Fósiles vivientes en las montañas del Antártico

Cuando H. P. Lovecraft racionalizó su mitología terrorífica de ficción en En las Montañas de la Locura, ubicó los últimos rescoldos de la poderosa raza de los Antiguos -seres provenientes de los confines del Universo, infinitamente sabios y creadores de la vida en la Tierra, cuyo aspecto recordaba vagamente al de los crinoideos y las estrellas de mar- en unas montañas situadas en el Polo austral; la capital abandonada entre los crecientes hielos dejaba entrever una trágica historia, pues la raza Antigua había pasado su época de esplendor y, si aún quedaban algunos supervivientes, se habían replegado a las oscuras profundidades marinas bajo el océano. Por cierto, siguen los rumores de que la versión cinematográfica se va a rodar pronto dirigida por Guillermo del Toro (Hellboy) y posiblemente con Tom Cruise en uno de los papeles principales.

Un estudio recién publicado del NIWA (New Zealand Institute of Water and Atmosphere) sobre las poblaciones abisales de los montes submarinos del Almirantazgo -no demasiado lejos de la bahía de McMurdo, donde empieza la historia de Lovecraft- nos habla de un descubrimiento insólito: poblaciones enteras de al menos una especie desconocida, con una tipología similar a la que era frecuente en los mares terrestres hasta el Paleoceno, es decir, hace 65 millones de años. Sí, se trata de comunidades de crinoideos que viven al estilo de su gran época (la cual duró más de cuatrocientos millones de años); en los mares modernos, los crinoideos viven una existencia tímida y solitaria, pero aquí -libres de depredadores y con un rico caudal de nutrientes provisto por las corrientes polares- están estupendamente.

A lost world? Archaic crinoid-dominated assemblages on an Antarctic seamount (ScienceDirect)

Visto en New Scientist.

Sexos en plural! Muchos!

Una de esas cosas aberrantes de la ciencia ficción es que pocas veces se contempla el sexo con imaginación. Tal vez Tiempo para amar de Heinlein (donde el protagonista se acuesta con todo lo que pilla e incluso tiene una hija con una computadora) o La Estrella de los Gitanos, de Silverberg, con la escenita en la que un mar viviente copula y asimila a la vez a quienes caen en sus aguas, sean ejemplos imaginativos. Por lo demás, todo cae en el aburrido concepto de dos sexos biológicos y anomalías entretenidas (homosexuales, bisexuales, curas, jedis, vulcanos…) porque ¿quién sería capaz de imaginar más sexos?

El sexo aparece como la necesidad de intercambiar información genética entre individuos. Uno se cruza con otro, combina su ADN y fabrica una copia híbrida que tal vez, tal vez, tenga una combinación de rasgos mejor que la de sus progenitores. Es un negocio arriesgado y lento, pero los genes y la naturaleza tienen tiempo para ello. Ya lo decía el propio Heinlein,

El zigoto es la forma que tienen los gametos de perpetuarse

Una forma original de considerar la existencia: nosotros, el ser adulto, no somos más que el vehículo portador del semen (o los óvulos, si corresponde).

Las bacterias también tienen su juerga: aunque no necesitan acoplarse a otra para desencadenar el proceso de replicación -de hecho muchos animales superiores tampoco- se juntan a veces para intercambiar material genético con sus pelos sexuales, tal vez la versión más minimalista de pene. (más…)

El Elfoide: teléfono-homúnculo

Un término usado en robótica es el uncanny valley o valle inquietante, que se refiere al punto en que la forma humanoide de un maniquí o robot deja de resultarnos simpática y provoca miedo o repulsión. En general parece que nos gustan las máquinas que son muy máquinas (digamos, R2D2) o las que son totalmente humanas (por ejemplo Summer Glau en TSCC) pero cuando un androide no consigue esa exactitud se torna terrorífico cual muñeca de porcelana.

