Hatzegopteryx, un pterosaurio transilvano gigante

Hatzegopteryx, un pterosaurio transilvano gigante

Reconstrucción de Hatzegopteryx. Imagen © Mark WittonA pesar de lo que se suele ver en las películas, la mayoría de los pterosaurios -entiéndase como tal el conjunto de reptiles voladores que no son dinosaurios– eran chiquitinos y frágiles. Sin embargo, a finales del Cretácico algunos grupos desarrollaron tamaños descomunales: los Pteranodon, posiblemente pescadores, con sus 6 metros de envergadura, mandíbula sin dientes y cresta, son los más populares en el cine.

Los azhdárquidos son menos conocidos, pero representan a las criaturas voladoras más grandes de la Tierra. Hasta hace poco Quetzalcoatlus era el más grande con sus 10-11 metros de envergadura. Criaturas extrañas, de enormes crestas y cuello largo, no está muy claro de qué vivían: posiblemente, de forma parecida a las cigüeñas y otros grandes pájaros, serían depredadores terrestres y pescadores.

El caso es que de las especies de azhdárquidos se conocen solamente dos más o menos completos –QuetzalcoatlusZhejiangopterus- ; el resto son restos fragmentarios, vértebras sobre todo. Se daba por hecho que todas las especies compartían la misma arquitectura corporal, cabezones, de largos miembros, una especie de jirafas voladoras.

Comparación de Arambourgiana y Hatzegopteryx. Imagen © Mark WittonEl nuevo espécimen, Hatzegopteryx thambema, procede del Cretácico tardío de Transilvania (Rumania) y tiene (aparte de unos 12 metros de envergadura) unas vértebras del cuello especialmente robustas, lo cual difiere mucho del esquema azhdárquido: el cuello corto y musculoso, el cráneo pesado y con una mandíbula de apertura amplia, parecía capaz de ser un depredador activo de piezas grandes.

La inusual estructura ósea del cráneo es muy llamativa: llena de alvéolos, se parece al poliestireno expandido, aportando ligereza y resistencia. Hatzegopteryx carecía de dientes, pero sin duda su tamaño y robustez lo convertían en una temible fiera. Esto abre un camino de descubrimiento para nuevas variedades morfológicas en la -hasta ahora- supuestamente homogénea familia Azhdarchidae.

El entorno donde se encontraron sus restos era, hace 66 millones de años, una isla: la isla de Hateg, un entorno subtropical en el mar de Tetys. No se conocen grandes depredadores en el sitio, así que es posible que estos azhdárquidos fueran el tope de la cadena alimenticia en la región.

Neck biomechanics indicate that giant Transylvanian azhdarchid pterosaurs were short-necked arch predators, en PeerJ

Chimeneas hidrotermales en Marte

Chimeneas hidrotermales en Marte

Marias PassEl robot Curiosity lleva un buen tiempo investigando la superficie de Marte, concretamente las cercanías del cráter Gale. Este cráter de impacto, con 3,5-3,8 mil millones de años de antigüedad, fue escogido por la presencia de formaciones visibles desde el espacio, formaciones geológicas que indicaban la posible presencia de agua en tiempos pasados. Y, de hecho, se han encontrado gran cantidad de muestras: estratificaciones de sedimentos, escorrentías fósiles, cantos rodados… aunque, como no tenemos idea de la mecánica geológica de otros mundos, podría tener otras causas. Pero las evidencias son ya aplastantes.

Agua caliente

Chimeneas hidrotermalesLo último es aún más interesante, porque consiste en unos accidentes demasiado pequeños para ser vistos desde la órbita. Son restos de lo que parecen ser antiguas chimeneas hidrotermales, esas surgencias de agua mineral casi hirviendo que en la Tierra ocurren en las profundidades del océano y que se consideran uno de los posibles puntos de aparición de la vida orgánica.

