En ocasiones detesto tener razón. Una investigación sobre la calavera de cristal más famosa y perfecta, la llamada Mitchell-Hedges por  el apellido de su descubridor, ha concluido que es un trabajo hecho con tornos y fresas de diamante, posiblemente en Europa sobre 1920-30.

Durante mucho tiempo se consideró la calavera -“hallada” en un templo maya en Lubaantun- como una obra maestra de la lapidaria mesoamericana, aunque su estilo no encaja con los cánones estéticos mayas y la técnica utilizada para labrar el bloque de cuarzo estaba por encima de las capacidades técnicas de esta civilización. Los que consideraban la pieza falsa decían que se había fabricado en Alemania y que Mitchell-Hedges la había comprado en una subasta en Sotheby’s en los años 30.

Los análisis hechos por Jane MacLaren del Smithsonian sobre la pieza y moldes parciales de silicona no dejan mucho margen: como los mayas no disponían de fresadoras de diamante (y los extraterrestres usan mini-sables de luz para esto, como sabemos) la conclusión es que la hermosa joya es una “mejora” sobre el ejemplar del British Museum, también falso, de 1881.

La calavera se encuentra en exhibición en el Museum of American Indian en New York. ¿Qué harán con ella a la luz de esta nueva información?

Nota en Archaeology.org

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