Clorofila artificial

Una comunicación del MIT -promovido por el grupo de estudio del profesor Daniel Nocera– promete el Santo Grial de la civilización moderna: energía limpia, barata y de bajo coste de producción. La tecnología recurre al sistema de la “hoja artificial”: un sistema que emula la síntesis clorofiliana hasta cierto punto, obteniendo energía directamente de la luz solar y elementos químicos comunes. El problema de la mayor parte de los sistemas de captación de energía solar es que requieren materiales raros y caros, pero este nuevo dispositivo utilizaría catalizadores baratos –cobalto metálico y fosfato– para separar el agua en hidrógeno y oxígeno en presencia de luz solar. Supuestamente es diez veces más eficaz que la clorofila: con cuatro litros de agua y un día de sol podría suplir las necesidades energéticas de una casa.

Estas maravillas científicas las veo con escepticismo, porque las implicaciones sociales y económicas son tan terribles que cambiarían muchas cosas: sistemas energéticos descentralizados (adiós, Endesa, adiós) electricidad accesible incluso para el tercer mundo en los lugares más remotos, eliminación radical de la contaminación por hidrocarburos y material nuclear, descenso de la deforestación en áreas delicadas (¿para qué cortar leña cuando puedo poner una estufa eléctrica casi gratis?)… demasiado bonito. No creo que dejen que ocurra, incluso si fuese posible. Crucemos los dedos.

Noticia en el MIT News.

El virófago antártico

La Antártida encierra misterios primigenios y exóticos, y en estos últimos años han visto la luz unos cuantos: un lago de sangre (bueno, rojo); pequeños mares sellados bajo el hielo hace millones de años; fósiles vivientes pululando por los frías y oscuros abismos de la plataforma continental; y ahora, el virófago.

De hecho este ser -OLV u Organic Lake Virophage– es uno de los tres que conocemos actualmente, el primero descubierto en 2008 y el segundo un mes más tarde. Los virófagos son la venganza, el depredador natural de los virus.

Todos sabemos que los virus no son formas de vida exactamente: son trozos de código genético organizado de tal manera que parasitan a células organizadas utilizando su capacidad reproductora para obtener copias de sí mismos. En el proceso, afectan más o menos a su huésped, desde provocarle un ligero malestar (resfriado) hasta matarlo (VIH, Ébola).

Los virófagos son organismos que habitan inactivos en el interior de células; por ejemplo el llamado Sputnik vive en las amebas de la especie Acanthamoeba polyphaga. Cuando una de estas amebas es infectada por un mamavirus, que suele ser letal para ellas, el Sputnik interfiere utilizando los sistemas de autorreplicación del mamavirus para producir más Sputniks. Con ello también disminuye la producción de mamavirus y eventualmente la mortalidad entre las amebas. En el caso del OLV, las beneficiadas son unas algas prasinófitas afectadas por picodnavirus.

No es que esto vaya a curar ninguna enfermedad, pero es bueno saber que los virus también pueden enfermar. Siento por los virófagos la misma simpatía insana que por los atracadores de bancos.

El enemigo ancestral

Todos sabemos lo que es el cáncer: un grupo de células cuyo código genético se ha estropeado y se reproducen caóticamente, aprovechando los recursos del organismo que las contiene y finalmente colapsando los ordenados sistemas de éste provocando su muerte. Para controlar la proliferación de estos “comandos anarquistas” los organismos complejos poseemos sistemas policiales estrictos, anticuerpos que detectan (si pueden) a los elementos anormales y los destruyen.

¿Un organismo unicelular puede tener cáncer?

No. Por definición, esto no puede ser. Una célula que se replicara sin control tan sólo es eso, una célula prolífica. Como en los viejos tiempos del origen de la vida terrestre, hasta que varias de ellas empezaron a agregarse y formar sistemas organizados, como el sistema circulatorio por ejemplo. Las primeras organizaciones vivas debieron ser amasijos caóticos de células con una cierta coordinación para la supervivencia, como… cánceres.

Esta es la nueva aproximación al problema propuesta por Paul Davies y Charles Lineweaver, ambos astrobiólogos (uno por la Universidad de Canberra y el otro por la estatal de Arizona): los tumores cancerosos son una especie de recapitulación de los animales primordiales de hace mil millones de años que se forman cuando -debido a un fallo en la transcripción del ADN- se reactivan las “librerías” químicas de los genes que controlaban aquellas colonias celulares originales. Esto explicaría unas cuantas cosas: la capacidad que tienen algunos tumores de crear redes de vasos para absorber nutrientes del organismo huésped -un proceso denominado angiogénesis- la metástasis, mediante la cual se multiplican en otras partes del cuerpo, y otras adaptaciones que en el fondo son estrategias de supervivencia coordinada.