El agua caliente cargada de minerales es no solamente un lugar químicamente activo, donde reacciones complejas pudieron dar lugar a aminoácidos y finalmente a moléculas autorreplicantes, sino que es un punto de reunión de todo tipo de organismos debido a la temperatura y los nutrientes que allí se encuentran.

Bichos

La base de la cadena alimenticia la constituyen las arqueas quimiosintéticas, que obtienen su energía oxidando compuestos ferrosos, sulfuro de hidrógeno o amoníaco que sale por las chimeneas. A partir de ahí se alimentan otros microbios, organismos filtradores, pequeños depredadores… claro, todo esto en la Tierra. En Marte, no tenemos ni idea: pudieron ser fuentes totalmente estériles.

Se localizan en tres zonas diferentes del cráter Gale: Yellowknife Bay, Dingo Gap y Marias Pass. Todas ellas tienen un diámetro máximo de unos 70 cm, con bordes de cementación (por la huella de los fluidos) y capas concéntricas o irregulares. Su composición consiste en minerales de la arcilla y basálticos, pero existen variaciones de los contenidos en sílice, magnesio, titanio, hierro y en los niveles de hidratación.

En realidad, podrían incluso ser otra cosa totalmente distinta: lo único que nos indican es que por dentro fluían sedimentos licuados. Pudieron ser simplemente fumarolas de lodo, bastante inhóspitas para cualquier cosa que no sea un organismo extremófilo.

En Almería, también (claro)

Hay algunos puntos de la Tierra donde, aparte de chimeneas activas, existen restos fósiles similares a los marcianos: Australia, Colorado, Santa Cruz (USA) y Las Herrerías (Almería). De este último sitio procede el mineral llamado jarosita, por el Barranco Jaroso, en Sierra Almagrera, posiblemente originado durante la actividad de las placas tectónicas durante el Mioceno superior. En este caso la actividad está conectada al flujo de aguas termales.

No es la primera señal de actividad hidrotermal en Marte: la Spirit encontró, en el entorno del cráter Gusev, una especie de “coliflores” silíceos que se parecen mucho a los estromatolitos terrestres causados por tapetes microbianos que precipitan sílice en formas caprichosas.

Puede que no veamos vida en Marte durante un tiempo, pero cada vez estamos más cerca de descubrir su presencia en de épocas pasadas.

La tardía autopsia de Lucy

La tardía autopsia de Lucy

Lucy (esqueleto)Uno de los fósiles más emblemáticos de la paleontología humana es el esqueleto AL 288-1, conocido como Lucy*: los restos de un Australopihecus afarensis hembra descubiertos por Donald Johanson en 1974 en Etiopía. El esqueleto, de 3.2 millones de años, está lejos de estar completo; pero en su momento aportó muchísima información sobre los australopitecos.

Los Monos del Sur

Estos primates de momento representan la frontera de lo que consideramos como humano -dentro de lo difusos y móviles que son estos conceptos en evolución-: andaba en posición erecta, pero su cráneo y complexión general era parecida a la de los chimpancés. De Lucy no conocemos el esqueleto de pies y manos, pero por otros ejemplares sabemos que tenían dedos prensiles aunque los pies eran mucho más parecidos a los nuestros que los de cualquier otro simio, o como se les llamaba antes, cuadrumanos: el pulgar no está pensado para agarrarse a ramas sino para hacer palanca y desplazarse por el suelo.

No hay muchos restos mejores de A. afarensis. Una mandíbula, una rodilla, el único comparable es Selam: restos de una cría de la cual nos ha quedado la calavera, dedos, pie y tórax. En los lodos petrificados de Laetoli (Tanzania) quedan algunas huellas de sus pasos, sorprendentemente parecidos a los nuestros.

