Dientes y escamas

Lepisosteus con sus dientesNuestros órganos tienen orígenes extraños. Un estudio científico sobre la ganoína, sustancia que conforma las escamas de muchos peces primitivos o extintos, sugiere que nuestros dientes podrían tener su origen en estas estructuras.

Teniendo en cuenta que la propia mandíbula (y el oído interno) tienen su origen en dos arcos branquiales de los peces, no resulta extraño. De hecho, cualquiera que haya visto un tiburón suficientemente cerca podría apreciar que las escamas ganchudas que forman su piel rasposa son como miniaturas de los dientes que crecen en las mandíbulas. Sin embargo, lo que parece indicar el estudio publicado en Nature de este equipo sueco-chino es que el esmalte dental procede de este compuesto. (más…)

Un euriptérido primitivo: Pentecopterus

Un euriptérido primitivo: Pentecopterus

Pentecopterus decorahensisEl descubrimiento de un nuevo escorpión marino, más antiguo de lo que se pensaba, ha cambiado un poco los planteamientos sobre la vida pasada: suele pasar cuando se encuentra un depredador especializado donde no debía haberlo. Y los escorpiones marinos eran magníficos depredadores, los liopleurodones o tiburones blancos de su época.

La vida en la Tierra ha evolucionado a tirones. Hubo un tiempo en que la biología estuvo en un impasse: largos millones de años sin aparecer ningún modelo nuevo, los mares poblados por criaturas blanditas y acolchadas similares a corales o medusas, pero cuya afinidad real con cualquier forma viva actual desconocemos. Después de este período -el último del Precámbrico, llamado Ediacárico– vino la explosión Cámbrica: hasta cincuenta phyla animales surgieron, se diversificaron y poblaron los mares en menos de sesenta millones de años. Es posible que esta “explosión” se deba más a que los animales empezaron a desarrollar cáscaras y por ello a conservarse en el registro fósil. Hacia el final de esta época, un enfriamiento global y la reducción del oxígeno disuelto en los mares provocó una extinción masiva, que conduciría al siguiente período: el Ordovícico. Que tuvo también su explosión de vida, como corresponde a una época en la que los organismos se vuelven a acomodar tras una crisis. Aparecieron algunas formas de vida más complejas, como los ortoconos (similares a calamares con concha), nautilus y caracoles, y los primeros arrecifes de coral. Los trilobites empezaron a fabricar espinas y protecciones, lo que indica que se defendían de algo. Y los escorpiones marinos.

PentecopterusLos euriptéridos o gigantostráceos realmente tenían poco de escorpiones: eran artrópodos acuáticos cuya parte trasera se estrechaba en forma de aguja, recordando de alguna manera a la cola de un escorpión, pero realmente servía para nadar. Una serie de apéndices variados les servían para arrastrarse, navegar y aferrar cosas, y muy probablemente fueron de los primeros seres vivos en aventurarse en la superficie, junto con caracolillos y trilobites. Recordemos que en el Ordovícico no teníamos una atmósfera con bastante oxígeno, y la Tierra era un entorno árido y letal fuera del agua.

Conocidos desde mediados del Ordovícico, hay más de 300 especies catalogadas en el registro fósil, la más grande (Jaekelopterus rhenaniaecon 2,5 metros y unos 180 kg. de peso. Estos bicharracos dominaron los mares hasta la época de los dinosaurios, y condicionaron probablemente la evolución de muchos vertebrados y sus ganas de salir a tierra firme, para librarse de ellos.

La nueva especie -descubierta en los esquistos arenosos del fondo de un cráter meteorítico en Iowa (USA)- se denomina Pentecopterus decorahensis y es un megalográptido* de metro ochenta acorazado y dotado de garras prensiles, muy bien conservadas debido a que el cadáver se depositó en el fondo del cráter a una profundidad en que la falta de oxígeno lo conservó libre de actividad microbiana o de carroñeros. Lo normal es encontrar fósiles de mudas o piezas sueltas, pero aquí se pueden apreciar detalles estructurales como los pelitos de las patas. Este nuevo descubrimiento, que retrae la aparición de euriptéridos de tamaño considerable diez millones de años, nos está diciendo que la fauna de la época estaba bastante bien desarrollada como para tolerar semejante depredador.

Por cierto, ¿con qué estaban emparentados los euriptéridos? Como quelicerados que eran, muy probablemente con los xifosuros (que aún viven, llamados cacerolas de las Molucas) y con… los escorpiones. Pero no eran escorpiones. A una cosa de cien kilos armada de pinchos no le hacen falta aguijones venenosos, probablemente.

