Dendrogramma enigmatica. imagen © Jean Just , Møbjerg Kristensen,  Jørgen OlesenUnas delicadas y gelatinosas criaturas de las profundidades podrían ser las reliquias vivientes del amanecer de la vida animal en la Tierra. Similares a pequeñas setas de un centímetro de diámetro, los ejemplares de Dendrogramma fueron recolectados por una sonda que capturaba muestras del fondo marino (400-1000 metros de profundidad) en el talud continental de Australia oriental, entre el Estrecho de Bass y Tasmania, durante un crucero en 1986(!). La nave, el ORV Franklin, hacía una recogida de muestras aparentemente rutinaria: todas las muestras fueron filtradas, lavadas con bórax, metidas en formol y luego en alcohol para conservarlas. Se han definido temporalmente dos especies, D. enigmatica y D. discoides, ligeramente diferentes. Parece un organismo pedunculado con un pie carnoso; no tiene simetría bilateral ni radial, no hay órganos sexuales ni sistema nervioso, y tampoco un sistema motriz muscular o hidráulico. Podría parecer a primera vista un cnidario (medusas y afines) pero carece de células urticantes. También podría ser un ctenóforo, pero le faltan los peines natatorios característicos de estos animales. Entonces, ¿qué diantres es?

Dendrogramma enigmatica, microfoto. imagen © Jean Just , Møbjerg Kristensen,  Jørgen OlesenEl análisis microscópico revela que lo que aparentaba ser un tallo es en realidad la faringe, con la boca en un extremo. Este tubo interior se ramifica en una serie de tubitos que recorren todo el disco de la “seta” y son los que le dan el nombre (Dendrogramma= dibujo de ramas). Hay una epidermis y una “carne” gelatinosa, la mesoglea, como en las medusas. Y como las muestras fueron conservadas en formaldehído, el ADN está deteriorado y no se puede hacer un análisis genético. ¡Tiene que ser frustrante tener los restos completos de un organismo vivo y no poder clasificarlo, de raro que es!

Pero hay algo que sí se parece mucho a Dendrogramma, algo tan primordial y extraño que tampoco podemos clasificar. En la biota de Ediacara (Australia también), encontramos las impresiones fosilizadas en el barro de las primeras criaturas multicelulares de la Tierra, hace 645 millones de años. Son organismos misteriosos, sin huesos o concha y con formas que recuerdan vagamente a medusas o gusanos acolchados pero no lo son. Formas de plumas, globos, bolsas llenas de barro; uno de ellos, Rugoconites -comúnmente asociado a las medusas- se parece mucho a un Dendrogramma aplastado.

RugoconitesLa fauna de Ediacara es tan enigmática que se han propuesto varias teorías de compromiso. En una, estos animales constituyen un reino independiente y se extinguieron en su totalidad; la vida animal actual procede de una rama sin ninguna relación de parentesco. Otra teoría es más radical, y añade que estos prototipos de vida multicelular constituyen una “primera evolución” extinta; nosotros procederíamos de una nueva evolución a partir de organismos unicelulares*.

Si los Dendrogramma fueran supervivientes de esta antigua rama de la vida animal, podrían aclarar muchos misterios de la biota ediacarense y su relación con otras formas de vida primitivas; aparte de que estaríamos hablando de una criatura tan arcaica que da náuseas de pensar los abismos de tiempo que ha atravesado casi sin modificaciones. Por otro lado, podría ser un mero parecido morfológico, y tratarse de una esponja gelatinosa o la fase larvaria de un ctenóforo, quién sabe. Las futuras expediciones intentarán encontrar nuevamente ejemplares y mantenerlos, si no con vida, intactos para realizar un análisis genético exhaustivo.

* Esto que puede sonar rebuscado, se ha ido viendo que es más común de lo que parece: muchos sistemas y órganos han evolucionado independientemente no una, sino varias veces, a lo largo de la historia de la vida.

Dendrogramma, New Genus, with Two New Non-Bilaterian Species from the Marine Bathyal of Southeastern Australia (Animalia, Metazoa incertae sedis) – with Similarities to Some Medusoids from the Precambrian Ediacara, en PlosOne