¿El Archaeopteryx no es un ave?

Desde su hallazgo en las calizas litográficas de Solnhofen (Baviera) hace 150 años Archaeopteryx lithographica ha sido el símbolo del eslabón perdido* y también el ave más arcaica conocida. El finísimo grano del lagerstätte alemán permitió la conservación de huellas de plumas en torno al esqueleto semi-aviano semi-reptil, con dientes, cola, y alas con garras, con lo cual este fósil de transición fue uno de los mejores apoyos a la teoría de Charles Darwin.

Se han hallado otras aves primitivas y también evidencias de que algunos dinosaurios (coelurosauria) habían desarrollado una cobertura de protoplumas o pelusa. Esto se ha puesto de moda y últimamente todas las reconstrucciones de dinosaurios van enseñando pluma y colorines. Muchos de estos ejemplares proceden del lagerstätte de Liaoning (China) que ha dado magníficos fósiles del Jurásico tardío.

Un nuevo ejemplar recién descubierto, Xiaotingia zhengi, es un pequeño terópodo con unas características anatómicas tan parecidas a Archaeopteryx que el equipo de investigación dirigido por Xing Xu del  Instituto de Paleontología Vertebrada y Paleoantropología en Beijing ha soltado una bomba: tal vez Archaeopteryx tampoco sea un ave, sino un deinonicosáurido igual que Xiaotingia.

Artículo en New Scientist.

* término en desuso ya, pero anda que no ha dado juego.

El grabado más antiguo de América tiene 13.000 años

La antigüedad del asentamiento del hombre en el continente americano no hace más que dar marcha atrás con cada nuevo hallazgo arqueológico. Aunque, bien pensado, nunca podría dar marcha adelante. En fin. Un hueso tallado con el dibujo de un mamut o mastodonte, encontrado en Vero Beach, Florida (USA) ha sido datado en trece mil años mínimo. La prueba del C14 no puede aplicarse aquí porque el clima de Florida destruye el carbono de los huesos, pero como la fauna de la Edad del hielo se extinguió en América sobre esas fechas, no puede ser menos antiguo que eso. El propio hueso, mineralizado, podría corresponder a un mamut o a un megaterio.

El fragmento de hueso fue remitido al Smithsonian para comprobar su antigüedad -ya que los huesos de mamut con tallas modernas son relativamente comunes- y todos los análisis lo han dado como auténtico: con esto se convierte en la primera representación de un mamut encontrada en América, mientras que en Europa era un tema habitual de representación incluso 30.000 años atrás.

A título personal, se me ocurre una alternativa: el grabado podía venir de manos de un cazador nómada que hubiese visto mamuts en Alaska, donde se sabe que sobrevivieron hasta hace unos 6.000 años. Pero es que el lugar del hallazgo también es un sitio arqueológico donde en 1915 se encontraron los huesos del llamado Vero Man asociados a la megafauna de la glaciación de Würm. Como en aquella época se pensaba que la presencia del hombre americano era mucho más reciente, y tampoco tenían tecnología de datación, el asunto se relegó al olvido. Ahora, con el revuelo causado por la noticia –National Geographic por medio- varias instituciones están recaudando fondos para retomar las excavaciones de Vero Beach.

 

Noticia en el Nuevo Herald.

Enlace al sitio web del yacimiento de Vero Beach.

Resumen del análisis en ScienceDirect.

Islas de oxígeno primordiales

Muchas veces los planteamientos de la paleontología popularizada pecan de creacionistas: “El Sinanthropus descubrió el fuego…” “Los peces pulmonados salieron a tierra firme…” ¿Fue en día de semana o festivo? ¿uno solo o en grupos? La frase describe un proceso de prueba y error que seguramente llevaría millones de años en el que no hay actores protagonistas. Tampoco hay “huevo o gallina”.

Uno de esos hitos es la aparición de la vida avanzada, cuyo ciclo metabólico basado en el oxígeno es mucho más eficiente y permite el desarrollo de estructuras complejas. La llamada “explosión cámbrica” (hace 540 millones de años) es tal vez la expresión registrada en conchas duras de una explosión de vida en el Ediacarense (600-630 millones de años) de la que el registro es mucho más débil ya que eran cositas tiernas y pequeñas que aún no conocían el colágeno. Esas cosas aplanadas eran sin embargo de estructura complicada, y respiraban el oxígeno liberado por las plantas.

¿Qué plantas? Hasta bien entrado el Ordovícico, pasear por una playa terrestre era pedir una jaqueca y un bronceado rápido: la atmósfera de nuestro mundo tenía muy poco oxígeno (y ozono, que es O3)  porque no había plantas suficientes para liberar ese subproducto de su metabolismo. Lo único que había bien oxigenado era el mar, con sus bosques de algas. Pero en el Ediacarense no había más que tapetes bacterianos en los fondos marinos poco profundos. Tras mil millones de años de actividad de estas trabajadoras/polucionadoras algas, se calcula que la atmósfera contenía más o menos un 7% de O2 (actualmente es un 21%). (más…)

“El insecto volador más antiguo conocido”

Un buscador de fósiles ha encontrado en las areniscas rojas de la formación Wamsutta (Massachusetts, USA) el fósil más antiguo conocido de un insecto alado. Más o menos (de ahí las comillas).

