Journey to Jordan, II: Las Joyas en la Arena

Realmente, Jordania es un país pobre. Pobre en recursos petrolíferos, pobrísimo en agua, y casi enteramente desierto. Sus ingresos a partir de las extracciones de potasa y nitratos se complementa con una agricultura de subsistencia, las facilidades que le ofrecen las facciones oponentes a cada lado de la frontera y el turismo; poca cosa más. Pero hace milenios esta tierra era parte de las mismas intrigas de poder entre imperios, y muchos de ellos dejaron interesantes huellas que quedaron sepultadas hasta hace no demasiado tiempo. Ahí tenemos la ciudad de Jerash, por ejemplo. Gherasa -como le llaman ahora los árabes- era una de las ciudades de la Decápolis romana, y tal vez una de las ciudades romanas de Próximo Oriente mejor conservadas. Pero las excavaciones de Jerash, que empezaron allá por 1920, están lejos de terminar. Los 800.000m2 del yacimiento superponen ruinas romanas, musulmanas, de los cruzados, y de gente que vive encima: es complicado desliar ese batiburrillo y conservarlo todo.

Jerash

Y es que lo normal en estas tierras es la superposición: en el monte Nebo hay una iglesia, propiedad de los padres franciscanos, que tiene capa tras capa de preciosos mosaicos en el suelo, por lo que se han visto obligados a colgarlos de las paredes de manera que todos los estratos sean visibles. Según la leyenda hebrea, éste es el sitio donde Yahvé le enseñó la tierra prometida a Moisés (a sabiendas de que nunca entraría allí, por desconfiado) y donde está la tumba del susodicho. Cada mañana, la niebla que levanta el molesto Mar Muerto oculta por completo el horizonte, lo cual explicaría el yuyu que le dio a Moisés: después de 40 años, cuando puede contemplar la “tierra de leche y miel”, pues resulta que hay niebla. Hay que joderse. Desde luego esas tierras siguen allí y constituyen el actual estado de Israel, y miel no sé, pero leches vaya si hay, y a diario. Casa de los Gorriones en el monte NeboEl monte Nebo es sitio de peregrinación de muchos, e incluso el Papa JP2 estuvo aquí inaugurando un horroroso monumento de hierro forjado en forma de crucifijo con una serpiente enroscada. El espanto, hecho de tubitos de hierro mal cortados, cumple una misión importante: es sostén de los nidos de docenas de gorriones.Como este sitio hay muchos otros, supuestos recuerdos de la época bíblica y las aventuras del joven Moisés y sus camaradas (llamarlos amigos sería demasiado: creo que no hay amigos en el Antiguo Testamento): que si la cueva donde Lot se acostó con sus hijas para perpetuar la especie, que si el río donde se lavó Fulanito… hablando de aguas, venden tubitos con agua del Jordán del ‘sitio donde San Juan bautizó a Jesús’. Son lugares anecdóticos que visitar, aunque no pertenezcan a esta realidad.Y hablando de realidades alternativas: el cañón de la Media Luna.En el Siq El desfiladero que conduce al Templo custodio del Grial cerca de Alexandreta -en Indiana Jones…, es en realidad el Siq: un desfiladero estrechísimo que protege el acceso a uno de los tesoros arqueológicos más sorprendentes del mundo: la ciudad nabatea de Petra, y sin duda la razón por la que estoy aquí.

Construida por los nabateos -una tribu árabe que expulsó a los edomitas, de aborrecibles y ahora olvidadas prácticas sexuales- Petra es el paradigma de la Ciudad Perdida: un yacimiento inmenso y monumental, perdido y convertido en leyenda durante milenios, y de repente redescubierto. La historia del suizo Burkhardt disfrazado de árabe, explorando el lugar con la excusa de llevar una ofrenda a la Tumba de Aarón, es propia de una historia de aventuras; pero es que aún se está descubriendo la ciudad. Las excavaciones se superponen a las labores de restauración, en un entorno en el que los originales propietarios del lugar -beduinos pastores de cabras- aún viven en el yacimiento. Prácticamente todos los recintos en los que me metí, que fueron muchos, apestaban a estiércol, y la mayor parte de las tumbas reales eran ahora corrales de cabritas o burros.La llegada al Tesoro del Faraón

