El planeta que no debía estar ahí

disco-protoplanetario

Estamos en una época de descubrimientos de frontera, y esa frontera es el espacio. Muchas cosas que dábamos por sentadas en cuanto a exogeología, formación de planetas y sistemas, se vienen abajo abriendo unos horizontes vastísimos y posibilidades inimaginadas.

Lo casposo del tema es que en lugar de descubrir estas cosas en nuestras relucientes naves lo hacemos sentados en una silla delante de un monitor, con los dedos amarillos de Doritos. El Ir audazmente de Roddenberry se ha convertido en un fisgoneo reprimido, y en lugar de tocar las estrellas las oteamos con telescopios en toda la gama del espectro electromagnético. Triste destino para una especie de exploradores…

TW Hydrae es una enana naranja de tipo espectral K8Ve a unos 50 parsecs de la Tierra. Es la estrella T Tauri más cercana al Sol; son soles que aún no han entrado en la secuencia principal y esta es muy joven, de 8 a 10 millones de años. La estrella parece estar formando un disco protoplanetario de polvo y gas, que en imágenes del Telescopio espacial Hubble aparece visto de frente y tiene casi 66 mil millones de kilómetros de diámetro. Ya en 2007 se anunció un protoplaneta situado muy cerca de la estrella, que resultó ser un error de interpretación. Pero esta foto parece mostrar otra cosa.

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Más o menos a mitad visible del disco de acreción se ve un hueco, provocado casi con seguridad por una masa protoplanetaria que está “limpiando” de polvo y fragmentos esa parte del disco a medida que los absorbe; lo que la teoría clásica diría que es el hueco para un futuro mundo cuya masa se ha estimado -según el grosor del hueco y el polvo que pueda haber allí- entre 6 a 28 veces la de la tierra. El problema es la distancia. El hueco está a doce mil millones de kilómetros del eje del sistema, más o menos el doble que la órbita de Plutón. Con los cálculos que conocemos, un planeta a esa distancia tardaría -por la lentitud de su giro orbital- unos dos mil millones de años en recoger el material necesario. Como la estrella sólo tiene diez millones de años a lo sumo, algo falla. ¡Se aceptan apuestas!

Noticia en NASA.

Visto en io9.

La supernova de 1006

Petroglifo en White Tanks Regional Park, Phoenix. Foto: John Barentine, Apache Point Observatory

En el año 1006 d.C. la población de la Tierra tuvo la posibilidad de presenciar un evento singular: en una región del cielo -concretamente en la constelación de Lupus, al lado de Centaurus- un objeto empezó a brillar intensamente y siguió haciéndolo durante más de un año antes de extinguirse. Astrónomos chinos, árabes y europeos dejaron constancia del fenómeno: Alí B. Ridwan (de Fustat, actualmente El Cairo)  en sus comentarios al Tetrabiblos menciona un nayzak (fenómeno) que brillaba tanto como una luna creciente. El astrólogo de la dinastía Song Zhou Keming la vio como un objeto amarillento a cuya luz se podía ver en la noche. Radulfus Glaber (un monje de Dijon) y Hepidannus (un benedictino de St. Gallen) también lo testimonian en sus respectivos anales, no sin una manifiesta congoja. Es posible que las figuras dibujadas en piedra por los nativos americanos -en la foto de la izquierda- fueran también un testimonio del llamativo fenómeno.

Lo que vieron los humanos durante la primavera de 1006 fue una supernova tipo Ia; la explosión de una estrella binaria a 7200 años-luz de aquí, una inimaginablemente descomunal liberación de energía que todavía está ardiendo en el cielo. Esta foto reciente  -de hace dos días- del Observatorio Chandra de Rayos-X nos da una idea de lo que debió ser el pepinazo: la bola de energía y gases en expansión mide actualmente setenta años-luz de diámetro.

SN1006

Planetas hiperdensos

ultradensoUn descubrimiento que llevaba tiempo en el cajón de “manipular con cuidado” era el de ciertos exoplanetas descubiertos desde hace unos años, cuyos datos eran como mínimo confusos. La detección de exoplanetas suele hacerse con métodos indirectos, como distorsiones en la órbita de la estrella a la que circundan o cambios de brillo de esta (provocados por el tránsito del planeta); así, su interpretación juega un papel importante. El caso es que algunos de estos mundos, del tamaño (estimado) de la Tierra, debían tener una masa (estimada) tan grande que sólo podía explicarse con una esfera tan densa como el hierro. Como ningún proceso de planetogénesis conocido podría dar origen a esta Tierra metálica, la otra opción era un error de datos.