La autopsia

Lucy, reconstrucción (con árbol)Los 52 fragmentos óseos de Lucy no están en un museo: se guardan en una caja fuerte en Etiopía. Pero en 2008, durante una gira por EEUU,fueron escaneados en la Universidad de Texas con tomografía de rayos X de alta resolución, un proceso no destructivo que generó más de 35.000 imágenes detalladas de la estructura interna de los huesos; imágenes que fueron analizadas poco a poco. Durante el proceso John Kappelman, profesor de ciencias geológicas y autor principal del estudio, notó ciertas fracturas en el húmero que indicaban una lesión seria.

Después de compartir estos datos con Stephen Pearce, un cirujano ortopédico, identificaron fracturas similares en el hombro izquierdo y otras a lo largo de todo el esqueleto, incluidas roturas en el tobillo derecho, en la rodilla izquierda, en la pelvis y en una costilla. Como ninguna de estas lesiones había cicatrizado, se deduce que Lucy tuvo algún accidente a consecuencias del cual murió.

El triste final

El estudio llega a la conclusión de que la causa de la muerte debió ser una caída (posiblemente de un árbol**) de unos doce metros de altura. Cayó de pie, pero intentando apoyar las manos para protegerse (de ahí las fracturas en los brazos) y seguramente el impacto la mató, espero que rápidamente. La adaptación de los afarensis a andar los hizo (nos hizo) más torpes para movernos entre las ramas de los árboles, y Lucy -madre de algunas crías, con unos veinte años y las muelas del juicio recién salidas- pagó caro este avance. Seguramente ya no la veis como unos huesos con una etiqueta, cierto?

 

Perimortem fractures in Lucy suggest mortality from fall out of tall tree, en Nature

visto en SINC.

* sí, es porque estaba sonando Lucy In The Sky With Diamonds en la radio cuando la encontraron.

** por favor, aquí los chistes de tipo el hombre desciende del mono y el mono del árbol -violentamente están fuera de lugar. Que es nuestra abuela, jolines.

Un origen de la vida en el frío

Un origen de la vida en el frío

tierra enfriadaDentro de las teorías sobre el origen de la vida terrestre, habitualmente el panorama de la “sopa primigenia” se plantea así literalmente, es decir, un mar caliente lleno de sustancias químicas cada vez más complejas hasta que al fin aparece una molécula autorreplicante. Tiene sentido: los compuestos de química orgánica requieren para su ensamblaje una cierta cantidad de energía presente, y además de los rayos cósmicos y otras radiaciones, ¿qué mejor que un disolvente calentito?

La Tierra antigua sin duda podía prestarse a esta situación. Recordemos: en el período que llamamos Hadeico, hace cuatro mil millones de años, la tierra era un mundo recién formado, bombardeado continuamente por fragmentos protoplanetarios del Sistema Solar que aún es una nube de partículas arremolinada; el agua -procedente de los minerales terrestres y del hielo que forma parte de ese bombardeo meteórico- se evapora y precipita una y otra vez sobre los flujos de magma que empiezan a formar la corteza. Los restos rocosos que nos quedan de esta época, que aparecen en Canadá, demuestran que había una violenta actividad volcánica, pero también actividad de erosión y arrastre de masas de agua líquida.

Se especula con la posibilidad de que la molécula replicante apareciera y se extinguiera en múltiples ocasiones en aquellos eones misteriosos, surgiendo en océanos, esterilizada por volcanes y meteoritos, arrojada al espacio y devuelta a la Tierra. Millones de experimentos químicos mezclados y recombinados hasta que el sistema solar se estabilizó y el planeta entró en un estado de calma.

¿Glaciares?

barbertonLas rocas procedentes del Cinturón de Diorita de Barberton (Sudáfrica) que se formaron en el océano de hace 3.500 millones de años, nos hablan de un mar bastante caliente, sobre los 85º. Esto se deduce de las proporciones de isótopos de oxígeno almacenados en las rocas. Pero según Maarten de Wit, de la  Nelson Mandela Metropolitan University en Port Elizabeth, estas lecturas estarían malinterpretadas por el hecho de proceder de materiales cercanos a fuentes hidrotermales. Otras pistas, como la formación de cristales de yeso* o la presencia de limolitas con cantos rodados, indicaría más bien la existencia de un mar muy frío e incluso con hielo.

