El Gusano gigante de Islandia

Después de poner aquí lo del Gusano Mongólico no puedo men0s que citar la noticia muy reciente del avistamiento en Islandia de Lagarfljótsormur, un críptido que viene del frío. Concretamente, del lago Lagarfljót en Egilsstaðir, Islandia.

El bicho en concreto no parte de una historia más o menos coherente de avistamientos, sino de una leyenda según la cual una niña, obsequiada con un anillo de oro, decidió hacerlo crecer colocando sobre él un pequeño dragón o gusano (!). Hecho esto, la niñita descubrió con horror que lo que crecía era el gusano y no el oro, con lo cual tiró el experimento al lago donde el bicho no paró de crecer. Al final, consiguieron hacer prisionero al dragón (o gusano) en el fondo del lago, donde aún está.

Lo que no impide que de cuando en cuando aparezca quien lo ha visto, como es el caso ahora que incluso lo han registrado en vídeo. La verdad es que lo que se ve podría ser una bolsa de plástico ondulando, o un dragón mitológico. El lago es de origen glaciar y muy limoso, con lo cual la visibilidad es escasa (al estilo del loch Ness) y la exploración es difícil.

Visto en Cryptoreports.

Extrañas sirenas

Desde hace algún tiempo están apareciendo noticias de unos extraños sonidos que se escuchan a cielo abierto en distintas regiones del mundo. Aparecen en grabaciones de vídeo hechas por aficionados desde Rusia hasta Canadá, sobre ciudades y bosques. Los sonidos no parecen tener un origen determinado y son todos más o menos similares, una especie de mugido entre cuerno y sirena de niebla extraño y estremecedor.

Esto es en Budapest; el siguiente es de España…

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Lluvia de bolas en Bournemouth

Ah, ahora sí me siento como un discípulo de Charles Fort, con sus noticias de lluvias extrañas. Según Steve Hornsby de Bournemouth, Dover (Gran Bretaña) una granizada desde un extraño cielo amarillento trajo consigo algo más que hielo: al salir a su jardín el jueves pasado después de la tormenta, se encontró con docenas de bolitas azules esparcidas por el jardín.

Las bolitas son gelatinosas, con una cubierta exterior algo más sólida; no huelen a nada, no se derriten ni son pegajosas. El señor Hornsby las guarda en el frigorífico a la espera de saber más. Un asistente de la Universidad local indica que podrían tratarse de “huevos de invertebrados marinos“. También podría tratarse de una granizada del sanitario de un avión, o bolas de poliacrilato (esas que se hinchan al echarles agua y sirven para floreros y decoración)

Actualización: según Josie Pegg, el asistente de la Universidad de Bournemouth, un análisis microscópico preliminar descarta la posibilidad de que sean de origen orgánico. O sea que será alguna de las otras dos; de todas formas el señor Hornsby no debió tocarlas con las manos como se ve en el vídeo de la BBC.

Visto en BBC News.

Vida en Venus

Suelo escuchar programas radiales de “misterios” que en conjunto son entretenidos y están muy bien, pero en ocasiones ocurre lo siguiente: los contertulios despliegan un tema que ya está más que descartado -algún caso OVNI, o mansión embrujada, u OOPArt cuya falsedad ha sido demostrada sin lugar a dudas- y lo tratan como si aún fuera un misterio. En otras ocasiones es una noticia reciente contada a medias, de la cual sólo se dice la parte espectacular -“Científicos descubren la manera de volar sólo con la fuerza de la voluntad!“- silenciando la parte realista -“durante 0,03 picosegundos en una cámara hiperbárica a 120ºC y comiendo peyote“-: cuando conoces las dos partes, se queda una profunda sensación de… mmm… aburrimiento? vergüenza? no sé. Así que he pensado en un experimento. Aquí va una noticia fresca de ese estilo, con sus luces y sombras. A ver qué os pasa cuando suene por la radio o la tele que “un científico ruso ha descubierto evidencias de vida en la superficie de Venus“.

