Cordones

cordones zapato

Siempre que lleva uno unas prisas desesperadas, hay un cordón del zapato que se desata. Debe ser alguna ley física que aún no se ha enunciado.

Alquimia

Las casualidades me obsesionan. Cuando dos o tres acontecimientos sin relación se hilan elegantemente en tu camino, el concepto de “coincidencia” es la explicación más racional: no hay relación entre ellos aparte de la capacidad de tu cerebro para vincularlos, ya que los primates estamos especialmente condicionados para la búsqueda de patrones. Lo que nos hace inteligentes nos vuelve también supersticiosos. Esto no quita que los sucesos están ahí y realmente se han aparecido uno detrás de otro… ¿Cuáles son las posibilidades de que un Papa lea su discurso de dimisión y un rayo caiga en la cúpula del Vaticano? Lo peor es que la explicación esotérica es igual de floja; se trata de poner cara de listillo y decir: “no existen casualidades, sino causalidades” o “Todo tiene un sentido…” Bueno, ¿Y cuál es? Unos y otros no hacen más que definir la pasmosa ignorancia que tenemos acerca del fenómeno.

Pues quiero compartir una casualidad inquietante… (más…)

Bajo el volcán (uno de esos sueños)

Bajo el volcán (uno de esos sueños)

Vaya pesadilla más espantosa. Puedo rastrear su origen: metí en la chimenea un montón de cartones para encender el fuego, y ardieron de manera increíblemente violenta (la chimenea tiene un buen tiro) al punto de caldear la estufa al instante y hacer que apestase a hierro recalentado.
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Chupachups

chupachupOtra vez me toca refunfuñar contra la manía de asignar inventos universales. “Si tiene un palo lo inventó un español” dice el refrán. Ya hemos visto que había fregonas y escurridores miles de años antes de que la patentaran aquí, y ahora me propongo demostrar que el Chupachup, al menos como concepto, existía también antes de ser patentado con ese nombre. ¡Demoler mitos, tal es la finalidad de esta web! (hoy).

Según cuenta la historia, el señor Enric Bernat tuvo la ocurrencia de poner un caramelo al final de un palito después de ver a los críos ensuciarse las manos continuamente con las pegajosas golosinas -posiblemente bastones de caramelo- a mediados de los ’50. En 1958 registró la marca y empezó a venderlos por una peseta, siendo un éxito rotundo. En los ’70 y las siguientes dos décadas, el producto se insertó en todos los mercados mundiales y actualmente el fabricante factura 500 millones de euros anuales. La compañía ya no es española; pertenece a un grupo italiano dedicado a las golosinas. Hasta aquí todo genial, bien por el señor Bernat. Pero, ¿qué fue lo que realmente inventó o patentó?  (más…)