El Archaeopteryx número once

He aquí el Urvogel (el Ave Primordial) número Once:

El fósil de transición más antiguo y famoso, Archaeopteryx litographica -que representa una de las etapas más obvias de la evolución de las aves a partir de dinosaurios terópodos manirráptores- parece ser una exclusiva de las calizas litográficas de Solnhofen. Esta piedra de grano ultrafino que se extrae de una cantera bávara desde hace cientos de años para usarla en procesos de impresión litográfica, tiene su origen en las tranquilas playas de un mar interior del Jurásico tardío, hace 150 millones de años. Un sistema de lagunas hipersalinas fangosas formaba una trampa a la que iban a parar numerosos animales, cuyos cuerpos (incorruptos a causa del ambiente anóxico y alcalino) quedaron preservados para la posteridad en alta resolución. Los Arqueopteryx, considerados el ave más antigua conocida durante mucho tiempo -aunque ahora conocemos aves más antiguas e incluso se discute que sean aves en el sentido completo del término- se han venido descubriendo desde que el primer ejemplar vio la luz dos años después de que Darwin publicara El Origen de las Especies. Hasta hoy se conocían diez ejemplares aparte de la pluma original, que dio nombre al holotipo:

Espécimen de Londres (BMNH 37001)

Espécimen de Berlín HMN1880

Espécimen Maxberg (TM6428)

Espécimen Eichstätt (JM 2257)

Espécimen Solnhofen (BSP 1999)

Espécimen de Münich (S6)

Espécimen de Daiting (no en Solnhofen sino en Suevia)

Espécimen de Bürgmeister-Müller (“ala de pollo“)

Espécimen de Termópolis (WDC CSG 100)

Espécimen del Royal Tyrrell Museum

El nuevo ejemplar, que pertenece a un coleccionista privado y ha sido registrado como Patrimonio Nacional alemán, es un esqueleto sin cabeza pero por lo demás muy completo, será expuesto en la Mineralientäge München del 28-30 de este mes de octubre.

Visto en Short Sharp Science

 

Las primeras flores

Desde hace años -demasiados- es sabido que las plantas con flores o Angiospermas (que constituyen la vegetación dominante en el planeta hoy día, al menos en variedad y distribución) tuvieron su origen en el Cretácico tardío, conviviendo temporalmente con los dinosaurios hasta el evento de extinción hace 65 millones de años. Esto ha llevado a muchas teorías relacionando una cosa con la otra: que si los dinosaurios murieron de estreñimiento por comer plantas con flores, que si fue alergia, que la expansión de las angiospermas y sus compinches los insectos polinizadores ocurrió al desaparecer gran cantidad de depredadores, etc.

La idea general -al menos para un ilustrador o el planteamiento de una película- es que nunca pongas dinosaurios y flores juntas; pinos, helechos, tal vez alguna seta y como mucho un laurel o una magnolia (como la que pintó Zallinger entre las patas de un T-rex en el famoso mural del museo Peabody, ya en 1947). Pero como casi siempre pasa, los orígenes de las cosas suelen estar algo más atrás de lo que se piensa.

Los paleontólogos chinos llevan desde la década pasada presentando pruebas de plantas fosilizadas que podrían haber sido por su diseño una rama basal de las plantas con flor: Archaefructus es una hierba acuática hallada, cómo no, en los fabulosos lagerstätt de Liaoning, de hace 124 millones de años. Pero Archaefructus (reconstruido en el dibujo de la izquierda) no presenta pétalos ni sépalos: difícilmente se podría presentar un ramo con ella.

La semana pasada Else Marie Friis presentó en el Congreso Internacional de Botánica en Melbourne (Australia) una delicada impresión fosilizada en arcilla cretácica sueca de hace 85 millones de años. El ejemplar pudo verse mediante rayos X y es una diminuta flor (3 mm.) en forma de trompetilla. La estructura de la flor es una de las más trabajadas de toda la anatomía botánica; para llegar a este punto desde los ramilletes desnudos de Archaefructus tuvieron que pasar  cuarenta millones de años. La planta aún no tiene nombre, pero queda claro que los campos de los dinosaurios pudieron haber sido más coloridos de lo que creemos.

