Conrad-Haas-cohete¿Es posible que en un libro del siglo XVI aparezcan detallados esquemas de cohetes multietapa? Tengo que decir que cuando oí hablar por primera vez del Manuscrito Sibiu pensé que se trataba de una patraña, como la de las Vimanas. Pero no, este es un caso histórico y real de un visionario adelantado a su tiempo, el señor Haas.

Wan HuLos cohetes como tal son bastante antiguos; se inventaron en China hacia el siglo XIII, como armas y fuegos artificiales, en su forma de cartuchos de pólvora que expulsan los gases de combustión por el extremo inferior provocando el desplazamiento a gran velocidad del artilugio. Durante siglos fueron exclusivamente esto, aunque hay referencias pintorescas como la de Wan Hu (China, siglo XVI) que construyó una plataforma de madera con una silla encima y 47 cohetes de pólvora de gran potencia. Su idea era que, con suficiente poder de propulsión, un hombre podría volar hacia el cielo. En sus cálculos ya preveía que cada petardo tuviera la misma potencia y dispuso 47 ayudantes para que encendieran la mecha de forma sincronizada. El propio Wan sería el piloto.

Las crónicas relatan que, después de la explosión y disipada la humareda, los auxiliares no encontraron rastro alguno de la silla ni del señor Wan. De hecho, aún sigue desaparecido a día de hoy.

Introducidos en Europa por los árabes, los cohetes se utilizaron como arma incendiaria durante los siglos XV y XVI; pero cuando la tecnología de los cañones se perfeccionó, cayeron en el olvido y se usaron esporádicamente. Pero cuando se habla de tecnología de cohetes moderna generalmente pensamos en sus pioneros: Konstantin Tsiolkovski, Hermann Oberth, Bob Goddard, todos a principios del siglo XX. Aquí empezaron a aparecer los cohetes de combustible líquido y sólido, y los multifase, con mayor alcance, que van soltando etapas a medida que se vacían de combustible.

conrad haas - Manuscrito SibiuEn 1961, Doru Todericiu -un profesor de la Universidad de Bucarest- encontró en los archivos del archivo nacional de Sibiu un manuscrito de 450 páginas que describía diferentes técnicas militares, artillería y balística. Todericiu descubrió que la tercera parte del manuscrito, redactada por Conrad Haas, describía sus investigaciones sobre ciertos artilugios denominados “jabalinas voladoras” y algo que parecían cohetes de etapas múltiples. Haas experimentó con combustibles líquidos, aletas estabilizadoras triangulares y puntas aerodinámicas. Así, el aspecto de estos artilugios dibujados por Haas es sorprendentemente familiar.

Poco se sabe del señor Haas: austríaco o posiblemente transilvano, fue Zeugwart (maestro de arsenal) bajo el reinado de Ferdinand I; en 1551 el rey de Transilvania, Stephen Bathory (el tatarabuelo de Erszebet, la Condesa Sangrienta) lo contrató como ingeniero armamentístico. Seguramente durante este tiempo escribió su libro, aunque no hay crónicas de que este tipo de armas se usara en efecto durante esta época. Tal vez hicieran caso del último párrafo del tratado, que resume en una frase la estrategia bélica de las naciones desde el momento que empezamos a usar realmente los cohetes como armas:

“Pero mi consejo es que haya más paz y no haya guerra, que los rifles estén almacenados tranquilamente, para que no se dispare la bala, la pólvora no se queme o se moje, y entonces el príncipe conserve su dinero, y el maestro de arsenal su vida; este es el consejo que da Conrad Haas”.

Encantadora muestra de sabiduría.

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