente de tan descomunal energía (bautizada GRB 110328A) en una galaxia situada a 3.800 millones de años luz de aquí. La suposición actual es que el agujero negro supermasivo que -según las observaciones del Chandra- está en el centro de esa galaxia ha capturado una estrella cercana, destrozándola. La absorción de la estrella provocaría la eyección de chorros masivos de partículas en la dirección del eje de giro del agujero; si está apuntando hacia nosotros, como parece ser, estamos viendo la misma vertical del agujero con todo el chorro de emisiones viniendo hacia aquí. (La foto es una exposición de cuatro horas del Chandra mostrando el gigantesco destello de rayos gamma; la cruz indica el centro de la galaxia en cuestión).

Noticia en la web de la NASA.

Noticia en la web del Chandra.

Vivir en un agujero negro

Las teorías raras casi nunca llegan a tener un uso práctico, pero son divertidas. Aquí tenemos una que difícilmente sea verificable -aunque en un siglo o dos me tenga que comer estas palabras- fruto de la mente de Vyacheslav Dokuchaev, de la Academia Soviética Rusa de las Ciencias de Moscú: pueden existir planetas con condiciones para soportar la vida en el interior del horizonte de sucesos de un agujero negro.

Partiendo de la posibilidad (teórica) de que los fotones pueden mantener órbitas estables en torno a la singularidad, Dokuchaev especula con la posibilidad de órbitas planetarias -enormes- en las cuales cuerpos celestes arrancados de sus sistemas pudieran girar en complejas espirales durante bastante tiempo. Los fotones capturados, las mareas gravitatorias y la energía emitida por la singularidad proveerían de calor al mundo cautivo suficiente para soportar una química compleja y susceptible de evolución, aunque la vida que pueda florecer más allá del horizonte de sucesos de un agujero negro resulta totalmente impensable para nuestros conocimientos actuales, porque allí no rigen las leyes de la física tal como la conocemos.

Esto me recuerda a aquellas criaturas lovecraftianas procedentes “de planos de existencia anómalos” “mundos que violan nuestras leyes físicas” y “cuerpos que son sólo parcialmente materia” (¿alguien ha dicho materia oscura?). Lejos de ser artefactos para justificar una historia, aquellas frases parecen cada día más proféticas…

Visto en io9.

Una barrera de energía en los límites del Sistema Solar

En Star Trek aparecía en algún episodio el concepto de que la Galaxia (la Vía Láctea) estaba rodeada por un escudo indefinido de energía extraña que impedía a las naves atravesarlo y salir, so pena de ser destruidas.  Aún no hemos llegado tan lejos, pero parece que algo así existe en el subconjunto más pequeño de nuestro sistema estelar. Más allá de la órbita de Plutón y los planetoides exteriores está el Cinturón de Kuiper, una banda de objetos cometarios a entre 30 y 100 UA del Sol (1 UA es la distancia Tierra-Sol, 8 minutos-luz o 150 millones de kilómetros así a ojo). Del Cinturón vienen muchos cometas de corto período.

Mucho más lejos está la nunca vista pero imaginada Nube de Oort: a un año luz del Sol, es una esfera que contendría más cometas (estos de período largo).

A una distancia intermedia, las emisiones iónicas del Sol interactuando con su campo magnético forman una burbuja llamada heliosfera, que envuelve el sistema e interactúa con energías del espacio profundo (rayos cósmicos por ejemplo). La Interstellar Boundary Explorer (IBEX) que ha mapeado la periferia del sistema, detectó el año pasado una especie de cinta de energía de origen poco claro que rodea el sistema enroscándose en la heliosfera. Ahora tras algunos estudios comparativos e supone que puede tener su origen en la interacción de esta burbuja con los campos magnéticos creados por la galaxia mientras nos desplazamos a través del Brazo de Orión en torno al centro galáctico. Estos campos reflejan las partículas del viento solar en dirección opuesta, o sea de vuelta al Sol.

La cinta de energía no es visible, claro: sus emisiones son de átomos energéticamente neutrales, principalmente hidrógeno, que es lo que iba buscando el IBEX.

Nota en The Astrophysical Journal.

Página del IBEX en la NASA.