El Monstruo de Tully: el horror ya tiene forma

El Monstruo de Tully: el horror ya tiene forma

Hace ya bastante tiempo comenté algo sobre esta pieza de mi museo particular:

Un Tullymonstrum en casa

En este nódulo de sedimentos del período Carbonífero se ve la huella dejada por un enigmático organismo, el Monstruo de Tully (Tullimonstrum gregarium). Toda su genealogía era incierta, y sólo se sabe que el animal -del tamaño y aspecto de una sanguijuela- nadaba por las charcas y pantanos de los bosques de hace 350 millones de años en busca de presas. En ejemplares mejor conservados, se detectaron rastros de una proboscis y dos apéndices, así que su forma era como el cuerpo de un calamar, pero en lugar de tentáculos tenía una larga trompa acabada en una pinza o mandíbula, y dos ojos colocados al estilo de los caracoles de tierra. Exótico. Casi cualquier teoría encajaba: para mí, podía ser un superviviente de la fauna misteriosa del Cámbrico de Burgess Shale. Para otros era un gusano nemertino, un poliqueto, un conodonto, un gasterópodo exótico… un análisis reciente de más de 1200 ejemplares, algunos muy bien conservados, han llegado a otra conclusión: era un vertebrado, o al menos, miembro del phylum Chordata -son los animales que tenemos espina dorsal, una cadena de nervios a lo largo de todo el cuerpo.

Diagrama del Monstruo de TullyEn el análisis se confirma la existencia de un notocordio (eso, una espina dorsal) un rudimentario cerebro de tres lóbulos, el cuerpo segmentado en miómeros (son esas lonchitas musculares en que se separan los filetes de merluza, por ejemplo) y aperturas branquiales. Con esto, no sólo es un cordado, sino que se trata de un pez, emparentado posiblemente con las lampreas y peces bruja; que si bien no son tan raros como los monstruos del Cámbrico, sí son bastante asquerosos y terroríficos a su manera. Las lampreas parecen sanguijuelas y como tal se alimentan, usando su boca redonda llena de dientes -no tienen mandíbula- para raspar la carne y chupar la sangre de sus víctimas. Los mixines o peces bruja son como gordos gusanos cubiertos de un moco lechoso de singulares propiedades con el que sofocan a sus presas mientras las penetran y devoran por dentro (generalmente prefieren cadáveres, pero no tienen problemas en atacar peces o cetáceos vivos). Dotados de un solo testículo, éste derrama su contenido en el interior del mixin y los espermatozoides lo van atravesando hasta encontrar la salida por el, eh, orificio digestivo. Vamos, que son raros-raros.

Lo que aún no sabemos es cómo vivía el Tullimonstrum ni el por qué de estas extrañas adaptaciones: tal vez usaba esa trompa para escarbar el barro y las raíces sumergidas en busca de presas, o era algo más al estilo de la lengua del camaleón? Quién sabe, tal vez algún día un fósil excepcional arroje luz sobre el asunto.

Monstruo de Tully

The ‘Tully monster’ is a vertebrate, en Nature.

Tal vez nunca convivimos con un Hobbit

Tal vez nunca convivimos con un Hobbit

Esqueleto del Homo floresiensis o "Hobbit"El Homo floresiensis -apodado Hobbit por su tamaño pigmeo, un metro de altura y unos 25 kg, de peso estimado, además de sus grandes cuencas oculares que recuerdan a Elijah Woods- es uno de nuestros primos extintos, posible descendiente de Homo erectus adaptado a la vida en un entorno aislado (Isla de Flores, Indonesia). Es sabido que muchas especies reducen su tamaño para adaptarse a estos entornos isleños, de hecho en la misma Flores existía un elefante enano (Stegodon). Curiosamente, el hobbit tenía una industria lítica muy avanzada, con herramientas comparables a las de Homo sapiens… con un cerebro de 300cc, que es más o menos el de un chimpancé.

