Hace  ciento cincuenta años la ciencia zoológica afirmaba tener catalogadas todas las formas de vida del globo: en el tiempo de las grandes exploraciones y las colonias parecía que habíamos entrado en contacto con prácticamente todo lo que el mundo podía ofrecernos. Este concepto soberbio se fue quedando obsoleto a medida que aparecían nuevas formas de vida en entornos inusuales: el celacanto, el okapi, el calamar gigante son ejemplos típicos citados por los criptozoólogos para justificar la posible existencia de dinosaurios vivos, yetis y demás criaturas. Lamentablemente, las especies que vamos descubriendo en los últimos años suelen ser diminutas o pertenecer a entornos aislados, como los fondos marinos.

¿O no? El Varanus bitatawa, la nueva especie de lagarto descubierta en Luzón (Filipinas) es un pariente vegetariano del dragón de Komodo: mide tanto como un humano grande, y su hábitat es una isla muy habitada y deforestada en la que las tribus lo cazan por su carne. Pero los equipos científicos nunca se había percatado de su existencia, en parte debido a su forma de vida muy discreta y esencialmente arbórea: suelen moverse a veinte metros del suelo, por las copas de los árboles. Hay que decir que el V. bitatawa a pesar de ser tan grande tan sólo pesa unos diez kilos. Por otra parte, hay en la zona otro gran lagarto, el monitor de Gray (V. olivaceus) que es muy parecido: sólo la comparación entre ambos ha permitido descubrir la nueva especie.

Noticia en National Geographic, en la que se incide sobre su monstruoso pene doble; como aquí somos discretos (y además sabemos que el doble hemipene es propio de todo el orden Squamata: lagartos y serpientes) dejaremos el sensacionalismo de lado.

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