The oldest described eurypterid: a giant Middle Ordovician (Darriwilian) megalograptid from the Winneshiek Lagerstätte of Iowa, en BMC Evolutionary Biology

Visto en SINC

  • hay que ver cómo resuenan estos nombres: megalográptido, gigantostráceo… Pentecopterus hace referencia a un tipo de nave de combate griega, el pentecóntera, que tenía un perfil similar.
Vuelve el Brontosaurio

Vuelve el Brontosaurio

Brontosaurio¿Quién no recuerda de su infancia al enorme brontosaurio, ese saurópodo de larga cola y cuello e inmensas chuletas, favoritas de Pedro Picapiedra? Este dinosaurio jurásico – durante mucho tiempo el animal terrestre más grande conocido- era de los más populares hace treinta o cuarenta años, junto con el triceratops y el tiranosaurio, estos últimos algo más jóvenes (del Cretácico).

Actualmente, hay tantas especies curiosas y bien conocidas que el tema de los favoritos se ha diluido un poco; pero el brontosaurio fue de los primeros gigantes desenterrados por los científicos. Precisamente hubo un triste conflicto por la fama, la “batalla de los huesos” entre dos paleontólogos americanos del siglo XIX, Richard Owen y Othniel Charles Marsh. A mediados de ese siglo, el descubrimiento de la riqueza fosilífera en América del Norte había disparado las excavaciones y el tráfico de piezas.

Othniel Charles MarshMarsh, estudiante de Yale y heredero de un patrimonio millonario (de un tal Peabody, familia de la cual en el futuro surgiría la banca J.P. Morgan), se dedicaba al estudio de los fósiles con la implacable determinación de un financiero. Fue el primer catedrático de paleontología de USA y el fundador del Museo Peabody de Ciencias Naturales cuyos fondos enriqueció con su fortuna, comprando por toneladas en yacimientos de Europa y Norteamérica. Tenía amistades por todos sitios, desde Buffalo Bill, la Union Pacific Railway y los militares, hasta los indios sioux (que al principio lo odiaban precisamente por sus otras amistades, pero al final lo reconocieron como aliado llamándolo el wiscasa-pahu-huhu, “hombre que desentierra huesos”). (más…)

…y el Deinocheirus ya tiene cuerpo!

…y el Deinocheirus ya tiene cuerpo!

Deinocheirus mirificus. ilustración © Michael Skrepnick / NatGeo Deinocheirus mirificus, un misterioso fósil del Cretácico de Mongolia cuyos únicos restos eran un par de zarpas gigantescas, ya tiene cara y cuerpo…y es muy rarito.

En mayo de este año se anunciaba (en este blog sin ir más lejos) que gracias a la recuperación de los restos robados de la excavación original -una movida con tintes policiales- y algunos nuevos fósiles, se podría reconstruir el holotipo de Deinocheirus, aunque ya se avanzaba que tenía un aspecto algo estrafalario. Pues estos análisis han concluido y la reconstrucción final no se parece a lo que todos deseábamos, es decir, un velociraptor del tamaño de un Tyrannosaurus (en proporción a las manos armadas de potentes garras del fósil original).

No, realmente La Garra Terrible era un ornitomímido, emparentado con los Gallimimus que salen en estampida en Jurassic Park. Pero la cabeza se parece más a la de un dinosaurio de pico de pato cruzado con iguanodonte; tenía una cresta dorsal carnosa parecida a la de Spinosaurus y unas piernecitas ridículas acabadas en patas acolchadas.

Esqueletos parciales de Deinocheirus. © Nature

 

Es posible que el animal, de andares torpes, se moviera entre pantanos y riachuelos (de ahí los dedos ensanchados de las patas) y su tamaño y potentes garras sirvieran para defenderse de los depredadores. De todas maneras, poco queda del monstruo perfecto que todos soñábamos en esta criatura de aspecto algo ridículo al que las reconstrucciones -que le ponen mechones de plumas en la cabeza y la cola- no favorecen mucho. Aunque la ridiculez es relativa; un pavo de la altura una casa de dos plantas y con unas uñas capaces de pinzar tu cabeza como si fuera una uva merece también un respeto.

Artículo en Nature.

