Chemtrails (preview)

Chemtrails (preview)

Esta mañana volvía a casa cuando vi este rastro de un avión en el cielo:

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Lo cierto es que la foto no muestra gran cosa; pero el rastro era claramente diferente a lo habitual. En la parte alta la estela era blanca, pero más allá era de un gris negruzco. El cambio era brusco, sin transición. Para cuando saqué la cámara el rastro oscuro se había difuminado casi por completo y el blanco persistía. Tocando un poco el contraste de la imagen obtuve esto: (más…)

La estatuilla temblona

nebsenu-hry-n-tmA principios de este año apareció la noticia de una pequeña escultura egipcia que se exhibe en el museo de Manchester (Reino Unido) se movía sola. Aparentemente esta figura votiva -una donación hecha en 1933- apareció en varias ocasiones girada 180º con respecto a su posición original en la vitrina, estando las demás piezas intactas. Por supuesto la vitrina está cerrada y nadie la había tocado. Después de observar este extraño comportamiento repetidas veces, se decidió vigilar con más atención colocando una cámara de vigilancia apuntando a la vitrina. El resultado era incuestionable: la pieza se movía imperceptiblemente a lo largo del día, quedando girada siempre en la misma posición. El misterio quedó pendiente de explicación, y mientras tanto, los medios se cebaron con el enigma del verano: el fantasmagórico Ka de Nebsenu venía a darle la vuelta a su figura por razones desconocidas…

El Museo de Manchester alberga más de 16.000 piezas del antiguo Egipto y Sudán, siendo una de las colecciones más amplias sobre el tema en Inglaterra y el mundo. Esta estatuilla de esteatita es una ofrenda a Osiris de un tal Nebsenu, y su factura es la habitual en estos productos: la pieza se fabricaba en serie y sólo se grababa el texto al ser adquirida (no es, pues, un retrato del mencionado Nebsenu). La posibilidad de que un campo magnético estuviera reorientando la estatua era nula, ya que la esteatita o piedra jabón está compuesta de talco y por lo tanto no le influyen los campos magnéticos.

La teoría más plausible era que, ya que la base de la vitrina es rígida -vidrio- y la estatua también, un desequilibrio de la peana provocaría un movimiento si el conjunto era sometido a vibraciones, digamos, por el tráfico rodado o por las pisadas de los visitantes. Una pista era que el objeto sólo se movía durante el día (cuando hay tráfico). Esta teoría ha sido confirmada por el estudio que se realizó sobre la pieza y e entorno por el experto en vibraciones (!) Steve Gosling, que colocó sensores de movimiento de tres ejes -posiblemente un iPhone o similar- en la vitrina, que efectivamente vibraba. El análisis de la peana confirmó la existencia de un bulto convexo que actuaba como eje de giro al temblar la pieza.

Un desenlace previsible para algo que empezó en febrero y hasta hace poco era mencionado en los programas de misterio como un inquietante enigma.

 

Noticia en la BBC.

La extraña ciencia del doctor Henry Cotton

skullCuando se trata de la dicotomía entre “fe” y “ciencia” (entiéndase Ciencia como las disciplinas académicas actualmente reconocidas, y “Fe” como aquello que requiere una actitud personal más que pruebas palpables: Dios, OVNIs, vida después de la muerte, etc) tanto el bando estricto como el creyente suelen estar de acuerdo en una cosa: el método científico es actualmente la única forma racional que tenemos de desmantelar, analizar y entender la realidad. Lo que no descarta que tal vez haya otras formas -no racionales- de percibir y adquirir conocimientos; pero en la práctica del día a día, la ciencia funciona.

El problema es cuando malinterpretamos, o directamente aplicamos el método científico de forma errónea. A veces es peor una verdad a medias… hay múltiples ejemplos de esto asociados no sólo al mundo de lo paranormal, sino también al de la ciencia estricta. El ser humano tiende a manipular los datos para adaptarlos a una idea previa que le gusta, y ahí mete la pata: recordemos el caso de las bacterias que usaban arsénico en lugar de fósforo, tan bonito como falso. O el caso del doctor Cotton, director del Hospital Estatal de Trenton (New Jersey, USA).

El buen doctor llevaba las riendas del antiguo Asilo de Lunáticos de Trenton, que es lo que era esta institución realmente. Estudió en Europa con Kraepelin y Alzheimer, y ya en USA con Meyer en el John Hopkins: unos tutores impresionantes en esta época que veía nacer prácticamente la moderna medicina (con antisépticos y vacunas) y la psiquiatría. De Meyer le quedaría la teoría que vinculaba las infecciones a algunos desórdenes mentales, en contraposición a las teorías psicológicas o las eugenésicas (que las asociaban respectivamente a traumas de la infancia o anomalías hereditarias). Estamos en los albores del siglo XX, cuando la desinfección del campo operatorio todavía era una novedad, y muchas enfermedades antes fatales y de origen desconocido (como la fiebre puerperal, pero también tuberculosis, cólera, difteria, o malaria) empezaban a desaparecer ante estas nuevas técnicas. La microbiología era un campo joven y lleno de promesas, como es hoy la genética. (más…)

Tornasuk, II: el Omanek y la expedición perdida de Sir John Franklin

Dee-bookHabíamos quedado en las leyendas esquimales -posiblemente memorias milenarias de esta gente- que relataban la convivencia con un pueblo no muy diferente a ellos mismos, el cual acabó desapareciendo con tres posibles destinos: la extinción, las extensiones heladas del Polo Norte, o la región espiritual conocida como Qaumaneq: una especie de mundo paralelo del cual sólo los brujos pueden dar testimonio accediendo a él con el llamado “resplandor”.

