Gobierno bajo demanda

Gobierno bajo demanda

gobierno de la WYUTPensando estos días en los resultados electorales en España -casi simultáneamente al resultado del referéndum inglés para salir de la UE y sus singulares efectos- se me han ocurrido varias cosas. Veamos.

El Brexit inglés parece ser el resultado de una intensa campaña mediática que ha utilizado los elementos clásicos: orgullo nacional, miedo, xenofobia y codicia, para incitar a la separación de la comunidad europea. Por otro lado, algo justificable viendo la forma en que la UE gestiona sus procedimientos y recursos: pero no es Gran Bretaña precisamente la nación con más derecho a quejarse. Escocia, presionada el año pasado a quedarse en el Reino Unido para evitar la catástrofe que significaría su salida de la UE, se ve ahora como el tonto del pueblo y planea otro referéndum de escisión para, ya como estado independiente, poder retornar a Europa.

Vamos, que cada uno tiene sus razones para hacer lo que hace. Pasemos a las elecciones españolas, segunda convocatoria después de la dispersión de votos ocurrida el año pasado que provocó un desequilibrio de poder: ningún partido tenía suficiente representación para llevar adelante su programa sin interferencias masivas. Las encuestas y los medios anunciaban una dispersión aún mayor, convirtiendo lo que tradicionalmente era un estado bipartidista en uno de tres o cuatro corrientes antagonistas pero de moderado discurso.

El resultado real fue totalmente diferente: se volvió al bipartidismo tradicional de los últimos cuarenta años. Las promesas de estabilidad, lenta mejora, y por otra parte el miedo al cambio siempre peligroso dieron al traste con la posibilidad de que alguien que no pertenezca a la dicotomía dominante gobierne (ojo, no me refiero sólo a Podemos-IU sino también a Ciudadanos, que son fuerzas claramente diferenciadas). Esto es como ir a un restaurante y pedir siempre potaje porque no sé cómo estará eso otro del menú.

También puede resultar que el novedoso plato que pidas esté malísimo; lo malo es que en un restaurante cada uno se come lo que pide, y aquí -oh maravilla de la democracia- se hace lo que decreta la mayoría. Es más como un comedor escolar.

Pero la democracia es el mejor de todos los gobiernos posibles, o al menos el más correcto: ese invento griego, adecentado a lo largo del tiempo -la democracia ateniense era más bien una oligarquía racista- no tiene rival entre las alternativas ofrecidas. Teocracia, dictadura, monarquía, todas tienen sus problemas importantes. Entonces, ¿cómo se podría buscar una alternativa a la dictadura de la mayoría? He aquí mi idea: empresapartidos.

¿Recordáis aquellos tiempos cuando la luz provenía de una sola compañía estatal? ¿Y el agua, y el teléfono? De repente empezaron a privatizarse estos servicios, y ahora uno puede elegir entre varios suministradores energéticos o de comunicaciones (algunos de ellos virtuales, es decir, meros revendedores) aquellos que te dan mejor servicio o precio. ¿Por qué no hacer lo mismo con el gobierno? Yo quiero que me gobierne el BP. A él le pago mis impuestos, obedezco sus leyes específicas y le dejo gestionar los recursos. Pero mi vecino el perroflauta elige el PIUPAC porque paga menos y no tienen copago, aunque sus hijos den Ética en lugar de Religión en el cole. Por otra parte el viejo facha del 23 tiene contratado NSEP, lo engancharon con un entierro gratis y un buen plan de pensiones (aunque paga casi un 30% más de impuestos)…

Gobierno a la carta para cada ciudadano. Las leyes generales, por otra parte, estarían controladas por la Cancillería del gobierno europeo de Bruselas (igual que ahora, ese que no lo elige nadie e impone normas a su antojo); el poder subrogado a las empresapartidos sería, como ahora, relativo, algo así como los Gaue alemanes pero no por distribución geográfica, sino por contratos. En estos tiempos en que la informática hace tan fácil analizar datos, la geografía es ya un término irrelevante para definir un gobierno. ¡Definámoslo por contratos! Cada voto será un acuerdo vinculante entre dos partes, con valor real (dinero). Para ganar votos ya no valdrán las promesas; tendrá que haber descuentos y promociones, tarifas premium y regalos por permanencia, descuentos por antigüedad. La máscara ideológica habrá caído, y representantes y ciudadanos estaremos hablando un lenguaje comprensible y mensurable: el económico. El mejor partido será, forzosamente y al fin, el que mejor lo haga.

Vaya, que esto lo pilla Philip K. Dick y escribe una novela de esas distópicas. Perdón por la parrafada cienciaficcional, pero ya veremos si algún día no se lo montan así. ¿Cómo se llamará? Yo propongo Numismocracia, el gobierno de la pasta. En griego νόμος significa “ley, ordenanza, costumbre” pero también es la raíz de la palabra “moneda”.

Star Wars vs Star Trek

Star Wars - desfile del Nuevo OrdenHace ya dos meses del estreno de la esperada continuación de Star Wars y parece que se ha ido asentando el polvo, así que voy a decirlo claramente: estoy de parte de George Lucas. Esta entrega está visualmente muy lograda y demuestra un tremendo respeto por el original, pero no tiene alma. No hay historia, los personajes son planos y sus motivaciones, endebles. Claro que todo esto se puede decir de cualquiera de las otras seis partes, así que ¿dónde está el problema? Tengo que confesar que se me escapa. Hay detalles concretos, sí, en los que se puede recalcar el fallo, pero eso ocurre en cualquier largometraje.

Me ocurre incluso con la banda sonora: del venerable John Williams siempre se puede sacar uno o dos temas por film que son memorables. La Imperial March, el Yoda’s Theme, el Duel of the Fates… de este episodio VII se puede escuchar con los ojos cerrados todo el disco sin oír más que un fondo de persecuciones con algún recuerdo de la partitura original. ¿Qué ha pasado, John?

Lo interesante en este caso es que el director, J. J. Abrams, es el mismo que ha retomado con idéntico respeto y cuidado otra saga fundamental: Star Trek. Y el resultado parece igual de frío y agotado. En el caso de Trek sí se puede destacar un fallo básico, que es muy evidente; el intento de convertirla también en una película de acción, cuando las historias de la Enterprise y su tripulación siempre han sido más pausadas. Estas diferencias entre ambas series siempre se han planteado de un punto de vista degradante: Wars “no es ciencia ficción”; Trek “es aburrida y de bajo presupuesto”. Pero ¿puede haber una ideología debajo de estas diferencias, una diferencia de concepto por parte de sus creadores? Veamos. (más…)

El oscuro secreto del queso

A pesar de los giros que da continuamente la ciencia médica con respecto a los alimentos -que si el aceite de oliva es bueno, malo, bueno otra vez- hay un tema en el que me afirmo con la corriente actual: el consumo de leche es una aberración contra natura, y con ello todos sus derivados basados en la putrefacción total o parcial del susodicho jugo glandular. (Excluyo del grupo al dulce de leche y los helados, que están demasiado buenos para estar emparentado con los lácteos).

Full Metal Alchemist: la leche.

Edward Elric, plasmando esa amarga sensación cuando las circunstancias te obligan a tomar leche. (De Hagane no Renkinjutsushi © Arakawa Hiromu / Square Enix)

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