Aterrizaje de cola

Todos hemos visto los clásicos aterrizajes de cohetes de las películas antiguas en las que la nave -generalmente un elegante supositorio plateado con aletas direccionales- se pone de espaldas al planeta o satélite en cuestión y amortigua la caída compensando la atracción gravitatoria con el impulso de sus toberas. El resultado final es un cohete aparcado más o menos como en el dibujo clásico que ilustra este post.

Con el tiempo, los avanzados técnicos de finales del siglo XX pasaron a burlarse de estos inocentes planteamientos. La revisión de los delicados sistemas del cohete en cada vuelo hacían imposible este tipo de sistemas de uso múltiple; lo que tuvieron que hacer fue un sistema multietapas en los que los depósitos inferiores del cohete, una vez acabado su combustible, se desprendían del resto y caían a tierra. Al final, del gigantesco cacharro sólo quedaba la cápsula de carga que acababa aterrizando tras una reentrada ardiente mediante unos tristes paracaídas. Mucho menos romántico, pero práctico.

El proyecto de los transbordadores fue un intento de fabricar vehículos espaciales reutilizables que a la larga fracasó, porque el sistema seguía aquejado de debilidades graves. Un vehículo que necesita meses para volver a despegar es poco práctico. Y desde luego la fragilidad de una nave de este tipo es extrema: la caída de algunas baldosas térmicas del recubrimiento en el despegue provocó el accidente del Columbia en 2003, y una junta mal sellada la explosión del Challenger en el ’86. Actualmente los transbordadores están fuera de servicio, y los astronautas tienen que bajar en cápsulas Soyuz como en los viejos tiempos. Y los módulos de combustible del despegue siguen cayendo a tierra como siempre…

Pero la nueva sangre del viaje espacial parece estar en las compañías privadas: menos sujetas a la burocracia gubernamental, más prácticas a la hora de buscar beneficios, estas empresas han desatado su propia carrera espacial y sus soluciones a veces son sorprendentes. SpaceX, por ejemplo, ha presentado un nuevo sistema de recuperación para sus cohetes Falcon. En la animación que puede verse en su web, cada etapa del cohete acaba su misión de subir la carga útil y empieza a caer; pero con el remanente de combustible y un sistema de guía es capaz de reposicionarse, volver a la zona de lanzamiento y aterrizar de pie.

El sistema podría tener sus complicaciones, tanto en el cálculo de combustible como la reentrada y el sistema de aterrizaje, pero parece que SpaceX ya lo ha tenido en cuenta y siguen adelante. Una vuelta de tuerca al diseño de cohetes que puede resultar útil hasta que tengamos el ascensor espacial aquí en la Tierra.

Antimateria rodeando la Tierra

Un cinturón de antimateria rodea el planeta, según un informe anunciado hace días basado en análisis de datos del Proyecto PAMELA para el estudio de la radiación cósmica. La existencia de un flujo de antipartículas contenido por el campo magnético terrestre se había predicho teóricamente, pero los datos recogidos sobre la Anomalía del Atlántico Sur han confirmado la detección de antiprotones.

La Anomalía es una zona en la que los cinturones Van Allen están muy próximos a la superficie terrestre, unos cientos de kilómetros, lo cual es suficiente para perturbar equipos electrónicos con un bombardeo protónico de 10 MeV, tres mil impactos por centímetro cuadrado por segundo*: el Hubble tiene que cerrar los ojos cuando pasa por encima -unas diez veces al día- y la ISS lleva un blindaje extra sólo para los eventuales pases por la Anomalía.

¿Por qué ocurre esto? El continuo bombardeo de partículas de alta energía que recibimos desde el espacio impacta con núcleos presentes en la alta atmósfera, recreando el efecto que se consigue en un acelerador de partículas: la creación de nuevas partículas, incluyendo eventualmente algunas de antimateria. Generalmente estos pares de materia-antimateria se unen aniquilándose mutuamente, pero a veces los antiprotones quedan captados por la magnetosfera terrestre.

Las lecturas recogidas a lo largo de 850 días han dado un recuento de… 28 antiprotones. Esto es una cantidad que “excede en tres órdenes de magnitud” a lo que cabe esperar.

*Hasta los astronautas ven chispitas en su campo visual al pasar por esta región hostil.

