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Ayer mismo estaba viendo un viejo episodio de Stargate, una serie que me resulta curiosa porque parece un estado de transición entre las viejas series de TV (argumentos mínimos, episodios independientes, sin complicaciones) y las “modernas” (episodios consecutivos, tramas y personajes más elaborados). en fin, en este mini-relato una raza alienígena invadía la Tierra de una forma inusual. (ojo, spoiler delante) Lee el resto »

Recientemente he podido visitar mi antigua casa, donde no había estado hace 23 años: esto se prestaba a interesantes experimentos. He recuperado la primera fotografía que hice en mi vida, robando la Kodak Instamatic de mis padres y retratando (cómo no!) a la gata Negra en la parra de casa. Esto es de 1976.
La imagen de la derecha es de septiembre, con una Olympus E510. Treinta y dos años han pasado. A veces fantaseo con la cara que pondría Luisito si se le apareciera este tipo y le insinuara las maravillas y portentos que habían de venir.

Bueno!
Ya de vuelta de mis viajes y -mientras ordeno todo con cierta coherencia- empezaré a postear de nuevo cositas, aprovechando el mal tiempo lluvioso y oscuro: que ya no apetece playa, sino sentarse ante un buen fuego a mirar el bailoteo de las llamas con una buena copa de oporto en la mano y un libro en la otra.
Como no tengo chimenea (oporto sí
) lo que hago es sentarme delante del ordenador, que es el émulo moderno de la chimenea y el libro unidos en uno! Hay que modernizarse. Sin embargo, a veces lo clásico prima: me agencié una libretita de apuntar cosas y en estos viajes me la he llevado, que siempre apunto todo en servilletas y facturas. Hela aquí, porque algunos de los apuntes saldrán de sus páginas para acabar en estas otras más electrónicas. Tiene un tamaño perfecto, como un A5 estrecho, tapas duras y un cierre de imán; el papel es grueso y resistente.
En otros tiempos, cuando los nenes de papá europeos hacían su “viaje exótico” antes de pasar a la vida adulta en sociedad como caballeros, se estilaban mucho los libros de apuntes, curradísimos grabados y acuarelas de temas orientales o clásicos hechos por esta buena gente que se tiraba seis meses o un año en Alejandría, Corfú, el sur de Italia o tal vez la India. Ahora los viajes son más frecuentes y más rápidos, y para apuntes paisajísticos prefiero la buena cámara de fotos: pero la libreta de notas es algo práctico para escribir o copiar cosas que se ven por ahí (o que no pueden verse sólo con los ojos). No todo puede capturarse en una imagen…

Se dice que todos los spider-bots de los antiguos sistemas de búsqueda (Ozú, Ask Jeeves…) siguen vagando sin rumbo por el ciberespacio, clasificando y archivando webs para un servidor que ya no existe. La leyenda profetiza que un día uno de estos bots habrá acumulado tal cantidad de información que cobrará consciencia de sí mismo -la primera inteligencia artificial increada- y no se hará obvia, mas medrará en las corrientes de datos hasta que su hora haya llegado.
(Oído por ahí)

Una anécdota en cuadritos. En verano, la rapidez con que se seca uno de la ducha es directamente proporcional a lo que se tarda en estar empapado de nuevo… y en estas fechas tiende a cero.
(Me pasa con la moto también, pero la grasa y el hollín de un motor de explosión es una mezcla aún más pringosa)

No es novedad, lo han dicho en todos los medios, pero la niña que cantaba en la inauguración de las Olimpiadas de Pekín (me niego a llamarla Beijing por mucho mandarín simplificado que digan, joer, por esas deberíamos decir Land’n en lugar de Londres) la niña, digo, eran dos: una guapita que hacía playback y otra más normal que cantaba con voz angelical. El comité organizador lo hizo para acentuar “el espíritu de los juegos” o sea, para hacer más bonito.
Los fuegos artificiales de la inauguración también eran fakes: hubo unos, reales, en el estadio; y otros -una secuencia de 55 segundos- generados desde hace un año pacientemente por ordenador que se superpusieron a las imágenes retransmitidas por TV.
Y parece que hay un desfase en el directo que permitiría al comité arreglar cualquier desaguisado leve que se pudiera presentar y afeara el espectáculo.
No sé, me parece bien usar la tecnología para acentuar los aspectos artísticos de la cultura (lo hago con mis fotos cuando borro cables de la luz o acentúo un claroscuro) pero esto ya tiene unos tintes orwellianos que pa qué contar. Pues aquí pongo la foto de la fea para que todos se enteren: Yang Pei-Yi. Toma!
Beijing Olympic 2008 opening ceremony giant firework footprints ‘faked’, en el Telegraph.

Perlas de sabidurida: La pechuga de pollo cocida, cuando está en la boca, se comporta como un fluido no newtoniano: cuanto más la masticas, más intragable está.






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