Cuánta Tierra

tierra-2New Scientist ha creado una especie de web en la que se insinúa la cantidad de planetas de clase M* (similares a la Tierra en tamaño, composición, gravedad y temperatura global) puede haber en la Galaxia. Este tipo de especulaciones es ya un clásico  -la Ecuación de Drake por ejemplo, que se usa como prueba de fe cada vez que hablamos de extraterrestres) pero aquí la gracia es que se trata de extrapolaciones de los datos reales que ha adquirido el telescopio Kepler en un sector de la constelación Cygnus, un estrecho trocito que abarca el 0.28% del cielo.

Los rudimentarios sondeos del Kepler, que sólo son capaces de detectar planetas que “eclipsan” el brillo de su estrella al pasar por delante -es decir, que el eje del sistema tiene que estar alineado con el telescopio- han dado como resultado 3588 mundos. De éstos, se eliminan aquellos con un volumen doble al terrestre, ya que seguramente sean gigantes gaseosos; nos quedan 1696.

Habría que retirar los que no estén en la “zona Ricitos de Oro” es decir, sean demasiado fríos o calientes para habitarlos. Aquí ya empezamos a especular un poco, pero se puede deducir el diámetro de la órbita y aproximadamente saber a qué distancia de la estrella se encuentra. Con ese filtro, nos quedan 51 planetas.

51 planetas de tamaño similar a la Tierra y en una órbita capaz de soportar estados de agua líquida. Eso ya es mucho! Pero como hemos dicho antes, sólo podemos ver planetas cuyo eje de rotación pasa perpendicular a nuestra visión. Si extrapolamos la densidad estelar de la región con un porcentaje como el que hemos obtenido de los que se ven (51 de 3588) el resultado en Cygnus sería 22.500 Tierras. Y Kepler sólo puede profundizar a unos 3000 años luz.

El cálculo estimado de Tierras en la Galaxia sería entre 15 y 20 mil millones.

Claro, que aparte de las distancias (supongamos que eso no es un problema) habrá mundos irradiados, cauterizados por supernovas, cercanos a anomalías espaciales que ni siquiera podemos concebir; los habrá habitados por formas de vida peligrosas, molestas, tóxicas; otros estarán muertos geológicamente, como Marte, despojado de campos magnéticos protectores. Aún así, 15 mil millones? Eso sin contar las lunas gigantes de planetas gaseosos, que pueden ser un montón.

Sí que hay espacio en el Espacio.

la web: http://exoplanets.newscientistapps.com/

* insisto, la clasificación de planetas aún no existe. La clase M, que identifica un mundo geoplástico con núcleo activo y capaz de sostener vida (M del vulcano Minshara) pertenece a Star Trek.

Un punto azul pálido: V452 Vulpeculae B

V452_Vulpeculae_BA pale blue dot es la famosa reflexión (y un libro) de Carl Sagan, refiriéndose a la foto enviada por la sonda Voyager desde seis mil millones de kilómetros en el espacio profundo, en que apenas se ve la Tierra como un puntito azulado.

Resulta que ya hemos visto otro, menos pálido. Pero no es un planeta clase M*; se trata de un joviano caliente, un gigante gaseoso demasiado pegado a su estrella. Cuando se descubrió HD 189733b en 2005, al pasar por delante de la enana naranja ante la que orbita -esta estrella no está lejos, 63 años-luz del Sistema Solar, y se la ve brillar en la constelación Vulpecula**– hubo gran entusiasmo, ya que los patrones de absorción de luz correspondían a la molécula de agua; gran parte de la atmósfera, si no de la superficie, debía ser agua. Otras moléculas presentes eran CO2 y metano.

¡Maravilloso! ¿Cuándo nos vamos? Dirán algunos. Pues desde luego no a vivir; V452 Vulpeculae B tiene un año que dura 2.2 días terrestres debido a su apretada órbita. El calor en la superficie es insano: 800ºC en la parte expuesta, ya que -al igual que Mercurio- siempre da la misma cara a su sol. La diferencia con Mercurio es su densa atmósfera, que debe de ser terriblemente ventosa por el intercambio de aire frío y caliente de las dos caras del planeta. Puede que la brisa refresque un poco el ambiente, pero con 1,15 veces la masa de Júpiter, la gravedad es insoportable. Por no hablar de festejar la Navidad tres veces por semana.

¿Y las nubes? Se ha constatado que el planeta brilla con luz azulada, no es un gigante marrón al estilo de Júpiter o Saturno. Estos dos son así por los compuestos orgánicos que flotan en su atmósfera, al igual que la Tierra es azul por el nitrógeno y oxígeno. Pero el agua en V452 Vulpeculae B no puede tomar forma de nubes: a esa temperatura es vapor de agua, agua gaseosa, invisible. Lo que nosotros llamamos “vapor” o “nubes” es la condensación en forma de gotitas de ese gas, pero a 800ºC no hay manera de que esto ocurra.

Lo más probable es que se trate de nubes de material sólido flotante, polvo de sílice y sodio, lo que le da ese color al planeta.

* una muestra de lo poco desarrollados que estamos en planetología y exogeología es que la única clasificación más o menos seria de formas planetarias pertenece a Star Trek.

