GJ1214b, el planeta casi ideal

El descubrimiento de planetas extrasolares es ya un hecho cotidiano que ni siquiera salta a la prensa corriente, cuando hace diez años detectar algo parecido a la posibilidad de un cuerpo orbitando otra estrella era WOW! la revolución. Sin embargo en este último año hemos descubierto gigantes gaseosos, planetas en sistemas binarios à la Tattooine, planetas en sistemas triples, planetas errantes entre sistemas con posibilidad de albergar vida, incluso la posibilidad de planetas en órbitas estables cerca del horizonte de sucesos de un agujero negro. Entonces, ¿qué es lo que no resulta bastante atractivo como para que lo veamos en portada? (más…)

Lava en la Luna

Un tópico de la astronomía moderna era el concepto de “orbe muerto”: nuestro planeta tiene un núcleo de ferroníquel caliente que al rotar genera un potente campo magnético, además de mantener una dinámica de afloramiento de materiales (ya sea por volcanes o en las juntas de las placas tectónicas) que compensa la erosión. Así, es un planeta con relieves montañosos que de otra manera estarían ya rebajados y romos. Marte, por ejemplo, tiene un campo magnético muy débil que indica que la “dinamo” dejó de funcionar allí hace por lo menos cuatro mil millones de años. Otros mundos mantienen su vulcanismo debido a las mareas gravitatorias que calientan su núcleo, por ejemplo Io y Europa, las lunas de Júpiter. Pero la Luna está muerta: su fuego interior (cuyas señales puede que alberguen algún día las primeras colonias humanas) se apagó hace mucho, y lo único que altera su picoteada corteza son los continuos meteoritos que la bombardean.

Sin embargo, estudios recientes empiezan a cambiar todo esto. Hace unos cuantos meses, los Lunar Prospector detectaron los volcanes lunares más jóvenes jamás vistos, en el Lado Oscuro: 800 millones de años. Por lo visto la Luna aún tiene un núcleo caliente, como el de la Tierra -sólo que está mucho más frío: esto también se dedujo del reprocesado, el año pasado, de datos recogidos por las misiones Apolo en los ’70.

Entonces, ¿Por qué no vemos erupciones? La teoría más nueva (vaya, se publicó el 19 de febrero) habla de las especiales cualidades del magma lunar, posiblemente compuesto por minerales ricos en titanio y sustancias radiactivas: la densidad de este material lo habría sumergido muy por debajo de la corteza exterior de plagioclasas*. A medida que se va enfriando, el material de la corteza/manto, más ligero, va quedando fuera y encerrando el magma pesado. En la Tierra, simplemente, esa corteza es aún muy fina.

Claro, a todo esto concluimos que tampoco puede haber actividad tectónica en el satélite. Ciertos fenómenos geológicos, similares a grietas, serían el resultado de la contracción del orbe al enfriarse. Pero es que ahora hay más: el Lunar Reconaissance Orbiter ha enviado imágenes de una especie de trincheras, graben es como se les denomina, que serían el equivalente lunar de la dorsal del Atlántico: puntos en los que la corteza se está abriendo y revelando material profundo que emerge. Y estamos hablando de actividad reciente. Parece que la vieja Luna todavía tiene mucho juego dentro.

Neutral buoyancy of titanium-rich melts in the deep lunar interior, en Nature Geoscience
Visto en Space.com.

* Esto va totalmente en contra de la famosa teoría de Sherbakov de la Luna hueca, que da para otra historia…

Hielo eléctrico

El hielo eléctrico no existe en la Tierra, aunque se ha especulado de su existencia en la Antártida. La molécula de agua es muy polar, con carga negativa del lado del oxígeno, y positiva del lado del par de hidrógenos. Cuando se forma hielo, sin embargo, las moléculas se organizan de forma caótica y las cargas se compensan anulándose.