Vida en el frío

hadeano-fríoAunque la idea de de Wit no es más que una teoría, cabe plantearse si realmente la vida podría desarrollarse en un medio helado. Investigando la posibilidad de vida en Europa (la luna de Júpiter), científicos de la Universidad de California han demostrado que algunos compuestos clave prebióticos –aminoácidos como guanina o adenina- se forman en cantidades substanciales a temperaturas bajo cero. De hecho, se concentran más, y la temperatura preserva de la descomposición a estas frágiles moléculas. ¿Significa esto que la vida surgió en el hielo? No lo sabemos, pero la combinación de unos fondos fríos rodeados de chimeneas hidrotermales saturadas de moléculas complejas resulta ser un interesante punto de vista nuevo.

Prebiotic Synthesis of Adenine and Amino Acids Under Europa-like Conditions

visto en New Scientist.

* el yeso puede cristalizar a temperaturas altas pero sólo en aguas superficiales, como ocurre con las abundantes rocas evaporíticas del Mioceno, cuando el Mediterráneo se secó.

El Monstruo de Tully: el horror ya tiene forma

El Monstruo de Tully: el horror ya tiene forma

Hace ya bastante tiempo comenté algo sobre esta pieza de mi museo particular:

Un Tullymonstrum en casa

En este nódulo de sedimentos del período Carbonífero se ve la huella dejada por un enigmático organismo, el Monstruo de Tully (Tullimonstrum gregarium). Toda su genealogía era incierta, y sólo se sabe que el animal -del tamaño y aspecto de una sanguijuela- nadaba por las charcas y pantanos de los bosques de hace 350 millones de años en busca de presas. En ejemplares mejor conservados, se detectaron rastros de una proboscis y dos apéndices, así que su forma era como el cuerpo de un calamar, pero en lugar de tentáculos tenía una larga trompa acabada en una pinza o mandíbula, y dos ojos colocados al estilo de los caracoles de tierra. Exótico. Casi cualquier teoría encajaba: para mí, podía ser un superviviente de la fauna misteriosa del Cámbrico de Burgess Shale. Para otros era un gusano nemertino, un poliqueto, un conodonto, un gasterópodo exótico… un análisis reciente de más de 1200 ejemplares, algunos muy bien conservados, han llegado a otra conclusión: era un vertebrado, o al menos, miembro del phylum Chordata -son los animales que tenemos espina dorsal, una cadena de nervios a lo largo de todo el cuerpo.

Diagrama del Monstruo de TullyEn el análisis se confirma la existencia de un notocordio (eso, una espina dorsal) un rudimentario cerebro de tres lóbulos, el cuerpo segmentado en miómeros (son esas lonchitas musculares en que se separan los filetes de merluza, por ejemplo) y aperturas branquiales. Con esto, no sólo es un cordado, sino que se trata de un pez, emparentado posiblemente con las lampreas y peces bruja; que si bien no son tan raros como los monstruos del Cámbrico, sí son bastante asquerosos y terroríficos a su manera. Las lampreas parecen sanguijuelas y como tal se alimentan, usando su boca redonda llena de dientes -no tienen mandíbula- para raspar la carne y chupar la sangre de sus víctimas. Los mixines o peces bruja son como gordos gusanos cubiertos de un moco lechoso de singulares propiedades con el que sofocan a sus presas mientras las penetran y devoran por dentro (generalmente prefieren cadáveres, pero no tienen problemas en atacar peces o cetáceos vivos). Dotados de un solo testículo, éste derrama su contenido en el interior del mixin y los espermatozoides lo van atravesando hasta encontrar la salida por el, eh, orificio digestivo. Vamos, que son raros-raros.

