Aire fresco en Rhea

Esto es inesperado. Ya hartos de descubrir agua por todo el Sistema Solar (recuerdo aún cuando nos decían que la Tierra era el único mundo que había logrado retenerla) y moléculas orgánicas hasta en los más remotos confines de la Galaxia, ahora la Cassini nos envía datos que parecen confirmar que Rhea, la segunda luna (en tamaño) de Saturno, tiene una atmósfera compuesta de -alucinad- 70% oxígeno, 30% CO2. ¿Respirar sin casco viendo el cielo lleno de Saturno? Nuevamente la ciencia ficción mala se apunta otro tanto de verificación en el mundo real. Pero… ¿será tan así? Y ¿de dónde sale el dióxido de carbono? En la Tierra es un subproducto de la vida, en su mayor parte.

Veamos. Es la primera vez que se descubre una atmósfera con oxígeno directamente, pero también sabemos que en Ganímedes y Europa (lunas de Júpiter) hay trazas de oxígeno, gracias al análisis remoto del Hubble. El origen de este oxígeno se supone en la ruptura de moléculas de agua superficial, provocada por el bombardeo de partículas cargadas procedentes del planeta gigante. Lo mismo podría pasar en Rhea, compuesta mayoritariamente de hielo de agua: pero esta luna es un mundo congelado e inhóspito, y aunque su tamaño le permite retener una atmósfera, esta es cien veces más tenue que la terrestre. No, no te puedes quitar el casco, pero esto va formando un patrón: el agua, el oxígeno y las moléculas de carbono son de lo más comunes ahí fuera. Tal vez no seamos tan raros ni especiales, después de todo.

¿Y el CO2? Pues podría ser gas primordial, retenido en la creación del satélite y liberado desde las profundidades; o ser el subproducto de algún proceso químico congelado en el hielo, ya que Rhea no tiene volcanes.

Visto en Space.com y otras fuentes

Encuentros cercanos

La primera foto obtenida del cometa Hartley 2 por la sonda Deep Impact anoche. Estaba a sólo 700 kilómetros del núcleo y a 37 millones de kilómetros de casa. Estas son las cosas que te hacen desear salir ahí fuera.

Visto en New Scientist.

Zarmina: ver para creer

Gran revuelo ha tenido en los círculos científicos y de divulgación la noticia del hallazgo, la semana pasada, de un exoplaneta viable: Gliese 581g, un mundo rocoso que orbita esta estrella (también conocida por el nombre más chulo de Wolf 562), una enana roja de tipo espectral M2,5V situada a 20,5 años luz de nuestro sistema. El planeta fue detectado por un equipo de astrónomos en el programa de búsqueda de exoplanetas de Lick-Carnegie, dirigido por el investigador Steven Vogt, profesor de astronomía y astrofísica en la Universidad de California en Santa Cruz. Las imágenes de un planeta azul, cubierto de agua líquida, y los paisajes encarnados que la estrella roja revela sobre este mundo inmediatamente llamaron la atención de todo el mundo; era el primer planeta capaz de albergar vida [como la conocemos] y no estaba demasiado lejos. Zarmina, como fue bautizado en honor de la esposa de Vogt, tiene un diámetro tres veces el de la Tierra, una gravedad 1.1 /1.7 veces la nuestra (con lo cual puede retener una atmósfera) y una de sus caras se expone continuamente al sol mientras la otra se hiela. En la banda del terminátor, allí donde está el crepúsculo, es donde florecería la vida.

Unos días más tarde Ragbir Bhathal, un astrónomo que trabaja en la rama australiana del SETI, anunció que dos años atrás había detectado un pulso láser procedente del área celeste donde se supone que está Zarmina. Más clamor. Los extraterrestres han contactado. ¡Un rayo láser! Inmediatamente se profundiza en el tema, surgen dudas y desmentidos. El propio Frank Drake, creador de la famosa ecuación estimativa de la cantidad de civilizaciones viables en el Universo, cuestiona la veracidad de los datos de Bhatal… (más…)

Goatsun

Hasta hace poco los mejores telescopios eran… el Hubble. La distorsión atmosférica hace que las estrellas titilen poéticamente, pero también deforma las imágenes captadas. El telescopio del Big Bear Solar Observatory (que se parece a un primo gigante de R2D2, fijaos en la web) usando ópticas adaptativas con espejos deformables que compensan la distorsión -algo parecido a los estabilizadores de imagen de las cámaras digitales- ha superado este handicap y nos muestra esta terrible imagen de una mancha solar que a algunos les recuerda el Ojo de Sauron y a mí me hace pensar en lo recursiva que es la naturaleza en sus diseños. Como si tuviera una idea fija.

Por cierto, que van varias noticias al hilo con temas solares. Debe ser el calor.

Visto en ALT1040.