Gemir ayuda

Otro de esos estudios científicos tan importantes para la civilización: un equipo del departamento de Psiquiatría Clínica de la Escuela Médica de Hannover planteó en 2003 la posibilidad de que la hiperventilación provocada por los jadeos y gemidos emitidos durante el acto sexual alterara el metabolismo del cerebro incrementando de esta manera la “experiencia subjetiva” de placer. Es decir que gemir durante el sexo es una respuesta premeditada del organismo para obtener más gustito. ¡Curioso lo que se descubre hojeando informes médicos!

De paso he descubierto que el estado de saturación de CO2 en sangre se denomina Hipercarbia. Suena bien, no sé, como a superhéroe. Es muy efectivo para combatir el hipo: un estado de hypercarbia interrumpe los molestos espasmos del diafragma en cuestión de 15 o 20 segundos.



El manuscrito Voynich ya tiene fecha

Puede que aún no sepamos qué significa ni de dónde procede, pero al menos el manuscrito MS408 de la Universidad de Yale, llamado Manuscrito Voynich por su descubridor (hice una reseña hace unos años) ya tiene edad. El documento está escrito sobre pergamino, lo cual permitió a expertos de la Universidad de Arizona aplicarle la técnica del C14 y determinar la edad del soporte a principios del siglo XV, más o menos. Cuatro muestras separadas se tomaron cuidadosamente de zonas donde hubiese poca contaminación, fueron limpiadas y luego procesadas para obtener estos resultados que envejecen el documento unos cincuenta o cien años sobre la edad antes supuesta.  Claro que esto indica la fecha de sacrificio del cordero con que se hizo el pergamino, no la de su escritura; pero al menos elimina el argumento de que se tratara de una falsificación hecha por John Dee, Edward Kelly y demás personajes de épocas posteriores incluido el propio Voynich. Todo encaja con el estilo y colores utilizados, pero nos queda por resolver el mayor misterio: qué significan las misteriosas imágenes del libro y qué es lo que está escrito en una lengua desconocida en sus páginas.

Por cierto, ayer viendo un episodio de Fringe aparecía la mención a un libro extraño: “La Primera Gente” en el que se menciona a cierta especie de hombres muy, muy antigua. La serie, para quien no lo sepa, trata del descubrimiento de una Tierra de un universo paralelo que en determinados momentos y lugares se superpone a la nuestra. Algunos de los esquemas del libro se parecen mucho a los diagramas radiales del Voynich: seguro que J. J. Abrams ha estado leyendo algo de esto.

Artículo en la University of Arizona.

Escaneos del MS408 en la Beinecke Rare Book Library en Yale.

¿Por qué tenemos el pene tan grande? (algunos)

Ya lo decía Desmond Morris en El Mono Desnudo (1967): el hombre no solamente es el primate que tiene el cerebro más grande, sino también el pene. Aparte de ser un dato anecdótico que se da en las clases de Biología para escandalizar y provocar a las niñas, es algo a lo que no se suele prestar atención. Pero nunca tuve claro el porqué de tal fenómeno. Visto a posteriori, resulta bastante lógico, ya veréis.

Cada animal tiene un diseño especial para su órgano inseminador, y algunos son tremendamente especializados como los retorcidos penes de pato, o los hemipenes reptilianos. El hombre no se queda atrás, y como siempre la explicación es una carrera contra las hembras. Mientras que en el caso del pato es un acto de competencia (la vagina de la pata es retorcida y llena de secciones falsas) lo que le pasó a las mujeres fue consecuencia de nuestra erección, es decir, como especie bípeda. El cambio postural llevó un esqueleto cuadrúpedo perfectamente diseñado y probado durante cientos de millones de años de evolución a una posición antinatural, con la columna en vertical, las vísceras apoyadas en la pelvis y el ano hacia abajo. Las consecuencias aún las pagamos: dolor de espalda, de pies, hemorroides y una forma de parir molesta.

Aún más, el aumento del volumen craneal también provocó un ensanchamiento del canal del parto, con lo cual el miembro tuvo que crecer para encajar adecuadamente en la vagina, como decía una señora conocida: “gorda que llene y larga que alcance” . Así, el pene de H. sapiens duplica con creces el tamaño del de cualquiera de sus hermanos primates. Pero ¿y la cabeza? Me refiero al glande, esa estructura en forma de seta desconocida para otros penes. ¿Qué sentido tiene, quedarse enganchado como los perros? No.

La hipótesis más aceptada es la del “desplazamiento seminal”: el reborde del glande actuaría como una escobilla limpiaparabrisas, escurriendo el semen de otros machos hacia fuera e incrementando con ello la posibilidad de inseminar a la hembra con el propio, que en el fondo es lo que todos los machos de cualquier especie desean*. Un estudio hecho con penes de goma (con y sin cabeza escurridora) y semen artificial otorgaba un 30% más de eficacia a los con cabeza que a los sin, aunque éstos fuesen de tamaño grande.