** La Zorra.

 

El planeta que no debía estar ahí

disco-protoplanetario

Estamos en una época de descubrimientos de frontera, y esa frontera es el espacio. Muchas cosas que dábamos por sentadas en cuanto a exogeología, formación de planetas y sistemas, se vienen abajo abriendo unos horizontes vastísimos y posibilidades inimaginadas.

Lo casposo del tema es que en lugar de descubrir estas cosas en nuestras relucientes naves lo hacemos sentados en una silla delante de un monitor, con los dedos amarillos de Doritos. El Ir audazmente de Roddenberry se ha convertido en un fisgoneo reprimido, y en lugar de tocar las estrellas las oteamos con telescopios en toda la gama del espectro electromagnético. Triste destino para una especie de exploradores…

TW Hydrae es una enana naranja de tipo espectral K8Ve a unos 50 parsecs de la Tierra. Es la estrella T Tauri más cercana al Sol; son soles que aún no han entrado en la secuencia principal y esta es muy joven, de 8 a 10 millones de años. La estrella parece estar formando un disco protoplanetario de polvo y gas, que en imágenes del Telescopio espacial Hubble aparece visto de frente y tiene casi 66 mil millones de kilómetros de diámetro. Ya en 2007 se anunció un protoplaneta situado muy cerca de la estrella, que resultó ser un error de interpretación. Pero esta foto parece mostrar otra cosa.

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Más o menos a mitad visible del disco de acreción se ve un hueco, provocado casi con seguridad por una masa protoplanetaria que está “limpiando” de polvo y fragmentos esa parte del disco a medida que los absorbe; lo que la teoría clásica diría que es el hueco para un futuro mundo cuya masa se ha estimado -según el grosor del hueco y el polvo que pueda haber allí- entre 6 a 28 veces la de la tierra. El problema es la distancia. El hueco está a doce mil millones de kilómetros del eje del sistema, más o menos el doble que la órbita de Plutón. Con los cálculos que conocemos, un planeta a esa distancia tardaría -por la lentitud de su giro orbital- unos dos mil millones de años en recoger el material necesario. Como la estrella sólo tiene diez millones de años a lo sumo, algo falla. ¡Se aceptan apuestas!

Noticia en NASA.

Visto en io9.

La supernova de 1006

Petroglifo en White Tanks Regional Park, Phoenix. Foto: John Barentine, Apache Point Observatory

En el año 1006 d.C. la población de la Tierra tuvo la posibilidad de presenciar un evento singular: en una región del cielo -concretamente en la constelación de Lupus, al lado de Centaurus- un objeto empezó a brillar intensamente y siguió haciéndolo durante más de un año antes de extinguirse. Astrónomos chinos, árabes y europeos dejaron constancia del fenómeno: Alí B. Ridwan (de Fustat, actualmente El Cairo)  en sus comentarios al Tetrabiblos menciona un nayzak (fenómeno) que brillaba tanto como una luna creciente. El astrólogo de la dinastía Song Zhou Keming la vio como un objeto amarillento a cuya luz se podía ver en la noche. Radulfus Glaber (un monje de Dijon) y Hepidannus (un benedictino de St. Gallen) también lo testimonian en sus respectivos anales, no sin una manifiesta congoja. Es posible que las figuras dibujadas en piedra por los nativos americanos -en la foto de la izquierda- fueran también un testimonio del llamativo fenómeno.

Lo que vieron los humanos durante la primavera de 1006 fue una supernova tipo Ia; la explosión de una estrella binaria a 7200 años-luz de aquí, una inimaginablemente descomunal liberación de energía que todavía está ardiendo en el cielo. Esta foto reciente  -de hace dos días- del Observatorio Chandra de Rayos-X nos da una idea de lo que debió ser el pepinazo: la bola de energía y gases en expansión mide actualmente setenta años-luz de diámetro.

SN1006

Planetas hiperdensos

ultradensoUn descubrimiento que llevaba tiempo en el cajón de “manipular con cuidado” era el de ciertos exoplanetas descubiertos desde hace unos años, cuyos datos eran como mínimo confusos. La detección de exoplanetas suele hacerse con métodos indirectos, como distorsiones en la órbita de la estrella a la que circundan o cambios de brillo de esta (provocados por el tránsito del planeta); así, su interpretación juega un papel importante. El caso es que algunos de estos mundos, del tamaño (estimado) de la Tierra, debían tener una masa (estimada) tan grande que sólo podía explicarse con una esfera tan densa como el hierro. Como ningún proceso de planetogénesis conocido podría dar origen a esta Tierra metálica, la otra opción era un error de datos.

Sin embargo Olivier Grasset (de la Universidad de Nantes, Francia) ha propuesto una explicación interesante: esos mundos serían núcleos fósiles de gigantes gaseosos -tipo Júpiter o Neptuno- liberados de sus capas exteriores por una aproximación orbital extrema a su estrella original. La atmósfera gaseosa y el manto de hidrocarburos serían arrancados dejando el núcleo metálico expuesto, del tamaño de un planeta rocoso normal pero con una composición extremadamente compacta.

Super-dense celestial bodies could be a new kind of planet, artículo en Nature.

Visto en io9.