La nueva teoría ya ha sido acogida con cierta reserva por el medio científico, pero aunque no sea más que un ejercicio intelectual puede abrir más posibilidades en la investigación de esta patología.

Como no se me ocurría ninguna imagen agradable que poner, he ahí un fotograma de La Cosa (1982) que la acabo de rever esta tarde y se parece bastante a lo que describen estos señores: adaptable, invasivo, inmortal, primigenio, letal.

Cancer tumors as Metazoa 1.0: tapping genes of ancient ancestors, IOP Science (Visto en New Scientist)

Generador de logotipos

¿Ha llegado la obsolescencia del trabajador humano a las orillas de lo más sagrado, la creatividad artística?* El desarrollo del logotipo del MIT Media Lab, del Massachusetts Institute of Technology, se ha obtenido mediante un algoritmo que combina colores y formas básicos en todas las combinaciones posibles (40.000 en este caso):

Esto es lo que se cuenta en las noticias. La realidad es más discreta: el MIT ML no utiliza estos subproductos como logotipo, sino como una imagen múltiple cuyo nexo conceptual es el de los tres “focos” de colores. La idea es moderna, y el MIT no ha caído en la simpleza de pensar en este diseño dinámico como un logotipo: eso lo ha hecho la prensa. Bien pensado, ¿qué diferencia hay entre esto y quien llama “logotipo” a escribir el nombre de la empresa con seis o siete tipografías distintas y enseñárselos al cliente? Yo he visto hacer esto, y no exactamente con fundamento estético (un logotipo puede ser perfectamente un anagrama) sino por pura incapacidad. Aunque la idea de enseñarle 40.000 bocetos a un cliente no deja de provocarme un cierto placer sádico.

* obviamente en modo irónico. Lo más sagrado y la cúspide de la obra humana son las patatas fritas.

Cuando perdimos las espinas

El amor es un tema espinoso.

Hace tiempo comentábamos como una singularidad de los humanos el hecho de carecer de baculum, es decir de hueso del pene. Este elemento estructural se perdió en algún momento debido a un error de codificación del genoma; desde entonces hemos sido víctimas de la burla silenciosa del resto de los vertebrados. Ahora se ha descubierto, o más bien puesto en evidencia, otro defecto genético que nos priva de un elemento que hasta los chimpancés, gatos y ratones poseen: espinitas en el pene.

Estas espinas son formaciones córneas de queratina, 150-200 de 1mm de longitud en el caso del gato, y tienen diversas funciones: estimular a la hembra y “rascar” de la vagina restos de esperma de otros machos -cosa que ya hace nuestro pene ridículamente grande y con forma de hongo-. Parece ser que la desaparición de estas protuberancias está relacionada con el comportamiento monógamo en algunos primates.

Un estudio publicado en Nature apunta a que esta ausencia, al igual que la falta de bigotes sensoriales (vibrisas) y el incremento de volumen encefálico característico de nuestra especie puede estar vinculada a algunos genes: una comparativa sistemática del ADN humano y chimpancé marcó una primera diferencia en 510 secuencias ausentes del genoma humano, casi todas pertenecientes a ADN “regulador” no codificante, que activa o no la expresión de otros genes. El análisis de estas diferencias podría dar lugar a resultados prácticos interesantes.

Por otra parte, esto sólo responde a la cuestión del mecanismo por el que perdimos esas características. La razón -y no una razón preconcebida, sino vista como una posible ventaja a posteriori que llevó a que nos quedáramos así- sería que sin espinas la sensibilidad disminuye. Esto permite coitos más lentos y prolongados, lo que unido a otras adaptaciones lleva a una unión de pareja más estable y a la cría compartida de los cachorros. Comportamiento social avanzado: el origen de la familia y de los núcleos de convivencia.

How the penis lost its spikes, en Nature (visto en io9)

Benzoato de denatonio, ese amargo protector

Una curiosidad: ¿habéis probado alguna vez el gel de ducha? O el champú. ¡Parece tan apetitoso, con ese aroma frutal! Pero en realidad está amargamente asqueroso. Y sin embargo debería ser dulce; es su sabor natural. Un aditivo industrial (bencildietil[(2,6-xililcarbometil)metil] benzoato de amonio) que es tal vez la sustancia más amarga conocida, impide que nos lo traguemos por accidente, y lo mismo ocurre con el anticongelante -que contiene el muy tóxico metanol-. El benzoato es tan amargo que resulta detectable en una solución de una parte en  500 millones; una concentración superior a una parte en cien millones sería intolerable. Y sin embargo es inerte y estable, y como las cantidades son tan escasas, no modifica para nada el producto al que es añadido. Así que si un día dais un lametón al Mistol u os coméis una pompa de jabón, ese regusto que queda es del benzoato, que nos avisa que hay que escupir.

La página del benzoato de denatonio.