Curiosity ha llegado a Marte

A pesar de las crisis políticas, sociales y económicas que cruzan este mundo como latigazos, la primera misión geológica robotizada a Marte ha aterrizado hace media hora. Esta es una de las primeras imágenes de la sonda Curiosity, ya desplegada en el suelo del cráter Gale, donde estudiará estructuras sedimentarias y buscará trazas de vida antigua en el planeta.

Una interesante cueva en Marte

Cráter en Pavonis MonsUnas fotos del HiRISE tomadas sobrevolando las laderas del Pavonis Mons, un volcán marciano, han revelado un cráter más pequeño en cuyo centro se abre un agujero. El fenómeno parece ser una caverna abierta de unos 35 metros de diámetro, con el interior parcialmente iluminado por la luz que entra. Basándonos en esa luz podemos calcular una altura para la caverna de unos veinte metros. Podría corresponder a una caverna de origen volcánico tipo “tubos de lava” como se encuentran también en la Tierra y en la Luna, donde se ha planteado su uso para establecer bases.

Lo que no está muy claro es el origen del cráter: si es un cráter de impacto o simplemente el embudo de material dejado al derrumbarse el techo de la caverna. Esto indicaría que lo que vemos como fondo es en realidad la parte superior de un cono de derrubios, siendo la caverna mucho más profunda. ¿Qué podría haber en ese entorno parcialmente iluminado, protegido de las radiaciones, tormentas de polvo y temperaturas extremas de la superficie marciana? Ay, qué ganas dan estas cosas de salir a explorar.

Artículo en LPL/HiRISE (en castellano)

Los otros océanos de Titán

Titán, la luna de Saturno en la que se enfocan las miradas de muchos astrónomos que buscan sitios factibles de albergar vida, es famosa por su geografía (que hemos visto en un artículo anterior). Una luna con atmósfera densa, mares y continentes es atractiva a los ojos humanos, aunque ese paisaje no sea todo lo hospitalario que parece: los mares de nitrógeno a 180º bajo cero no son adecuados para nadar.

Pero la sonda Cassini, tomando lecturas a medida que orbita el planeta y su sistema de lunas -y ya lleva ocho años ahí- ha enviado algunos datos interesantes. Saturno provoca mareas gravitatorias en sus lunas, y Titán con su órbita elíptica se distorsiona entre su punto más cercano (periastro) y lejano (apoastro). No sólo la propia luna, sino también su campo gravitatorio, que es lo que ha medido la Cassini.

Se estimaba una deformación mareal de casi un metro en el terreno, pero la sonda ha registrado distorsiones diez veces mayores. Los datos llevan a pensar en una luna más flexible, con un océano de agua líquida emparedado entre dos capas de hielo de cientos de kilómetros de espesor, todo esto sobre el núcleo rocoso de silicatos. Esto abre una posibilidad extraña: un mismo mundo con dos formas de vida radicalmente distintas, una basada en metano y bajas temperaturas y otra, oculta en la oscuridad, con una química más similar a la nuestra viviendo en torno a fumarolas abiertas donde el núcleo asoma entre el hielo del fondo. Fascinante!

Resumen del artículo en Science y en NASA. Visto en io9.

El Mundo del Mañana (con optimismo)

En estos días de crisis mundiales y malos rollos de todo tipo parece que pocos notan las corrientes subterráneas que se están formando y resultan bastante positivas, o al menos a mí me parece.

Siempre he tenido la idea de que el futuro de la Humanidad está en el espacio; por muy antinatural que resulte el medio, es costumbre de la vida orgánica expandirse más allá de sus límites o atrofiarse. Qué triste era el futuro subterráneo y caníbal de los Morloks preconizado por H.G.Wells, o la humanidad cobarde y apoltronada de SeaQuest que iba a buscar comida bajo el mar. Este es el camino escogido por los Estados Unidos al cerrar los proyectos de la NASA… o no? O tal vez sea el camino adecuado? ¿Quién conquistará el espacio, la Flota Estelar o la Weyland-Yutani? He aquí enlaces del presente que dan alguna idea:

Empezamos con Planetary Resources, la empresa creada hace poco por los fundadores de Google, técnicos de la NASA y del MIT (y James Cameron como detalle pintoresco) para la investigación y desarrollo de técnicas de minería extraplanetaria, centrándose especialmente en los asteroides.
 
Este es el Astropuerto de Virgin Galactic, una empresa del grupo Virgin (del millonario Sir Richard Branson) dedicada específicamente al desarrollo de vehículos espaciales. Actualmente disponen del SpaceShip Two, una lanzadera de diez plazas que despega de un avión nodriza y hace vuelos suborbitales.
 