Congelando agua a -213,15ºC los hidrógenos sí se alinean y el resultado es el llamado hielo XI, un cristal regular y polarizado. Esta polaridad hace que el XI tenga más facilidad para aglomerarse que el hielo común -lh-, que sólo cuenta con la gravedad para ello. Además un poco de XI es capaz de convertir el lh que le rodea en más hielo eléctrico. Esto no requiere temperaturas tan bajas como la citada; tal vez -36ºC. La importancia de esto es que bolas de hielo XI pueden haber sido en parte responsables de la consolidación de los planetas en nuestro sistema, así como de la formación de los primeros ladrillos de la vida, porque las moléculas orgánicas también son atraídas por él. Temperaturas promedio para la formación espontánea de hielo XI ocurren en los sectores más allá de la órbita de Urano; pero el efecto “memoria” del hielo persistiría hasta temperaturas semejantes a las de los satélites jovianos.

Visto en NewScientist.

Maravillas

Escuchando esta mañana un post algo caducado de un programa radiofónico de misterios, resulta que un oyente preguntaba si podía ser verdad la noticia del hallazgo de un reactor nuclear en estratos africanos de hace mil millones de años.

Ante ese dato los expertos se sonrieron y despacharon el asunto rápidamente; esta misma gente que es suficientemente abierta de miras como para darle una posibilidad a las caras de Bélmez, las apariciones marianas de Garabandal o al pulpo artista que hacía artesanías con huesos de ictiosaurio, se cerraba en banda. Sin conocer, obviamente, que la cosa tenía sus matices (no se puede saber todo). La respuesta a lo del reactor nuclear, aquí mismo.

Eso me ha dado que pensar. Oímos muchas fantasías muy bien contadas para que parezcan creíbles, y queremos creerlas; pero hay otras cosas maravillosas que pueden ser reales y de las que apenas nos enteramos! Aquí van algunas astronómicas, casi todas de reciente descubrimiento:

Océanos de diamante líquido, con trocitos de diamantes cristalinos del tamaño de icebergs flotando bajo una presión de doce millones de atmósferas terrestres. Una explicación para la rara desviación del polo magnético de Urano y Neptuno podría ser la existencia de estos océanos de carbono licuado que lo distorsionan.

En la constelación de Centauro, a 50 años luz de casa, existe una estrella que es un diamante de 1028  quilates. Se llama BPM 37093 y es una enana blanca cristalizada. Y J1719-1438, a 4000 años luz y orbitando un pulsar, es un diamante del tamaño de Júpiter (1060 quilates).

En una estrella joven en Orión, llueven verdes cristales de olivino. La temperatura es la justa para que se formen ciclos de evaporación y precipitación de este silicato de hierro y magnesio en la nube que rodea la protoestrella HOPS-68.

 En la constelación del Pez Volador hay una estrella en la que puedes ir en pantalón corto. WD 0806-661B es una enana marrón con una temperatura de superficie de unos 30ºC. Algunos científicos, avergonzados, quieren clasificarla como un planeta gaseoso.

Una foto de un arco iris en la Luna.

La vida extraterrestre no necesita lunas

Este es uno de esos estudios que rebaten otros estudios y me convencen del extremado chauvinismo que aún sustenta la ciencia humana. Cuando se habla de vida extraterrestre, por ejemplo, se limita el concepto a un tipo de vida orgánica basada en el carbono, con agua como solvente principal, con ácidos nucleicos como estructuras de almacenamiento de datos y autorreplicación. No digo que esto no sea práctico; buscar a las ballenas de polvo en los criaderos de estrellas, o gusanos cristalinos bajo los océanos de Titán, está más allá de nuestras posibilidades. Diablos, ni siquiera podemos ir a Marte a recoger polvo y ver si realmente contiene microbios o las reacciones extrañas que constató la Viking I son pura química del suelo.

Pero poco a poco se van abriendo frentes teóricos a nuevas apreciaciones de otras posibles biologías: atención, cantidad de enlaces en inglés a continuación, muchos de los cuales son puramente especulativos.

Esto no es lo mismo que decir “planetas habitables por el hombre” que es una categoría distinta; es posible que ni siquiera podamos entender, contactar o incluso acceder a algunas de las más exóticas de estas posibles formas de materia organizada, pero ¿importa, ante el significado de semejante hallazgo?