Avancemos un poco en el tiempo. En la Inglaterra isabelina, el consejero imperial, mago y científico John Dee recomienda a su reina enviar expediciones a las regiones polares. La justificación de Dee era intentar demostrar la presencia de expediciones previas por parte del mismísimo Rey Arturo y así confirmar que todo el Norte de América, incluídas las regiones polares (y el propio paso del Noroeste hacia el océano Pacífico) eran parte legítima del Imperio Británico. Por supuesto, esta era la golosina para la Reina: seguramente Dee tenía otras motivaciones para acceder a estas regiones. Como él mismo escribe en sus Brytanici Imperii Limites (1578): “Great Mountains surrounded the North pole in which there were cities in King Arthur’s time.(más…)

Tornasuk, I: Los misteriosos gigantes del Norte

HairyManCuando hablamos de críptidos antropoides (teóricamente, ramas colaterales de homínidos que han coexistido con la humanidad medio a escondidas) los más populares son el Abominable Hombre de las Nieves, Yeti (menos conocido es el nombre tibetano, Mi-Go) y el Sasquatch o Pies-Grandes de los bosques de Norteamérica. No discutiremos aquí la realidad o leyenda de estos seres, ya que su existencia es posible -una especie-reliquia de gran tamaño pero inteligente puede perfectamente mantenerse en el anonimato en según qué regiones- pero las pruebas de que disponemos son en su mayor parte testimonios, relatos de segunda mano o peor, ingeniosos fraudes que tristemente hacen caer en el descrédito a la totalidad de la historia.

Pero sí hay que puntualizar que las leyendas de primos lejanos del hombre no se limitan a esos dos. Esta vez vamos a hablar de uno de ellos, perteneciente al folklore esquimal, que además tiene conexiones con eventos muy curiosos.

En el folklore americano hay muchos nombres para designar al Sasquatch: Witiko*, Omah, Tsiatko, Qah-lin-me… es posible que los diferentes relatos de los indios de Norteamérica se refieran a poblaciones de una misma especie, o a más de una? Las descripciones varían desde los seres huidizos y tímidos (que es la actualmente en boga en occidente) a gigantes caníbales tremendamente agresivos, que suelen ser las más frecuentes a medida que nos acercamos a las zonas polares.

Los esquimales o inuit también tienen sus historias de gigantes: los tunnit o tornit**, una raza más primitiva que coexistió en tiempos remotos con los inuit. (más…)

Peces primitivos, pareidolias y abdominales

De visita al museo del Hospital de la Santa Cruz en Toledo me encontré con este mosaico romano bien conservado, que en su parte central tiene un motivo de peces. Fijaos con atención (click en la foto para agrandar) en el que aparece a las 11, justo encima de la gamba (NO MIREIS EL CANGREJO DE ALIEN) :

mosaico

 

¿Qué pescado es ése? Pues para mí, un antiárquido muy conocido y común, el Bothriolepis. El problema es que los romanos no debieron conocerlo, porque este pez devónico se extinguió hace 360 millones de años. Hay que ver los juegos que hace la mente, eh?

Bothriolepis

 

La cola asimétrica, las amplias aletas delanteras, los “ojos”… ¿A qué no podéis dejar de verlo ahora? Pero, no. No creo que los romanos pescaran de esto, ni que -en caso de ver un fósil- lo identificaran como un pez. Más probablemente el dibujo represente un Torpedo ocellata, común en el Mediterráneo y bien conocido por romanos y griegos. Aunque el torpedo no tiene aletas y su cola es claramente simétrica y lobulada…

En fin. Un análisis del blindaje de algunos de esos peces primitivos (Placodermi) acaba de llegar a la conclusión de que fueron los primeros vertebrados en tener abdominales! Los peces comunes tienen los músculos distribuidos en bandas a lo largo del cuerpo (véase un filete de cualquier pescado) pero estos tenían unas bandas musculares nuevas, transversales, en el abdomen, que debieron servir en origen para sustentar el caparazón al nadar el animal. Al salir los vertebrados a tierra, servirían para sustentar los órganos ventrales en su sitio (de hecho siempre se creyó que los abdominales eran una creación de los tetrápodos de tierra firme) y millones de años después, servirían como reclamo sexual en algunos primates.

Fossil Musculature of the Most Primitive Jawed Vertebrates, en Science.