El nuevo prototipo de teléfono móvil elaborado por un equipo de la Universidad de Osaka, NTT DoCoMo y QualComm entra en esa categoría. El Elfoid es una versión miniatura de una unidad de telepresencia, el Telenoid, y parte de la misma base teórica: una máquina de comunicaciones que mimetiza gestos humanos para transmitir más información que el puro texto o audio. La unidad Elfoid se parece a un muñeco de cera de los que se usan en brujería, con toques de mutante radiactivo y algo de Casper. Ahora mismo es poco más que un teléfono con una funda de uretano flexible: los botones se esconden en el pecho y brillan con luz verdosa al ser pulsados. El desarrollo definitivo contará con un software de reconocimiento facial y motores que copiarán los gestos del usuario que habla y los repetirán en la unidad receptora: movimientos de boca, ojos y cuello, además de los asquerosos muñones que brotan del cuerpo.

Esto seguramente tiene tanto de producto de consumo real como el vestuario de Lady Gaga; afortunadamente, porque no me gustaría nada ver una de estas cosas arrastrarse penosamente sobre la mesa de un compañero gritando “¡Llamada entrante!” o algo así. El propio Telenoid es horripilante y bastante inútil incluso a a nivel de concepto: resulta más lógica una teleconferencia o incluso un holograma que este remedo de carne humana.

Por una parte los japoneses tienen tradición de desarrollar androides de aspecto humano, y por otra los proyectos mucho más realistas como el PaPeRo de NEC. Tristemente, he seguido al PaPeRo desde 1997 y se ha quedado estancado en los mismos conceptos que en aquella época eran revolucionarios: una pequeña unidad doméstica de asistencia multifuncional conectado a Internet, capaz de leer correos, avisar de mensajes o llamadas, con reconocimiento facial y sensores táctiles, capaz de emular cualquier mando a distancia IR… eso hubiera sido una pasada en el mercado. Pero sigue siendo un prototipo experimental.

Visto en pinktentacle (donde hay fotos aún más chungas).

Presionando el futuro: minas en la Luna

Ya lo decía Arthur C. Clarke, que una de nuestras responsabilidades como especie inteligente era abandonar la cuna llegado el momento; una decisión que marca la diferencia entre una civilización que crece y una moribunda. Personalmente soy optimista y veo más una humanidad tipo Star Trek que una SeaQuest, refugiada bajo el mar y comiéndose lentamente el planeta hasta la extinción de uno u otra.

Pero esta sociedad primitiva cuyo motor básico es el enriquecimiento personal necesita un estímulo más primario que las maravillas que nos muestran los científicos: necesitamos beneficios económicos claros para sacar el pie a las estrellas. No cabe duda que la primera jugada será en nuestro sistema, y dentro de no demasiado tiempo: hay energía y materias primas ahí al lado, en cantidades prácticamente ilimitadas y esperando que las recojan. Un ejemplo fácil es la minería lunar. No creo que sea casualidad que, cuando hace unos meses China anunció recortes en la exportación de tierras raras (que son fundamentales para la fabricación de componentes electrónicos; China tiene casi el monopolio de producción de estos elementos con un 97% de la minería actual) empezaran a aparecer proyectos de exploración lunar práctica. (más…)

Una extinción masiva: crisis en la Tierra antigua

El descubrimiento llega de China; un ecosistema de hace 635 millones de años, 3000 fósiles muy bien conservados de organismos similares a algas y algunos gusanos. En total unas 15 morfologías diferentes clasificadas, de la primera época de la vida multicelular en nuestro planeta (que sepamos).

El hallazgo de unas plantitas fósiles puede no ser tan atractivo como un cementerio de tiranosaurios, pero desde luego la historia que cuenta es dramática: en aquellos tiempos nuestro mundo vivía una espantosa edad glacial, con hielos de un kilómetro de grosor cubriendo toda la superficie hasta el ecuador según algunos especialistas. Era el período Criogénico, trescientos millones de años de invierno, que empezaba a replegarse; eran los tiempos de la Glaciación Marinoana(más…)