Parece mentira que en estos tiempos de alta tecnología y sistemas de encriptado/desencriptado electrónico todavía queden lenguajes sin descifrar. Hace siglos los jeroglíficos egipcios o mayas eran lenguas totalmente muertas, y las crónicas de su desciframiento son increíbles (por ejemplo cómo Champollion utilizando la piedra llamada de Rosetta, una estela en demótico, griego y jeroglífico, fue desentrañando el significado de cada figura y su valor ideográfico o fonético). Pero otras lenguas no han dejado una piedra con traducción simultánea. Así, el lenguaje escrito en tabletas de madera Rongo-rongo en la isla de Pascua; el famoso Manuscrito Voynich; el Lineal A de la antigua Creta; el zapoteca o el olmeca, nos dan muy pocas pistas y tan sólo tenemos atisbos de significado o interpretaciones.

Uno de estos lenguajes indescifrados es el proto-elamita, la lengua escrita más antigua conocida, que empezó a usarse hacia el 2900 a.C y del cual nos quedan unas mil quinientas tablillas de barro cocido provenientes de sus bibliotecas, mayormente de las excavaciones de Susa. El pueblo de Elam lo abandonaría en favor del elamita cuneifome tiempo después; pero la cosa es que la lengua elamita no está emparentada con las vecinas camito-semíticas, sino que (se especula) tiene raíces comunes con la lenguas drávidas del sur de la India, por ejemplo las de la indescifrada simbología protoíndica de Harappa y Mohenjo Daro. Para complicar las cosas más aún, toma prestados algunos signos del protocuneiforme, pero la mayor parte son signos abstractos y no representaciones de objetos. Y encima están en relieve, con lo cual un análisis en dos dimensiones puede estar dejando escapar algo.

Un nuevo proyecto de la Universidad de Oxford y de Southampton ofrece un giro ingenioso: se trata de una cámara montada sobre un domo con 76 focos distribuidos capaz de iluminar la tableta de casi cualquier punto imaginable. El sistema, denominado RTI (Imagen de Transformación de Reflectancia) fotografía 76 veces la pieza -cada vez con un foco- y luego compone la imagen, de una calidad increíble y en la cual se puede recomponer dinámicamente la iluminación para verificar la superficie; después, estas fotos pasan a un catálogo online en el Cuneiform Digital Library Initiative, de acceso público. Con todos los expertos que lo deseen manejando virtualmente las tabletas, es posible que muy pronto tengamos más información de la antigua Elam.

Artículo en la web del Smithsonian.
Visto en New Scientist.