Lo que aún no sabemos es cómo vivía el Tullimonstrum ni el por qué de estas extrañas adaptaciones: tal vez usaba esa trompa para escarbar el barro y las raíces sumergidas en busca de presas, o era algo más al estilo de la lengua del camaleón? Quién sabe, tal vez algún día un fósil excepcional arroje luz sobre el asunto.

Monstruo de Tully

The ‘Tully monster’ is a vertebrate, en Nature.

Tal vez nunca convivimos con un Hobbit

Tal vez nunca convivimos con un Hobbit

Esqueleto del Homo floresiensis o "Hobbit"El Homo floresiensis -apodado Hobbit por su tamaño pigmeo, un metro de altura y unos 25 kg, de peso estimado, además de sus grandes cuencas oculares que recuerdan a Elijah Woods- es uno de nuestros primos extintos, posible descendiente de Homo erectus adaptado a la vida en un entorno aislado (Isla de Flores, Indonesia). Es sabido que muchas especies reducen su tamaño para adaptarse a estos entornos isleños, de hecho en la misma Flores existía un elefante enano (Stegodon). Curiosamente, el hobbit tenía una industria lítica muy avanzada, con herramientas comparables a las de Homo sapiens… con un cerebro de 300cc, que es más o menos el de un chimpancé.

Lo singular de estos hobbits es que según se habían datado los restos (fósiles e instrumentos de piedra) se indicaba que tenían unos 12.000 años, con lo cual su extinción habría ocurrido en una fecha posterior. Como ha habido humanos en Flores desde hace hace al menos 35.000 años (tal vez más) significaba que había habido una coexistencia, ya sea pacífica o en paralelo: una tribu oculta de homininos pigmeos viviendo a espaldas de sus parientes, como los Pitufos. Esto volvió relevantes ciertas leyendas antiguas sobre seres del bosque, como los Ebu Gogo.

EbuGogoLos Nage de Flores describen al Ebu Gogo (traducido: Abuela Glotona) como buenos caminantes y rápidos corredores de alrededor 1,5 m de alto. Según se dice tienen narices anchas y planas, caras anchas con bocas grandes y cuerpos peludos. Las hembras tienen “largos pechos colgantes”. Se dice que murmuran en lo que parece ser su propio lenguaje y del mismo modo pueden repetir lo que se les dice como si fueran un loro. Fueron exterminados por los nativos hacia el siglo XVIII por su costumbre de robar comida y niños (estamos hablando, obviamente, de folklore).

Esto llevaría a pensar en la hipótesis más común de la criptozoología para explicar tradiciones o encuentros con seres antropomorfos: la remanencia de especies no humanas, casi siempre de aspecto simiesco (el Orang Pendek en Sumatra, el Yeti o Mi-Go del Himalaya, el Sasquatch de los bosques norteamericanos) que han sobrevivido, ocultas y de modo vestigial, durante miles de años después de que el conjunto de su especie se haya extinguido.

Pero una nueva lectura de los datos estratigráficos indica que hubo un error: capas más modernas se mezclaron con los restos confundiendo la datación. Como los restos eran demasiado preciosos para usarlos en una datación por radiocarbono, se usaron en su lugar tizones de hoguera que estaban al lado. Pero estos carbones (que sí tenían 11-000 años) eran mucho más modernos: ahora se estima que la edad del yacimiento de Liang Bua va entre los 100.000 y 60.000 años. El contacto con humanos que llegaran posteriormente -ya que los restos de Liang Bua pudieron ser muy anteriores a la extinción de los hobbits- queda, por lo tanto, en la duda.

Revised stratigraphy and chronology for Homo floresiensis at Liang Bua in Indonesia, en Nature

[ms_google_map address=”Isla de Flores, Indonesia” type=”roadmap” overlay_color=”” infobox_background_color=”” infobox_text_color=”” infobox_content=”” icon=”” width=”50%” height=”300px” zoom=”6″ scrollwheel=”yes” scale=”yes” zoom_pancontrol=”yes” popup=”yes” animation=”yes” class=”” id=””][/ms_google_map]