Maravillas

Escuchando esta mañana un post algo caducado de un programa radiofónico de misterios, resulta que un oyente preguntaba si podía ser verdad la noticia del hallazgo de un reactor nuclear en estratos africanos de hace mil millones de años.

Ante ese dato los expertos se sonrieron y despacharon el asunto rápidamente; esta misma gente que es suficientemente abierta de miras como para darle una posibilidad a las caras de Bélmez, las apariciones marianas de Garabandal o al pulpo artista que hacía artesanías con huesos de ictiosaurio, se cerraba en banda. Sin conocer, obviamente, que la cosa tenía sus matices (no se puede saber todo). La respuesta a lo del reactor nuclear, aquí mismo.

Eso me ha dado que pensar. Oímos muchas fantasías muy bien contadas para que parezcan creíbles, y queremos creerlas; pero hay otras cosas maravillosas que pueden ser reales y de las que apenas nos enteramos! Aquí van algunas astronómicas, casi todas de reciente descubrimiento:

Océanos de diamante líquido, con trocitos de diamantes cristalinos del tamaño de icebergs flotando bajo una presión de doce millones de atmósferas terrestres. Una explicación para la rara desviación del polo magnético de Urano y Neptuno podría ser la existencia de estos océanos de carbono licuado que lo distorsionan.

En la constelación de Centauro, a 50 años luz de casa, existe una estrella que es un diamante de 1028  quilates. Se llama BPM 37093 y es una enana blanca cristalizada. Y J1719-1438, a 4000 años luz y orbitando un pulsar, es un diamante del tamaño de Júpiter (1060 quilates).

En una estrella joven en Orión, llueven verdes cristales de olivino. La temperatura es la justa para que se formen ciclos de evaporación y precipitación de este silicato de hierro y magnesio en la nube que rodea la protoestrella HOPS-68.

 En la constelación del Pez Volador hay una estrella en la que puedes ir en pantalón corto. WD 0806-661B es una enana marrón con una temperatura de superficie de unos 30ºC. Algunos científicos, avergonzados, quieren clasificarla como un planeta gaseoso.

Una foto de un arco iris en la Luna.

La vida extraterrestre no necesita lunas

Este es uno de esos estudios que rebaten otros estudios y me convencen del extremado chauvinismo que aún sustenta la ciencia humana. Cuando se habla de vida extraterrestre, por ejemplo, se limita el concepto a un tipo de vida orgánica basada en el carbono, con agua como solvente principal, con ácidos nucleicos como estructuras de almacenamiento de datos y autorreplicación. No digo que esto no sea práctico; buscar a las ballenas de polvo en los criaderos de estrellas, o gusanos cristalinos bajo los océanos de Titán, está más allá de nuestras posibilidades. Diablos, ni siquiera podemos ir a Marte a recoger polvo y ver si realmente contiene microbios o las reacciones extrañas que constató la Viking I son pura química del suelo.

Pero poco a poco se van abriendo frentes teóricos a nuevas apreciaciones de otras posibles biologías: atención, cantidad de enlaces en inglés a continuación, muchos de los cuales son puramente especulativos.

Esto no es lo mismo que decir “planetas habitables por el hombre” que es una categoría distinta; es posible que ni siquiera podamos entender, contactar o incluso acceder a algunas de las más exóticas de estas posibles formas de materia organizada, pero ¿importa, ante el significado de semejante hallazgo?

Una teoría emitida hace algún tiempo (Jacques Laskar, del Observatoire de París) especulaba sobre la viabilidad de la vida en un planeta que no tuviera una luna gigante como la nuestra. Por lo visto la influencia de nuestro satélite va más allá de provocar mareas: también estabiliza la inclinación del eje terrestre evitando un caos climatológico continuo. Por otra parte, hace de escudo meteórico recogiendo escombros con su gravedad que de otra forma caerían sobre la Tierra provocando más o menos problemas. Como se calcula que menos del 10% de los planetas formados tiene posibilidades de poseer una luna tan fabulosa como la nuestra, pues eso reduce las predicciones de vida en el espacio 10 veces.

Ahora, una simulación efectuada sobre un sistema solar y una Tierra sin luna a lo largo de cuatro mil millones de años (es fantástico lo que se puede hacer ahora con ordenadores) por el equipo de Jack Lissauer del Ames Research Center de la NASA en California ha dado unos resultados de variación de eje bastante más reducidos (de entre 10 a 50 grados de inclinación, en comparación con los 0 a 80 que pronosticaba Laskar). Además, resulta que esta variación del eje es provocada por Júpiter, con lo cual otros sistemas planetarios podrían tener un juego de equilibrios totalmente diferente para obtener un planeta estable.

La cuestión es que el estudio de Laskar, fuera o no correcto, apuntaba a un dato interesante de la composición del sistema Tierra-Luna; pero el añadir un condicionante a la vida extraterrestre partiendo de estos datos era más una cuestión de titular que un valor a tener en cuenta.

