Pulgasaurios!

Como complemento a la nota sobre pterosaurios vampiros (sí, el titular era engañoso: los pterosaurios no son dinosaurios) viene ahora este hallazgo de pulgas gigantes jurásicas.

La pulga común (orden Siphonaptera) es un ectoparásito emparentado con las moscas comunes y las más raras “moscas escorpión” (Mecoptera). Están bien documentadas desde el Cenozoico, pero se conocen pocos ejemplares de más antigüedad: Tarwinia es un género dudoso del Cretácico. Estas nuevas pulgas chinas corresponden al Jurásico medio/Cretácico, con lo cual son los miembros más antiguos conocidos del orden pulgueril.

Estos animales ya presentan el aparato bucal preparado para perforar la piel y chupar sangre, pero su aspecto es más de piojo de los pollos: carecen de las potentes patas saltadoras de la Pulex moderna. Lo más probable es que vivieran entre la pelusa de algunos dinosaurios, ya que con su tamaño (2 centímetros) difícilmente pasaran desapercibidas sobre los pequeños mamíferos de la época. Tras la extinción del Cretácico, darían el gran salto (je, je) hacia los mamíferos, donde siguen hoy.

Diverse transitional giant fleas from the Mesozoic era of China, en Nature.
Visto en New Scientist.

Dinosaurios vampiros

Ahá! ¿A qué mola, el titular? sólo le falta la coletilla “… EN EL ESPACIO”. Lástima que sea algo precipitado, el asunto.

Todo comenzó con el descubrimiento en las calizas de la Mongolia interior china (qué racha de posts sobre Mongolia) de Jeholopterus ningchengensis, un pequeño pterosaurio anurognátido del tamaño de un cuervo: en la tradición de los magníficos fósiles chinos, las placas de piedra conservaban perfectamente además de los delicados huesecillos del animal, las membranas alares y un revestimiento de pelusa o protoplumas considerable. El problema estaba en el cráneo, muy mal conservado, que no podía ser reconstruido.

Entonces, en 2003, llega la publicación de David PetersThe Chinese vampire and other overlooked pterosaur ptreasures. Peters, tras un cuidadoso análisis de detalles en el fósil -concretamente en una fotografía del fósil, ya que no tuvo acceso al ejemplar- nota la existencia de ciertas características morfológicas que podrían apuntar a un Jeholopterus parásito: garras articuladas capaces de engancharse fuertemente a un soporte vertical, dientes diferenciados con dos piezas más largas en la parte frontal del rostro -un rostro por cierto achatado en comparación a los “picos” avianos de los pterosaurios-, una mandíbula capaz de abrirse 90º, dos apéndices dotados de pompones peludos en los extremos… En esta nueva descripción del fósil, Jeholopterus volaría hasta posarse en los flancos de apatosaurios y otros grandes reptiles, donde se agarraba con las potentes garras articuladas de las cuatro extremidades. A continuación, asestaría un mordisco con la boca completamente abierta para alimentarse de la sangre que mane de la herida a lengüetazos. La cola serviría para espantar las moscas que eventualmente se acerquen a la herida. (más…)

Una flor del Pleistoceno

Esta plantita anodina que parece un jazminero está creciendo… a partir de unas semillas de hace 30.000 años. Es más fácil revivir una planta que un mamut, aunque no carece de dificultades y las circunstancias tuvieron que ser afortunadas.

En este caso, una ardilla de la Edad de Hielo se dedicó a recoger frutos para el invierno, como es habitual. Uno de esos frutos pertenecía a la especie en cuestión, Silene stenophylla, que aún crece en Siberia y Japón. No siempre hace falta recurrir a todos los depósitos de comida, y éste quedó intacto y congelado durante el invierno. Al estar en los bancos fluviales del río Kolyma, se fue quedando bajo capas de permafrost a una temperatura de nevera, oculta y sin sufrir descongelaciones veraniegas ni perturbaciones de ningún tipo.  Hasta ahora, cuando David Gilichinsky y equipo recuperaron la madriguera de ardilla de los estratos congelados. Svetlana Yashina, de la Academia Rusa de Ciencias, extrajo los embriones de las semillas y los cultivó en una solución alimenticia, consiguiendo que empezaran a germinar. La planta parece una variedad algo más pequeña que la actual, y es difícil que se trate de una contaminación de la muestra (una semilla moderna caída por accidente al recoger el material en el yacimiento).

Visto en New Scientist.

Un bosque petrificado de hace 300 millones de años

Uno de mis períodos geológicos favoritos (no mucha gente confiesa estas cosas en público) es el Carbonífero. El período posterior -el Pérmico- era demasiado seco y árido, y acabó con la mayor extinción masiva jamás conocida por la Tierra: pero al principio, la transición Carbonífero-Pérmico fue bastante amable y la vida floreció.

