La mantis más antigua, conservada en ámbar

Aragonimantis aenigma © DinópolisEl afortunado hallazgo de un ejemplar de mantis religiosa empotrada en un trozo de ámbar proveniente del Cretácico de Teruel (España) nos muestra cómo eran los primeros ejemplares de estos depredadores. Con 105 millones de años, Aragonimantis aenigma es también el primer fósil de mantis hallado en España.

La mantis -o santateresa, tatadiós, mamboretá y otros nombres pintorescos- es un insecto de refinado diseño. Dispone de un oído en el tórax, una cabeza que rota libremente 180º, y unas garras prensiles en el primer par de patas que son formidables armas para apresar y despedazar a sus presas. Pero no es nuevo: pertenece al antiguo grupo Dictyoptera, emparentadas con las cucarachas y las termitas. Y de hecho Aragonimantis se parece bastante a una cucaracha, grupo del que se separaron en el Jurásico, aunque dispone de las características garras de presa con espinas. Todo lo que queda del ejemplar es la parte delantera, que permite distinguir estos caracteres y también que se trataba de una ninfa (subadulto).

Las mantis son insectos de distribución mundial, pero este ejemplar conecta con otro más reciente de Burma y un fósil de Mongolia 35 millones de años más moderno. No son muchas pistas -no es fácil encontrar restos de un depredador tan frágil- pero esta parece ser la abuela de todas ellas.

Visto en SINC.

Huellas de los primeros catalanes!

Huellas de temnospóndilosUn descubrimiento en el Valle de Manyanet (Lleida) nos revela unas interesantes huellas de vertebrados del período Pérmico, hace 300-250 millones de años, cuando Cataluña no sólo estaba bien pegada a la península ibérica sino al resto de Europa occidental, que era un bloquecito del supercontinente Pangea.

Este supercontinente daba más problemas climáticos que todos los que pueda crear nuestra especie: al bloquear las corrientes oceánicas, las diferencias de temperatura y aridez eran salvajes. En la época de la que proceden estas huellas, todavía estaba cercana la era glacial que acabó con las selvas del Carbonífero; pero el calentamiento estaba provocando un clima continental extremadamente árido. (más…)

Bunostega, el animal más antiguo que iba a cuatro patas

Bunostega, el animal más antiguo que iba a cuatro patas

Bunostegos akokanensisA veces los nombres clásicos son injustos: de los animales que llamamos reptiles, pocos son los que reptan. Quita los ofidios y las lagartijas más vagas, y la mayoría levanta su panza del suelo considerablemente; por no hablar de los extintos, como los dinosaurios y algunos arcosaurios bípedos. Lo que ocurre es que la disposición de sus miembros es en muchos casos primitiva: los brazos y piernas salen perpendiculares al cuerpo, y los codos articulan hacia abajo. Un ejemplo de esta postura transversal es este bello fósil de una forma transicional entre los anfibios y reptiles, Seymouria baylorensis del Pérmico inferior:

Seymouria baylorensis

¿Cuándo dimos el paso a tener nuestros codos y rodillas pegados al cuerpo, fémures y húmeros paralelos a la columna vertebral, y sobacos propiamente dichos? Al principio el esqueleto permitía una articulación libre, pero la evolución fue limitando la movilidad a favor de una eficiencia motriz superior. Los primates aún podemos mover los brazos para todos lados, pero un caballo es incapaz de poner las patas en cruz o abrirse de piernas como Van Damme. (más…)

Dientes y escamas

Lepisosteus con sus dientesNuestros órganos tienen orígenes extraños. Un estudio científico sobre la ganoína, sustancia que conforma las escamas de muchos peces primitivos o extintos, sugiere que nuestros dientes podrían tener su origen en estas estructuras.

Teniendo en cuenta que la propia mandíbula (y el oído interno) tienen su origen en dos arcos branquiales de los peces, no resulta extraño. De hecho, cualquiera que haya visto un tiburón suficientemente cerca podría apreciar que las escamas ganchudas que forman su piel rasposa son como miniaturas de los dientes que crecen en las mandíbulas. Sin embargo, lo que parece indicar el estudio publicado en Nature de este equipo sueco-chino es que el esmalte dental procede de este compuesto. (más…)

Un euriptérido primitivo: Pentecopterus

Un euriptérido primitivo: Pentecopterus

Pentecopterus decorahensisEl descubrimiento de un nuevo escorpión marino, más antiguo de lo que se pensaba, ha cambiado un poco los planteamientos sobre la vida pasada: suele pasar cuando se encuentra un depredador especializado donde no debía haberlo. Y los escorpiones marinos eran magníficos depredadores, los liopleurodones o tiburones blancos de su época.

