Neandertales: herboristas refinados o gourmets asquerosos?

Neandertales: herboristas refinados o gourmets asquerosos?

neandertalCada vez tenemos más claro que el Homo neanderthalensis era un ser refinado capaz de crear arte, imaginar una religión o al menos un concepto del más allá, vestirse y adornarse. Lejos está el concepto de cavernícola brutal, caníbal armado con un garrote que rondaba las reconstrucciones científicas hasta hace no muchos años (en gran parte debido a lo diferente de su anatomía, robusta pero interpretada por nosotros como más afín a un simio).

Los últimos análisis sobre el sarro de los dientes del yacimiento de El Sidrón (Asturias) realizados por Karen Hardy y un equipo de investigadores españoles, británicos y australianos aportaban una información extra sobre sus hábitos alimentarios: en los cinco individuos analizados había trazas moleculares de verduras, almidones y frutos secos, y uno de ellos había ingerido aquilea y manzanilla (desde 2009 sabemos que H. neanderthalensis disponía del gen que permite distinguir el amargor de un alimento). También restos de humo y otras pruebas de cocción. Es decir, que cocinaban hierbas y legumbres, y probablemente hacía infusiones curativas: el sabor de las hierbas medicinales y su escaso valor alimenticio hacen difícil creer que las comía por gusto. Una sofisticación culinaria impensable en lo que se creía una especie básicamente carnívora y cazadora, que sucumbió por falta de presas.

Pero como para cada teoría hay una contraria, un grupo de investigadores del Museo de Historia Natural de Londres han propuesto una alternativa. Su sugerencia no deja de ser interesante. (más…)

La extraña ciencia del doctor Henry Cotton

skullCuando se trata de la dicotomía entre “fe” y “ciencia” (entiéndase Ciencia como las disciplinas académicas actualmente reconocidas, y “Fe” como aquello que requiere una actitud personal más que pruebas palpables: Dios, OVNIs, vida después de la muerte, etc) tanto el bando estricto como el creyente suelen estar de acuerdo en una cosa: el método científico es actualmente la única forma racional que tenemos de desmantelar, analizar y entender la realidad. Lo que no descarta que tal vez haya otras formas -no racionales- de percibir y adquirir conocimientos; pero en la práctica del día a día, la ciencia funciona.

El problema es cuando malinterpretamos, o directamente aplicamos el método científico de forma errónea. A veces es peor una verdad a medias… hay múltiples ejemplos de esto asociados no sólo al mundo de lo paranormal, sino también al de la ciencia estricta. El ser humano tiende a manipular los datos para adaptarlos a una idea previa que le gusta, y ahí mete la pata: recordemos el caso de las bacterias que usaban arsénico en lugar de fósforo, tan bonito como falso. O el caso del doctor Cotton, director del Hospital Estatal de Trenton (New Jersey, USA).

El buen doctor llevaba las riendas del antiguo Asilo de Lunáticos de Trenton, que es lo que era esta institución realmente. Estudió en Europa con Kraepelin y Alzheimer, y ya en USA con Meyer en el John Hopkins: unos tutores impresionantes en esta época que veía nacer prácticamente la moderna medicina (con antisépticos y vacunas) y la psiquiatría. De Meyer le quedaría la teoría que vinculaba las infecciones a algunos desórdenes mentales, en contraposición a las teorías psicológicas o las eugenésicas (que las asociaban respectivamente a traumas de la infancia o anomalías hereditarias). Estamos en los albores del siglo XX, cuando la desinfección del campo operatorio todavía era una novedad, y muchas enfermedades antes fatales y de origen desconocido (como la fiebre puerperal, pero también tuberculosis, cólera, difteria, o malaria) empezaban a desaparecer ante estas nuevas técnicas. La microbiología era un campo joven y lleno de promesas, como es hoy la genética. (más…)

Una prueba de canibalismo en las colonias de Nueva Inglaterra

JamestownLa vida fue dura en los primeros asentamientos de colonos ingleses en Norteamérica. El primero de todos, el fuerte de Jamestown, se levantó en la costa de Virginia junto al río James en 1607: 104 colonos venidos en tres barcos lo levantaron en cosa de un mes. Tierra fértil y un ambiente precioso (bosques, un río serpenteante, una península protegida donde levantar el asentamiento) parecía prometer felicidad a los colonos; pero no todo eran bondades. Los ataques de los indios vecinos powhatan, los passpegh y los españoles* eran esporádicos pero minaban la tranquilidad de la colonia. Los ingleses eran vistos como una molestia tolerable por los powhatan, y su tecnología superior era muy deseable. El secuestro, cuasi-ejecución y posterior “rescate” del colono John Smith por parte de su hija Pocahontas, parece haber sido una especie de ritual de admisión orquestado por el jefe Wahunsunacock para incluir la pequeña colonia inglesa dentro de su tribu, aislándolos de otras para evitar alianzas incómodas. También los ayudaron proveyéndoles de comida, aunque los “malentendidos” fueron continuos. Simplemente, la diplomacia de los indios algonquinos era muy diferente de la inglesa.

