contrailsHace un par de días observaba una extraña estela de avión en la cual la primera parte (la más cercana al horizonte) era gris oscuro y se disolvía con rapidez mientras que el resto, del habitual blanco nube, persistía bastante rato más. En los últimos años el tráfico aéreo se ha multiplicado muchísimo, lo cual ha dado lugar a avistamientos extraños (como estelas que se cruzan en el cielo formando rejillas, o “misiles” verticales) la mayoría de los cuales son explicables. Sin embargo hay un tema que persiste entre los aficionados a las conspiraciones: son los chemtrails o “estelas químicas” (por diferenciarlas de las contrails o estelas de condensación normales). Supuestamente estas anomalías de color y dispersión de la nube que deja el avión corresponderían a productos químicos que algunas corporaciones -gubernamentales, militares o grupos económicos- estarían esparciendo por el aire para modificar el clima, el comportamiento o incluso la estructura genética de los humanos. ¿Qué puede haber de verdad en todo esto?

Los subproductos principales de la combustión del motor de un jet es dióxido de carbono y vapor de agua (que es invisible; tan sólo podemos verlo cuando empieza a condensarse, por eso la nubecilla que sale de las teteras empieza a unos centímetros del pico) . El contrail básico de un avión de reacción consiste en el mismo material de que están hechas las nubes: vapor expelido por las toberas del reactor que, en contacto con una atmósfera helada, se condensa en forma de cristalitos de hielo. Esto sólo ocurre en determinadas condiciones: normalmente, a más de 8.000 metros y con temperaturas exteriores de 40º bajo cero, y humedades del 60%. A veces ocurre que el avión atraviesa una nube y eleva la temperatura “borrando” una línea en la nube; a esto se le denomina distrail o estela de disipación.

Otra cosa que sueltan los aviones comerciales de vez en cuando es combustible, para hacer un aterrizaje de emergencia y no correr el riesgo de incendiar el avión al tocar tierra. Los aviones militares evitan generar trails de cualquier tipo, por aquello de no facilitar datos de posición, altitud y trayectoria a cualquiera.

Pero ¿por qué tantas estelas? A veces el cielo está literalmente cruzado por ellas… cada una representa el paso de un reactor comercial a gran altura (ya que, como hemos dicho antes, a menos de 8.000 metros no hay condensación). Esto antes no pasaba.

Lo cierto es que en 1980 en España el tráfico aéreo movilizó a 45 millones de personas; en 2012 fueron 195 millones. Hay cuatro veces más aviones en el cielo, circulando a través de unos senderos controlados que separan un vuelo de otro en carriles de 18 kilómetros de ancho y diferentes niveles para evitar la más mínima posibilidad de colisión (excepto en los atestados cielos en torno a un aeropuerto, donde no se puede evitar la congestión). Esto explica también que las “rejillas” de trails que se ven a veces son engañosas: están a muy diferentes alturas, ya que si un avión pasara por el trail de otro lo dispersaría.

La teoría chemtrail nos habla del Proyecto Cloverleaf, que implicaría el uso de aviones comerciales para la dispersión masiva de elementos nebulizados en las capas altas de la atmósfera con diversas intenciones. Esto se haría pagando un canon a las empresas de transporte para que instalaran sistemas de pulverizado camuflados entre los componentes originales del avión. Todo el planteamiento proviene de dos correos electrónicos publicados en carnicom por particulares que decían ser, un mecánico de aviación por una parte, un gerente de una compañía aérea por otra. La idea -el gobierno de Estados Unidos utilizando vías civiles para realizar una operación a gran escala más allá de sus propias capacidades militares- es creíble, así que sigamos con la historia. Que conste que toda esta historia hace referencia a actividades concretas del gobierno norteamericano en su territorio a partir de 1998. ¿Cuáles serían los propósitos de esta aspersión de menjunjes?

Hay varias posibilidades; las hemos ordenado de más a menos factibles.

Control del clima.- Esta es la única que realmente cuenta con un sustento real demostrado: la posibilidad de reducir la temperatura superficial dispersando radiación solar hacia el exterior mediante aerosoles de sustancias reflectantes como dióxido de titanio se ha planteado más de una vez y tiene un especial interés en estos tiempos de calentamiento global. En ningún caso se ha hablado de aluminio, que es a la vez tóxico y caro. El dióxido de titanio, en cambio, es el color blanco que viene en la pintura, la pasta de dientes y las cremas solares de protección alta. El problema con que se han topado todos estos proyectos es siempre el mismo: la cantidad (millones de toneladas) que habría que verter a la atmósfera y la duración del tratamiento necesario para rebajar la temperatura global lo hacen inviable, al menos con la tecnología actual.