Artículo en Scientific American.

* ¡Eh! ¡Nadie ha hablado de criarlos después!

El ojo de la polilla

Hace un par de días un amigo me comentaba por teléfono la existencia de una extraña polilla gigante dotada de ojos con pupila. Este lepidóptero es la “Polilla Halcón” o “Polilla Colibrí” (Macroglossum stellatarum) cuyo aspecto general es bastante aviano, entre otras cosas por ser una polilla diurna y enorme de larguísima proboscis que bate sus alas a la manera del colibrí. Resultaría extraño un mimetismo con estos pájaros, porque en Europa y Asia -donde vive M. stellaratum– no hay colibríes: ¿de dónde sacaría el modelo la polilla?

Detalle de la cabeza de una polilla halcón
(foto © Mircea Costina/TrekNature)

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Amebas cultivadoras

Ya resulta cansino repetirlo, pero aquella pregunta que nos hacía la señorita en el colegio:

– ¿A ver quién me puede decir qué diferencia al hombre de los animales?

Está cada vez más lejana y borrosa. La creación de herramientas, el lenguaje simbólico, contar objetos, memoria, capacidad de prevenir eventos futuros, manipulación de otros seres vivos (domesticación, vamos): todas son características que hace cincuenta años eran prerrogativas del H. sapiens y ya no, ni siquiera hablando de animales superiores. Hace algunos meses un grupo de japoneses superpuso la red de metro de Tokio a una tabla de cultivo de moho viscoso: pusieron alimento allí donde habia más actividad de pasajeros y luz donde estaban los obstáculos naturales subterráneos (ríos, terrenos no excavables). El resultado fue que el moho trazó sus filamentos conectando los puntos alimenticios y rodeando los obstáculos con un entrelazamiento prácticamente idéntico al tendido de raíles humano; donde había diferencia, el moho había encontrado una solución más eficaz.

Ahora veamos lo que hace una ameba social, Dictyostelium discoideum. Es social porque cuando las condiciones alimentarias del sitio en que vive (come bacterias) son malas, Dictyostelium busca a sus congéneres y se apelotonan, formando un superorganismo multicelular temporal llamado pseudoplasmodio: un pegote baboso de medio centímetro, con simetría reconocible (tiene parte frontal y trasera, a diferencia de las amebas) y sensibilidad básica a la luz y temperatura. Es esa cosita de la derecha, que hasta resulta simpática.

El pseudoplasmodio se desplaza a nuevos terrenos de pastoreo, y una vez que lo encuentra, se convierte en un cuerpo fructífero que suelta esporas de las que brotarán amebas individuales. Es la frontera entre organismos unicelulares y multicelulares como nosotros: las amebas se unen formando un todo eficaz como respuesta al stress físico que provoca una crisis de recursos. Ciertamente su mecanismo de reacción social basado en una molécula señalizadora, AMPc, es más eficaz que el nuestro (políticos).

Pero la cosa no va de política sino de agricultura. Resulta que recientemente se ha descubierto* que, ante el descenso de recursos, las amebas dejan de comer bacterias y las recogen incorporándolas al pseudoplasmodio-cuerpo fructífero, y luego las dispersan en los nuevos territorios. Cosecha y siembra predictivas, intencionadas: curiosamente sólo el 30% de las poblaciones estudiadas desde el descubrimiento tienen esta costumbre, el otro 60% siguen siendo “cazadores”. No siempre el esfuerzo de cosechar (y no comer) compensa, eso también le ocurrió a los humanos y otras especies como hormigas, termitas, peces damisela y algunos caracoles.

No se trata de asignarle una mente avanzada a una ameba o caracol, pero sí de reinterpretar lo que para nosotros ha sido siempre una técnica fruto de un psiquismo avanzado -de hecho no cultivamos cosas hasta hace 10 o 15 mil años- en lo que realmente es: una respuesta ingeniosa a un problema de recursos. La vida se abre camino, a manotazos o a golpe de pseudópodo.


* El descubrimiento fue curioso: resulta que los cultivos de Dictyostelium estaban continuamente sucios y contaminados de bacterias por mucho cuidado que tuvieran los científicos en esterilizar el medio y darles antibióticos a las amebas. ¡Pero no era contaminación, eran sembrados!

Primitive agriculture in a social amoeba (Debra A. Brock, Tracy E. Douglas, David C. Queller & Joan E. Strassmann), resumen en Nature.

Visto en io9.

Luna, ahora con relleno líquido

A veces el reciclado de datos viejos resulta interesante: igual que se pueden restaurar películas digitalmente, los nuevos métodos de análisis son capaces de exprimir información significativa de donde aparentemente no la había. Esto ha pasado con los datos sismológicos lunares recogidos en las misiones Apolo entre 1969 y 1977, analizados con técnicas modernas de procesado matricial* que han resultado en una nueva imagen del interior de nuestra Luna, considerada fría y muerta. (más…)