Anteriormente comentamos que el cerebro de los (moscas) gays es diferente, ahora resulta que el de los mentirosos también.

Aunque diferentes estudios clínicos y psicológicos habían propuesto que existe una base neurobiológica para mentir y engañar y para el comportamiento manipulativo, hasta la fecha esas hipótesis no se habían podido demostrar.

Otros estudios han mostrado una activación bilateral aumentada en la corteza cerebral prefrontal cuando los individuos normales mienten, pero hasta ahora no existían estudios de imagen no estructural de individuos mentirosos.

Los investigadores de este estudio se plantearon evaluar si los individuos mentirosos muestran anomalías estructurales en el volumen de la sustancia gris y de la sustancia blanca de la porción prefrontal del cerebro.

Se realizaron investigaciones clínicas en 12 individuos mentirosos patológicos, en 16 individuos antisociales y en 21 individuos normales que actuaron como grupo control. A todos ellos se les realizó una resonancia magnética nuclear del cerebro para evaluar los volúmenes de las sustancias o materias gris y blanca, y una serie de pruebas psicológicas.

Los resultados del estudio mostraron que los individuos mentirosos presentaron un aumento del 22 al 26 % de su sustancia blanca prefrontal y una reducción del 36 al 42 % de la relación sustancia gris/sustancia blanca prefrontal en comparación con los individuos antisociales y los individuos normales de control.

Los investigadores concluyen en su estudio que por primera vez se demuestra la alteración estructural del cerebro de las personas mentirosas. La corteza cerebral prefrontal es el componente más importante (aunque no único) en los circuitos neuronales en los que subyace la mentira y proporciona una correlación neurobiológica inicial de la personalidad mentirosa.

(Extraído de Prefrontal white matter in pathological liersY. Yang, A. Raine, T. Lencz, S. Bihrle, L. Lacasse, P. Colletti.British Journal of Psychiatry 2005; 165:1686-1694)