La Anomalía Pioneer

Las dos sondas Pioneer (10 y 11)  enviadas al espacio en 1972 y 73 son famosas por llevar información específicamente diseñada para ser descifrada por una eventual vida extraterrestre, y por ser los primeros objetos humanos en salir del sistema solar: aún están volando a su máxima velocidad de impulso rumbo a Aldebarán*, en un vuelo lento. Pero también tienen su misterio.

Las sondas son de aluminio y pesan 258 kg; la parte central era un anillo hexagonal de 71 cm de ancho y 25,5 cm de altura, albergando el sistema de radio, el ordenador, baterías, grabadora, los cables y otros elementos. Pioneer 10 lleva una parabólica de 2,74 m para las comunicaciones con la Tierra (atentos a este dato) además de unas antenas de media y baja ganancia. Las sondas salieron del sistema solar en la década de los ’90 y al alejarse del Sol deberían mantener una velocidad constante -en el espacio no hay fricción- o incluso acelerar ligeramente debido al empuje del viento solar y la menor atracción gravitatoria, pero no. Se ha detectado un frenado de más o menos un nanómetro por segundo cuadrado, minúsculo pero inexplicable… hasta ahora. (más…)

Explosión misteriosa en el espacio

Otra de agujeros negros, ya puestos… el 28 de marzo pasado, el telescopio Swift de la NASA detectó una explosión masiva de rayos X y gamma provenientes de la constelación Draco (sí, la misma de la que viene la raza reptiliana que domina la Tierra según algunos). Estas explosiones son relativamente habituales en el cielo, pero esta en concreto era un millón de veces más potente y, en lugar de durar horas, duró semanas. Ello dio tiempo al Observatorio espacial Chandra de rayos X y al Hubble a reposicionarse e investigar más.

Se localizó la fuente de tan descomunal energía (bautizada GRB 110328A) en una galaxia situada a 3.800 millones de años luz de aquí. La suposición actual es que el agujero negro supermasivo que -según las observaciones del Chandra- está en el centro de esa galaxia ha capturado una estrella cercana, destrozándola. La absorción de la estrella provocaría la eyección de chorros masivos de partículas en la dirección del eje de giro del agujero; si está apuntando hacia nosotros, como parece ser, estamos viendo la misma vertical del agujero con todo el chorro de emisiones viniendo hacia aquí. (La foto es una exposición de cuatro horas del Chandra mostrando el gigantesco destello de rayos gamma; la cruz indica el centro de la galaxia en cuestión).

Noticia en la web de la NASA.

Noticia en la web del Chandra.

Vivir en un agujero negro

Las teorías raras casi nunca llegan a tener un uso práctico, pero son divertidas. Aquí tenemos una que difícilmente sea verificable -aunque en un siglo o dos me tenga que comer estas palabras- fruto de la mente de Vyacheslav Dokuchaev, de la Academia Soviética Rusa de las Ciencias de Moscú: pueden existir planetas con condiciones para soportar la vida en el interior del horizonte de sucesos de un agujero negro.

Partiendo de la posibilidad (teórica) de que los fotones pueden mantener órbitas estables en torno a la singularidad, Dokuchaev especula con la posibilidad de órbitas planetarias -enormes- en las cuales cuerpos celestes arrancados de sus sistemas pudieran girar en complejas espirales durante bastante tiempo. Los fotones capturados, las mareas gravitatorias y la energía emitida por la singularidad proveerían de calor al mundo cautivo suficiente para soportar una química compleja y susceptible de evolución, aunque la vida que pueda florecer más allá del horizonte de sucesos de un agujero negro resulta totalmente impensable para nuestros conocimientos actuales, porque allí no rigen las leyes de la física tal como la conocemos.

Esto me recuerda a aquellas criaturas lovecraftianas procedentes “de planos de existencia anómalos” “mundos que violan nuestras leyes físicas” y “cuerpos que son sólo parcialmente materia” (¿alguien ha dicho materia oscura?). Lejos de ser artefactos para justificar una historia, aquellas frases parecen cada día más proféticas…

Visto en io9.

Una barrera de energía en los límites del Sistema Solar

En Star Trek aparecía en algún episodio el concepto de que la Galaxia (la Vía Láctea) estaba rodeada por un escudo indefinido de energía extraña que impedía a las naves atravesarlo y salir, so pena de ser destruidas.  Aún no hemos llegado tan lejos, pero parece que algo así existe en el subconjunto más pequeño de nuestro sistema estelar. Más allá de la órbita de Plutón y los planetoides exteriores está el Cinturón de Kuiper, una banda de objetos cometarios a entre 30 y 100 UA del Sol (1 UA es la distancia Tierra-Sol, 8 minutos-luz o 150 millones de kilómetros así a ojo). Del Cinturón vienen muchos cometas de corto período.

Mucho más lejos está la nunca vista pero imaginada Nube de Oort: a un año luz del Sol, es una esfera que contendría más cometas (estos de período largo).

A una distancia intermedia, las emisiones iónicas del Sol interactuando con su campo magnético forman una burbuja llamada heliosfera, que envuelve el sistema e interactúa con energías del espacio profundo (rayos cósmicos por ejemplo). La Interstellar Boundary Explorer (IBEX) que ha mapeado la periferia del sistema, detectó el año pasado una especie de cinta de energía de origen poco claro que rodea el sistema enroscándose en la heliosfera. Ahora tras algunos estudios comparativos e supone que puede tener su origen en la interacción de esta burbuja con los campos magnéticos creados por la galaxia mientras nos desplazamos a través del Brazo de Orión en torno al centro galáctico. Estos campos reflejan las partículas del viento solar en dirección opuesta, o sea de vuelta al Sol.

La cinta de energía no es visible, claro: sus emisiones son de átomos energéticamente neutrales, principalmente hidrógeno, que es lo que iba buscando el IBEX.

Nota en The Astrophysical Journal.

Página del IBEX en la NASA.

Presionando el futuro: minas en la Luna

Ya lo decía Arthur C. Clarke, que una de nuestras responsabilidades como especie inteligente era abandonar la cuna llegado el momento; una decisión que marca la diferencia entre una civilización que crece y una moribunda. Personalmente soy optimista y veo más una humanidad tipo Star Trek que una SeaQuest, refugiada bajo el mar y comiéndose lentamente el planeta hasta la extinción de uno u otra.

Pero esta sociedad primitiva cuyo motor básico es el enriquecimiento personal necesita un estímulo más primario que las maravillas que nos muestran los científicos: necesitamos beneficios económicos claros para sacar el pie a las estrellas. No cabe duda que la primera jugada será en nuestro sistema, y dentro de no demasiado tiempo: hay energía y materias primas ahí al lado, en cantidades prácticamente ilimitadas y esperando que las recojan. Un ejemplo fácil es la minería lunar. No creo que sea casualidad que, cuando hace unos meses China anunció recortes en la exportación de tierras raras (que son fundamentales para la fabricación de componentes electrónicos; China tiene casi el monopolio de producción de estos elementos con un 97% de la minería actual) empezaran a aparecer proyectos de exploración lunar práctica. (más…)