Una teoría emitida hace algún tiempo (Jacques Laskar, del Observatoire de París) especulaba sobre la viabilidad de la vida en un planeta que no tuviera una luna gigante como la nuestra. Por lo visto la influencia de nuestro satélite va más allá de provocar mareas: también estabiliza la inclinación del eje terrestre evitando un caos climatológico continuo. Por otra parte, hace de escudo meteórico recogiendo escombros con su gravedad que de otra forma caerían sobre la Tierra provocando más o menos problemas. Como se calcula que menos del 10% de los planetas formados tiene posibilidades de poseer una luna tan fabulosa como la nuestra, pues eso reduce las predicciones de vida en el espacio 10 veces.

Ahora, una simulación efectuada sobre un sistema solar y una Tierra sin luna a lo largo de cuatro mil millones de años (es fantástico lo que se puede hacer ahora con ordenadores) por el equipo de Jack Lissauer del Ames Research Center de la NASA en California ha dado unos resultados de variación de eje bastante más reducidos (de entre 10 a 50 grados de inclinación, en comparación con los 0 a 80 que pronosticaba Laskar). Además, resulta que esta variación del eje es provocada por Júpiter, con lo cual otros sistemas planetarios podrían tener un juego de equilibrios totalmente diferente para obtener un planeta estable.

La cuestión es que el estudio de Laskar, fuera o no correcto, apuntaba a un dato interesante de la composición del sistema Tierra-Luna; pero el añadir un condicionante a la vida extraterrestre partiendo de estos datos era más una cuestión de titular que un valor a tener en cuenta.

Por cierto, la foto que ilustra este post es bonita pero exagerada; el enlace, sin embargo, apunta a una verdadera foto del sistema Tierra-Luna tomada por el HiRISE (Experimento Científico de Alta Resolución de Imágenes) de la Mars Reconnaissance Orbiter, que orbita el planeta Marte. Menos llamativa, pero mucho más molona.

Visto en New Scientist.

Hielo delgado en Europa

Estos son Thera (izquierda) y Thrace (derecha), dos raras estructuras de terreno (máculas) que rompen la bastante regular orografía helada de Europa, la luna de Júpiter. Thera tiene unos 70 km. de ancho, ambos son terrenos emergentes de unos 300 metros de altura, irregulares y tienen ese característico color marrón.

Europa tiene bastantes estructuras singulares del terreno, zonas resquebrajadas parecidas a la piel humana, largos canales y otras formas ramificadas; todas ellas originadas por la dinámica del hielo que cubre la superficie. Superficie que en el caso de Europa se especula que sea un gigantesco océano de agua líquida, mantenida a temperaturas sobre cero por la actividad geológica del núcleo satelital cuya energía proviene de las mareas gravitatorias de Júpiter: el gigante gaseoso retuerce a sus lunas generando un enorme calor, como puede verse de manera evidente en Io, luna cubierta de azufre y fenómenos volcánicos.

Europa es uno de los principales objetivos de la búsqueda seria de posible vida extraterrestre en nuestro sistema. Bajo el hielo, en la oscuridad y rodeando las chimeneas volcánicas del abismo, podría existir un tipo de vida muy similar químicamente a la nuestra; de hecho en la Antártida existen lagos sellados bajo el hielo en los que hay abundancia de vida, aunque son mucho más jóvenes y nunca han estado totalmente aislados.

La capa de hielo de Europa es posiblemente muy delgada, unos veinte kilómetros de profundidad, pero lo suficientemente gruesa como para que la simple ascensión de una “pluma” de agua caliente tenga difícil el derretirla; pero si hablamos de fenómenos volcánicos persistentes, el tiempo podría provocar que se debilitara la corteza de hielo hasta que finalmente ocurriría que a) se formara un lago líquido en la superficie, que más tarde se recongelaría o b) hielos jóvenes hicieran erupción formando domos y elevaciones caóticas, como un lento volcán de hielo.

Un estudio sobre la posible dinámica de estos procesos, más o menos imaginados hace tiempo, calcula que estas bolsas de agua y hielo joven durarían entre 10.000 y 100.000 años antes de volver a helarse, lo cual no da tiempo a una evolución de vida orgánica pero sí a una emergencia de la posible vida de abajo, convirtiendo estas máculas en puntos ideales para un alunizaje futuro en busca de cosas interesantes.

Visto en Nature.