El yacimiento es inmenso, y debo haberme pateado más de veinte kilómetros monte arriba-monte abajo por lugares poco recomendables: una parte de la inaccesibilidad de Petra está en la cantidad de precipicios que rodea al complejo. El pueblecito de fuera, Wadi Musa, está casi pegado y sin embargo es invisible desde dentro, de la misma forma que Petra es invisible desde Wadi Musa. Por cierto el nombre del pueblo evoca otra vez más a Moisés: al parecer cada fuente que existe en estos parajes es atribuida a un golpecito de bastón del profeta.Rodajas de columnaUna característica de los monumentos de Petra es la monumentalidad: son inmensos. Y la blanda roca caliza, comida y fundida por miles de años de agua, aparenta una antigüedad muy superior a la que realmente tienen. Su arquitectura es extraña, híbrida; andar entre sus piedras es como vivir una historia de Bob Carter o de H.P. Lovecraft -inmensos templos olvidados de inhumana proporción- y casi se podía esperar ver esculpido algún rostro tentaculado en alguna parte.

Templo mardito!La cantidad de turistas en el complejo es enorme y, a pesar de que son el motor que mantiene a Petra con vida, paradójicamente son causa de deterioro. Botellas de agua, latas de cerveza, papeles por todas partes. El desierto es demasiado grande para barrerlo, pero no lo bastante como para que la porquería no llegue hasta el último rincón. Había, sí, partes demasiado inaccesibles en las que las latas no habían llegado, pero les quedaba poco camino por recorrer. El Cañón del Colorado era un sitio equivalente en cuanto a agreste magnitud y, sin embargo, allí no hay tanta basura. Tal vez los jordanos debieran empezar a poner multas a los más cerditos: recaudarían fondos y evitarían tener ese aspecto lamentable en la que es ahora nueva Maravilla del mundo.

En El Monasterio

Y aquí va mi última ego-foto, frente al Monasterio (¿qué pasa? la fotos buenas están en la galería) 🙂

Journey to Jordan, I: En las orillas del mar Muerto

Una partida realmente precipitada, la de aquel viaje. Una tarde estás en tu casa descansando y veinticuatro horas después te descubres en un hotel de Aqaba con un tremendo dolor de cabeza: los milagros de la tecnología.Tampoco es que haya mucha diferencia entre Aqaba y Almería: tierra, calima, calor y el aire fresco de la playa. Pero el mar es el Mar Rojo, como lo demuestra el intenso tráfico de cargueros y las reverberantes costas al otro lado: Eilat, en Israel, y Taba en Egipto, algo más al sur. Jordania es una tierra fronteriza, que ha sabido aprovechar las energías del conflicto en su propio provecho: una especie de Suiza árabe, pero aún menos provista de recursos naturales. Ni siquiera tiene petróleo, y el agua es escasa, cosa que no dejan de recordarte en los hoteles retirando los tapones de las bañeras. ¡Está bien ser ecologista, pero cuando el calor aprieta un bañito siempre es bien recibido!Por ello, al proponerse un día en un balneario -con piscinas- a orillas del Mar Muerto, no lo dudé ni un momento.

Antes de empezar el periplo del desierto quería remojarme un poco en aquellas curiosas aguas hipersalinas donde, según se dice, todos flotan. Así pues empecé el viaje en route a las antiguas tierras donde, según la tradición bíblica, yacían los restos de Sodoma y Gomorra aniquiladas por la ira de Yahvé… el punto más bajo de la corteza continental a cielo abierto, 400 metros bajo el nivel del mar. Debí recordar que el slogan “aquí todos flotan” era el que usaba el payaso Pennywise en la historia de Stephen King, It.Allí, como un parche en medio del Sinaí, está el Mar Muerto: es lo suficientemente enorme para parecer un mar -la orilla opuesta, Tierra Santa, apenas se ve por la bruma- y de hecho las aguas son limpias, azul-verdosas con su oleaje y espuma. Pero no se me ocurre burla peor para un viajero que atravesara el desierto que encontrarse con ese espejismo color menta, cuyas aguas son prácticamente sal líquida y en cuyas costas sólo habitan las moscas y algunos humanos. Las orillas, cada vez más bajas debido a la evaporación, son un acúmulo de costras cristalinas y sedimentos donde algunas cadenas hoteleras han plantado sus locales promocionando la maravilla dermatológica que es el agua y el barro de este mar sodomita (y gomorrita) maldito por Dios.