En el invierno de 1608 hubo un incendio en el almacén de grano y la consecuente escasez; Smith llegó a convertirse en presidente del consejo e implantó una política de austeridad y disciplina (su slogan era: “El que no trabaje, no comerá“) pero al año siguiente* hubo un ataque especialmente violento de los powhatan, y ese invierno 200 colonos murieron de hambre; los 60 supervivientes pasarían otro año muy malo, quedando la colonia reducida al 20% de la población original. Es en esta época cuando los historiadores planteaban la posibilidad de canibalismo en la colonia, basándose en los testimonios del gobernador Percy escritos en 1625; pero ahora, en las excavaciones del fuerte -hallado en 1994- se encontró un testimonio físico de lo que debió haber sido aquello: parte del esqueleto de una niña de 14 años, despedazada de manera torpe y cuyos huesos acabaron en un basurero. (más…)

Carnívoros eventuales

Un estudio recién publicado en Nature y dirigido por Roshan K. Vijendravarma de la Universidad de Lausanne (Suiza) sobre la adaptación de la popular mosquita de la fruta (Drosophila melanogaster) a los períodos de escasez de comida, ha aportado un dato sorprendente: las larvas de esta mosca, cuando falta comida, atacan y comen a sus congéneres. Atraídas sobre todo por ciertos químicos que desprenden las larvas heridas, aquellas que canibalizan obtienen un aporte extra de proteínas que les permite sobrevivir.

ColibríAparte del horror provocado por un concepto moral mal aplicado, lo que resulta interesante del caso es que unas moscas que comen fruta podrida de repente añadan carne a su dieta. ¿Pueden digerirla? ¿Es algo “natural”? Parece que sí, y no sólo en estas moscas. Aquí tenemos un caso que nadie se para a pensar: el colibrí o picaflor. Este diminuto pajarito, cuyas alas baten a un ritmo rapidísimo y se alimenta del néctar de las flores, es el paradigma del animal bueno, paradisíaco, que no haría daño a una mosca. Su metabolismo es tan acelerado que necesita repostar continuamente el néctar (rico en azúcares, prácticamente combustible directo) para no morir de hambre. El mecanismo es ingenioso: una especie de buche acumula el néctar y va soltando dosis precisas directamente al intestino, donde se asimila rápidamente. De noche, el pájaro reduce su metabolismo y temperatura corporal entrando en un “modo de bajo consumo” para poder dormir sin seguir comiendo. (más…)

Carnes misteriosas (actualización)

biltongSobre el tema del escándalo internacional desvelado tras los análisis de distintos productos a base de carne (que  muestran carnes de orígenes muy diferentes a las anunciadas) llega una nota exótica de Sudáfrica, donde ya les habían dicho que dos terceras partes de sus hamburguesas y salchichas contenían burro y búfalo cafre: también los han engañado con el biltong, una golosina tradicional que consiste en tiritas de carne secada al natural de ganado o caza, no muy diferente del beef jerky americano o de la cecina.

Normalmente está hecho de kudu (antílope) o cebra procedente de la caza legal o criados en granjas al aire libre. Los análisis han revelado que en realidad están hechos con animales de granja más prosaicos (cerdo, vaca, caballo) o canguro (?) jirafa o cebra de montaña (que es una especie protegida).

Cualquier día nos tocarán los jamones de Jabugo y ya será la débâcle.

Noticia en Reuters.

Carnes misteriosas

lasagnaHace un par de semanas los británicos descubrían horrorizados que la lasagna de cierta marca que no mencionaré y compraban como beef, es decir, carne de vaca, contenía en realidad caballo. El proveedor era de origen francés y se les habría colado un corcel o dos en la picadora. Más tarde se han seguido destapando engaños similares, el más sonado el de las albóndigas suecas de IKEA que también contienen la équida sustancia.

El engaño es sobre todo económico: más que un dilema moral (como ocurre con la carne de delfines y ballenas) se trata de que nos pasan un ganado que es de menor precio que otro. Pero hay otros casos menos ventilados que también tienen su miga. Conozcamos al atún blanco.

Dentro de los animales que nos comemos, hay una diferencia notable entre los terrestres y marinos: mientras que en tierra comemos básicamente herbívoros, las mejores piezas del mar consisten en depredadores de lo alto de la pirámide alimenticia. Atunes, meros, merluzas y demás son fieras máquinas de matar; es como si comiéramos tigres, lobos y águilas habitualmente. También son grandes y musculosos, lo cual se traduce en pescar menos para comer lo mismo: si un lobo tuviera la relación tamaño-presa que tiene el atún con la sardina, es probable que tampoco intentáramos cazarlo. Y otro problema que comparten atún y lobo es que su población es –tiene que ser- mucho menor que la de sus presas para mantener el equilibrio. Lo cual nos lleva al problema: se nos acaban los atunes. (más…)