Oda al perrito

Vaya, acabo de descubrir que el sándwich de salchicha, perrito caliente, pancho, cachorro quente, hot dog, shuko, dogo, chori, frikandel o también fanflute… es decir la rica salchicha en pan de viena de toda la vida, que es mi comida favorita desde siempre, me lleva exactamente cien años. Se supone que el invento (no la salchicha sola ni el pan) proviene de un carnicero alemán que empezó a venderlos en las playas de Coney Island en 1867. Qué cosa más rica, con su mostaza fuerte y nada más, aunque se admite cebolla frita, repollo, ketchup, mozzarella, y un largo etcétera…

Cuando tenía cuatro años y embarqué en mi primer avión –uno de estos-, en aquellos tiempos se decía que pulsabas el timbre y una azafata con gorro gracioso te traía de comer lo que quisieras. Yo mantuve durante días la fantasía de que iba a pedir perritos, patatas fritas y café (me encanta el café). Llevo más vuelos de los que podría haber soñado en aquella época y aún no he conseguido que me pongan una comida soñada como esa!

(a propósito de este post de perritos fálicos, visto en BoingBoing)

Carne sintética

Reconozco que soy un carnívoro acérrimo; el primer alimento sólido que me dieron fue carne y pan mojado en sangre (la que escurre de esos bistecs poco hechos, ummm) pero al mismo tiempo detesto la violencia y la muerte. El saber que vivir te obliga a consumir la vida de miles de animales y plantas es una de las lacras de ser orgánico. Así que además de asesinos tenemos que ser hipócritas: comprar los conejos y las vacas ya muertas, pedir perdón al hermano búfalo después de cazarlo, o señalar con el dedo a los comedores de animales mientras masticas la vida de docenas de semillas y tiernas plantitas (lo siento, pero para mí la falta de inteligencia, consciencia u ojillos brillantes no es excusa; acabar con un puerro mientras perdonas a un pollo es puro racismo).

En la ciencia ficción, la solución a este dilema ético suele venir de las pastillas o de los replicadores de comida, sistemas que en su origen eran puras excusas -una máquina que almacenaría codificada la estructura atómica de objetos complejos y sería capaz de reconstituirla a partir de materia bruta elemental- pero ahora cada vez parece más viable con nuestra acelerada tecnología.

En un relato clásico de cuyo nombre no me acuerdo había una fábrica con lo que llamaban “La Gallina“. La Gallina era un monstruoso cultivo de carne de pollo alimentado con un sistema venoso de tuberías y lagos de caldo, un bulto amorfo que emitía ramificaciones y pseudópodos de carne estimulados eléctricamente. Estos brotes eran podados por obreros equipados con cuchillas, de donde salían hermosos filetes de carne firme y homogénea, ni muslo ni pechuga. ¡Era un trabajo molesto y apestoso! (más…)

Corned Beef

El corned beef es un alimento que me encanta desde pequeño. Consiste en una carne picada enlatada, muy salada y con bastante grasa y gelatina, que se come tal cual sale de la lata en rebanadas o trocitos. Es ideal para excursiones y campamentos, porque no hace falta prepararla ni calentarla; y su sabor… personalmente lo considero adictivo, como las patatas fritas o las pipas de girasol (también altamente saladas; puede que tenga adicción al NaCl). Sólo conocía dos presentaciones del corned beef: La marca Hereford -de Argentina- y una presentación idéntica en latas sin etiquetar, que se comercializó como excedente de suministros durante la Guerra de las Malvinas. Esta marca se encuentra en los supermercados de Argentina, Uruguay, Brasil y ahora en España.

Por supuesto, hay muchas más. Es un producto inglés, como el spam, y su forma moderna se remonta al siglo XVIII: carne de buey picada, tratada en salmuera y luego hervida en vinagre a fuego lento, que se enlata con el añadido de nitrato potásico para mantener el color rosa de la carne. Viajaba en los transportes de esclavos y los barcos corsarios; lo comieron las tropas de Napoleón y las tripulaciones exploradoras de Cook, Malaspina o Mackenzie; acompañó a viajeros a las junglas de Asia, América y África, al desierto y a ambos polos; fue producto apreciado en las dos guerras mundiales, y -algo que no sabía- en aquellos tiempos el principal productor de latas era la región de Fray Bentos, en Uruguay.

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Paté de Transilvania!

Esta tarde he encontrado este paté de pollo en el super. ¡Viene de Rumania! Tenía que probarlo.

El rumano es un lenguaje curioso, con una sonoridad que casi parece castellano por momentos. Es una lengua romance, o sea, basada en el latín vulgar, con toques de la lengua dacia y alguna influencia turca. Así, por ejemplo, este rótulo podría interpretarse engañosamente como “castígate con un bocata de Ardeal” (el paté es marca Ardealul). Pero no. La traducción correcta es: “Gana un trozo de Transilvania“. Efectivamente, Ardeal significa en rumano lo mismo que Erdély en húngaro o Siebenbürgen en alemán: Transilvania, esa hermosa tierra de bosques rodeada por los Cárpatos.

¿Quieres spam? toma MOR

He aquí -promocionado George Rector, un tipo igualito al señor Scott– otro producto de carne reciclada similar al famoso SPAM: Carne MOR!

La verdad es que a mí me encanta el corned beef, pero el MOR parece más tierno y jugoso. ¿Creíais que las comidas artificiales eran cosa moderna?