Lo singular de estos hobbits es que según se habían datado los restos (fósiles e instrumentos de piedra) se indicaba que tenían unos 12.000 años, con lo cual su extinción habría ocurrido en una fecha posterior. Como ha habido humanos en Flores desde hace hace al menos 35.000 años (tal vez más) significaba que había habido una coexistencia, ya sea pacífica o en paralelo: una tribu oculta de homininos pigmeos viviendo a espaldas de sus parientes, como los Pitufos. Esto volvió relevantes ciertas leyendas antiguas sobre seres del bosque, como los Ebu Gogo.

EbuGogoLos Nage de Flores describen al Ebu Gogo (traducido: Abuela Glotona) como buenos caminantes y rápidos corredores de alrededor 1,5 m de alto. Según se dice tienen narices anchas y planas, caras anchas con bocas grandes y cuerpos peludos. Las hembras tienen “largos pechos colgantes”. Se dice que murmuran en lo que parece ser su propio lenguaje y del mismo modo pueden repetir lo que se les dice como si fueran un loro. Fueron exterminados por los nativos hacia el siglo XVIII por su costumbre de robar comida y niños (estamos hablando, obviamente, de folklore).

Esto llevaría a pensar en la hipótesis más común de la criptozoología para explicar tradiciones o encuentros con seres antropomorfos: la remanencia de especies no humanas, casi siempre de aspecto simiesco (el Orang Pendek en Sumatra, el Yeti o Mi-Go del Himalaya, el Sasquatch de los bosques norteamericanos) que han sobrevivido, ocultas y de modo vestigial, durante miles de años después de que el conjunto de su especie se haya extinguido.

Pero una nueva lectura de los datos estratigráficos indica que hubo un error: capas más modernas se mezclaron con los restos confundiendo la datación. Como los restos eran demasiado preciosos para usarlos en una datación por radiocarbono, se usaron en su lugar tizones de hoguera que estaban al lado. Pero estos carbones (que sí tenían 11-000 años) eran mucho más modernos: ahora se estima que la edad del yacimiento de Liang Bua va entre los 100.000 y 60.000 años. El contacto con humanos que llegaran posteriormente -ya que los restos de Liang Bua pudieron ser muy anteriores a la extinción de los hobbits- queda, por lo tanto, en la duda.

Revised stratigraphy and chronology for Homo floresiensis at Liang Bua in Indonesia, en Nature

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El color de una serpiente fósil

Serpiente de Libros (Teruel)Una serpiente fosilizada de Libros (Teruel, España) conserva las estructuras pigmentarias de la piel y, aunque no tiene color, permite a los científicos averiguar su auténtico aspecto. Algo similar ocurrió hace poco con las plumas de aves halladas en Darmstadt y Liaoning, con una calidad excepcional, donde se podían reconocer los cromatóforos por su forma.

Durante el Mioceno (hace unos diez millones de años) había en esta zona de Teruel unas fuentes termosulfurosas similares a géiseres. Periódicamente brotaba agua a gran temperatura con gases sulfurosos diluidos, y al enfriarse en el exterior el azufre se depositaba, formando el agua charcas y lagunas. Allí vivían ranas, salamandras, serpientes y otros organismos que eran exterminados cada vez que el géiser brotaba, depositándose en el fondo cubiertos rápidamente con azufre. La fermentación anaerobia produjo pizarras bituminosas que es lo que se encuentra actualmente en este lagerstätte, famoso por sus ranas fósiles (Rana pueyoi) de calidad excepcional. La minería de azufre se remonta a tiempos antiguos, pero su consideración como yacimiento paleontológico tiene unos cien años.

Esquema de cromatóforos de la serpiente de TeruelLa serpiente que nos ocupa -que es parte del fondo de la Fundación Dinópolis– ha sido analizada por un equipo dirigido por la investigadora Maria McNamara (University College Cork, Irlanda) descubriendo que la peculiar fosilización del ejemplar en fosfato de calcio -cuyos cristales, que serán los “píxeles” del fósil, son extremadamente pequeños- ha conservado detalles ultrafinos de la estructura celular, incluyendo los cromatóforos, que son los orgánulos que se encargan de colorear los tejidos (en este caso la piel).