Flotando

El ritual de tontos implica darse el consabido baño flotando (mira mamá, sin manos!) y luego meterse en un barrizal a untarse con barro, que se supone es bueno para la piel. Como mi piel ya no tiene arreglo, decidí pasear por la costa no pisoteada, admirando los intrincados diseños que la sal y las olas dibujaban en la orilla: una playita cercana, de aguas límpidas y cero personas, parecía un buen lugar. Es raro que no haya gente por aquí, ni siquiera huellas en la orilla; tan sólo abundantes chanclas de goma perdidas, clavadas en el sedimento. La gente es muy sucia.Me alegré de no llevar conmigo la cámara cuando mi pierna se hundió medio metro en el suelo con un ruido gorgoteante. Cuando tiré para sacarla, como es normal, la otra pierna se hincó hasta el muslo. A mi alrededor empezaron a salir burbujitas y ruidos de pedos, y antes de darme cuenta tenía medio cuerpo bajo tierra. Tanteé con los pies, pero abajo no había más que barro blando, y el suelo en torno se estaba licuando con rapidez.He de decir que no es la primera vez que me pasa esto: mi afición por las fotos de naturaleza siempre me lleva a ensuciarme las botas, y conozco la dinámica de los barrizales. En pocas palabras, las arenas movedizas de las películas no existen: no hay peligro, aparte del de estropear el equipo y las ropas. Simplemente hay que arrastrarse despacito y acabas saliendo. Pero en este caso, el fango -negro y asqueroso- tenía una tenacidad casi de chicle, y cada intento de extraer parte de mí acababa pegoteándome más.Con el lodo por los hombros y ningún punto de apoyo -en un terreno que cinco minutos antes me había sostenido- me di la vuelta hacia la lejana terraza del hotel: no había nadie. Tranquilo. Piensa. Si está blandito, puedes salir; si está duro, puedes agarrarte. Eché los brazos como garfios a la parte menos ondulante frente a mí, y empecé a tirar penosamente como una hormiga en la mermelada. Parece mentira lo que cuesta nadar bajo tierra: los topos deben ser realmente musculosos.

Anécdota exagerada!

Al regresar resoplando a la otra orilla, me comentaron que vaya barro más bueno que había encontrado: negro y fino, sin piedrecitas, del que normalmente hay que pagar por usar. Largos filamentos me colgaban por los lados, como si fuese queso mozzarella.

-Sí; lo encontré a metro y medio por debajo. Id a aquella playita solitaria, hay un montón.

Estuve como veinte minutos enjuagándome en el agua supersalada, de extraña dinámica -no se te ocurra ponerte boca abajo!- y luego fui directamente a la piscina donde casi me quedo dormido, mientras el picor de los cientos de cortes que los cristales de sal me habían hecho se mitigaba poco a poco. Fantástico para la piel, supongo: los arañazos se enconaban y eran negros, no rojos, aunque la verdad es que no dejan cicatriz.Más tarde descubrí que en la playita había un cartel clavado, en caracteres árabes demasiado corroídos para leerlos (incluso sabiendo árabe). No sé lo que diría, porque abandoné el Mar Muerto sin mirar hacia atrás, como está escrito. La ruta seguía hacia Ammán, y había muchas cosas por hacer.

¿Resuelto el enigma Tunguska?