Sin embargo Olivier Grasset (de la Universidad de Nantes, Francia) ha propuesto una explicación interesante: esos mundos serían núcleos fósiles de gigantes gaseosos -tipo Júpiter o Neptuno- liberados de sus capas exteriores por una aproximación orbital extrema a su estrella original. La atmósfera gaseosa y el manto de hidrocarburos serían arrancados dejando el núcleo metálico expuesto, del tamaño de un planeta rocoso normal pero con una composición extremadamente compacta.

Super-dense celestial bodies could be a new kind of planet, artículo en Nature.

Visto en io9.

Y el nombre de la nueva luna de Plutón es…

plutonylunasVulcano.

Hace poco tiempo, la NASA había puesto online una encuesta para escoger el nombre de los dos satélites recién descubiertos del planetujen Plutón (que como ya sabemos no tiene tamaño como para ser considerado un planeta); los dos objetos, provisionalmente nombrados como P4 y P5, harán compañía a las anteriores tres lunas: Caronte, Nyx e Hidra.

Ya se sabe que la costumbre en astronomía es poner un nombre mitológico acorde con las relaciones planetarias; por ejemplo las lunas de Júpiter son nombres de sus varias/os amantes, las de Marte -dios de la guerra- son Fobos y Deimos (Miedo y Terror), etc. Cuando se acaba el panteón grecorromano, se puede acudir a otras mitologías, así tenemos a los objetos transneptunianos Sedna (esquimal), Varuna (hindú), Quaoar (indígenas Tongva, vaya, este no lo sabía) por poner un ejemplo. En el caso de P4 y P5, los nombres propuestos fueron:

  • Acheron
  • Alecto
  • Cerberus
  • Elysium
  • Erebus
  • Eurydice
  • Hecate
  • Heracles
  • Hypnos
  • Lethe
  • Melinoe
  • Obol
  • Orpheus
  • Orthrus
  • Persephone
  • Sisyphus
  • Styx
  • Tantalus
  • Tartarus
  • Thanatos
  • Vulcan

Personalmente voté por Aquerón, pero un tirón de trekkies ha conseguido que el sobrino de Plutón, Vulcano -dios de la fragua- se lleve el premio. Me parece un desperdicio usar Vulcano para una luna secundaria con tantos exoplanetas nuevos, pero en fin. El otro satélite se llamará Cerberus, que también me molesta porque era el nombre de una sonda no tripulada enviada a Plutón en una historia que estaba escribiendo, y ahora tendré que inventar otra cosa.

Resultados en Plutorocks.com

Visto en NewScientist.com

Más mineros de asteroides

dsi-webpage¿Recordáis la noticia sobre Planetary Resources, la empresa montada por gente de Google, el MIT y con James Cameron como cabeza famosa visible? Su objetivo era un proyecto en varias etapas destinado a la minería de asteroides. Un proyecto de futuro que muchos tildaron de tontería o publicidad para otra cosa.

Pues ya tiene competencia: Deep Space Industries, cuyo objetivo es el mismo. La primera etapa es muy similar al planteamiento de Planetary: enviar sondas-robot de bajo coste -de una clase denominada Firefly, muy pequeñitas- para recoger información sobre asteroides selectos (composición, estructura, etc).

fireflylogocomp11-300x185El siguiente paso sería enviar sondas-recolectoras (la serie Dragonfly, dotada de elementos de captura y motores más potentes) y, aún más allá, naves de clase Harvestor tripuladas, en expediciones mucho más delicadas. Las primeras Firefly se lanzarán dentro de dos años; mientras tanto, desarrollan las tecnologías necesarias para el trabajo espacial como son fundiciones de microgravedad y refinerías de combustible a partir del hielo y materiales brutos que se pueden hallar en los asteroides.

 

La carrera empieza… y los chinos aún no han movido ficha.

¿Motores hiperluz? ¿Pronto?