Las imágenes que más avivan mi imaginación son las que ilustran la botánica de esa época. Hace 280 millones de años el planeta estaba en gran parte cubierto de bosques de plantas primitivas, helechos arbóreos, licópsidas gigantes, equisetos de diez metros, plantas extinguidas en la actualidad. Los dibujos reconstructivos y las descripciones de esas vaporosas selvas extrañas y silentes* me han resultado siempre fascinantes: pero todo lo que nos queda son trocitos convertidos en carbón (tengo una buena muestra de mi colección en flickr).

De hecho la falta de conexión hace que gran parte de los fósiles vegetales sean parataxones: no sabemos si esta semilla o esa fronde corresponden a una misma planta ya que se han encontrado desparramadas en distintos sitios del sustrato. Por eso el hallazgo en Mongolia de un fragmento de bosque primordial de más de mil metros cuadrados fosilizado en ceniza volcánica resulta tan fascinante.

Paleontólogos de la Universidad de Pennsylvania** han excavado en el distrito de Wuda, en la Mongolia Interior (China) este depósito de toba volcánica que -en un evento similar al de Pompeya-  es resultado de una intensa lluvia de cenizas que sepultó el bosque entero. Una captura de todo un ecosistema almacenado en grano fino, desde los matorrales y musgos hasta los gigantes arbóreos de la época. No es tan espectacular como la ciudad romana: los fósiles no se mantienen en pie, son improntas sobre planchas de piedra, pero están magníficamente preservados in situ.

Comparado a hallazgos de la misma época procedentes de Sajonia (Alemania), Puertollano (España) y la Antártida, muestra similitudes y diferencias en las poblaciones vegetales. Cordaites y Sigillaria forman la cúpula del bosque; un piso intermedio formado por helechos arborescentes, Calamites, Noeggerathiales y árboles pequeños parece distribuirse de manera diferenciada según la composición del sustrato. Todo un tesoro de información sobre la ecología de una época perdida que aún está asomando.

Permian vegetational Pompeii from Inner Mongolia and its implications for landscape paleoecology and paleobiogeography of Cathaysia, en los PNAS.
Visto en alt1040.

* parte de la culpa la tiene H. P. Lovecraft y su Shadow Out Of Time, pero también H.G. Wells y Julian Huxley con The Science of Life, precioso libro que ya he comprado… dos veces.

** muy adecuado… los enormes depósitos de carbón fósil de Pennsylvania le han dado el nombre al Carbonífero superior (Pennsylvaniense). Sigue siendo una región muy boscosa.

Arte Neanderthal en España

La cueva de Nerja (en Málaga, España) es la primera sima kárstica que visité en mi vida: una serie de salas en las que la piedra caliza, modelada por el agua y los milenios, ha dado lugar a estructuras de gran belleza. También ha servido de refugio a todo tipo de animales a lo largo del tiempo, incluyendo a ejemplares de nuestra especie: hay pinturas del solutrense, magdaleniense  (paleolítico superior) y postpaleolítico, y en una de las exhibiciones aparecen los restos muy bien conservados del hombre de Cro-Magnon. Estamos hablando de una época que va hacia atrás unos 22.000 años, y los restos orgánicos más antiguos hallados en la cueva se remontan al gravetiense (24.500 años)

Pero si los resultados de las investigaciones de José Luis Sanchidrián, profesor de Prehistoria de la Universidad de Córdoba, son correctos, algunas de las pinturas -concretamente seis representaciones de focas- podrían ser mucho más antiguas: unos trozos de carbón hallados justo debajo de las focas han sido datados en torno a los 42.000 años de antigüedad. Sería la representación artística más antigua conocida*… o no. En esa época, la cueva pudo haber estado habitada por nuestros primos los Homo neanderthalensis, lo que multiplica la molonidad de la noticia en un factor de varios decimales: sería la primera obra de arte no humana que encontramos.

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Destructores de ecosistemas

En alguna ocasión he comentado que uno de los mayores daños que se ha hecho nunca al ecosistema terrestre, al cual siguió una extinción de escala planetaria de la cual la vida dominante nunca llegaría a recuperarse, no lo hicimos los humanos: lo hicieron las plantas.

El invento de la fotosíntesis y la liberación de ingentes cantidades de venenoso oxígeno a la atmósfera cambió por completo la biología y la química planetaria; pronto surgieron criaturas que se aventajaban tanto del metabolismo acelerado que podía desarrollarse con este gas, como de la abundante energía preprocesada que se obtenía comiéndose las plantas. Así -de una forma que casi recuerda una leyenda de la creación de alguna cultura antigua- las plantas pagaron su abuso condenándose eternamente a ser comidas por los animales heterótrofos, mientras que las bacterias anóxicas y las arqueas se refugiaron en las aguas oscuras y muertas; no es raro que alguna de las enfermedades más chungas (botulismo, tétanos) vengan de ese reino.*

Pero es que las plantas no pararon ahí, según se dice ahora. (más…)