¿Qué habría pasado si el diseño de la nave insignia de la serie Star Trek se le hubiese encargado al principal diseñador de Star Wars, Ralph McQuarrie? Este ilustrador, que trabajó para Boeing y la NASA, conoció a George Lucas a mediados de los ’70 y éste lo contrató para un proyecto en el que estaba trabajando. Así, fue el motor visual de la primera trilogía de Star Wars; responsable de los diseños de naves y elementos tecnológicos, además de los storyboards y estudios de color.

En esa misma época se estaba planteando reflotar la serie Star Trek con un largometraje -posiblemente dirigido por Philip Kaufman- que acabó transformándose en el concepto de una nueva serie (Star Trek: Phase One) y eventualmente derivó en la película de 1978. Dos artistas se encargaron del nuevo diseño, Ken Adam y Ralph McQuarrie.

McQuarrie, en el cénit de su carrera, se reiteraba en sus diseños angulosos: el casco del Enterprise es casi un crucero imperial, mientras que el plato central tiene mucho de Millenium Falcon o de cierto puesto de recolección de gas tibanna. Diseños reciclados que, a su vez, volverían a reciclarse: hay vislumbres de esto en los trabajos para Star Trek: TNG (la serie secuela del original) las películas posteriores e incluso elementos de homenaje: no creo que Doug Chiang dejase de ver estos bocetos antes de crear los cruceros de la República de la nueva trilogía.

Por supuesto, estos apuntes son sólo esbozos en lápiz y rotulador para una posible película (que finalmente nunca vio la luz): seguramente Ralph habría pulido mucho más los cantos en un diseño final. Y ante la cancelación del proyecto, habrá aplicado uno de los mandamientos del diseñador: nada se tira.

Últimamente vengo fraguando una idea: la genialidad humana es limitada. La mayor parte de los creadores llegan a hacer tres o cuatro cosas impresionantes en su carrera, para luego repetirse o cometer tremendas pifias. Elegid un artista, o cineasta, o músico famoso al azar: a ver cuántas cosas rescatables tiene. Si tiene más de cinco, seguro que era un parásito que robaba ideas a sus colegas. (Todo esto no quita mérito al genio creativo, tan sólo constata que es lastimosamente… humano). ¡Que esto sirva para levantar el ánimo cuando estéis bloqueados!

Visto en io9.

Más diseños de McQuarrie en su web.