Más aliens en Valencia

USS Enterprise

A principios de diciembre estuve en Valencia en un paseo corto, más corto aún por las inclemencias del tiempo: en el Museo de las Ciencias había una exposición itinerante sobre Star Trek. Después de haber asistido hace cuatro años a la exposición de la Politécnica sobre el Alien de H. R. Giger, no podía dejar de ver esto.

El tiempo ha pasado por la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Un nuevo chirimbolo se alza tras el Museo: es el Ágora, que junto con el Puente de l’Assut de l’Or (llamado El Jamonero) amplían el complejo arquitectónico del jardín del Turia. Pero el revestimiento cerámico resiste bien a la intemperie, y la mayor parte de las superficies de cemento expuesto son fáciles de mantener con pintura blanca.

La exposición en sí, “Star Trek: Welcome Aboard” es una colección de objetos procedentes de la producción de las películas y series de la saga, que por primera vez sale de California: las otras dos exposiciones relacionadas también están allí (una en el Metropolitan de Riverside y la otra en el Museo Aeroespacial de Sacramento). Tiene más de curiosidad emotiva que de fuente de información; los objetos expuestos son casi reliquias y algunos están bastante deteriorados. La mayor parte de las maquetas y equipamiento son de escasa calidad: la resolución de imagen de la tele permitía esas chapucillas, y tal vez lo más conseguido son los trajes de las películas originales de los cuales encontramos uniformes desde la segunda hasta la última de las películas, la de 2009 dirigida por J.J. Abrams.

No hay casi nada de la serie original ni de The Next Generation, porque en aquellos tiempos anteriores a los fans los decorados se destruían para dejar paso a nuevas series. Sin embargo, hay una réplica del puente del Enterprise-D bastante conseguida, con los esquemas de Michael Okuda para el interfaz al uso en el año 2360: al poner mi iPhone al lado del PADD original (el dispositivo tableta multifunción de pantalla táctil usado en la serie) casi pude notar un estremecimiento en el multiverso :wink: .

Afortunadamente el conjunto de la sala presentaba ausencia total de freaks -era día de semana- y se podía ver tranquilamente, pero tampoco daba para mucho tiempo. Por supuesto el acceso era libre para quien pagara la entrada al Museo, lo cual da para ampliar el recorrido (aunque el Museo es demasiado pedagógico para mí, me van más los gabinetes atestados de piezas).

Alguna foto se puede ver en mi flickr: Miniviajes.

La exposición Star Trek: Bienvenidos a Bordo estará en Valencia hasta febrero.


Misterios de Orce

View of OrceDespués de unos días flojillo y dolorido (el calor? los ajustes del simbionte que llevo*? Puff) voy a soltar otro rollo de fósiles, esta vez de por aquí; concretamente de la comarca de Orce, donde estuve la semana pasada de visita. Orce es un pueblecito bonito, rodeado de un montón de cosas para ver en unas extensiones que dan pánico (sobre todo en verano y con un cielo de plomo fundido). El museo es pequeño, y contiene fósiles extraídos de los yacimientos de Venta Micena, Fuente Nueva y Barranco León. La época: el Pleistoceno inferior, hace unos dos millones de años. El lugar: un terreno boscoso y húmedo, habitado por una fauna variada y grande: ciervos Megaceros con cornamentas de tres metros, tigres de dientes de sable, hienas, uros, mamuts e hipopótamos… esa es la idea.
Con semejante ecosistema, la cantidad de fósiles es grande. Algunas de las piezas son espectaculares, como un esqueleto completo de elefante (no extraído de la matriz rocosa) o los cráneos de cánidos y tigres de dientes de sable. Pero hay dos que destacan especialmente: una tiene su polémica, la otra no.

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Ayer como hoy

Inside a Numantian home Durante mi reciente visita al recinto arqueológico de Numancia, quedé maravillado ante lo moderno que resultaba el entorno doméstico de los celtíberos; o tal vez lo poco que habíamos evolucionado hasta hace cien o cincuenta años. La casa típica de la Edad del Bronce era muy parecida a cualquier cortijo de algunos años atrás, si quitamos la luz eléctrica. El sitio donde se levantaba Numancia era un terreno estratégico, pero incluso en mayo hacía un frío espantoso al caer la tarde; así que había muchos elementos ingeniosos para mejorar el confort, por ejemplo que la habitación del ganado estuviera dentro de la casa (es la puerta del fondo en la foto) para estar todos calentitos, hombres, cabras y cerdos.

– ¿Y el olor?

– Ah, no pasa nada, los cerdos son bastante tolerantes.

Las calles no se cruzaban sino que las esquinas de las casas formaban una especie de aspa o esvástica; de esta forma el viento se cortaba y era menos horrible salir por la noche. También disponían de pasos de cebra 3D en forma de grandes piedras colocadas cerca de las esquinas. Estos pasos eran para no mancharse las botas de fango cuando llovía… o cuando corrían las aguas menores de algún vecino.

Otro dato sorprendente era la dieta celtíbera. Mayormente consistía en frutos secos y caelia (cerveza de trigo). Pipas y litronas. Me imagino la impresión de los disciplinados romanos al descubrir estas aldeas, con el suelo lleno de cáscaras y cascos de cerveza. Ah, otra cosa que reseñan los romanos es la costumbre de este pueblo de bañarse en su propia orina (Diodoro Sículo, Estrabón). Esto también se ve en los actuales comedores de frutos secos, a veces. ¿Fumarían algo?