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El Gusano Mongólico de la Muerte y otros bichos (parte II)

Hace unos días describía el criptobicho olghoï khorkhoi de Mongolia, un tema interesante que llevó algún tiempo filtrar para poder tragarlo. Mientras investigaba sobre el gusano, releía un tomo algo rancio sobre la historia de la paleontología humana, Ich Suchte Adam de Herbert Wendt (Tras las huellas de Adán, Noguer, primera edición 1958; ya he dicho que era rancio). Wendt se explaya tal vez demasiado en la historia general de la Paleontología, tema que ya detalla en otro de sus libros, pero aquí hace mención a un críptido interesantísimo de las estepas siberianas. No es un gusano, pero el relato es interesante por la moraleja que trae: se trata de una especie de topo gigante sobrenatural de la Tunguska, que según los nativos emerge del mundo subterráneo para traer mala suerte y enfermedad a quien lo avista.

Los primeros informes corresponden a los supervivientes de las campañas suecas contra Rusia en la Gran Guerra del Norte. Estos prisioneros, deportados por los rusos a las inmensidades de Siberia, sacaron su vena científica y se dedicaron a explorar y enseñar todo lo que estaba a su alcance, hasta tal punto que el propio Zar los contrató como agrimensores, cartógrafos y exploradores de las regiones alejadas de la capital imperial: el norte asiático, las fronteras con China y la península de Kamchatka.

Esta gente volvió a Suecia con toda esa información: en Uppsala -a la sazón una capital cultural muy importante, donde Linneo ya había publicado sus trabajos sobre la clasificación de las plantas- oyeron las historias sobre geografía, animales, plantas y poblaciones con sumo interés. (más…)

El Gusano Mongólico de la Muerte y otros bichos (parte I)

Parece que últimamente hay sobrecarga de enigmas soviéticos y chinos. Es casualidad, o como diría Friker Jiménez, pareidolia. De todas maneras el tema de este críptido asiático es singular: hace tiempo que oía hablar de él y el tema apestaba a mito por los cuatro costados, pero al ver los datos con más detenimiento… se hace más creíble. Y casualmente di -a través de un viejo libro- con otro críptido ruso bastante más conocido. Veamos primero lo típico.

La historia es la siguiente: se dice que en los inmensos campos de dunas del desierto de Gobi habita una criatura conocida por los locales como Aka Olghoï Khorkhoï o Gusano de la Muerte, un bicho con el aspecto de un enorme gusano rojo (el nombre significa realmente gusano-intestino) de hábitos subterráneos, capaz de atacar y devorar grandes presas como cabras, camellos y humanos a los que pille desprevenidos. Es tremendamente peligroso y su nombre infunde terror en los recios pobladores de las estepas mongolas y chinas que se aventuran en las regiones arenosas más secas del desierto occidental.

Conocido por los habitantes desde tiempos inmemoriales, llegó a oídos de Occidente en la década de 1920 a través de las expediciones paleontológicas de Roy Chapman Andrews. Este explorador americano realizó una serie de bien preparadas incursiones al desierto de Gobi patrocinadas por el Museo de Historia Natural de New York, con la finalidad de encontrar pruebas de que el origen del hombre estaba en Asia y no en África. No encontraron restos de homínidos, pero sí los famosos nidos de dinosaurios Oviraptor y Protoceratops*, uno de los mejores registros de fósiles jamás descubiertos.

Chapman, que junto con los hallazgos y las descripciones geográficas de sus viajes se trajo también estas leyendas, opinaba sobre la existencia del Gusano: “Se trata probablemente de un animal mítico, aunque puede ser que haya algo de cierto en lo que me cuentan, ya que todos los mongoles del norte del país creen en su existencia y lo describen practicamente igual“.

Esto es más o menos lo que se escucha por ahí sin profundizar mucho, e inmediatamente vienen a la mente dos criaturas: los tragoides de Temblores y los Gusanos de la Especia de Dune. Pero ¿cómo podría un ser tan enorme vivir bajo las arenas sin ser detectado? ¿Cuál sería su ecología, su origen? Su realidad biológica parece bastante cuestionable. (más…)