Inoculaciones en masa.- Una medida extraordinaria del gobierno americano para proteger a la población de las amenazas del ántrax, tularemia, y otras pestes usadas por los terribles terroristas sería la dispersión de vacunas vía aérea, ya que una campaña de vacunación pública haría cundir el pánico entre la población ya de por sí poco acostumbrada a que su gobierno les preste ayuda médica. El problema de esto es la eficacia: si las vacunas en aerosol funcionaran tan bien como esto, todos esos pinchazos que nos dan (y siguen dando) habrían pasado al olvido.

Control de la población.- Mediante la dispersión de agentes psicotrópicos, como mescalina o LSD, se podría modificar el comportamiento de la población civil a gran escala. Esto es real; de hecho se experimentó en su momento, pero por el método bastante más fácil de dispersar los agentes en el agua potable de sectores restringidos y controlados. Hacer esto a nivel global y con asiduidad no tiene ningún interés. Otra cosa sería usar materiales tóxicos que provocaran epidemias, reducción de la vida, o esterilidad. Ya en 1994 el Pentágono se interesó el el desarrollo de una “bomba gay” en los laboratorios Wright: tal vez se podría relacionar estadísticamente el incremento de tráfico aéreo (por ende, chemtrails) con la incidencia de homosexualidad en la población. Todo esto enlazaría con un plan secreto para reducir la población humana, pero el caso es que la Humanidad ya conoce varios métodos para esto: guerra, masacre, hambrunas no socorridas, que son igualmente eficaces y además económicamente rentables.

Alteración de la especie.-  ¿Y si los agentes esparcidos no consistieran en elementos venenosos o virus sino algo mucho más insidioso? Elementos biológicos especialmente construidos para alterar nuestro ADN y modificarnos a un nivel más profundo que una toxina. Los compuestos son -copio y pego- :

filamentos artificiales híbridos (fibras compuestas por estructuras nanotecnológicas transbiológicas y autorreplicables que no existen en los reinos naturales,capaces de contener elementos biológicos artificiales, al tiempo que resisten condiciones extremas de temperatura y agresión química) y organismos biológicos manufacturados artificialmente (glóbulos rojos artificiales creados y contenidos en dichos nanofilamentos invasores).

Y se refieren a copos o fibras que han sido vistos en el aire después de pasar aviones. Lamentablemente no hay un análisis químico o microscópico sobre estas partículas, así que la idea queda en el aire. Alguna gente asocia esas estructuras fibrosas a las que se encuentran en pacientes de la rara enfermedad de Morgellons, que actualmente se considera un trastorno psicopatológico; pero ¿qué sutil modificación genética es esa, que provoca úlceras y dolores reumáticos?

Ahora bien, todos los testimonios que he encontrado a favor de la teoría de los chemtrails son discutibles: la distinción entre estelas normales y anómalas se basa en datos estimativos (los chemtrails son más aplanados y tardan más de veinte minutos en dispersarse, pero lo mismo ocurriría en una capa atmosférica en condiciones de humedad y presión adecuadas). Nadie ha llevado los nanobots o partículas exóticas a su análisis a un laboratorio. Nunca se ha pillado a un avión con depósitos de pulverización in fraganti (y los depósitos tienen que ser muy grandes); nadie ha sacado a la luz información del tráfico de influencias entre compañías aéreas de todo el mundo, gobiernos de todo el mundo -incluyendo aquellos cuya política se opone a la norteamericana- y el Pentágono. Lo que hace poco creíble el actual planteamiento acerca de este fenómeno no es que exista o que pueda hacerse, sino el poco sentido que tienen estos planes en un contexto real.  Harían falta pruebas de peso para sustentar la realidad de algo tan poco practicable (y poco práctico) como estas fumigaciones masivas. Seguramente si algún día se revela alguna información válida, la verdad será algo bastante diferente de las teorías que se han planteado a día de hoy.

Geoengineering: Paint particles plan to fight climate change en Earth Change.

U.S.: Pentagon Unveils The Next Generation Of Nonlethal Weapons

Los aviones rompetormentas, otro misterio del cielo