Mamíferos del Jurásico

Xianshou songae, un mamífero jurásico parecido a una ardilla (imagen: Zhao Chuang)Es curioso ver cómo algunos conceptos de la ciencia popular se retrotraen a los conocimientos oficiales de hace cincuenta años. Por ejemplo, cuando se habla de aves y mamíferos, la creencia popular es que aparecieron después de la extinción de los dinosaurios en el Cretácico; o que su existencia previa era la de unas criaturas diminutas y retraídas dominadas por los reptiles gigantes. Esta imagen ha cambiado notablemente en cuanto a las aves, y ya vemos pájaros volando en torno a los dinosaurios y no sólo un maltrecho Archaeopteryx escondido en una rama.

Pero la idea de mamíferos más desarrollados que un ratoncito escarbando junto al nido de un Coelophysis o un Iguanodon resulta extraña; y sin embargo sabemos desde hace mucho que hubo abundancia de ellos en el Jurásico (los pantoterios, ahora clasificados en distintos grupos) e incluso en el Triásico (Morganucodon, con aspecto de musaraña) lo cual remonta la estirpe mamífera a 230 millones de años atrás, casi al mismo tiempo que los primeros arcosaurios -origen de dinosaurios, cocodrilos y pterosaurios. No conocemos fósiles transicionales entre los reptiles mamiferoides del Pérmico y estos animales, pero ya aparecerán.

Estos nuevos fósiles procedentes del Jurásico de China nos replantean el desarrollo y modo de vida de los mamíferos que convivieron con los dinosaurios: Xianshou songae, una de las tres especies descritas, era un haramíyido arborícola similar a una ardilla con una larga cola con una morfología bien adaptada a su medio. Estos esqueletos completos y bien conservados nos hablan de unos animales que habían evolucionado rápido y que ya ocupaban varios nichos ecológicos diversificados en los bosques jurásicos hace 160 millones de años.

Three new Jurassic euharamiyidan species reinforce early divergence of mammals, en Nature
Noticia en National Geographic.

El Spinosaurus era acuático

El Spinosaurus era acuático

Spinosaurus, reconstrucción clásicaSpinosaurus aegyptiacus es un dinosaurio del Cretácico del norte de África conocido desde principios del siglo XX, aunque las descripciones están basadas en esqueletos parciales. Pudo ser el más grande de los terópodos, y en Jurassic Park III aparecía como el “malo” de la película venciendo en su propio terreno a un T. rex. Por supuesto, en esta producción se contaba con datos del momento y el espinosaurio se veía como un animal terrestre bípedo.

Spinosaurus, holotipoPor la complexión de su cráneo, sin embargo -similar a la cabeza de un cocodrilo, con un hocico estrecho y retorcido con dientes sobresalientes- se supuso que debía tener una dieta de peces; otro rasgo singular consiste en las larga apófisis vertebrales que constituyen el soporte de una hipotética “vela” membranosa, o tal vez una giba. Pero para darnos una idea de lo hipotético de todo esto, la reconstrucción del animal se basa en escasísimos restos: el hocico, unas falanges del pie, varias vértebras. Incluso las reconstrucciones de esqueletos que se ven en algunos museos son puramente especulativas. Lo cierto es que es una cosa muy común en fósiles de vertebrados: hace poco hablábamos del misterioso Deinocheirus, del que sólo se conocían sus garras delanteras.

Nizar Ibrahim y su equipo de la Universidad de Chicago han estado trabajando sobre los ricos terrenos fosilíferos conocidos como lechos Kem Kem -en el Sahara marroquí- y consiguieron recoger muchas más piezas del esqueleto, sobre todo de las extremidades. Las nuevas reconstrucciones ajustadas nos presentan a una criatura menos parecida a un terópodo “clásico” y más a un cocodrilo: patas traseras más pequeñas, posición cuadrúpeda, cuerpo alargado y serpentiforme. Según estos datos, el espinosaurio sería un animal de vida casi totalmente acuática, con una columna vertebral adaptada a la captura de presas bajo el agua. Y anatómicamente sería casi imposible que se desplazara en tierra de forma bípeda.

spinosaurus_esqueletoLos huesos de las cortas patas traseras no son huecos, sino macizos, permitiendo equilibrar el peso bajo el agua. Los orificios nasales están en una posición elevada, como también corresponde casi siempre a una adaptación acuática. Aunque no hay pruebas de ello, es muy posible que el espinosaurio predara sobre la fauna de peces pulmonados y tiburones de río que habitaban el ecosistema palustre de pantanos y manglares que constituía el Sahara hace cien millones de años.

Visto en New Scientist.