Archaefructaceae, a New Basal Angiosperm Family en Science.

Noticia en New Scientist.

 

 

¿El Archaeopteryx no es un ave?

Desde su hallazgo en las calizas litográficas de Solnhofen (Baviera) hace 150 años Archaeopteryx lithographica ha sido el símbolo del eslabón perdido* y también el ave más arcaica conocida. El finísimo grano del lagerstätte alemán permitió la conservación de huellas de plumas en torno al esqueleto semi-aviano semi-reptil, con dientes, cola, y alas con garras, con lo cual este fósil de transición fue uno de los mejores apoyos a la teoría de Charles Darwin.

Se han hallado otras aves primitivas y también evidencias de que algunos dinosaurios (coelurosauria) habían desarrollado una cobertura de protoplumas o pelusa. Esto se ha puesto de moda y últimamente todas las reconstrucciones de dinosaurios van enseñando pluma y colorines. Muchos de estos ejemplares proceden del lagerstätte de Liaoning (China) que ha dado magníficos fósiles del Jurásico tardío.

Un nuevo ejemplar recién descubierto, Xiaotingia zhengi, es un pequeño terópodo con unas características anatómicas tan parecidas a Archaeopteryx que el equipo de investigación dirigido por Xing Xu del  Instituto de Paleontología Vertebrada y Paleoantropología en Beijing ha soltado una bomba: tal vez Archaeopteryx tampoco sea un ave, sino un deinonicosáurido igual que Xiaotingia.

Artículo en New Scientist.

* término en desuso ya, pero anda que no ha dado juego.

El grabado más antiguo de América tiene 13.000 años

La antigüedad del asentamiento del hombre en el continente americano no hace más que dar marcha atrás con cada nuevo hallazgo arqueológico. Aunque, bien pensado, nunca podría dar marcha adelante. En fin. Un hueso tallado con el dibujo de un mamut o mastodonte, encontrado en Vero Beach, Florida (USA) ha sido datado en trece mil años mínimo. La prueba del C14 no puede aplicarse aquí porque el clima de Florida destruye el carbono de los huesos, pero como la fauna de la Edad del hielo se extinguió en América sobre esas fechas, no puede ser menos antiguo que eso. El propio hueso, mineralizado, podría corresponder a un mamut o a un megaterio.

El fragmento de hueso fue remitido al Smithsonian para comprobar su antigüedad -ya que los huesos de mamut con tallas modernas son relativamente comunes- y todos los análisis lo han dado como auténtico: con esto se convierte en la primera representación de un mamut encontrada en América, mientras que en Europa era un tema habitual de representación incluso 30.000 años atrás.

A título personal, se me ocurre una alternativa: el grabado podía venir de manos de un cazador nómada que hubiese visto mamuts en Alaska, donde se sabe que sobrevivieron hasta hace unos 6.000 años. Pero es que el lugar del hallazgo también es un sitio arqueológico donde en 1915 se encontraron los huesos del llamado Vero Man asociados a la megafauna de la glaciación de Würm. Como en aquella época se pensaba que la presencia del hombre americano era mucho más reciente, y tampoco tenían tecnología de datación, el asunto se relegó al olvido. Ahora, con el revuelo causado por la noticia –National Geographic por medio- varias instituciones están recaudando fondos para retomar las excavaciones de Vero Beach.

 

Noticia en el Nuevo Herald.

Enlace al sitio web del yacimiento de Vero Beach.

Resumen del análisis en ScienceDirect.

Islas de oxígeno primordiales

Muchas veces los planteamientos de la paleontología popularizada pecan de creacionistas: “El Sinanthropus descubrió el fuego…” “Los peces pulmonados salieron a tierra firme…” ¿Fue en día de semana o festivo? ¿uno solo o en grupos? La frase describe un proceso de prueba y error que seguramente llevaría millones de años en el que no hay actores protagonistas. Tampoco hay “huevo o gallina”.

