Cuando hace unos años estuve en Petra, la impresionante ruina de la capital nabatea era un yacimiento famoso y protegido (nada que ver con la época en que Burckhardt la descubrió hace ya doscientos años: en aquellos tiempos las tumbas de Petra albergaban rebaños de cabras, al igual que las salas de la Alhambra). Aún así, al entrar en las salas más remotas y retiradas del paseo turístico se notaba el tufillo a excrementos y orina* y en alguna ocasión me salió al paso en aquellas criptas oscuras una cabra asustada. Los techos de arenisca jaspeada mantenían en parte el enlucido original, pero tan cubierto de grasa y hollín que la roca parecía negro basalto. Y me resultaba curioso que aquella cultura, tan influida por los romanos y griegos, no hubiera cubierto las paredes de frescos.

Bueno, parece que sí lo hicieron, pero los pocos que se conservaban estaban ocultos bajo la gruesa capa de porquería. Un equipo del Instituto Courtauld de Londres están limpiando y rescatando imágenes de un pasado perdido -apenas nos quedan testimonios del arte pictórico helenístico. Por lo visto son de una calidad y un realismo espectacular: habrá que ver los resultados cuando los publiquen.

Noticia, en el Guardian.

*humanos! un asco…

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