Ahora bien, la fosilización implica la sustitución de todo el material orgánico original por un mineral, con lo cual los colores originales se han perdido; pero como estor cromatóforos tienen una forma específica para cada color, y esa forma sí se ha conservado, podemos compararla con los de serpientes actuales y saber cómo era. Sí, no era nada original: tonos verde parduzcos por encima y amarillito claro en la panza. Pero este ejemplar, junto con los pequeños dinosaurios y aves que mencionamos al principio, ya forma parte de los datos comprobables que tenemos a la hora de reproducir un organismo del pasado hasta sus mínimos detalles.

Visto en SINC y otros

Publicación en cell.com

Un paseo por las minas de azufre de Libros

La mantis más antigua, conservada en ámbar

Aragonimantis aenigma © DinópolisEl afortunado hallazgo de un ejemplar de mantis religiosa empotrada en un trozo de ámbar proveniente del Cretácico de Teruel (España) nos muestra cómo eran los primeros ejemplares de estos depredadores. Con 105 millones de años, Aragonimantis aenigma es también el primer fósil de mantis hallado en España.

La mantis -o santateresa, tatadiós, mamboretá y otros nombres pintorescos- es un insecto de refinado diseño. Dispone de un oído en el tórax, una cabeza que rota libremente 180º, y unas garras prensiles en el primer par de patas que son formidables armas para apresar y despedazar a sus presas. Pero no es nuevo: pertenece al antiguo grupo Dictyoptera, emparentadas con las cucarachas y las termitas. Y de hecho Aragonimantis se parece bastante a una cucaracha, grupo del que se separaron en el Jurásico, aunque dispone de las características garras de presa con espinas. Todo lo que queda del ejemplar es la parte delantera, que permite distinguir estos caracteres y también que se trataba de una ninfa (subadulto).

Las mantis son insectos de distribución mundial, pero este ejemplar conecta con otro más reciente de Burma y un fósil de Mongolia 35 millones de años más moderno. No son muchas pistas -no es fácil encontrar restos de un depredador tan frágil- pero esta parece ser la abuela de todas ellas.

Visto en SINC.

Huellas de los primeros catalanes!

Huellas de temnospóndilosUn descubrimiento en el Valle de Manyanet (Lleida) nos revela unas interesantes huellas de vertebrados del período Pérmico, hace 300-250 millones de años, cuando Cataluña no sólo estaba bien pegada a la península ibérica sino al resto de Europa occidental, que era un bloquecito del supercontinente Pangea.

Este supercontinente daba más problemas climáticos que todos los que pueda crear nuestra especie: al bloquear las corrientes oceánicas, las diferencias de temperatura y aridez eran salvajes. En la época de la que proceden estas huellas, todavía estaba cercana la era glacial que acabó con las selvas del Carbonífero; pero el calentamiento estaba provocando un clima continental extremadamente árido. (más…)

Bunostega, el animal más antiguo que iba a cuatro patas

Bunostega, el animal más antiguo que iba a cuatro patas

Bunostegos akokanensisA veces los nombres clásicos son injustos: de los animales que llamamos reptiles, pocos son los que reptan. Quita los ofidios y las lagartijas más vagas, y la mayoría levanta su panza del suelo considerablemente; por no hablar de los extintos, como los dinosaurios y algunos arcosaurios bípedos. Lo que ocurre es que la disposición de sus miembros es en muchos casos primitiva: los brazos y piernas salen perpendiculares al cuerpo, y los codos articulan hacia abajo. Un ejemplo de esta postura transversal es este bello fósil de una forma transicional entre los anfibios y reptiles, Seymouria baylorensis del Pérmico inferior:

Seymouria baylorensis

¿Cuándo dimos el paso a tener nuestros codos y rodillas pegados al cuerpo, fémures y húmeros paralelos a la columna vertebral, y sobacos propiamente dichos? Al principio el esqueleto permitía una articulación libre, pero la evolución fue limitando la movilidad a favor de una eficiencia motriz superior. Los primates aún podemos mover los brazos para todos lados, pero un caballo es incapaz de poner las patas en cruz o abrirse de piernas como Van Damme. (más…)