Lago Cheko, en TunguskaBueno, el título es sensacionalista porque no han resuelto nada. Pero, después de 99 años, una expedición italiana ha encontrado lo que parece ser el cráter abierto por la explosión del evento Tunguska, uno de los pocos misterios que aúnan a científicos y paracientíficos, ya que nunca se ha sabido bien qué podía ser y todas las hipótesis son fascinantes.Para resumir, el 30 de  junio de 1908 algo explotó en los bosques ribereños del Podkamennaya en Tunguska (Siberia), algo que liberó 15 megatones de energía y devastó la zona, afortunadamente despoblada. Los relatos de cómo se notó el evento rivalizan con las descripciones de la erupción del Krakatoa… pero nunca se supo qué había pasado. Las teorías son variopintas: un cometa, un asteroide, un trozo de antimateria, una minicuerda cósmica, un agujero negro, una nave extraterrestre, un fallo de una prueba de Nikola Tesla, etc. No hay residuos sólidos ni radiación residual, aunque sí se liberó energía térmica. Y nunca hubo un cráter, porque se buscaba en el epicentro -que era donde apuntaban todos los troncos de árboles caídos por la explosión.La expedición actual,  dirigida por Luca Gasperini, apunta a que el cráter puede ser el fondo del lago Cheko, y que el ángulo de entrada del objeto dejase más una marca de arrastre que un cráter redondo. Si esta hipótesis es cierta, en el fondo del Cheko puede haber un gran asteroide, o las trazas químicas de un cometa, o… o Nikola Tesla criogenizado en una nave espacial con el motor de antimateria roto! Veremos.Por cierto, hablando de casualidades: hoy mismo ha entrado en erupción el Krakatoa. Nada grave, como la última vez… el mismo año que Tesla inventó el motor de corriente alterna.La noticia en National Geographic.

James Watson

Jim Dewey WatsonAunque es norma de este blog no repetir lo que está en boca de todos, la anécdota de Sir James Watson -el eminente biólogo codescubridor de la hélice del ADN– diciendo que la inteligencia de los negros es inferior, es demasiado buena para no anotarla. ¿Por qué tanto revuelo? En mi opinión es la incapacidad del mundo científico de ser objetivo. Tanto Jimbo, con sus apreciaciones claramente retrógradas y parciales, como el resto de hipócritas que se rasgan las vestiduras ante las declaraciones del anciano.

Lo más triste es el giro actual de los sucesos, en los que los colegios y universidades están cancelando citas y proyectos con Watson para evitar mancharse de cara al público. La libertad de expresión, por lo visto, no puede rozar los límites de lo políticamente correcto -o te quedarás sin pensión y trabajo, por muchos laureles que tuvieras antes.

El fallo de Watson es bastante común: usar su conocimiento para reforzar una opinión subjetiva, en lugar de intentar ver la verdad que hay -o no- en ella. La inteligencia no es una cualidad fácilmente mensurable; y al igual que la “capacidad física” (que incluye montones de variables de desarrollo muscular, coordinación, flexibilidad, etc.) es más determinable por el entorno y el desarrollo individual que por la base genética. Pero en estos tiempos también vivimos de la politesse: se supone que todos somos iguales hasta las últimas consecuencias, y esto no es así. Los negros son diferentes de los blancos: son más oscuros. Y las mujeres, eh… también. Por no hablar de las complejidades de las mezclas raciales o la transexualidad: somos todos diferentes y ahí está la gracia.

Lo que no está bien es meterse de esa manera con el viejo. Reprobar sus comentarios, sí; pero ponerse a su lado para comparar al estilo payasos Micolor y proclamar: “mirad qué pura es mi alma al lado de la de este racista” mientras se le dan coscorrones al anciano… es hipócrita y feo.

Creo que, en el fondo, siempre lo supe

Pues esto…

Las matemáticas sugieren que los universos paralelos existen
Un estudio realizado por un equipo de la Universidad de Oxford dirigido por David Deutsch sugiere que la teoría de los universos paralelos múltiples propuesta por primera vez en 1950 por el físico Hugh Everett podría explicar ciertos aspectos de la
mecánica cuántica que vienen trayendo a los científicos de cabeza desde hace tiempo.

En el modelo propuesto por Everett cada vez que se explora una nueva posibilidad física el universo se divide; es decir, cada vez que algo puede resultar en distintas opciones alternativas el universo se divide y cada una de estas opciones tiene lugar en su propio universo.

Visto en Microsiervos.