Una barrera de energía en los límites del Sistema Solar

En Star Trek aparecía en algún episodio el concepto de que la Galaxia (la Vía Láctea) estaba rodeada por un escudo indefinido de energía extraña que impedía a las naves atravesarlo y salir, so pena de ser destruidas.  Aún no hemos llegado tan lejos, pero parece que algo así existe en el subconjunto más pequeño de nuestro sistema estelar. Más allá de la órbita de Plutón y los planetoides exteriores está el Cinturón de Kuiper, una banda de objetos cometarios a entre 30 y 100 UA del Sol (1 UA es la distancia Tierra-Sol, 8 minutos-luz o 150 millones de kilómetros así a ojo). Del Cinturón vienen muchos cometas de corto período.

Mucho más lejos está la nunca vista pero imaginada Nube de Oort: a un año luz del Sol, es una esfera que contendría más cometas (estos de período largo).

A una distancia intermedia, las emisiones iónicas del Sol interactuando con su campo magnético forman una burbuja llamada heliosfera, que envuelve el sistema e interactúa con energías del espacio profundo (rayos cósmicos por ejemplo). La Interstellar Boundary Explorer (IBEX) que ha mapeado la periferia del sistema, detectó el año pasado una especie de cinta de energía de origen poco claro que rodea el sistema enroscándose en la heliosfera. Ahora tras algunos estudios comparativos e supone que puede tener su origen en la interacción de esta burbuja con los campos magnéticos creados por la galaxia mientras nos desplazamos a través del Brazo de Orión en torno al centro galáctico. Estos campos reflejan las partículas del viento solar en dirección opuesta, o sea de vuelta al Sol.

La cinta de energía no es visible, claro: sus emisiones son de átomos energéticamente neutrales, principalmente hidrógeno, que es lo que iba buscando el IBEX.

Nota en The Astrophysical Journal.

Página del IBEX en la NASA.

Presionando el futuro: minas en la Luna

Ya lo decía Arthur C. Clarke, que una de nuestras responsabilidades como especie inteligente era abandonar la cuna llegado el momento; una decisión que marca la diferencia entre una civilización que crece y una moribunda. Personalmente soy optimista y veo más una humanidad tipo Star Trek que una SeaQuest, refugiada bajo el mar y comiéndose lentamente el planeta hasta la extinción de uno u otra.

Pero esta sociedad primitiva cuyo motor básico es el enriquecimiento personal necesita un estímulo más primario que las maravillas que nos muestran los científicos: necesitamos beneficios económicos claros para sacar el pie a las estrellas. No cabe duda que la primera jugada será en nuestro sistema, y dentro de no demasiado tiempo: hay energía y materias primas ahí al lado, en cantidades prácticamente ilimitadas y esperando que las recojan. Un ejemplo fácil es la minería lunar. No creo que sea casualidad que, cuando hace unos meses China anunció recortes en la exportación de tierras raras (que son fundamentales para la fabricación de componentes electrónicos; China tiene casi el monopolio de producción de estos elementos con un 97% de la minería actual) empezaran a aparecer proyectos de exploración lunar práctica. (más…)

Luna, ahora con relleno líquido

A veces el reciclado de datos viejos resulta interesante: igual que se pueden restaurar películas digitalmente, los nuevos métodos de análisis son capaces de exprimir información significativa de donde aparentemente no la había. Esto ha pasado con los datos sismológicos lunares recogidos en las misiones Apolo entre 1969 y 1977, analizados con técnicas modernas de procesado matricial* que han resultado en una nueva imagen del interior de nuestra Luna, considerada fría y muerta. (más…)

Crepúsculos azules de Marte

Un vídeo compuesto por imágenes de la sonda Opportunity en la superficie de Marte. El atardecer marciano es azul, debido al polvo que flota en el aire: de la misma forma que en la Tierra la atmósfera absorbe y refleja los tonos azules del espectro (por eso el cielo es azul) y deja al Sol blanco-amarillento cuando lo miramos directamente, en Marte es al revés. Cuando más atmósfera atraviesa la estrella es en el amanecer y el ocaso, aquí lo vemos casi rojo y allí de un azul intenso.

Vía Jet Propulsion Laboratory.