La vida en la Tierra ha evolucionado a tirones. Hubo un tiempo en que la biología estuvo en un impasse: largos millones de años sin aparecer ningún modelo nuevo, los mares poblados por criaturas blanditas y acolchadas similares a corales o medusas, pero cuya afinidad real con cualquier forma viva actual desconocemos. Después de este período -el último del Precámbrico, llamado Ediacárico– vino la explosión Cámbrica: hasta cincuenta phyla animales surgieron, se diversificaron y poblaron los mares en menos de sesenta millones de años. Es posible que esta “explosión” se deba más a que los animales empezaron a desarrollar cáscaras y por ello a conservarse en el registro fósil. Hacia el final de esta época, un enfriamiento global y la reducción del oxígeno disuelto en los mares provocó una extinción masiva, que conduciría al siguiente período: el Ordovícico. Que tuvo también su explosión de vida, como corresponde a una época en la que los organismos se vuelven a acomodar tras una crisis. Aparecieron algunas formas de vida más complejas, como los ortoconos (similares a calamares con concha), nautilus y caracoles, y los primeros arrecifes de coral. Los trilobites empezaron a fabricar espinas y protecciones, lo que indica que se defendían de algo. Y los escorpiones marinos.

PentecopterusLos euriptéridos o gigantostráceos realmente tenían poco de escorpiones: eran artrópodos acuáticos cuya parte trasera se estrechaba en forma de aguja, recordando de alguna manera a la cola de un escorpión, pero realmente servía para nadar. Una serie de apéndices variados les servían para arrastrarse, navegar y aferrar cosas, y muy probablemente fueron de los primeros seres vivos en aventurarse en la superficie, junto con caracolillos y trilobites. Recordemos que en el Ordovícico no teníamos una atmósfera con bastante oxígeno, y la Tierra era un entorno árido y letal fuera del agua.

Conocidos desde mediados del Ordovícico, hay más de 300 especies catalogadas en el registro fósil, la más grande (Jaekelopterus rhenaniaecon 2,5 metros y unos 180 kg. de peso. Estos bicharracos dominaron los mares hasta la época de los dinosaurios, y condicionaron probablemente la evolución de muchos vertebrados y sus ganas de salir a tierra firme, para librarse de ellos.

La nueva especie -descubierta en los esquistos arenosos del fondo de un cráter meteorítico en Iowa (USA)- se denomina Pentecopterus decorahensis y es un megalográptido* de metro ochenta acorazado y dotado de garras prensiles, muy bien conservadas debido a que el cadáver se depositó en el fondo del cráter a una profundidad en que la falta de oxígeno lo conservó libre de actividad microbiana o de carroñeros. Lo normal es encontrar fósiles de mudas o piezas sueltas, pero aquí se pueden apreciar detalles estructurales como los pelitos de las patas. Este nuevo descubrimiento, que retrae la aparición de euriptéridos de tamaño considerable diez millones de años, nos está diciendo que la fauna de la época estaba bastante bien desarrollada como para tolerar semejante depredador.

Por cierto, ¿con qué estaban emparentados los euriptéridos? Como quelicerados que eran, muy probablemente con los xifosuros (que aún viven, llamados cacerolas de las Molucas) y con… los escorpiones. Pero no eran escorpiones. A una cosa de cien kilos armada de pinchos no le hacen falta aguijones venenosos, probablemente.

The oldest described eurypterid: a giant Middle Ordovician (Darriwilian) megalograptid from the Winneshiek Lagerstätte of Iowa, en BMC Evolutionary Biology

Visto en SINC

  • hay que ver cómo resuenan estos nombres: megalográptido, gigantostráceo… Pentecopterus hace referencia a un tipo de nave de combate griega, el pentecóntera, que tenía un perfil similar.
Vuelve el Brontosaurio

Vuelve el Brontosaurio

Brontosaurio¿Quién no recuerda de su infancia al enorme brontosaurio, ese saurópodo de larga cola y cuello e inmensas chuletas, favoritas de Pedro Picapiedra? Este dinosaurio jurásico – durante mucho tiempo el animal terrestre más grande conocido- era de los más populares hace treinta o cuarenta años, junto con el triceratops y el tiranosaurio, estos últimos algo más jóvenes (del Cretácico).

Actualmente, hay tantas especies curiosas y bien conocidas que el tema de los favoritos se ha diluido un poco; pero el brontosaurio fue de los primeros gigantes desenterrados por los científicos. Precisamente hubo un triste conflicto por la fama, la “batalla de los huesos” entre dos paleontólogos americanos del siglo XIX, Richard Owen y Othniel Charles Marsh. A mediados de ese siglo, el descubrimiento de la riqueza fosilífera en América del Norte había disparado las excavaciones y el tráfico de piezas.

Othniel Charles MarshMarsh, estudiante de Yale y heredero de un patrimonio millonario (de un tal Peabody, familia de la cual en el futuro surgiría la banca J.P. Morgan), se dedicaba al estudio de los fósiles con la implacable determinación de un financiero. Fue el primer catedrático de paleontología de USA y el fundador del Museo Peabody de Ciencias Naturales cuyos fondos enriqueció con su fortuna, comprando por toneladas en yacimientos de Europa y Norteamérica. Tenía amistades por todos sitios, desde Buffalo Bill, la Union Pacific Railway y los militares, hasta los indios sioux (que al principio lo odiaban precisamente por sus otras amistades, pero al final lo reconocieron como aliado llamándolo el wiscasa-pahu-huhu, “hombre que desentierra huesos”). (más…)