En la foto de la izquierda (ampliable) se puede ver el ejemplar: realmente es una icnita, una huella de actividad orgánica y no un resto animal de verdad. Por lo visto el bicho (una especie de efímera o cachipolla bastante grande, de unos 36mm de largo) cayó en el barro, se sacudió un poco luchando contra el pegote y luego voló dejando la huella de su cuerpo y posibles rastros del batir de alas. Las efímeras no pueden plegar las alas en horizontal -son bastante primitivas- así que la deducción de que era un ser volador viene más bien del hecho de que no hay huellas alrededor de la impresión del cuerpo. Pero la icnología es una ciencia engañosa y de muchas inferencias, así que a este fósil ni siquiera se le puede dar un nombre. Hay una nomenclatura aproximativa, pero de momento se ha quedado como SEMC-F79.

La formación Wamsutta corresponde al Carbonífero tardío, cuando las alas nervadas básicas ya estaban plenamente desarrolladas y sólo quedaban algunos retoques en el diseño: de todas formas, hay fósiles del namuriense (320 m.a.) que ya prueban definitivamente la existencia de estos órganos. Porque originalmente, los insectos no tenían alas.

Si queréis ver un insecto realmente primitivo, buscad entre los libros: seguro que aparece algún pececito de plata. Es este bicho:

El Lepisma saccharina es un tisanóptero que pertenece al parataxón Apterygota o “insectos sin alas”, un grupo muy primitivo con más de 400 millones de años de antigüedad. No es como una pulga o una hormiga, que las han perdido por el camino; simplemente carece de los dos pares de apéndices de que disponen los insectos en su gran mayoría. Al verlo nos podemos hacer una idea de cómo eran los primitivos insectos que exploraron la tierra firme en el Devónico.  Hacia el Carbonífero el cielo y la tierra estaban dominados por libélulas y cucarachas, y el reinado de los insectos estaba plenamente establecido. Pero ¿cuándo apareció el primer insecto con rudimentos de alas? y ¿qué aspecto tenía?. Son preguntas aún sin respuesta.

A mí el fósil me recuerda tremendamente a un ROD, y seguramente especularía sobre entrecruzamiento de planos en el espacio-tiempo y fósiles vivientes si no supiera que estos bichitos son solamente un defecto de las cámaras de vídeo digitales.

Late Carboniferous paleoichnology reveals the oldest full-body impression of a flying insect, en PNAS

Undetermined Genus, species of Archaeorthoptera  Prokop, Nel & Hoch  2005

Una extinción masiva: crisis en la Tierra antigua

El descubrimiento llega de China; un ecosistema de hace 635 millones de años, 3000 fósiles muy bien conservados de organismos similares a algas y algunos gusanos. En total unas 15 morfologías diferentes clasificadas, de la primera época de la vida multicelular en nuestro planeta (que sepamos).

El hallazgo de unas plantitas fósiles puede no ser tan atractivo como un cementerio de tiranosaurios, pero desde luego la historia que cuenta es dramática: en aquellos tiempos nuestro mundo vivía una espantosa edad glacial, con hielos de un kilómetro de grosor cubriendo toda la superficie hasta el ecuador según algunos especialistas. Era el período Criogénico, trescientos millones de años de invierno, que empezaba a replegarse; eran los tiempos de la Glaciación Marinoana(más…)

Las raras costumbres de los tiburones fósiles

Un reciente trabajo sobre fósiles de coprolitos del Mioceno de Maryland arroja nueva luz sobre las extrañas costumbres de los escualos de hace unos 15 millones de años.

Un coprolito es la forma elegante de describir una mierda fósil, algo que está a medio camino de un fósil auténtico y una huella; no son hallazgos inusuales. En ocasiones es difícil asignar un tipo de excremento a un animal determinado, y en este caso parece proceder de algún vertebrado marino carnívoro, tal vez un cocodrilo o un cetáceo. Los dos ejemplares tienen una característica inusual: las marcas de la dentadura de un tiburón, impresas a una profundidad de 3mm. en la -en sus tiempos- cremosa sustancia.

Varias especies de escualos habitaban el mar que ahora ocupa Maryland en el Mioceno: tiburones tigre, makos, tiburones de arrecife y algún Megalodon que otro. Por lo visto eran bastante abundantes en aquellas aguas, a juzgar por la cantidad de dientes fósiles que se encuentran en los acantilados.

El enigma es: ¿Por qué un tiburón mordería una caca? y ¿Por qué la ha dejado, sin tragarla? (Bueno, esto último es comprensible). La idea, vista la costumbre de los tiburones actuales de atacar por debajo y morder el vientre de la presa para debilitarla, es que el bicho atacó a la presa y al clavarle los dientes perforó el intestino. Luego el cocodrilo o delfín soltó lastre, por así decirlo, que fue a parar al fondo del mar donde se fosilizaría conservando las impresiones dentarias intactas. Se desconoce el destino del pobre cocodrilo, igual el tiburón se alejó escupiendo y lo dejó en paz.

(Por cierto, yo detesto que me pongan las sardinas y pescadillas sin eviscerar).

Visto en el blog de Brian Switek.