(Más fotos variadas en Flickr)

Murero

Hace un par de semanas estuve de viaje en coche, parando por distintos lugares de desigual atractivo. El año pasado en Austria tuve la oportunidad de visitar el campo de concentración de Mauthausen… y la dejé pasar. Hay quien encuentra un interés específico en visitar los lugares de masacres históricas, pero personalmente me resulta una exhibición triste. Sin embargo, en tierras sorianas visité el yacimiento arqueológico de Numancia, en el cual el ejército romano asedió y finalmente masacró al remanente de población celtíbera que resistía allí (unas dos mil quinientas almas) en el 133 a.C. Mucho más atrás en el tiempo, imagino que el sentimiento es diferente.

También estuve en un sitio testimonial de otra masacre, más antigua y terrible, de la que pocos guardan recuerdo. Se trata de una sierra cubierta de pinos muy cerca del pequeño pueblo de Murero, en Zaragoza; una carretera secundaria apenas transitada (en la llamada Rambla de Valdemiedes) nos permite llegar a la zona del yacimiento marcada con unos carteles y un caminito de tablones. A partir de allí, te encuentras solo con el pinar silencioso, el viento helado y las rocas desconchadas por la erosión. Y las rocas hablan…

Hace 520.000.000 de años -el período que denominamos Cámbrico inferior- en este lugar existía un mar de aguas someras, donde estaba ocurriendo algo maravilloso: la Explosión Cámbrica, la diversificación de formas de vida en los phyla principales que conocemos actualmente. Es muy posible que esto llevara ya un tiempo gestándose, pero es que en esta época muchos animales empezaron a recubrirse de una cáscara dura, lo que permitió dos cosas: que desarrollaran un mayor tamaño y que sus restos se conservaran hasta hoy. Aún hoy es tema de especulación el porqué: tal vez una saturación de carbonato cálcico en las aguas, un cambio de temperatura, incremento del oxígeno disuelto.

En este ambiente fértil vivían trilobites y similares, braquiópodos, medusas, algas, gusanos y esponjas creando arrecifes llenos de vida… la primera vida más o menos evolucionada de la joven Tierra. Pero hace 515 millones de años, algo cambió en ese equilibrio.

Tampoco sabemos qué provocó el denominado Evento de Valdemiedes: otro cambio químico en las aguas, vulcanismo, una era glacial. Sea lo que fuese, provocó la primera gran extinción planetaria que arrasó la vida recifal casi por completo y provocó que muchas formas de vida como Chancelloria -algo con forma de gusano cuyo cuerpo entero parece estar cubierto de bocas dentadas con garfios- desaparecieran sin dejar descendencia. Uno de los puntos en los que queda testimonio de la aniquilación es en las pizarras y dolomías de esta rambla, que en 200 metros de profundidad cuenta la historia de diez millones de años de muerte. Por supuesto la historia tiene un final feliz, como ya sabemos: la vida se abre camino.

El yacimiento está bien señalizado y hay dos senderos para pasear: la Ruta Paradoxides y la Ruta Conocoryphe, más larga y aburrida (los nombres pertenecen a dos géneros de trilobites de los más comunes en las más de cien especies que se han catalogado aquí). Sin embargo, no hay nada espectacular: para el lego, sólo pinares y un sendero escabroso. Se echaba en falta alguna caseta con reproducciones de los animales, porque las pizarras incluso observadas con atención no presentan ningún aspecto especial. El tiempo se ha ensañado con los restos de estos animalillos, y seguramente sólo un ojo experto sería capaz de encontrar un fósil reconocible entre el picadillo de glabelas, artejos y pigidios que se supone está empotrado en estas rocas.

Eso lleva a una segunda apreciación. El yacimiento está protegido y se considera uno de los más importantes del mundo; en dos horas de caminata no me crucé con un solo visitante, pero lo malo era que los puntos de afloramiento estaban marcados con grandes letras de pintura amarilla. Aquello parecía una invitación a los furtivos, facilitándoles el trabajo. Pienso que unas balizas de geoposicionamiento enterradas discretamente darían mayor protección a este lugar único.

Fotos post-apocalípticas

Hace unos días estuve de visita en el pueblo minero abandonado de Alquife, cerca de la Calahorra. Las instalaciones pertenecen a una de las mayores minas a cielo abierto de Europa, con 2.000 hectáreas de terreno privado incluyendo el pozo de la mina (ahora contiene un lago de aguas subterráneas de trescientos metros de profundidad) el poblado minero, oficinas, las instalaciones de procesamiento y almacenado, un depósito propio de combustible para camiones y una estación férrea que llevaba el mineral de hierro hasta Almería, en la costa. Según consta en la web del Ayuntamiento de Alquife, el cierre empezó a fraguarse en 1988 y las máquinas dejaron de trabajar en 1996; aun así, el aspecto de aquello es de un abandono repentino, fantasmagórico, en plan Mary Celeste.  Estas son algunas fotos del lugar, que parecen un decorado a medio camino entre el Half-Life y Terminator Salvation.

El Caminito del Rey

La última excursión del verano fue a una serie de embalses interconectados al norte de Málaga, entre Ardales y Álora. Toda la zona es un gran parque natural de hermosos paisajes, pero el punto de referencia es el Desfiladero de los Gaitanes: una impresionante garganta rocosa excavada por el agua con paredes cortadas a pico de más de cien metros de altura.

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