Las cosas del pantano

agua

En verano voy buscando sitios frescos y con agua para pasear, pero la playa no me atrae demasiado. Masificada hasta el límite (no solamente por las familias numerosas sino por esa clase singular que busca “la cala solitaria que-sólo-yo-conozco“) resulta agradable en dosis cortas, pero no para estar horas y horas. Puede ser por mi pellejo sensible al sol; puede ser porque si no juego en el agua o hago pozos en la arena me aburro. No sé, el caso es que no busco playa: busco ríos y lagos.

Así que estos últimos veranos me he recorrido todos los sistemas hídricos en kilómetros a la redonda: Negratín, Guadalhorce, Benínar, Río Aguas, Río Tinto, Fuente de Piedra, Doñana, Tablas de Daimiel, Ruidera… cada uno distinto del otro y todos llenos de cosas interesantes.

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Hachiko

hachikoHay que ver las manías de la fonética. Hachikō (o con palito) se puede escribir más legiblemente como Hachikoo o Hachikou, y se debe leer como una o prolongada (algo así como Juanicoo!). Todo freak u otaku sabe quién es este personaje… pero, ¿quién sabe realmente dónde está ahora?

Es una de esas historias tiernas. Hachiko era el perro adoptado por el profesor Eisaburo Ueno, en el Tokyo de entreguerras. Ueno iba a trabajar y cuando volvía por la tarde Hachiko iba a esperarlo a la estación de Shibuya. En 1925 el profesor murió, pero el perro siguió acudiendo por las tardes a esperar a su amo hasta que diez años después también le tocó a él. Los japoneses le adoraban, y ya en vida se erigió una estatua de bronce en la misma entrada de Shibuya Station. Aún es habitual encontrar la estatua con pañuelos o banderitas atadas, como en esta foto que hice en 2003 (la estatua es copia de la original que se perdió en la guerra).

Lo que no sabía es que al perro, después de morir de filaria en 1935, lo disecaron -y su momia sobrevivió todas las penurias de la guerra hasta hoy, habitando en el Museo de Ciencias Naturales que está en el parque de… Ueno. Las colecciones son tan interesantes que el Akita blanco se me pasó por alto, pero acabo de descubrirlo gracias a Pink Tentacle. ¡Buen viejo Hachiko!

La lacrimosa historia de Hachiko en la Wikipedia

Mis problemas con los Tribulus

Este sábado me fui a dar un paseo por el embalse de Benínar, armado con mi cámara. El entorno del pantano cambia de un año al siguiente de forma radical, y desde el delta limoso lleno de árboles muertos que había hace unos años al bosque de álamos que se está alzando ahora, ha habido una interesante transición. Y como es época de bichos, allí estaba yo con mis lentes macro y la crema para el sol.

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Kattenkabinet

emblemaNo soy amigo ni sirviente; soy el gato que camina solo, y todos los lugares son iguales para mí“. Esta frase tan tajante es el motivo reiterado de la fábula “The Cat That Walked For Itself” de Rudyard Kipling, y el lema de un extraño museo que pude visitar este invierno en Amsterdam: el KattenKabinet, dedicado íntegramente a los gatos.

La casa que alberga este museo de arte está al lado del Herengratch, un lugar céntrico pero recogido. Es un lujoso edificio construido en 1667, con enormes salones y tres plantas: en 1985, Bob Meijer restaura el edificio y en 1990 funda el museo en memoria de su gato  naranja, J.P. Morgan.
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Hallstatt

Prosiguiendo hacia el sur de Austria, hay una ruta entre macizos montañosos que lleva a una carretera prácticamente empotrada entre montañas: al salir de un túnel se encuentra uno en Hallstatt (otra vez los nombres halinos) a orillas del lago Hallstattsee, cerca de una mina de sal, y supuestamente uno de los pueblos más bellos del mundo.

El pueblo es verdaderamente bonito: lo que uno espera de un entorno alpino, con casitas de madera, calles tranquilas y sin coches. Sin embargo, no es uno de esos pueblos atrasados donde acaba saliendo una secta satánica o todos son zombies: no, Hallstatt está por la labor del turismo y está lleno de tiendas, bares, cafés y hasta un cajero electrónico. Por no hablar de las casas rurales donde alojarse, ya que en aquellas soledades rodeadas de montañas la alternativa al Gasthof es el bosque, con los lobos. (más…)