Al fin, el adhesivo de las salamanquesas

Hace ya un par de años se descubrió que las salamanquesas y geckos (Gekkonidae) andaban por las paredes no mediante el efecto ventosa de las laminillas de sus dedos, sino por un sistema más complejo: esas laminillas se dividen en finísimos pelitos (setae) que acaban en una punta ramificada en pelos más finos (spatulae). El animal aprovecha las fuerzas de Van Der Waals, la llamada Fuerza Atómica Débil, usando una especie de campo de fuerza direccional para sostener su peso no sólo en superficies ultralisas sino también sobre paredes encaladas, donde ninguna ventosa aguanta.

Por supuesto, una vez descubierto, viene la pregunta: ¿Se puede sacar dinero de esto? ¡Y aparecen los productos! ¡Oh maravilla! Ya tenemos una cinta hecha de nanotubos de carbono que soporta una tracción paralela a la superficie de 1.6kg en sólo 4mm2 y se despega cuando se tira perpendicularmente. El potencial de este adhesivo reutilizable es enorme, pero falla en un par de cosas: el precio de fabricación de los nanotubos (¿cuándo no?) y la fuerza que hay que aplicar para que la cinta se pegue, que ahora mismo es de 2kg para el trocito que hablamos antes.

Leído en NewScientistTech

El último gesto de Galileo

Galileo Galilei fue noticia hace unos años cuando Juan Pablo II le retiró la excomunión que pesaba sobre él desde que soltara aquellas blasfemias heliocéntricas. La verdad es que cuando estuvieron a punto de torturarlo en serio Galileo, que no era tonto, abjuró de sus teorías científicas (al fin y al cabo, usaba la lógica: si moría sus teorías no irían a ninguna parte, y además, la verdad científica es tolerante con este tipo de juramentos) y el cardenal Belarmino, que tampoco era tonto, lo excomulgó. Belarmino mandaba sobre el tribunal de la Santa Inquisición, el mismo cargo que hasta hace poco tuvo el cardenal Ratzinger, nuestro amado actual papa/lord Sith que tan a menudo aparece por este blog. (más…)

Armada robot en unos… veinte años

Esas son las previsiones del ejército norteamericano (qué otro?): ahora mismo las máquinas hacen tareas de vigilancia, recuperación de explosivos y despejado de edificios; muchos de ellos, empero, no son específicamente “robots” sino sistemas a control remoto.

Y ahí está el tema: aunque se intenta llegar a un cupo de un 30% de unidades robóticas, el Pentágono no quiere sistemas autónomos sino un humano implicado en las decisiones. Como en toda cadena de mando militar, no es bueno que quien sostiene el rifle tenga que pensar.

(Visto en io9)

Jugando con ferrofluidos

Sachiko Kodama es una física y artista que hace cosas con magnafluidos o fluidos magnetorreológicos, soluciones de nanopartículas ferromagnéticas en aceite o similar que interactúan de forma sorprendente con campos magnéticos cercanos. ¿Quién no ha jugado con imanes? Pero estas nuevas sustancias van más allá de las limaduras de hierro: la geometría que presentan es medio orgánica, medio mecánica. Lo mejor es verlo en movimiento: aquí y aquí.
Da hasta miedo imaginarse lo que podría hacer una IA con esto.

Noto una perturbación…

¿Alguien nota algo? ¿Un olor como a fotocopiadora tal vez? ¿Gatos que estornudan dos veces igual, o gente vuelta del revés? Es que desde el domingo el LHC está calentando magnetos para las pruebas que empezarán en septiembre. Ya han hecho las primeras pruebas del acelerador, pero con unos pocos muones y leptones cada vez, que echan con una cucharita de café por si pasa algo malo. Recuerdo aproximadamente un diálogo de los Cazafantasmas a propósito de no cruzar los rayos:

Peter:- Define ‘malo’, Egon.
Egon: – Imagina todas las partículas de tu cuerpo estallando a la vez a la velocidad de la luz.
Peter: – Eso es ‘malo’. Muchas gracias, Egon.*

Bueno, de momento no ha pasado nada, aunque anoche unos perros no pararon de aullar cerca de casa. Claro que eso pudo ser simplemente un Terminator.

*¿Cómo puedo recordar esto y no la matrícula de mi coche?