Por cierto, la foto que ilustra este post es bonita pero exagerada; el enlace, sin embargo, apunta a una verdadera foto del sistema Tierra-Luna tomada por el HiRISE (Experimento Científico de Alta Resolución de Imágenes) de la Mars Reconnaissance Orbiter, que orbita el planeta Marte. Menos llamativa, pero mucho más molona.

Visto en New Scientist.

Hielo delgado en Europa

Estos son Thera (izquierda) y Thrace (derecha), dos raras estructuras de terreno (máculas) que rompen la bastante regular orografía helada de Europa, la luna de Júpiter. Thera tiene unos 70 km. de ancho, ambos son terrenos emergentes de unos 300 metros de altura, irregulares y tienen ese característico color marrón.

Europa tiene bastantes estructuras singulares del terreno, zonas resquebrajadas parecidas a la piel humana, largos canales y otras formas ramificadas; todas ellas originadas por la dinámica del hielo que cubre la superficie. Superficie que en el caso de Europa se especula que sea un gigantesco océano de agua líquida, mantenida a temperaturas sobre cero por la actividad geológica del núcleo satelital cuya energía proviene de las mareas gravitatorias de Júpiter: el gigante gaseoso retuerce a sus lunas generando un enorme calor, como puede verse de manera evidente en Io, luna cubierta de azufre y fenómenos volcánicos.

Europa es uno de los principales objetivos de la búsqueda seria de posible vida extraterrestre en nuestro sistema. Bajo el hielo, en la oscuridad y rodeando las chimeneas volcánicas del abismo, podría existir un tipo de vida muy similar químicamente a la nuestra; de hecho en la Antártida existen lagos sellados bajo el hielo en los que hay abundancia de vida, aunque son mucho más jóvenes y nunca han estado totalmente aislados.

La capa de hielo de Europa es posiblemente muy delgada, unos veinte kilómetros de profundidad, pero lo suficientemente gruesa como para que la simple ascensión de una “pluma” de agua caliente tenga difícil el derretirla; pero si hablamos de fenómenos volcánicos persistentes, el tiempo podría provocar que se debilitara la corteza de hielo hasta que finalmente ocurriría que a) se formara un lago líquido en la superficie, que más tarde se recongelaría o b) hielos jóvenes hicieran erupción formando domos y elevaciones caóticas, como un lento volcán de hielo.

Un estudio sobre la posible dinámica de estos procesos, más o menos imaginados hace tiempo, calcula que estas bolsas de agua y hielo joven durarían entre 10.000 y 100.000 años antes de volver a helarse, lo cual no da tiempo a una evolución de vida orgánica pero sí a una emergencia de la posible vida de abajo, convirtiendo estas máculas en puntos ideales para un alunizaje futuro en busca de cosas interesantes.

Visto en Nature.

Aterrizaje de cola

Todos hemos visto los clásicos aterrizajes de cohetes de las películas antiguas en las que la nave -generalmente un elegante supositorio plateado con aletas direccionales- se pone de espaldas al planeta o satélite en cuestión y amortigua la caída compensando la atracción gravitatoria con el impulso de sus toberas. El resultado final es un cohete aparcado más o menos como en el dibujo clásico que ilustra este post.

Con el tiempo, los avanzados técnicos de finales del siglo XX pasaron a burlarse de estos inocentes planteamientos. La revisión de los delicados sistemas del cohete en cada vuelo hacían imposible este tipo de sistemas de uso múltiple; lo que tuvieron que hacer fue un sistema multietapas en los que los depósitos inferiores del cohete, una vez acabado su combustible, se desprendían del resto y caían a tierra. Al final, del gigantesco cacharro sólo quedaba la cápsula de carga que acababa aterrizando tras una reentrada ardiente mediante unos tristes paracaídas. Mucho menos romántico, pero práctico.

El proyecto de los transbordadores fue un intento de fabricar vehículos espaciales reutilizables que a la larga fracasó, porque el sistema seguía aquejado de debilidades graves. Un vehículo que necesita meses para volver a despegar es poco práctico. Y desde luego la fragilidad de una nave de este tipo es extrema: la caída de algunas baldosas térmicas del recubrimiento en el despegue provocó el accidente del Columbia en 2003, y una junta mal sellada la explosión del Challenger en el ’86. Actualmente los transbordadores están fuera de servicio, y los astronautas tienen que bajar en cápsulas Soyuz como en los viejos tiempos. Y los módulos de combustible del despegue siguen cayendo a tierra como siempre…

Pero la nueva sangre del viaje espacial parece estar en las compañías privadas: menos sujetas a la burocracia gubernamental, más prácticas a la hora de buscar beneficios, estas empresas han desatado su propia carrera espacial y sus soluciones a veces son sorprendentes. SpaceX, por ejemplo, ha presentado un nuevo sistema de recuperación para sus cohetes Falcon. En la animación que puede verse en su web, cada etapa del cohete acaba su misión de subir la carga útil y empieza a caer; pero con el remanente de combustible y un sistema de guía es capaz de reposicionarse, volver a la zona de lanzamiento y aterrizar de pie.

