En alguna ocasión he comentado que uno de los mayores daños que se ha hecho nunca al ecosistema terrestre, al cual siguió una extinción de escala planetaria de la cual la vida dominante nunca llegaría a recuperarse, no lo hicimos los humanos: lo hicieron las plantas.

El invento de la fotosíntesis y la liberación de ingentes cantidades de venenoso oxígeno a la atmósfera cambió por completo la biología y la química planetaria; pronto surgieron criaturas que se aventajaban tanto del metabolismo acelerado que podía desarrollarse con este gas, como de la abundante energía preprocesada que se obtenía comiéndose las plantas. Así -de una forma que casi recuerda una leyenda de la creación de alguna cultura antigua- las plantas pagaron su abuso condenándose eternamente a ser comidas por los animales heterótrofos, mientras que las bacterias anóxicas y las arqueas se refugiaron en las aguas oscuras y muertas; no es raro que alguna de las enfermedades más chungas (botulismo, tétanos) vengan de ese reino.*

Pero es que las plantas no pararon ahí, según se dice ahora.

La Tierra durante el OrdovícicoMucho después de ese evento, hace 470 millones de años, el mundo había tomado un camino de prosperidad. Los océanos del período Ordovícico bullían de vida invertebrada, los trilobites dominaban el mundo y muchos organismos estaban desarrollando estrategias bioerosivas:  almejas perforadoras, gusanos y crustáceos taladraban las rocas y los corales formaban arrecifes, cambiando la geografía a pequeña escala. Por supuesto todo debajo del agua: la tierra emergida -casi toda en el hemisferio Sur, los supercontinentes Laurentia y Gondwana y la isla de Báltica– era un desierto estéril calurosísimo, y el mejor sitio para vivir eran las plataformas continentales y los mares someros que la rodeaban.

Sin embargo, hace 445 millones de años, una serie de eventos provocaron la segunda extinción masiva más brutal de la historia de la Tierra. La causa más probable, una larga edad de hielo de casi un millón de años, hizo desaparecer para siempre al 50% de los géneros animales conocidos. El frío, el descenso del nivel de oxígeno disuelto en agua -al cual la vida terrestre se había hecho adicta, qué irónico- y el retroceso de las costas provocaron tal cambio en la fauna marina, que cuando el evento pasó y la vida se recuperó, era bastante diferente. Estamos en lo que los paleontólogos denominan período Silúrico.

Actualmente investigadores de las Universidades de Exeter y Oxford parecen haber dado con el culpable: fueron las plantas. Las plantas y su manía de chupar el dióxido de carbono de la atmósfera para convertirlo en materia orgánica… revirtiendo el efecto invernadero que había mantenido el planeta calentito durante millones de años.

Los investigadores probaron entre otras cosas la capacidad de un musgo actual ( Aphanoregma patens) para alterar el suelo sobre un lecho de granito / andesita y los resultados fueron una importante meteorización del calcio, seguido por fósforo, magnesio, aluminio y hierro.

La flora a principios del Ordovícico -aparte de la ingente población de algas que hubiera en el mar- era escasa y consistía en hongos, musgos y hepáticas que apenas se alejaban de la orilla: algo similar a lo que encontramos junto a cualquier cascada o arroyuelo. Pero a medida que estos seres se extendían por un mundo sin competidores y lleno de energía solar, sus raíces degradaron las rocas descomponiéndolas en sus minerales esenciales. Crearon tierra; esta tierra absorbía carbono atmosférico, y también las plantas para edificar sus cuerpos de celulosa. Parte de estos minerales descompuestos fue a parar al mar, donde otras criaturas lo asociaron a átomos de carbono para construir conchas, absorbiendo aún más dióxido del agua y eventualmente del aire.

A medida que bajaban los índices de CO2 atmosférico la temperatura ambiente global iba bajando… en algunos millones de años las costas estaban invadidas de verdura y tierra, y el planeta condenado a un frío mortal. Esto también pasaría, pero ya no es seguro si se debe a la muerte masiva de estas mismas plantas o tal vez a la actividad volcánica.

* esto es una simplificación con moraleja de lo que técnicamente se llama la Gran Oxidación: lo he puesto así con fines lúdico-poéticos, la realidad es mucho más… eh, realista.

Noticia en Nature.

Visto en io9.