The Discovery of Geomagnetically Trapped Cosmic-ray Antiprotons, en The Astrophysical Journal Letters; visto en Pharyngula.

Cosmos 2

-¿Qué películas te hacen llorar?

Ante esa pregunta hay quien diría E.T. o La lista de Schindler, cosas así. A mí se me saltaban las lágrimas en algunos momentos de Cosmos, cuando Sagan soltaba aquellas conclusiones metafísicas con el fondo de un campo estelar en evolución. Ciencia combinada con emoción, un cóctel difícil pero adictivo: la serie documental de los ’80 producida por KCET batió récords de audiencia y todavía es recordada por todos a pesar de ciertas controversias sobre la forma de presentar la información.

En el ’89 apareció la versión extendida con comentarios añadidos por un Sagan bastante avejentado, en la que se actualizaba el conocimiento expuesto. Los diez años transcurridos habían aportado muchísima información, sobre todo en lo referente a los episodios sobre astronomía. Carl Sagan murió en 1996, a los 62 años.

Ahora la noticia es que la cadena Fox y National Geographic han encargado la elaboración de un remake, Cosmos: A Space-Time Odissey, escrita por Ann Druyan (la viuda de Sagan y coguionista de la serie original) Steve Soter (también coguionista de Cosmos) y presentada por Neil Tyson. La producción corre a cargo de Seth MacFarlane, que es el creador de “Padre de Familia“.  Esto que puede resultar chocante se explica por la afición de MacFarlane a la ciencia desde pequeño, y el aborrecimiento que manifiesta ante la situación actual de letargo popular y político ante la investigación científica.

La primera impresión que me dio esto fue bastante negativa (¡no me toquen a Sagan!) pensando en un remake oportunista y poco imaginativo hasta por el título; pero por lo visto tanto Soter como Druyan llevaban tiempo dándole vueltas a algo más que una actualización de la serie para DVD, y cuando Neil Tyson -astrofísico y director del Planetario Hayden- le presentó en 2009 a MacFarlane, la historia empezó a cuajar.

De todas maneras no puedo dejar de ver esto con ojos sospechosos; ha pasado la época en que un nombre te garantizaba la calidad de lo que ibas a ver. Pero si el producto merece la pena, tal vez llegue en el mejor momento: Con la NASA sin vuelos, el SETI tirando de donativos y los ojos de la humanidad volcados en sus ombligos y carteras, no creo que a Sagan le moleste la secuela.

Noticia en Bad Astronomy y The New York Times.

La sonda Dawn ha llegado a Vesta

El primer artefacto humano en llegar al cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, la sonda Dawn, acaba de llegar a las proximidades del gigantesco asteroide Vesta. Vesta es prácticamente un planetoide, con un tamaño tal (530 km. de diámetro) que ha ido asumiendo la forma esférica propia de un cuerpo celeste y no el aspecto de patata propio de los asteroides.

Si bien viajar por el Cinturón no es tan difícil como se ve en las películas -una nave podría atravesar ese espacio sin cruzarse con un solo fragmento- el problema es trazar un curso de contacto y quedar en órbita, así que la misión de momento es un triunfo. No habrá un aterrizaje en el asteroide, pero sí quedará bien documentado con un año de exploración orbital que hará Dawn antes de pasar a su siguiente objetivo, el planetoide Ceres (950 km. de diámetro y perfectamente esférico) al que llegará en 2015.

Dawn Mission en la NASA.

El viento entre las estrellas

Madness rides the star-wind… claws and teeth sharpened on centuries of corpses… dripping death astride a bacchanale of bats from nigh-black ruins of buried temples of Belial…

Una de las frases floridas favoritas de H. P. Lovecraft cuando habla de sus dioses alienígenas de más allá del espacio es la referente a los helados vientos que soplan entre las estrellas. Ithaqua camina sobre ellos en el helado Norte, y los fungoides crustáceos de Yuggoth acceden a la Tierra mediante alas membranosas con las que se desplazan por el éter. Bastante rápido, por cierto, porque Yuggoth es supuestamente Plutón (descubierto después de que Lovecraft hablara de ello, lo cual le valió un +1 en profecías, aunque el escritor era un astrónomo aficionado bastante culto y ya habría oído de las anomalías orbitales de Neptuno). Pero, ¿viento en el vacío? (más…)