El sistema podría tener sus complicaciones, tanto en el cálculo de combustible como la reentrada y el sistema de aterrizaje, pero parece que SpaceX ya lo ha tenido en cuenta y siguen adelante. Una vuelta de tuerca al diseño de cohetes que puede resultar útil hasta que tengamos el ascensor espacial aquí en la Tierra.

Antimateria rodeando la Tierra

Un cinturón de antimateria rodea el planeta, según un informe anunciado hace días basado en análisis de datos del Proyecto PAMELA para el estudio de la radiación cósmica. La existencia de un flujo de antipartículas contenido por el campo magnético terrestre se había predicho teóricamente, pero los datos recogidos sobre la Anomalía del Atlántico Sur han confirmado la detección de antiprotones.

La Anomalía es una zona en la que los cinturones Van Allen están muy próximos a la superficie terrestre, unos cientos de kilómetros, lo cual es suficiente para perturbar equipos electrónicos con un bombardeo protónico de 10 MeV, tres mil impactos por centímetro cuadrado por segundo*: el Hubble tiene que cerrar los ojos cuando pasa por encima -unas diez veces al día- y la ISS lleva un blindaje extra sólo para los eventuales pases por la Anomalía.

¿Por qué ocurre esto? El continuo bombardeo de partículas de alta energía que recibimos desde el espacio impacta con núcleos presentes en la alta atmósfera, recreando el efecto que se consigue en un acelerador de partículas: la creación de nuevas partículas, incluyendo eventualmente algunas de antimateria. Generalmente estos pares de materia-antimateria se unen aniquilándose mutuamente, pero a veces los antiprotones quedan captados por la magnetosfera terrestre.

Las lecturas recogidas a lo largo de 850 días han dado un recuento de… 28 antiprotones. Esto es una cantidad que “excede en tres órdenes de magnitud” a lo que cabe esperar.

*Hasta los astronautas ven chispitas en su campo visual al pasar por esta región hostil.

The Discovery of Geomagnetically Trapped Cosmic-ray Antiprotons, en The Astrophysical Journal Letters; visto en Pharyngula.

Cosmos 2

-¿Qué películas te hacen llorar?

Ante esa pregunta hay quien diría E.T. o La lista de Schindler, cosas así. A mí se me saltaban las lágrimas en algunos momentos de Cosmos, cuando Sagan soltaba aquellas conclusiones metafísicas con el fondo de un campo estelar en evolución. Ciencia combinada con emoción, un cóctel difícil pero adictivo: la serie documental de los ’80 producida por KCET batió récords de audiencia y todavía es recordada por todos a pesar de ciertas controversias sobre la forma de presentar la información.

En el ’89 apareció la versión extendida con comentarios añadidos por un Sagan bastante avejentado, en la que se actualizaba el conocimiento expuesto. Los diez años transcurridos habían aportado muchísima información, sobre todo en lo referente a los episodios sobre astronomía. Carl Sagan murió en 1996, a los 62 años.

Ahora la noticia es que la cadena Fox y National Geographic han encargado la elaboración de un remake, Cosmos: A Space-Time Odissey, escrita por Ann Druyan (la viuda de Sagan y coguionista de la serie original) Steve Soter (también coguionista de Cosmos) y presentada por Neil Tyson. La producción corre a cargo de Seth MacFarlane, que es el creador de “Padre de Familia“.  Esto que puede resultar chocante se explica por la afición de MacFarlane a la ciencia desde pequeño, y el aborrecimiento que manifiesta ante la situación actual de letargo popular y político ante la investigación científica.

La primera impresión que me dio esto fue bastante negativa (¡no me toquen a Sagan!) pensando en un remake oportunista y poco imaginativo hasta por el título; pero por lo visto tanto Soter como Druyan llevaban tiempo dándole vueltas a algo más que una actualización de la serie para DVD, y cuando Neil Tyson -astrofísico y director del Planetario Hayden- le presentó en 2009 a MacFarlane, la historia empezó a cuajar.

De todas maneras no puedo dejar de ver esto con ojos sospechosos; ha pasado la época en que un nombre te garantizaba la calidad de lo que ibas a ver. Pero si el producto merece la pena, tal vez llegue en el mejor momento: Con la NASA sin vuelos, el SETI tirando de donativos y los ojos de la humanidad volcados en sus ombligos y carteras, no creo que a Sagan le moleste la secuela.

Noticia en Bad Astronomy y The New York Times.