 XCOR Aerospace es otra compañía que, además de fabricar componentes (motores de cohetes y composites, polímeros ligeros y resistentes para fuselajes) disponen también de una lanzadera suborbital, el Lynx, capaz de realizar cuatro vuelos diarios. Su composición ligera y termorresistente, añadida a la geometría alar que permite reentradas atmosféricas lentas (igual que el Spaceship de Virgin) evitan los problemas de reentradas “calientes” que tienen las cápsulas y las lanzaderas habituales.
 
 Reaction Engines es una compañía británica fundada en 1989 para el desarrollo de tecnologías de transporte aeroespacial. El prototipo en el que están trabajando, el Skylon (el nombre ya mola cantidad) es un vehículo de tamaño considerable, no tripulado, capaz de subir al espacio una carga útil de doce toneladas impulsada por dos motores Sabre híbridos. También tienen un avión suborbital de pasajeros, el Lapcat A2.

Tránsito de Venus

Esta noche es cuando ocurre el tránsito del planeta Venus, es decir, que pasa por delante del Sol; si estuviera más cerca sería un eclipse, pero lo que se verá será un puntito delante del fiero disco del sol de junio. Tiene su valor anecdótico: antiguamente los sabios se morían por presenciarlo, ya sea para cotejar sus cálculos de distancias planetarias o por ajustes de calendario: se supone que los mayas habían ajustado el calendario para que el ciclo actual (el treceavo b’akt’un) se cerrara con el paso de Venus ante el Sol. No es descabellado, ya que es un fenómeno raro, periódico, observable a simple vista -más de un sabio se dejaría las retinas en la tarea- y además Venus es el astro asociado a Kukulkán, una importante divinidad del panteón maya.

Sea como sea, esta vez quedará fuera del campo de visión. Siempre me pasa lo mismo con las efemérides espaciales, es como si estuvieran provocando para que salga a verlas ahí fuera. En fin, el próximo tránsito será el día después de mi 150 cumpleaños, ya pillaré un cohete orbital o algo.

Datos más serios en BadAstronomy.

Otra amenaza cósmica: tormentas de polvo estelar

Hace tiempo me regalaron un libro de Isaac Asimov, Las Amenazas de Nuestro Mundo, en el que se explicaban variadas formas en que la Tierra podía acabar; desde la más remota pero segura (la paralización de todo movimiento y la descomposición de las partículas elementales de la materia dentro de tropecientos millones de años) a la más cercana e improbable (vulcanismo, meteoritos, guerra nuclear global: el año es 1980). El libro mantuvo un rincón de mi mente aterrado durante mucho tiempo, pero lo cierto es que al Buen Doctor -de quien por cierto se cumplen este mes veinte años de su muerte- le hubiese gustado añadir unas cuantas catástrofes galácticas nuevas que ahora empezamos a suponer.

En 1980 se empezaba a hablar de los agujeros negros, por ejemplo, pero no era del dominio público que nuestra propia Vía Láctea contenía uno supermasivo en su centro, Sagitario-A. Claro que ahora estos embudos gravitatorios son algo más doméstico y normal en el Universo, y dan menos miedo. Luego están las cuerdas cósmicas: residuos del Big Bang larguísimos, hiperdensos y prácticamente unidimensionales (su grosor sería 100.000.000.000.000.000 veces más pequeño que el de un protón). Si uno de estos filamentos pasase a través de la Tierra podría traspasarla sin tocar un solo átomo dada su delgadez, pero arrasaría el sistema solar con sus perturbaciones gravitatorias.

Por supuesto las novas, púlsares y quásares eran bien conocidos, pero nadie imaginaba que ahora mismo hay más de doscientos agujeros negros detectados por el WISE de la NASA apuntándonos con sus chorros relativistas o blazars, emitiendo radiación gamma casi a la velocidad de la luz. Afortunadamente están bastante lejos.

Y la nueva amenaza está relacionada con las novas, o más bien con las casi-novas. Cuando una estrella como el Sol explota al final de su ciclo de vida, escupe una nube de partículas y gas con un “superviento” cien millones de veces más potente que el viento solar. Los modelos clásicos predecían que este material se vaporizaría debido al calor; sin embargo los nuevos cálculos -que indican un mayor tamaño en los granos  y un “efecto espejo” que devolvería parte de la radiación recibida- describen gigantescas nubes de polvo expandiéndose a diez kilómetros por segundo que arrasan todo a su paso. Y recordemos que en el espacio no hay nada que frene a una partícula en movimiento. No puede estar uno tranquilo en ningún sitio…

Astronomers discover sandstorms in space, en Eurekalert.
Visto en io9.