Nave de AlcubierreUno de los mitos favoritos de la ciencia ficción, junto con la antigravedad y la inteligencia artificial, es el dispositivo hiperluz: un motor capaz de desplazar una nave espacial más rápido que la luz, pudiendo alcanzar las estrellas en fracciones de tiempo manejables para una vida humana. Este tipo de dispositivos sería capaz de cambiar la civilización como la conocemos en cuestión de años a partir de su puesta en práctica. Pensemos simplemente en la posibilidad de explotar los recursos ilimitados tan sólo del Sistema Solar: minería en todos los planetas, agua de la nube de Oort, centrales de energía en Mercurio y entorno al Sol, gases e hidrocarburos en los planetas jovianos (por no hablar de ilimitado espacio para vivir e ilimitadas oportunidades de negocio. Oh sí)

El problema es que, según nuestro conocimiento actual, la velocidad de la luz es insuperable en la física de este Universo; no por capricho, sino por las modificaciones que implican las ecuaciones einstenianas en cuanto a la masa del objeto acelerado, el tiempo relativo y la energía requerida para acelerarlo. Se ha especulado con la existencia de partículas carentes de masa capaces de conseguirlo, pero lamentablemente nosotros somos materia bariónica y estamos limitados en ese sentido.

Enterprise y campo de torsiónLa ciencia ficción, por supuesto, ni corta ni perezosa introdujo un concepto que popularizó la serie Star Trek: el motor de campo de torsión, una tecnología capaz de retorcer el propio espacio-tiempo en torno a la nave y de esa forma desplazarla sin moverse. El truco consiste en algo como lo que ocurre cuando cosemos una manga con una aguja: plegamos la tela y atravesamos la aguja de forma que entra en un extremo y sale por el opuesto. Alguien que viviera confinado en la tela vería la aguja desaparecer en el borde derecho y aparecer instantáneamente en el izquierdo, pero realmente la aguja no se mueve: es la tela la que se piega en torno a ella. (Una ventaja adicional de este método es que, al no haber aceleración, no hay inercia: un pasajero dentro de la astronave detectaría el movimiento por el cambio del espacio exterior, no por las típicas sacudidas y frenadas de autobús multiplicadas dieciocho millones de veces)

En 1994 Miguel Alcubierre, un físico mexicano, escribió un ensayo describiendo un mecanismo por el cual este concepto podía ser desarrollado en la vida real: un generador de campo que, plegando el espacio delante y detrás de la nave, la colocaría a distancias remotas sin violar en absoluto las actuales leyes de la Física. Por ejemplo, llegar a Alfa Centauri (4,3 años-luz) llevaría un par de semanas. El texto se convirtió en un clásico, aunque las pegas surgieron con el tiempo: se habla de monstruosas oleadas de energía en forma de radiación gamma en el frente de onda provocado por la burbuja de hiperespacio, mal asunto para los puertos espaciales; o de la cantidad de energía requerida para generar el propio campo de torsión que -actualmente- sería equivalente a la conversión masa-energía del planeta Júpiter para hacer el viajecito citado. Poco práctico, vamos.

Campo recalculadoHace unos meses sin embargo, un equipo de la NASA dirigido por el físico Harold White hicieron pública su intención de desarrollar una variante mejorada del motor de Alcubierre, con unos requisitos energéticos bastante más moderados. Los cálculos indican unos 600 kilos de material en lugar de los 1,9 × 1027 que pesa Júpiter, utilizando la nueva configuración (que altera la forma del anillo utilizado para generar el campo).

Las pruebas de momento son discretas, con interferómetros Michelson-Morley para detectar las sutiles alteraciones en el espacio-tiempo provocadas con láseres. Se planea mejorar la sensibilidad de estos equipos usando dispositivos de generen energía del Punto Cero mediante el efecto Casimir. (Oh rayos, demasiada física para un solo artículo. Es mejor que pare). Pero si estas pruebas dan resultados serios, los próximos años pueden volverse muy interesantes.

Visto en io9 y otros.

The warp drive: hyper-fast travel within general relativity, Miguel Alcubierre, IOP Science
La presentación de Harold “Sonny” White para 100 Years Starship, una iniciativa para sacar a los humanos a las estrellas de una forma práctica antes de cien años.