Uno de esos hitos es la aparición de la vida avanzada, cuyo ciclo metabólico basado en el oxígeno es mucho más eficiente y permite el desarrollo de estructuras complejas. La llamada “explosión cámbrica” (hace 540 millones de años) es tal vez la expresión registrada en conchas duras de una explosión de vida en el Ediacarense (600-630 millones de años) de la que el registro es mucho más débil ya que eran cositas tiernas y pequeñas que aún no conocían el colágeno. Esas cosas aplanadas eran sin embargo de estructura complicada, y respiraban el oxígeno liberado por las plantas.

¿Qué plantas? Hasta bien entrado el Ordovícico, pasear por una playa terrestre era pedir una jaqueca y un bronceado rápido: la atmósfera de nuestro mundo tenía muy poco oxígeno (y ozono, que es O3)  porque no había plantas suficientes para liberar ese subproducto de su metabolismo. Lo único que había bien oxigenado era el mar, con sus bosques de algas. Pero en el Ediacarense no había más que tapetes bacterianos en los fondos marinos poco profundos. Tras mil millones de años de actividad de estas trabajadoras/polucionadoras algas, se calcula que la atmósfera contenía más o menos un 7% de O2 (actualmente es un 21%). (más…)

“El insecto volador más antiguo conocido”

Un buscador de fósiles ha encontrado en las areniscas rojas de la formación Wamsutta (Massachusetts, USA) el fósil más antiguo conocido de un insecto alado. Más o menos (de ahí las comillas).

En la foto de la izquierda (ampliable) se puede ver el ejemplar: realmente es una icnita, una huella de actividad orgánica y no un resto animal de verdad. Por lo visto el bicho (una especie de efímera o cachipolla bastante grande, de unos 36mm de largo) cayó en el barro, se sacudió un poco luchando contra el pegote y luego voló dejando la huella de su cuerpo y posibles rastros del batir de alas. Las efímeras no pueden plegar las alas en horizontal -son bastante primitivas- así que la deducción de que era un ser volador viene más bien del hecho de que no hay huellas alrededor de la impresión del cuerpo. Pero la icnología es una ciencia engañosa y de muchas inferencias, así que a este fósil ni siquiera se le puede dar un nombre. Hay una nomenclatura aproximativa, pero de momento se ha quedado como SEMC-F79.

La formación Wamsutta corresponde al Carbonífero tardío, cuando las alas nervadas básicas ya estaban plenamente desarrolladas y sólo quedaban algunos retoques en el diseño: de todas formas, hay fósiles del namuriense (320 m.a.) que ya prueban definitivamente la existencia de estos órganos. Porque originalmente, los insectos no tenían alas.

Si queréis ver un insecto realmente primitivo, buscad entre los libros: seguro que aparece algún pececito de plata. Es este bicho:

El Lepisma saccharina es un tisanóptero que pertenece al parataxón Apterygota o “insectos sin alas”, un grupo muy primitivo con más de 400 millones de años de antigüedad. No es como una pulga o una hormiga, que las han perdido por el camino; simplemente carece de los dos pares de apéndices de que disponen los insectos en su gran mayoría. Al verlo nos podemos hacer una idea de cómo eran los primitivos insectos que exploraron la tierra firme en el Devónico.  Hacia el Carbonífero el cielo y la tierra estaban dominados por libélulas y cucarachas, y el reinado de los insectos estaba plenamente establecido. Pero ¿cuándo apareció el primer insecto con rudimentos de alas? y ¿qué aspecto tenía?. Son preguntas aún sin respuesta.

A mí el fósil me recuerda tremendamente a un ROD, y seguramente especularía sobre entrecruzamiento de planos en el espacio-tiempo y fósiles vivientes si no supiera que estos bichitos son solamente un defecto de las cámaras de vídeo digitales.

Late Carboniferous paleoichnology reveals the oldest full-body impression of a flying insect, en PNAS

Undetermined Genus, species of Archaeorthoptera  Prokop, Nel & Hoch  2005